días de cine

30 08 2007

Apurando los días hasta volver al tajo. Desde que he vuelto de la escapada al Sur no salgo, casi, del campamento base de Santoñuca. Estos días parecía un hotel. Mi hermana Raquel, Scott, mi madre, a ratos Maricruz, y yo. Mi madre estresada, con razón, y los demás viviendo a cuerpo de rey. ¡Qué caraduras somos! El caso es que se está de cojones en casa.

He aprovechado para ver películas como un poseso. Un poco de los canales de ONO (MGM, Cinestart o CTK, el mejor), otro poco de mi pequeña colección, alguna compra de última hora, y algún alquiler de la parte alemana de la casa.

Hago memoria y, en esta última semana, he visto, algunas de ellas por segunda vez: Qué bello es vivir, Avanti, Encadenados, El Tercer Hombre, Cinema Paradiso (versión del director), Historias de Julien y Marie, Liam, El hombre que sabía demasiado (remake), Musa (The Warrior), Todo lo demás, El indomable Will Hunting, La última noche de Boris Grushenko, El ilusionista y El violinista en el tejado. Se me olvida alguna, pero por algo será. ¿No dicen que la memoria es selectiva?

Voy a elegir cuatro para recomendar, de manera especial. Por las sensaciones que me produjeron, ya que no puedo (ni debo) hacer un comentario técnico. Eso lo podeis encontrar en multitud de blogs muy currados sobre cine.

Empiezo por El Tercer Hombre, de Carol Reed. Bueno, en realidad de Orson Welles. El guión es de Graham Green (el GG en La Habana de Pedro Juan). No os voy a destripar la película, si es que alguno no la ha visto todavía, pero la discusión en la noria del Parque Prater de Viena; la imagen poética del final; la pegadiza música de la cítara de Anton Karas; o la aparición estelar de Welles, son auténticas maravillas del cine. Forma parte, sin duda, de ese selecto grupo de películas que puedes ver cuantas veces quieras, sin cansarte.

Cinema Paradiso, en su versión del director Giuseppe Tornatore (con 50 minutos más de cinta), es un increíble homenaje al buen cine. Una película que provoca fuertes emociones y te deja mirando a la pantalla, unos minutos, sin saber si reír, llorar, gritar, ser feliz o desgraciado…Lo mejor la relación entre el pequeño Totó y Alfredo, su maestro en las técnicas de proyección de películas. La BSO de Enio Morricone espectacular, como siempre.

Avanti, del maestro Billy Wilder. Con su inseparable Jack Lemmon demostrando, una vez más, su deliciosa habilidad para la comedia. Una película llena de chistes políticos y sociales, en la que se ponen de manifiesto, exagerando con maestría todos los tópicos, las diferencias culturales entre la Europa mediterránea y los Estados Unidos. Imprescindibles: la escena del forense rellenando los formularios; el personaje de Carlucci, el director del Hotel; la familia Trotta; el maravilloso paisaje y la música. Dicen que es un poco larga. A mi no me lo pareció, ni la primera vez que la vi, animado por Chusmanu, en la Filmoteca, ni en esta segunda ocasión. Habrá una tercera, seguro.

Historias de Julien y Marie, de Jacques Rivette, es de esas películas en las que no entiendes casi nada, pero en realidad lo entiendes todo. Y si no, ¡qué más da! Emmanuel Beart está espectacular. Inquietante, morbosa, loca, irritante, silenciosa, sexual. Una historia de amor a quemarropa, en la que cualquiera querría ponerse, a pesar de todo, en el lugar del solitario y extraño relojero. Si la veis, os costará olvidar, por un tiempo, la expresión de la cara de E.B.

No dejeis de ver, tampoco, clásicos como Encadenados o Qué bello es vivir, y, fundamental, El violinista en el tejado

Y hablando de cine, pero en este caso del malo, de Serie B. Se estrena, por fin, la película de Rosa Díez. Después de varios años de interminable y tedioso rodaje, da el salto que le pedíamos todos los que pensamos que en el PSOE la puerta está abierta, tanto para entrar como para salir. Su deriva ha sido impresentable pero, en su momento, creo que fue un ejemplo de lucha (como muchos otros).

Yo quiero quedarme con esa imagen de ella.

P.D.- En cuanto al tema de actualidad, me hubiera gustado escribir un post como éste. Pero, para eso, todavía tengo mucho que aprender.





a vueltas con el búho

28 08 2007

Si la mitad de la gente que habla sin fundamento o sin tener ni puta idea de lo que dice estuviese callada, el mundo sería más sencillo. Observo con preocupación el debate (?) en torno a los autobuses nocturnos, conocidos como Búhos, que está teniendo lugar en los medios de comunicación y por lo tanto supongo que en parte de la sociedad.

Empiezo por mi definición de Búho: autobús de línea regular que circula en horario especial (nocturno), en rutas en las que se produce una intensa movilidad de personas, mayoritariamente jóvenes, que se desplazan desde sus lugares de origen a zonas de ocio nocturno, reduciendo en gran medida el desplazamiento de coches particulares en horarios y condiciones de evidente riesgo, con la consiguiente seguridad para esas personas y tranquilidad para sus familias.

En resumen. Que sumando alcohol y conducción te salen el 90% de los accidentes y muertes en carretera los fines de semana, y apostando por un transporte público, seguro y asequible estás combatiendo esa fórmula.

Por eso, en Diciembre de 2003 a un tal Javier del Olmo y a mí se nos ocurrió poner en marcha esta medida. Comenzamos con el búho de Astillero-Santander y después de ese vinieron el de Laredo-Santoña-Noja, Suances-Torrelavega, Ramales-Laredo o Corrales-Torrelavega, por poner algunos ejemplos.

Al principio no había ningún problema. Todo lo contrario. Cifras de usuarios espectaculares. Los jóvenes contentos, las familias también. Había unos guardias de seguridad que velaban por el buen funcionamiento del servicio y las compañias de autobuses veían como incrementaban su negocio.

Pero era demasiado bonito para ser verdad y siempre hay gente que no entiende nada. O que sólo entiende lo que le interesa. Primero fue que la Delegación del Gobierno obligó a quitar los guardias de seguridad del interior de los Búhos, con una interpretación cuando menos estricta de una resolución ministerial. Su teoría (a la que se ha sumado algún alcalde) es que para evitar problemas es mejor que los jóvenes no salgan. Pero el fallo (evidente) es que salían antes del búho, con el búho y seguirán saliendo si se quita. La diferencia es que con el búho no se matan en la carretera.

A partir de ahí, empezaron a ocurrir incidentes en el servicio, porque siempre tiene que haber grupos de incontrolados que se dedique a joder a los demás (que no tienen la culpa, pero al final acaban pagando también).

Luego vino algún Alcalde oportunista (en Suances parece que solo se ponen de acuerdo para eso), sumado a la falta de interés de alguna institución responsable de la seguridad de todos, los conductores que con razón exigen más seguridad en su puesto de trabajo, más cierto eco en algún medio de comunicación y… tenemos debate!

La supresión de un servicio público sólo porque tiene ciertos inconvenientes o problemas que resolver es cosa de la derecha. Los socialistas debemos apostar por otros modelos. Si no, perderemos parte de nuestra identidad. Quizá alguno ya la perdió hace tiempo.

Lo que hace falta es hablar y actuar con serenidad, facilitar el necesario trabajo de los guardias de seguridad en el interior de los autobuses, aumentar la presencia y la coordinación de las fuerzas y cuerpos de seguridad (y de estos con las policías locales) y, sobre todo, trabajar en el ámbito de la prevención con los menores, reforzar los mensajes positivos y poner en valor un servicio que ha transportado de manera segura a más de 500.000 usuarios en estos últimos años.





crónica de un viaje, por sms

24 08 2007

Me apetece contaros algo del viaje al Sur del que acabo de volver.

Me sumé a la escapada anual que hacen unos buenos amigos y me lo he pasado muy bien. Ellos eligieron pasar cuatro días en Cádiz, tres en Benalmádena y otros tres en Sevilla. Me uní a lo de Cádiz (mi segunda ciudad preferida después de Barna) y más de la mitad de Benalmádena (por ver qué se cuece…). Lo de Sevilla lo dejé porque tampoco es plan de estar todo el día por ahí…Aunque me hubiera gustado.

Durante el viaje escribí algunos mensajes de texto, enviados a diferentes personas, contando lo que veía o pasaba. Unos están más elaborados que otros, pero todos pueden servir para describir estos seis días de escapada hacia el calor.

Os los pongo aquí, en orden cronológico, y me ahorro hacer una nueva crónica…

Ya estoy sentado en el 26C…llegué con tiempo de sobra. Gracias por tu contribución a la necesaria, y a veces difícil, intermodalidad.

Una corta acaba de llamar catamarán al vaporcito…uff. He quedado con estos en el palacio de exposiciones, por ser un sitio fácil de llegar, no? Y de ahí a buscar un parking. ¿Se te ocurre alguna opción diferente?

Ya en Cádiz. Viva el transporte público. El Carranza a rebosar. Te quiero.

No me preguntes cómo, pero sin conocer a los señores, ni tener su teléfono, ya tengo las llaves del piso y he dejado las maletas. Grandísimo. Gaditano total. A una cuadra del Teatro Falla…ahora llegarán estos ya!

Duchándonos de la Caleta. Ahora un poco de Barrio la Viña. Pescaito frito…

Te he comprao un cd…me he pillado otro libro de Pedro Juan, animal tropical, xq los otros dos me los leí ayer…

Aquí estamos en casa, preparando la cena. Muertos. Hemos ido andando hasta la punta de San Felipe y llevamos todo el día parribabajo…ay…

Sí. Hasta mañana. Vamos a ir a por marisquito al sitio ese donde nos encontramos con Chema Gutiérrez y hacer una fiesta en Sacramento, 60. Luego una copita x el Pópulo…mañana partimos a Málaga.

En dos días estoy. Más moreno y relajao si cabe, y con una tripada de risas menos que echar…tenemos piscina en la urbanización de Benalmádena. Y un descuento para el Aqualand…jeje

Estamos llegando a la roca. Lo sé porque huele a estrecho. Las nubes chapurrean inglés y los monos se hacen pajas unos a otros. Nos hacemos paso, a horcajadas, entre el verde que domina el paisaje, a pesar del incesante y rutinario empuje del sol. Las montañas crecen al ritmo de años de invasiones extranjeras y del bofeteo constante de las olas del mar. Cruzamos un pequeño túnel, el único del camino, hecho para mayor gloria de la ingeniería. Ahora las montañas se han tornado inmensas y desafían el paso del autobús. No esperaba encontrar tanta resistencia en la dulce y salada Andalucía. Y mientras la tripa me recuerda que he desayunado poco, veo un cartel que anuncia Málaga, todavía a ciento cuarenta y nueve kilómetros.

Hemos parado. Se sube mucha gente. También se van otros. Tengo ganas de mear, pero no me apetece bajar. Luego me arrepentiré seguro. Algeciras es fea, sucia y mora. La ciudad está dejada. Sirve para lo que es. Un punto de partida y, sobre todo, de llegada para huir. Hay muchos locales de venta de billetes a Tánger y Ceuta. Algunos de los que suben hablan francés. Demasiado alto. No encuentran su asiento. Han cerrado el portaequipajes. Salimos en un minuto. Un gordo con el Marca se despide de una chica con gafas que lleva una mochila roja de Médicos sin Fronteras. Por fin, nos vamos. Todavía ciento cuarenta kilómetros a Málaga. Llegaré hasta las pelotas del autobús. Es lo que tiene ser un indocumentado sexto hombre. Acelera cabrón que quiero ir a la playa.

Estepona a la derecha. Especulación a derecha-izquierda. Urbanismo sucio. Trajeados bolsillos llenos y ciudadanas mentes vacías. El sol pega en el cristal y no rebota. Se cuela y sudo. Chalets con piscina. Agua caliente natural. La autovía bien construida. Deja sitio al suelo productivo. Al urbanizable.

Estoy entrando en Marbella. Avenida del Trapiche. Se les debió caer la o. ¿Tendrán algún pudor? El paisaje es desolador. Costa del ladrillo indecente. Coches caros. Muy caros. Gentuza en los balcones de las urbanizaciones blancas. Gestora en el balcón del Ayuntamiento corrupto. Mucho tráfico de mediodía. No avanzamos. Aquí solo avanzan las constructoras y los testaferros. La estación de autobuses es un solar que quedo sin vender, por falta de vista(s).

Yo llegué. Estos todavía no. Estoy en la playa. Han sustituido la arena por millones de piedrecillas que hacen de brasas para mis pies. Enfrente, una sucesión desordenada de apartamentos, hoteles, tiendas y turistas. Benalmádena costa. Sin frontera visible con Torremolinos, mas allá de un curioso letrero.

Infumable lugar…peor que la punta de San Felipe…parece un puto parque temático de la fiesta…soy un technólogo…dormir, dormir, dormir…

Ya me conocen en novengasalmádena como el rey de la pista…voy a dormir un rato para poder bajar a la piscina sin riesgo de ahogarme…besos

Me acabo de hacer unos largos en la piscina. He vomitado un poco en el agua, de gusto. El silencio y la oscuridad debajo del líquido, casi transparente, me acercan, bastante, a la deseada paz. Todos debiéramos tener una piscina cerca, para perdernos al final del día. Me tiro de cabeza y miro a los vecinos en sus terrazas. Piensan que soy un cabrón, pero no por ir contra las estrictas reglas de la urbanización, si no por ponerlos frente al espejo de su fascismo cotidiano.

Me duele la tripa. Debe ser del kebab de las cuatro. Estaba muy rico, pero tenía pinta de hacer daño. No ha defraudado las expectativas. Rescato un briñón y un té, sin azúcar, de las provisiones caseras. Están todos dormidos. Debo ser el único que con cuatro horas puede abrir los ojos. Entra fresquito. Se ha nublado. Es como un anticipo del tiempo que me espera. Me olvido de la piscina y agarro la Trilogía Sucia de Pedro Juan. Espero la hora de marchar.

Apurando la mañana. Sobre las ocho llegaremos a Santoña. Dormiremos allí. Puedes preparar algún plato con bonito? Marinado, a la plancha, en filete con verduritas…no sé. Me apetece…ya compró yo una botella de Barbadillo para acompañar…

Tengo la hostia de recuerdos de Sevilla, pero no consigo ordenarlos. Me pasa como con el resto de mi jodida vida. Cuando lo consiga, podré escribir una novela. Hablando de novelas, si pasas por tu casa cógeme la trilogía sucia, que se la estoy leyendo a Luis y quiero seguir…

Imprescindibles: Basílica de la Esperanza Macarena (y el Barrio), Teatro Lope de Vega, Catedral de Sevilla y Reales Alcázares, Barrio de Santa Cruz (callejear…), Parque de María Luisa, Monasterio de La Cartuja (Centro Andaluz de Arte Contemporáneo), Barrio de Triana, La Maestranza.

Se llega enseguida al aeropuerto. El trafico muy fluido. Como si la gente no quisiera salir sin sol. ¿Qué se puede hacer por aquí en un día nublado? Están haciendo una Terminal nueva. La Pablo Picasso se quedo pequeña el día que el landismo español se dio cuenta que a la Costa del Sol se puede venir, perfectamente, sin un sescientos rebosante de inútiles. Mostrador 203. El amarillo de Vueling, como siempre, lleno. Diversidad, aunque ganan los jóvenes.

Ya en casa…me han extraviado la mochila. Perfecto, porque me darán un viaje gratis. Sobrevivid a Marbella. La próxima a Ibiza…

Hay ciudades que sólo necesitan unas horas para saber bien de qué van y qué ofrecen. Igual que hay mujeres de las que, en unos minutos, puedes conocer hasta su ADN. Sevilla es un escándalo de belleza y acento dulce. Sus mujeres están hechas a imagen y semejanza de esa tierra tostada por el sol.





mirando al Este

13 08 2007

Hoy toca lunes en Santoña.

Estoy en casa, dándole vueltas a la presentación que tengo que hacer este miércoles en el II Encuentro sobre Clase Creativa que se celebra en la UIMP, dirigido por Juan Carlos Cubeiro y Miguel Ángel Pesquera. Motivado, después de un estupendo fin de semana, en Zumaia y Getaria, de relax (¿más?), paseos, playa, pinchos, puertos pesqueros y bonitos pueblos construidos (bendita ingeniería) entre el mar y la montaña.

No es la primera vez que pasamos un par de días en algún lugar de la accidentada costa de Euskadi. Primero fue Elantxobe (Txopebenta de Arantxa mediante), luego Lekeitio, Orio, Zarautz, Bermeo, y ahora Zumaia y Getaria. Eso, sin contar las veces que San Sebastián y, sobre todo, Bilbao nos han acogido, en los últimos tiempos.

Mirando al Este encuentro un sinfín de oportunidades culturales (Guggenheim, Chillida…), gastronómicas (la cocina vasca es espectacular), paisajísticas (Urola-Costa), deportivas (para hacer: bicicleta y senderismo y para ver: remo), naturales (Parque de Urdaibai) y humanas (presumo de buenos amigos vascos).

Sé de algún joven emprendedor (y empresario) que en lo suyo también está mirando al Este, teniendo buenos resultados. Sigo sin entender esa manía, tan típica cántabra, de ignorar o despreciar el potencial de nuestro vecino País Vasco. Creo que nuestro futuro está mirando al Este (en su significado más amplio), porque de la Meseta poco podemos aprender ya.

No pretendo abrir ningún incómodo debate, aunque sé que, en ésto también, voy un poco a contracorriente. Sólo quería devolver, a esa tierra y su gente, parte de lo recibido en estos años mirando al Este.





Penélope es la Princesa

9 08 2007

Confieso que hasta que llegué al Campo de San Lorenzo, no me empecé a dar cuenta de lo que iba a vivir esa noche. Eran las diez menos cinco, y en la cola para entrar no se distinguía, salvo excepciones, cuál era público (que, mayoritariamente, peinaba canas) de Serrat y cuál de Sabina.

El cuidado y sobrio verde, todavía húmedo por la tormenta de la noche anterior, nos acogió gustoso, y con dos vistazos, localizamos el bar y la zona de baños, dos lugares tan necesarios como unidos, por razones obvias, en este tipo de eventos.

Al frente, un imponente escenario con dos pantallas gigantes a los lados, en las que apareció, por sorpresa, un serio Iñaki Gabilondo para anunciarnos la suspensión del concierto, por estar los dos cantautores convalecientes en el hospital. El ruido de la sirena de la ambulancia fue interrumpido por el envolvente sonido de la música en directo, que anunciaba el comienzo del recital, con una mezcla de Ocupen su localidad y Hoy puede ser un gran día.

Después, Aves de Paso, algunos versos recitados al mejor estilo de Sabina, varios puyazos y muchos piropos, entre ambos, y mucha clase y la mejor música en el escenario.

Cada canción, un himno. Cada verso, una vida. Cada palabra, una reflexión y una historia cotidiana. Por allí apareció José María Gutiérrez (¡cómo no!), con buenas noticias, justo en el momento en que Sabina cantaba sus Peces de Ciudad. Mientras tanto, Lipe había conseguido que Vera y Pedro le encontrasen entre la gente, y los viajes de ida y vuelta, tanto al bar como al baño, se intensificaron.

Y así, fueron llegando momentos especiales, cada cuál más que el anterior. Con Princesa, Penélope, 19 días y 500 noches, Fiesta, A la orilla de la chimenea, Mediterráneo, Mi primo el Nano o Tu nombre me sabe a hierba, se iban superando por momentos, el uno al otro, y los dos juntos a sí mismos. Es una pena, porque recuerdo el concierto sólo a trozos. Me molesta tener tan mala memoria, en parte fruto de estar demasiado pendiente de vivir el momento, y no acordarme, ayer, de que me hubiera gustado escribir este post, hoy, con una crónica más ajustada a la realidad. Eso sí, recuerdo, perfectamente, que Maricruz, que se sabe todas las letras, estaba disfrutando tanto o más que yo.

Una cosa que tengo clara es que me emocioné bastante. Sobre todo, no sé porqué, con Andares de Serrat y Calle Melancolía de Sabina. Que bailé, mucho. Demasiado, quizá. Que canté, todo lo que se puede cantar en estos casos, y más.

Disfruté, como hacía tiempo, de dos horas y media de la mejor pareja de hecho musical de nuestro país. Un gran acierto, el matrimonio de estos dos magos de la palabra y las corcheas. Uno, con mucho seny y cierta picardía, el otro, con toda la picardía y un diccionario propio. Ambos, con la historia de nuestra mejor música a sus espaldas. Que se repita, porque allí estaré seguro.

Y para terminar, si me perdonan ambos, me voy a atrever con unos versos:

Noche fría y de chaqueta,
noche de versos ascetas,
noche de cantautores.

Toman partido dos locos,
de esos que ya quedan pocos,
más truhanes que señores.

Se calienta el auditorio,
escuchando el repertorio,
de desnuda poesía.

Ambos cantan las verdades,
tirando besos, puñales,
con esa suya ironía.

El Nano es de mano fina,
y en golfo gana Sabina,
un culé y un colchonero.

Al maestro ya le pesa,
Penélope es la Princesa,
que Joaquín besó primero.

Son juglares de sucesos,
de sueños, de amor y excesos,
son notarios de la vida.

Vaya par de incorregibles,
solitarios, de alma libre,
salvo que ellas se lo pidan.





lluvia

6 08 2007

Este verano está siendo generoso, pero en lluvia. Después de una noche como la de hoy, las ganas de levantarse y hacer algo se reducen a la mínima expresión. Suerte que estoy de vacaciones.

Lo de los compañeros Chivite y Puras es muy complicado. No me gustaría estar en su papel. ¿Cómo explicarle a su gente que, en lugar de que gobierne la izquierda, van a tener que facilitar un Gobierno igual de reaccionario y de derechas como hasta ahora?. Es muy duro. Lo de los medios de comunicación de la derecha es alucinante. Si se hubiera pactado con NaBai habrían titulado: “El PSOE entrega Navarra a ETA”. Pero si se hace lo que la derecha (y sus voceros) venían pidiendo escriben en negrita: “El PSOE obliga al PSN a entregar el Gobierno de Navarra a UPN”.

En realidad da igual lo que se haga. Siempre van a darle la vuelta y llevarnos a sus marcos de referencia. Esto lo explica, perfectamente, Lakoff en su libro No pienses en un elefante. Me da la impresión que en Ferraz no se lo han leído (y tienen las enormes orejas y la trompa puestas).

Por lo demás, y en forma de pequeños y variados apuntes: el Barça sigue convenciendo en la pretemporada, ojo a los jóvenes valores; Sarkozy continúa dando que hablar con sus modestas vacaciones; una joven remera de Astillero, Edurne Portilla, ha ganado, ayer domingo, dos medallas de oro en la Copa Juventud en Varese (Italia); José Luis Marcos es, felizmente, el nuevo secretario general de la Consejería de Lola; las bicicletas son para el verano, y también las agujetas, que molestan pero no impiden vivir, en pleno monte de Santoña. la magia de Ibiza; o el aburrimiento por el mosqueo permanente (y seguramente, con razón) de Alonso.





uno (una) de agosto

1 08 2007

Mientras escribo estas líneas, dejo trabajar al antivirus. Lleva casi quinientos mil archivos analizados, entre ellos cinco infectados. Ya decía yo que algo no iba bien.

Es tardísimo. Inconsciente de mí, me he tomado un café en La Galleta y no consigo dormirme. Hace un mes no me hubiera afectado, pero desde hace unos días he reducido a la mínima expresión mi consumo de cafeína. He vuelto al té. Tengo suerte porque han puesto una tienda especializada cerca de casa.

Hoy he cogido la barca que lleva al puntal, por aquello de cambiar escenarios de arena. Me ha gustado la experiencia, aunque soplaba tanto el viento que parecía que las dunas, modeladas a su gusto por Eolo, iban a echar a volar en cualquier momento. Cuando sube la marea hay rebajas de playa, y el chiringuito no está muy logrado, pero seguramente volveré a repetir viaje, durante este agosto con el que, por fin, el sol ha llegado. Esperemos que sea para quedarse.

Mis amigos no se acaban de creer que me haya vuelto a subir encima de una bicicleta. Hombres de poca fe. Ya casi no recordaba el arte del pedaleo. No es un gran entretenimiento, pero sienta bien y no requiere excesivo esfuerzo. El caso es que la máquina de dos ruedas está respondiendo bien, y la he cogido cariño.

El lunes fui al cine a ver los Simpsons. A la sesión de las cuatro. Como siempre, me hicieron reír y pensar. Muy recomendable, sobre todo para el público adulto, aunque el cine a esa hora estuviese lleno de niños fans de Bart. Insuperable la (doble) escena de las cinco opciones, que le dan a elegir al presidente de EE.UU., para resolver el problema de contaminación de Springfield.

Antes del cine, estuve de librerías, en compañía de buenos amigos. Tuve suerte. Compré dos libros para mí: India de Naipaul y uno sobre coaching de equipo. Y compré otros dos para regalar: un directorio de estrategias y buenas prácticas de las empresas más punteras, para un amigo emprendedor (que se preocupa por mí), y otro ejemplar de India de Naipaul para Juan Carlos Cubeiro, que a su vez me obsequió con el último ensayo del pensador José Antonio Marina, sobre la inteligencia fracasada, y con un relato titulado El hombre que plantaba árboles del escritor francés Jean Giono.

El relato es delicioso. La historia trata de un pastor que plantó cientos de miles de árboles y convirtió una tierra yerma en un paraíso. Está llena de optimismo y es un ejemplo de que cada uno de nosotros puede transformar el mundo, aunque sea un poquito. En el epílogo, la profesora Norma L. Goodrich, nos regala este bello fragmento:

El optimismo tenía que surgir, decidió (por Giono), de la literatura y de la profesión de poeta. Los autores sólo escriben. Así pues, para ser justos, están obligados a profesar optimismo a cambio del derecho a vivir y escribir. El poeta debe ser consciente del efecto mágico de determinadas palabras: heno, hierba, prados, sauces, ríos, abetos montañas, colinas. La gente lleva tanto tiempo encerrada entre cuatro paredes que se ha olvidado de ser libre, pensaba Giono. Los seres humanos no fueron creados para vivir en túneles de metro y bloques de pisos, pues sus pies ansían andar zancadas a través de la hierba alta y deslizarse en corrientes de agua. La misión del poeta consiste en recordarnos la belleza: árboles balanceándose en la brisa, pinos crujiendo bajo la nieve en los desfiladeros, caballos salvajes galopando en la espuma del rompiente. Debes saber, me dijo Giono una vez, que en la vida hay momentos en que una persona tiene que salir y afanarse en busca de espérance.