Puede ir bien

10 10 2008

«Puede ir bien» y «tiene buena pinta» son dos de las frases más repetidas en estos momentos previos al XI Congreso Regional del PSOE de Cantabria. Me parece una buena forma de empezar ese encuentro vital para el futuro del partido y de nuestra región. El proceso precongresual ha durado mucho, demasiado, y algunos han querido convertir el debate en un campo de batalla en el que ha valido todo (hasta lo que nunca debe valer) para tratar de desgastar al contrario. Mañana, en la comparecencia ante los delegados, sólo una de las intervinientes podrá presumir de haber mantenido las formas. Y ese es un valor importante en estos tiempos de marrullería.

Este fin de semana tenemos la responsabilidad de recuperar un aspecto saludable y curar alguna enfermedad que nos tiene postrados en la cama. El diagnóstico está claro, sabemos qué órganos no funcionan, y cuáles lo hacen pero no como deberían. Ahora hace falta que la médico (que sabe mejor que nadie lo que hay que hacer) coja el bisturí y opere. Necesitamos células nuevas, varias transfusiones de sangre, y llevar una vida saludable: adecuada alimentación, algo de ejercicio físico, y cultivo de la mente leyendo, yendo al cine, y disfrutando del arte en general. Un partido es como una persona: ¡A ver si nos cuidamos un poco más! 

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No se aclaran

29 09 2008

Edición dominical de El Mundo: En páginas nacionales, Manuel Sánchez firma un reportaje titulado ‘Zapatero configura un PSOE a su medida…’ En el interior, en el marco de un análisis sobre los cambios en las diferentes federaciones del PSOE, hay una información referida a Cantabria, que cito textualmente: «Dolores Gorostiaga volverá a ser la secretaria general del PSOE cántabro a mediados de octubre, con un apoyo mayoritario.» Ese mismo día, en la editorial de la edición cántabra se dice, cito textualmente también: «El congreso socialista sigue siendo el centro de atención político en Cantabria y aunque muchos lo han dado por finalizado antes de iniciarse, el paso de los días demuestra que las espadas siguen en todo lo alto y que aún es muy aventurado intentar contar por anticipado el desenlace.»

Cuando dice lo de es muy aventurado intentar contar por anticipado el desenlace supongo que se referirá al periodista de El Mundo, Manuel Sánchez. Podrían ponerse de acuerdo, ¿no? Es lo menos que se puede pedir, para no volver tarumba al lector. Igual es que hay una corriente organizada  dentro de El Mundo, que tiene su propia opinión sobre las cosas que pasan y la expresan libremente. En fin… Una de dos: o no pintan mucho en Madrid, o alguien quiere manipular la realidad para adaptarla a sus intereses (ni siquiera son los suyos, y eso es lo que más me apena). O puede ser que las dos sean correctas. Me inclino por esto último. 

P.D.- Pensaba haber hecho algún comentario al respecto de la enésima reentré de Jaime Blanco, o de los artículos (?) de Víctor Gijón (otro experto en la manipulación de la realidad), pero no me encuentro con ganas esta mañana.





Me voy a mojar

6 05 2008

Nunca he sido de los que se esconden; ni de los que se guardan lo que piensan por miedo. De hecho, he recibido reproches —algunos más cariñosos que otros— por haber dado siempre mi opinión sin adulterar. Me afilié al PSOE en el año 1993. Llevo, pues, quince años de militancia en los que he visto de todo. Y cuando digo de todo, es de todo. Fui de los que, en el año 2000, pidieron públicamente la dimisión de Jaime Blanco —y de todo lo que él representaba y todavía representa—, y de los que, en aquella época, trabajamos duro por el cambio en el partido. Un cambio que vino de la mano de Lola Gorostiaga para quien —no descubro nada— he trabajado lealmente, y sobre todo con mucho ánimo crítico, siempre que he tenido la oportunidad.

La más importante me llegó en el año 2003, cuando fui el número seis de la candidatura socialista al Parlamento de Cantabria, y, posteriormente, con mi designación como Director General de Juventud. Una época intensa, para lo bueno y para lo malo, de la que me quedo con un realidad difícil de rebatir: cambiamos muchas cosas que parecían inmutables. Algunas malas experiencias con las que sufrí demasiado en ese periodo, y la necesidad de tomarme un tiempo para reflexionar acerca de mi vida, me llevaron, después de las elecciones del 2007, a descender algún escalón. Pero, viendo los últimos acontecimientos, he decidido aparcar, por un tiempo, esa necesaria reflexión personal, y el meditado alejamiento temporal, para pasar a la acción sin tapujos ni medias tintas.

Lola ha cometido errores. En algunos de ellos, lamentablemente, sigue cayendo. Es verdad que eso sólo les pasa a los que toman decisiones, a los que arriesgan… Es el momento de reconducir bastantes cosas; creo que ella es consciente de ello, y está decidida a hacerlo. Como digo, es cierto que hay cosas desesperantes, pero también lo es que hemos conseguido el sueño de gobernar en Cantabria para cambiar la vida de la gente. Cantabria nunca ha estado como ahora, y el mayor mérito es de los socialistas —me siento orgulloso de ello—, aunque no hayamos sido capaces de explicarlo —de comunicarlo— adecuadamente. No quiero que mi partido facilite que la derecha vuelva a gobernar en Cantabria. No quiero volver a la época en que la dirección estaba cómoda en la oposición, no quería gobernar y prefería que mandase la derecha, recibiendo a cambio algunas migajas de poder y de posición social para dirigentes acomplejados como Jaime Blanco, Rosa Inés García y otros del mismo patrón.

Recuerdo que el día que tomé posesión como diputado regional, se me acercó Rosa Inés García —con intención de estropearme la fiesta— y me dijo una frase tan mezquina que no voy a reproducir por respeto a mi familia; pero que no olvidaré nunca. No contesté a su indecente comentario, pero en ese momento prometí que trabajaría para que gente así no tuviera, nunca más, responsabilidades en mi partido. Y en eso estamos. Blanca Rosa se presenta a la secretaría general de la mano de Rosa Inés García, Jaime Blanco, Aurelio Ruiz Toca y el ínclito Juan Ramón López Revuelta. Lo hace, además, enfrentándose a la dirección federal, a Alfredo Pérez Rubalcaba, Pepe Blanco y al propio José Luis Rodríguez Zapatero, quienes han reiterado —y se lo han hecho saber a la Alcaldesa de Torrelavega, aunque ella lo pretenda disfrazar de café…— que su deseo es que Lola, con un equipo nuevo, termine la transición en el partido, logre el objetivo de renovarlo y fortalecerlo —con el urgente relevo generacional— y lo convierta, para siempre, en un partido con vocación mayoritaria y de Gobierno para seguir cambiando Cantabria de arriba a abajo.

Considero que ha llegado el momento de pensar un poco más en nuestro partido y explicar mejor a la gente lo que somos, lo que representamos y lo que hemos logrado para Cantabria. Tenemos que ser capaces de reivindicar que somos el partido que más ha hecho para que Cantabria sea hoy una región moderna y abierta, y hacer partícipe de ese gran proyecto a toda nuestra militancia, que lo sienta como propio y lo defienda ante los ataques de la derecha. En ese empeño, mi opinión es que no sobra nadie. Sólo aquellos que reman en contra con el aplauso del Partido Popular, aquellos que llenan las páginas del periódico de Pedro J. Ramírez de rumores, bulos, chascarillos, manipulaciones y medias verdades. No quiero seguir el congreso de mi partido a través de un periódico inmundo que nos sigue llamando asesinos. Ese no es el partido que quiero. Quiero seguir el congreso por las conversaciones tranquilas con los compañeros y compañeras, escuchando las diferentes opiniones, evitando los insultos y las descalificaciones personales, enriqueciendo el debate con aportaciones pensadas. En definitiva, dando cada uno lo mejor de nosotros.  

 

Los militantes jóvenes del PSOE en Cantabria, los de menos de 35 años, tenemos una doble responsabilidad en este proceso congresual: fortalecer el partido y evitar que vuelva al pasado. Si entendemos eso, será difícil que alguien nos pare. Ha llegado nuestra hora. Este es nuestro congreso. No es el momento de refugiarse y esperar a que pase la tormenta. Sin nuestra aportación el cambio definitivo no será posible. Estoy seguro de que Lola es consciente y quiere dejarnos un partido mejor que el que se encontró. Deberíamos ayudarla a conseguirlo. Yo lo voy a hacer. Me voy a mojar.