Soñar es una vida en balde

31 07 2010

Perdí el olor de las flores y el alba por las mañanas. La ventana abierta trae el fresco y me alivia. Dejo enfriar el café y las moscas se posan en la taza dejando su rastro de excrementos. Pienso que debería matarlas a todas, pero sé que no es posible y desisto. Se siguen posando a pesar de mis amenazadores pensamientos. No hay telepatía entre ellas y yo. Como no la hay entre Ella y Yo. Si la hubiera, ayer las cosas habrían sido de otra manera. Elegí para mi espera las plazas más concurridas de la ciudad termal. Por ninguna de ellas se dignó a pasar. No apareció. Yo estaba allí. Yo la aguardaba. No apareció. Hasta ayer creía en la Teoría de la Feliz Casualidad. Pensaba que uno podía sentarse a esperar en una plaza a que una persona determinada apareciese, sin más. Como sucede en los peores relatos. Como debería haber ocurrido en éste. Soy indigno. ¿Se puede querer a alguien después de diecisiete años? ¿Se debe querer a alguien después de media vida? Amor territorial. Cruce de caminos. Tradición. Identidad. El destino. Ya no creo en nada de eso. No después de ayer. No después de lo que Ella me ha hecho. Ahora ya sé que soñar es una vida en balde. Ahora ya puedo usar la cursiva.

Lo hago:

La primera vez que mi mano buscó su sitio debajo de tus bragas tuve una sensación muy extraña, como si le estuviera metiendo mano a Galicia entera, a la historia, a todo nuestro entorno, a Vales, a tus abuelos y al mío, a tu madre y a mi padre; por suerte, la segunda vez ya pude concentrarme del todo en el dulce olor de tu sexo, todavía hoy lo recuerdo y no puedo evitar morderme los labios.





Habitación 409

13 02 2010

Esta es la segunda noche que duermo en el Hotel Central y todavía no me ha pasado nada digno de contar, así que tendré que inventarme algo para salir del paso, para que el dinero que he invertido, guiado por la necesidad de encontrar nuevas historias en escenarios propicios como por ejemplo un hotel, sirva para algo más que dormir en una cama recién hecha y mullida y darme una ducha con una presión de agua aceptable, algo como que al abrir la ventana de mi habitación individual he contemplado cómo la ciudad iba apagando sus últimas luces, mientras un par de personas, las sombras de esas personas, se movían de una a otra estancia de un ático abuhardillado, y de un vistazo general he podido comprobar que el tejado del Mercado del Este es tan inservible y feo como el interior del edificio, y mientras pensaba en la fealdad del edificio y de su tejado he escuchado unas voces que venían de la habitación de al lado, una voz de hombre y otra de mujer, ambas con marcado acento gallego, lo que me ha resultado familiar, y entonces he creído que, tal vez,  no estaba en la habitación de un hotel, sino en casa de algún primo lejano y he murmurado algo extraño que ya no recuerdo, pero lo he descartado en cuanto les he escuchado tirar de la cisterna de esa manera tan poco gallega, y entonces he resuelto que eran dos madrileños imitando el acento gallego para tratar de hacerse los graciosos o de confundirme o las dos cosas, pero a mí ni me ha parecido gracioso ni me han confundido, porque enseguida me he dado cuenta de su intención, y he estado a punto de llamar a la puerta de la 410 y decirles algo, recriminarles de manera enérgica su actitud, pero he pensado que siendo mi segunda noche aquí no debería montar ningún jaleo, no vaya a ser que no me dejen quedarme nunca más y tenga que buscar refugio, nuevas historias, gente, buscar vida, en definitiva, en el edificio de enfrente, y digo ahí porque nunca me ha gustado ir demasiado lejos, por eso no tengo carné de conducir, y por eso dije no cuando me invitaron a un viaje a China, pero esa es otra historia que no tiene nada que ver con mis vecinos de habitación, sí, ¿los recuerdas?, esos que imitan el acento gallego para burlarse de mí, para mofarse del inquilino de la habitación 409, que soy yo, y que lo soy hoy y lo fui hace un par de días, y estoy expectante porque he leído en una revista especializada, de esas que sólo se encuentran en la recepción de los hoteles y en el bolsillo delantero (se empeñan en llamarlo bolsillo delantero cuando todo el mundo sabe que es el bolsillo trasero del asiento de delante; supongo que será por abreviar la grabación con las instrucciones de seguridad en vuelo) de los asientos de los aviones, que la tercera vez que vas a un hotel y te dan la misma habitación tienes derecho a que la fruta del desayuno buffet venga pelada y cortada en trocitos en lugar de en su estado natural, recién caída del árbol, porque, entiéndeme, ¿quién es el guapo que se pone a pelar y cortar fruta a las siete de la mañana?, un loco, eso sólo puede hacerlo un loco, y yo no quiero que se corra la voz y por eso el otro día me fui sin desayunar y mañana haré lo mismo, a no ser que me despierte con tanto hambre que no me quede otro remedio, porque, pensándolo bien, tampoco me agradaría demasiado morir ahogado en la piscina con el estómago vacío, sería ridículo, insensato por mi parte, y le daría un buen disgusto al socorrista tonto que se pasa toda la mañana haciendo sudokus y ojeando publicidad de tiendas informáticas cuando podría, si se lo hubiera propuesto, pero ¿qué se va a proponer ese?, haber terminado dos licenciaturas y una diplomatura, al menos, y ahora que todo se llama igual, grado, podrían haber sido tres grados, si se hubiera esforzado la mitad de lo que se esfuerza para completar esos sudokus de nivel principiante, y, por cierto, sé que no viene a cuento, pero todavía no he conocido a ningún niño al que le guste encuadernar.





No se puede

25 01 2010

Me gustaría saber escribir en gallego. Me gustaría escribir en gallego. Escribir, tal vez, una colección de relatos, o una novelita, poesía es más difícil, no sé si se puede escribir poesía en una lengua diferente a la materna: a eso que me respondan los buenos poetas. Me gustaría escribir en gallego, y que alguna editorial me publicase (espero que las editoriales que sólo editan textos en gallego resistan; si yo supiera cómo ayudar, lo haría, lo haría con todas mis fuerzas), y una vez con el libro en mis manos (momento en el que  probablemente exclamaría un ¡por fin!), una vez repasadas cada una de las ciento veintidós páginas, una vez releída la dedicatoria: A mi padre, que me enseñó a querer Galicia; una vez memorizados el olor del papel impreso y la textura de las tapas (espero que blandas, me gustan más  las blandas), una vez terminado el ritual, que es más ritual cuando tu nombre aparece escrito en la solapa, una vez todo, pensaría que ningún necio puede acabar (aún proponiéndoselo con determinación) con la cultura de un pueblo, ni pasando por encima con los tanques, ni siquiera con los decretos. No se puede. Y después de certificar esto, recordaré de nuevo que non falo pra os baleiros y descansaré con una sonrisa en la boca.





Nadie bebe por el sabor

2 09 2009

Le escuché decir a Rachel Weisz en My Blueberry Nights, la película más occidental del maestro Wong Kar-Wai, que nadie bebe por el sabor, y se lo escuché decir justo después de ver cómo brindaba por su marido recién muerto con un trago de vodka que Norah Jones le había servido en un pequeño vaso de cristal transparente. El gesto que puso al beber afeó por un minuto su prepotente belleza, y pensé que aquella frase: «Nadie bebe por el sabor» era una frase bien cierta.

Llevo tiempo buscando algo nuevo que beber por la noche, y no sé por qué todavía no lo he encontrado, no he puesto demasiadas condiciones, no pido gran cosa: que no me siente mal y que me guste. Llevo mucho tiempo en este oficio y he pasado por casi todo: Licor 43, con cola, chocolate o cointreau; ginebra, de Larios a Citadelle pasando por MG, Beefeater o Hendriks; vodka, siempre Moskovskaia; y ron de todos los países productores del mundo, aunque sobre todo cubano: Havana 3 cola light ha sido mi último refugio. Y ahora me enfrento a una gran fatalidad: no me gusta nada y todo me sienta mal —y no quiero pensar que sea una señal para que lo deje, porque nunca he hecho caso de las señales, por eso no tengo ni tendré carné de conducir.

Siempre hay una excepción: me gusta y me sienta bien el Bloody Mary, pero no es una bebida para tomar por la noche, el Bloody Mary es para degustar entre las 6 p.m. y las 11:30 p.m., siempre que no hayas cenado todavía. Es un aperitivo, un entretenimiento, un acompañamiento solitario, un tentempié… Hay días que el Bloody Mary es una necesidad, un apremio, una obligación, un encuentro en la tercera fase… Lo comencé a tomar acompañado de ensaladilla rusa y brocheta de salmón y gambas, pero enseguida comprobé que aquél no era el camino correcto, que no había camino correcto, que todos eran una mierda de caminos, y que además ninguno llevaba a Roma, y si por alguna temeridad de la vida, uno lo hiciese, uno sólo, estoy seguro de que llevaría directo a la Roma decadente, a la Roma putrefacta, a la Roma que huele y sabe a diarrea mental.

Al escuchar a Raquel Weisz decir eso de: «Nadie bebe por el sabor» me vino a la cabeza el licor café, y recordé que, aparte de ser una botella que forma parte del paisaje de las mesas de cualquier familia decente de Galicia, es la bebida nocturna preferida de muchos jóvenes gallegos, así que me puse a pensar que quizá nadie bebe por el sabor, pero hay gente que bebe por identidad.





Volver a Vales

26 02 2009

Si buscas Vales en googlemaps el icono rojo aparece justo encima de la fonte do conde. No recuerdo cuál fue la primera vez que mi abuelo o mi padre me dijeron: «Colle a xerra e vai por auga á fonte do conde». Ni sería capaz de decir, siquiera aproximadamente, cuántas veces me dijeron esa frase: en cuántas ocasiones escuché esas palabras que a mí siempre me sonaron más a premio que a castigo. Sé que fueron muchas, porque muchas fueron las veces al día que iba a por agua a la fonte do conde y muchos fueron los días de mi vida que pasé en Vales.

Vales es una aldea gallega de la provincia de Ourense, que pertenece al municipio de San Cristóbal de Cea. Por el hecho de tener una iglesia, que siempre ha jugado un papel fundamental en la vida del pueblo, es también una parroquia en torno a la que se agrupan otros pueblos más pequeños, y está situada justo en el límite con la provincia de Lugo, sólo a diez minutos de camino andado de una pequeña aldea lucense llamada Agrexán.

¿Qué nos une a una tierra? ¿Qué nos hace sentirnos parte de un lugar? ¿Qué consigue que nos produzca cierta tristeza no estar en un sitio determinado? Estoy convencido de que no son sus casas, ni sus plazas repletas de niños jugando al balón, ni siquiera sus ríos, sus monumentos de interés cultural, ni tampoco sus fiestas. Nos une la gente, la que es de allí o vivió en aquel lugar en algún momento y que identificamos con todo lo que en esa tierra nos ha sucedido: esa gente cuya imagen está unida de manera poderosa a esa tierra concreta. Nos une también algún icono, ya sea físico o emocional, emblemático, casi mágico, al que profesamos cierto respeto y que forma parte de nuestra vida.

Es cierto que de Vales recuerdo, entre otras cosas, el río Bubal, el campo de la fiesta, su iglesia y el cementerio anexo, los interminables caminos, las fincas, los hórreos semiabandonados, las omnipresentes vacas, los ladridos de los perros por la noche o la nieve en semana santa. Pero Vales para mí no es eso. Vales es mi padre. Vales es mi abuelo. Si no fuera por ellos, Vales no hubiera existido para mí, y tras su ausencia el pueblo se hizo mucho más pequeño.

Hace tiempo escribí que quizá no pisaría Vales nunca más, y tenía mis razones, pero este sábado volveré de nuevo y siento algo especial que me resulta difícil de explicar. Sé que me gustaría dar un paseo con el pueblo vacío, sin que nadie me reconociese y me preguntase nada, sin que nadie me impidiera parar en algún punto concreto a mirar, a pensar, a recordar algunas cosas. Y me encantaría que fuese San Pedro y poder ir al campo de la fiesta con Emilio, y al final de la noche volver a casa e atopar o meu avó e o meu pai falando na cociña coma sempre.





Emilio

2 02 2009

 

No niño novo do vento hai unha pomba dourada;

quen puidera namorala, quen puidera namorala, meu amigo!

 

Porque soy socialista, y eso no me lo va a quitar nunca nadie (mucho menos ninguno de los escogidos miembros del Club de Finanzas), porque soy gallego y eso imprime carácter y se lleva hasta la tumba y mientras se lleva se vive, se vive muy dentro…, porque me gusta analizar todo lo que tiene que ver con la comunicación política, aunque a ratos no consiga separar las emociones de la frialdad que necesita una mirada crítica, porque no tenía ningún plan mejor para el mediodía de ayer domingo y en la tienda del barrio hace tiempo que no venden campurrianas, por todo eso y porque Emilio tiene tele en Internet ayer vi el mitin de Touriño y Zapatero en Lugo.

 

Me gustó Emilio, me gustó más que ZP. Empezó muy bien, contando que ha elegido personalmente la canción de campaña: Quen puidera namorala, un poema mítico de Álvaro Cunqueiro, hecho canción por Luis Emilio Batallán y versionado para la ocasión por Xoel López: ¿se puede pedir más? Emilio ha dejado atrás sus complejos, está contento y orgulloso de lo que ha hecho, y eso se nota porque sale enchufado al escenario y transmite optimismo, seriedad y confianza. Cierto es que abusa demasiado de las cifras (nadie las recordará veinticinco segundos después de decirlas…), pero está claro que ha aprendido la lección de los valores, la atribución de la responsabilidad del cambio en su persona y la necesidad de contraponer de manera clara los dos modelos que hay para Galicia. Igual que en el caso de Patxi se nota que está muy bien asesorado por verdaderos profesionales del marketing político.

 

Uno de los momentos más emocionantes del mitin fue cuando contó que esta legislatura había sido la primera vez que os mozos galegos habían salido al extranjero a aprender a inglés, y es que el atraso de Galicia en muchas cosas parecía que no tenía solución (un poco como aquí) hasta que llegó el deseado cambio en el Gobierno, Fraga pasó a mejor vida y PSdG y BNG se pusieron manos a la obra (con un programa muy de izquierdas) a luchar contra el caciquismo. Al Partido Popular ya no le es suficiente con el inmoral carrexo de votos cautivos, ahora tiene que remar contra corriente y, lo que es más complicado, contra la voluntad de esa mayoría de gallegos satisfechos con el cambio. Para que el PSdG gane Touriño sólo tiene que hacer dos cosas: convencer a los gallegos de que si ha habido cambio, es porque él ha sido Presidente y que la victoria del Partido Popular significaría volver al pasado.

 

El uno de marzo volveré a estar con los compañeros de Galicia, igual que  hace cuatro años en Santiago o hace ocho en Ourense, y mientras vuelvo con muchas ganas de volver y de ver a alguna gente, y mientras hago planes para beber otra vez da fonte do conde, y mientras pienso en lo que mucho que ha cambiado la tierra de mi padre desde que yo correteaba por las calles de Vales, y mientras… escucho la banda sonora del cambio para un país, Galicia, que necesita más socialismo del de verdad y a un hombre bueno que se llama Emilio de Presidente.