Érase una vez…

26 07 2007

…una administración en la que no se podía ver el correo electrónico más que en la oficina. Unos ordenadores que tenían unas prestaciones parecidas a las del mítico Spectrum. Una idea, la de administración electrónica, con menos luz que mi querida Barcelona estos días de apagón. Un concepto como innovación tecnológica que sonaba a película de ficción. Y una dirección general desmembrada, desmotivada, abotargada y sin horizonte ni objetivo claro.

Entonces, por suerte, y porque Miguel Ángel Pesquera se lo pidió, llegó Pablo. Y terminó con ese triste panorama en un par de impulsos; en tres o cuatro frases; en media docena de miradas al futuro.

I+D+i, innovación tecnológica, e-administración, innovación empresarial, valor añadido, base tecnológica, eGovernment…han sido algunas de sus obsesiones. Igual que lo fue, que todos los miembros del Gobierno pudiéramos trabajar con las mejores herramientas y aplicaciones informáticas.

Gracias a él, la PDA entró en nuestras vidas, y nos hizo más sencilla (y con más complejidad) la tarea.

Yo le llamo el gran Pablo de Castro (por aquello de su estatura física y, sobre todo, humana). Y se lo seguiré llamando, junto con otra mucha gente que le echará de menos.

Que tengas suerte amigo!





martes de descanso, pensando en China

24 07 2007

Me voy a tomar unos días de descanso. No sé cuantos. Sólo sé que los aprovecharé.

Esta mañana, después de presentar a Eugenia a la gente de la Dirección (ya me gustaría que, hace cuatro años, alguien hubiese hecho eso conmigo) y desearles suerte a todos, cogí el bus de las diez y media a Santoña. Tenía ganas de estar unos días en el pueblo. En casa.

Antes de comer unos deliciosos y horneados macarrones con carne (que había preparado mi madre en mi honor), me ha dado tiempo a terminar Octubre en Pekín de Santiago Gamboa, que ha despertado (por enésima vez, ya) mis ganas de ir, más pronto que tarde, a conocer China. Era la primera vez que Gamboa pisaba suelo chino, y antes del viaje devoró cerca de veinte libros y varios textos para hacerse una idea previa más aproximada de lo que allí iba a encontrarse.

Entre ellos, Red star over China, de Edgar Snow (he preguntado en La Casa del Libro y, desgraciadamente, me dicen que o no está traducido al castellano o está agotado); Una posesión insular de Timothy Mo; Pekín de la Ciudad Prohibida, de Jesús Ferrero; René Leys, de Victor Segalen; y Apocalipsis Mao, de Manuel Leguineche. Este último está, ya, fuera de catálogo, pero los otros tres he conseguido encargarlos en Librería Gil (Gisela siempre tan amable). Si después de leer esos libros, no me gano el placet para ir a China, no sé qué más debo hacer.

Estos últimos cuatro años tuve la oportunidad de ir, varias veces, en alguna de las misiones gubernamentales encabezadas por Miguel Ángel Pesquera, pero por una u otra razón (casi siempre por el pudor-vergüenza de “qué pintaba yo en eso”, infeliz de mí…) el caso es que nunca fui, y ahora me arrepiento, claro.

Quizá Beijing 2008 sea la coartada que necesito (si es que hace falta alguna). Pero tengo la necesidad de saber, entre otras muchas cosas, qué está pasando en el gigante asiático; qué queda de la interminable y sangrienta revolución china; y qué mueve el motor del país que va a liderar el siglo XXI.





publicado en el BLOG

20 07 2007

Antes de que llegue al BOC (este próximo lunes), publico en el BLOG mi cese como Director General de Juventud.

El protocolo de las ruedas de prensa parece que no permite explicar según que cosas, pero para aquél que le interese, ha sido a petición propia (necesitaba un cambio de aires), y continuaré ligado al Gobierno, desde otro lugar (ya os contaré donde), en el que procuraré seguir aprendiendo y dando lo mejor de mí.

Me voy orgulloso y muy satisfecho de lo realizado, y le deseo a mi amiga Euge los mejores éxitos posibles.





el cumpleaños de Ana

18 07 2007

Ana es mi tía. La hermana pequeña de mi madre. Bueno, debería decir que es la hermana menor, porque ya no es tan pequeña. De hecho, creo que anda ya por los…taitantos.

Ana es una persona importante en mi vida. No puedo decir que es mi tía preferida, porque se enfadarían el resto (y son muchas y con muy mala leche). Sin embargo, si puedo decir que soy el padrino de su hija Olga. O que me ponía unos bocadillos estupendos en los descansos del Instituto. También recuerdo ver su casa llena de libros. Algunos de francés. Lectora empedernida, es una de las mayores donantes de libros de la Biblioteca de la Casa de Cultura de Santoña. Le dieron un premio y todo, por ello.

Vive en la Alameda con Juan, Olga y Lucky (el gato). En una casa pequeñita (como la mía), que tiene muy ordenada (no como la mía). Ana quizá, en un momento, tuvo poca suerte, pero ahora la vida le sonríe. Y eso es lo más importante.

Yo la quiero mucho, como a toda la gran familia. Esa que se reúne con rutina agradecida, cada fin de semana, en torno a esa impresionante señora (con mayúsculas) que se llama Puerto, y es mi abuela (Ita). La madre de Ana. Sí esa, la que hoy cumple años.





últimos días en Bonifaz 16

17 07 2007

Bonifaz es esa calle en la que casi nunca se asoma el sol. Es, también, la calle en la que he pasado la mayoría de las horas y los minutos de los últimos diez (o más) años. Primero en el 18, entre el bajo de las Juventudes y la sede del Partido. Al principio, compaginándolo, también, con mi trabajo en la Comisión Permanente del Consejo de la Juventud, en cuya oficina de Daoiz y Velarde pasé algunos de los mejores ratos que recuerdo.

La presencia de la calle Bonifaz en mi vida se hizo más intensa a partir de Noviembre 2000, cuando tras un complicado y desagradable Congreso (algunos parece que no han tomado nota de aquello) me eligieron secretario general de JSC (secretario general es con minúscula, el cargo es importante, pero no como para contravenir las reglas del lenguaje). No sé si era mi segunda o mi primera casa. Pero, en fin, era mi casa. Es mi casa, vamos.

Tres años después, tras el acuerdo que permitió al PSOE gobernar, por primera vez, esta región, recorrí hacia atrás (tras un paréntesis de un año en Vargas, por aquello de que Juventud estaba antes en Educación) dos números en la calle. De Bonifaz 18 a Bonifaz 16. A veces decía en broma: “¡tanto trabajo para retroceder dos números en la misma calle!”.

Estos cuatro años han sido, seguramente, los más intensos de mi VIDA (en todos los maravillosos rincones de esa palabra con mayúsculas). Y la calle Bonifaz ha sido testigo de ello, cada día. Ahora, me alejaré un poco de aquí (a algún sitio en el que entre un poco más el sol), y mientras espero el relevo, ando recogiendo algunas cosas (demasiadas, creo) que he ido amontonando en este joven despacho, en el que dentro de unos días se sentará otra persona (una mujer a la que la calle Bonifaz también le trae buenos recuerdos y en la que también ha pasado muchas horas y minutos), para hacerlo (estoy seguro) mejor que yo.

Por mi parte, pasaré a saludar, de vez en cuando, a los del bajo (por aquello de no perder el espíritu joven) y, sin salir del 18, seguiré rondando la sede del Partido, donde hace falta que arrimemos todos (si nos dejan) el hombro (en realidad, los dos hombros, piernas, brazos, y sobre todo la cabeza, mucha cabeza).





dos horas de sol

15 07 2007

Las que hemos podido disfrutar en este domingo raro. He llegado a la una y pico a Berria, abarrotada por la muchedumbre deseosa de disfrutar del huidizo rey sol, y a las tres y algún minuto me he tenido que ir, por la amable indicación del insoportable viento que quería ser galerna, y de las nubes del color de las hormigas. Y el sábado no fue mejor, en lo que se refiere a calentura astral. Parece que, como siempre, el caluroso verano brilla por su ausencia. Bueno, al menos, brilla. Así que los días dan para mucho.

Hoy me quedaré despierto, hasta tarde, para seguir la final de la Copa América de Fútbol, por aquello de ver a Leo Messi hacerse mayor del todo y consagrarse como el mejor jugador del mundo. Pero antes de eso, este fin de semana he tenido tiempo para ver una deliciosa película que recomendaron por aquí (gracias) hace unos días, Pequeña Miss Sunshine; terminar Confesiones de una Máscara de Mishima; leer, con la debida atención, El Guardián de las Esencias, la nóvela póstuma del escritor cubano Justo E. Vasco; y empezar (hace unos minutos) Groucho y yo, de Groucho Marx.

Aparte de esos, y otros, felices momentos, he tenido algunos desengaños (se me pasarán, creo), con algunos a los que consideraba (y considero, creo) amigos y compañeros, en esto de la joven política. Pero esa es otra historia, de la que os hablaré otro día.





la página 137

11 07 2007

El sábabo en uno de los puestos de libros de la Semana Negra me fijé en uno color naranja con un título que parecía el típico ensayo para directivos de organizaciones: Recursos Humanos. En cuanto miré el comentario, en la contra, me di cuenta que la historia iba sobre un director de Recursos Humanos de una empresa muy peculiar. Es la segunda novela de Antonio García Ángel, un joven escritor colombiano, en la que ha tenido de tutor a Mario Vargas Llosa, gracias a una iniciativa privada de apoyo a jóvenes talentos. Es un libro divertido, en el que trata, con sarcasmo, el mundo de las relaciones personales y profesionales en la empresa, mientras relata la historia personal del protagonista, Ricardo Osorio, el cuál trata de huir de su rutinaria y cansina existencia de la mano de Ángela, la mejor amiga de su mujer.

De un libro nunca me acuerdo, después, del número de ninguna página de manera especial, salvo en este caso, que me sorprendió bastante, por la belleza del lenguaje y de las imágenes inventadas a las que nos remitía. Es la página 137 entera, la manera que tiene el autor de acercarnos a la felicidad del protagonista, segundos después de que Ángela le hubiese confirmado que aceptaba la oferta de escaparse con él a otro país y dejarlo todo.

Os la transcribo, por si quereis leerla…

Después de dejar a Ángela en su oficina, Osorio manejó a La Empresa con una sonrisa labrada en el rostro. Se proclamó amo y señor de todo lo que huye, gime, rueda, canta y habla. Creyó saber de memoria nueve millones de poemas. Inventó una máquina de manivela para fabricar luciérnagas. Hizo llover. Se llenó los bolsillos de carcajadas. En el lapso de una luz roja pudo notar el crecimiento de los árboles. Compuso melodías para un arpa fabricada con hilos de araña. Intuyó un método para domesticar volcanes. Descifró la prisa de los cometas. Entendió el idioma de los pájaros. Olvidó cómo deprimirse. Trazó un recorrido estándar para salir de cualquier laberinto. Silbó un vals. Le regaló vente mil pesos a un vendedor de dulces. Gritó como un fauno. Prometió obedecer las leyes de la física. Le dio vacaciones a su ángel de la guarda. Pescó un rayo al vuelo y lo dejó caer en el abrevadero de sus miedos. Se arrancó de cuajo un racimo de furia que le había crecido en el pecho. Hincó los colmillos en el lomo del viento. Le sobrevino su cumpleaños aunque faltaban ciento veintinueve días para la fecha acostumbrada. Entró en el barrio por la Avenida 68. Desató un nudo gordiano ayudándose con los dientes. Habló en lenguas. Hizo un atadijo de culpas y lo tiró por la ventana. Clavó una lanza en el corazón de su mala suerte. Perdonó al mar por tener tanta agua y tantos hombres ahogados dentro. Escuchó el fragor de los ácaros. Se pronunció contra las enfermedades mortales. Descubrió el cuarto color primario en el atardecer nocturnal. Llegó al parqueadero…