telegrama presupuestario

27 09 2007

448 millones para Cantabria.Stop.Inversión más alta historia.Stop.Infraestructuras encauzadas.Stop.ZP dobla inversión Aznar.Stop.Más políticas sociales.Stop.PP dice ZP insolidario.Stop.Confiesan no haber estudiado Presupuestos.Stop.¿A qué esperan?.Stop.Han perdido batalla comunicación.Stop.Otros hacen su trabajo.Stop.





relatos en cadena

25 09 2007

No sé si lo sabeis, pero hay un concurso de microcuentos que organizan la Cadena Ser y la Escuela de Escritores. Cada semana eligen tres que salen en antena, y entre esos, eligen un ganador semanal. Luego, hay un ganador mensual y, por último, el ganador final del año, que tiene un premio de 6.000 euros.

Lo escuché la semana pasada y me animé a participar. La última frase del ganador de la semana pasada, debe ser el comienzo de los microcuentos de esta. Así que con esa única regla, y la de no superar cien palabras, me puse a escribir y envié un microcuento.  Y resulta que he sido el ganador de esta semana. Salir en antena con Carles Francino y Javier Rioyo, y escuchar lo que éste dijo de mi relato, es más importante que el hecho en sí de ganar, pero he de confesar que estoy encantado y esperaré, con ilusión, a ver si soy el ganador mensual. Si fuera así, tendría una matrícula gratuita en el curso ‘El gozo de escribir’ de la Escuela de Escritores. ¡Todo un gozo!

Gracias a la Cadena Ser por promover este tipo de Concursos.

Este es mi microcuento.

“Lo siento. Hicimos lo que pudimos. Está muerto”. No hay un solo día que no recuerde las palabras resignadas del médico. La vida es tan frágil y secundaria, como los hilos blancos que tienen los trajes, recién salidos de la tienda. Como una barra de incienso que se va convirtiendo, lentamente, en ceniza y cae, de repente, cansada de aguantar su propio peso. Lo peor es la sensación de impotencia. El dolor provocado por no llegar a tiempo. No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que los restos de ceniza manchen la madera del mueble del comedor.





Cuaderno de Granada (y III)

24 09 2007

Cruzamos la verja y estamos en otro mundo. Edificios renacentistas y del gótigo tardío español, albergan, entre otros vestigios históricos, las tumbas de los Reyes Católicos, y de Juana la Loca. Hay cola para entrar. ¡Qué novedad! Optamos por seguir caminando y vemos el Centro de Arte José Guerrero. Cerrado por cambio de exposición. A sus pies, otro José, de nombre Pepe, acaricia la guitarra y canta, convirtiéndose, por unos minutos, en el centro del arte. El rumor de la gente nos lleva a la Alcaicería. Intenso olor a cuero, especias, y falta de espacio. Un pequeño zoco en el corazón granadino. La catedral es sobria y sencilla. Le falta glamour. Durante unos segundos trato de encontrar el rosetón, pero MC me saca del embrollo. “Búscalo en las góticas”. Afuera, un barbudo cuerdo grita proclamas contra la jerarquía eclesiástica. “Pisan los derechos de los pobres. Son amigos de los poderosos. Compañeros y amigos. Teneis que saberlo”. Hacemos una parada en la Oficina de Turismo, que está junto al mítico Restaurante Chiquito. La señora informadora nos dice: “Lo mejor es perderse por el Albaycín, y entrar a alguna cueva del Sacromonte. Pero antes, vayan por el Realejo“. 500 años de Barrio. Hay una placa que lo recuerda. Dos jóvenes cocineros, con las rastras camufladas bajo un enorme gorro estilo italiano, nos dan un par de croquetas de verduras, para acompañar las dos cañas. Con una mahonesa suave de espléndido aceite de oliva. En todos los bares, por pequeños que sean, tienen carta de vinos. En este con más razón, porque se llama Taberna del Baco. En otro, dos señores calvos hacen bocadillos sin parar. Van a bandeja de cien a los cinco minutos. El Realejo es como una mezcla de Chueca y Lavapiés.

Por la tarde, subimos al Albaycín, directos al Mirador de San Nicolás, desde donde se ve la estampa de La Alhambra, que sale en las típicas fotos. La que ilustraba la postal que animaba a votar para el concurso de las maravillas del mundo. El lugar está lleno de gente. La vista lo merece. Quizá sería necesario que al llegar a Granada, te trajeran directamente a este sitio. Embrujo de Alhambra. No puedes apartar la vista. Ni la cámara. “Llevo ya más de cien fotos en todas las posturas y perspectivas”. Seguimos callejeando arriba y abajo hasta encontrar una señal que nos guía para llegar al Sacromonte. El barrio de los gitanos. El barrio del flamenco. Cuevas que son casas. Enrique “El Canastero”, hijo de la mítica María “La Canastera”, nos acoge en su especial rincón de la colina. Fue el profesor de Eva “La Yerbabuena”. Es un Museo. Tiene fotos con medio Hollywood. Dos euros y medio entrar y una copita de manzanilla. A las diez, el espectáculo. El lugar es indescriptible. “Ahí nací yo”, dice señalando a un recoveco de la Cueva que llaman habitación. Nos cuenta que estas Cuevas del Sacromonte eran de los árabes, y cuando llegaron los Reyes Católicos, los gitanos que eran los herreros del ejército (hacían las espadas), se quedaron en ellas. Y hasta hoy. Hay cuevas que se alquilan por días. Nos despedimos de Enrique y volvemos a los pies de La Alhambra, bajando las escaleras de Santísimo, que llevan al Paseo de los Tristes.

Hace calor. La chica de la mesa de al lado, escribe en algo que podría ser su diario. Me gusta la gente que viaja sóla. Me cae bien. La música árabe crea el ambiente perfecto. El té ya ha reposado. El mío es verde con cardamomo. Estamos en Ramadán. Hay un póster con una enorme foto de La Meca. El camarero dice: “Arabia Saudí. El país más rico de los árabes. Allí no hay pobres. Ahora hay cuatro millones de personas. Ir te cuesta dos mil euros”. Entramos en el Restaurante Azafrán y, por suerte, queda libre una mesa desde la que se ve, perfectamente, La Alhambra iluminada por la luna. Supongo que esta ubicación tenga un suplemento por tanta belleza. Justo antes del postre compartido, y después de probar el salteado mozárabe de boletus y perlas de alcachofa, tengo la necesidad de escribir esto:

Luna sobre La Alhambra. Luna envidiosa de su belleza.
Caprichosa. Luna carroñera.
Luna partida por la izquierda. Luna con manchas. Luna de noche.
El sultán te mira desdichado. Quiere verte sufrir.
Llorar bajo tu manto de perfumes nazaríes.
Luna, despierta y vete. Sal de esta imagen.
Vuela contracorriente. Bate tus alas de cera en carne viva.
Azota, con tu polvo de estrellas, la Granada entera.
La que sobrevive a tus encantos.
La que cierra la puerta para no verte nunca.
No seré yo quien absuelva a la luna.
No seré yo quien abra la puerta a la princesa.
Encerrada con tu nombre: Alhambra, Alhambra, Alhambra…





Cuaderno de Granada (II)

23 09 2007

Una ducha reparadora y salimos del Hotel. Al cruzar la puerta, ya vemos La Alhambra. Iluminada en la oscuridad de la noche, que se va cerrando. Carrera del Darro arriba. Gente arriba y abajo. Precioso Paseo de los Tristes, en busca de una cerveza de terraza. Enfrente, en la ladera de la colina, cerca del río, varios grupos de jóvenes se entrenan con sus bongos, cariocas, mazas y cintas, bajo el sonido de un par de guitarras. El lugar es acogeder y propicio. Para ellos y sus inseparables perros. ¿Todos tienen uno? ¿Son perros colectivos? ¿Son atrezzo? Alguien debería responder a estas preguntas. Uno de ellos toca El Necio, de Silvio Rodríguez, con su guitarra. Quizá haya leído el bocadillo con nuestros pensamientos. El camarero, que nos trae las cervezas, se dirige a los perros con un: “Anda, irse a joder por ahí”. No le hacen caso, hasta que golpea el suelo con sus zapatos, haciendo un ruido molesto pero eficaz. Pasa el guitarrista ocasional y le pregunto por Silvio. Me dice que ahora toca más. Pero se va. En su lugar viene otro, sin guitarra, vestido de negro con un enorme gorro. Cuanto más grande, más recaudación, pensará. Escupe fuego. Quizá si acerco mi jarra de cerveza Alhambra Especial, pueda tomármela ya, sin que se me agrieten los dientes. Entre el grupo, me fijo en alguien. Ella es muy guapa. Tienen los pies descalzos, y está rodeada de perros con pulgas. Se atusa el ennegrecido pelo y se hace una coleta. Abronca a uno de los chuchos con rabia. Le habla en francés. Se acerca. El olor animal es intenso y sustituye, por desgracia, al del jamoncito de la mesa de al lado.

Decidimos hacer ronda por los bares de la zona. Cerveza y el Ribera del Duero que toque, ilustrados con diferentes tapas, por cortesía de la casa: Ensaladilla, queso, bocaditos de jamón y queso, patatas ali-oli. Buscamos una televisión, por aquello de ver a Messi y cía. La encontramos en la plaza. El sitio es amplio, y se llama Torres Bermejas. Muy de La Alhambra. Mientras Abidal se consagra como el mejor lateral izquierdo del mundo, devoramos unas albóndigas de carne y unos bocartes plancha. AndrésLeo acompañan el festín gastronómico-futbolístico. “Andalucía está a la altura de Galicia. Y el País Vasco a la de Cataluña”. “Cuando Puyol se recupere de la lesión debería jugar de lateral derecho”. Puyol, Márquez, Milito y Abidal. Uff. La mejor defensa es una buena defensa. Cataluña, México, Argentina y Francia. “Me encanta Argentina“. “¿Nunca te has liado con un argentino?”. “Si, si. Una vez”. La segunda parte, en un sitio donde nos dieron café bombón y un Havana 3 con cola light exquisito. Luego a bailar. Mi Habana y Taller de Baile. Dos lugares con raíces y personal muy cubanos. “Joder, ¡Como baila!”. “Dile que te saque”. “No, no. Paso”. Y ahí quedó la cosa.





Cuaderno de Granada (I)

22 09 2007

Después de dormir bajo el techo original de un Palacete del siglo XVI, convertido en Ladrón de Agua, reponemos fuerzas, para llegar al minibus que nos conduce a la entrada de La Alhambra. Allí, he comprado este cuaderno, para llenarlo de tinta fina. Ya casi no recuerdo que, ayer, Iberia nos quiso joder el fin de semana. Y menos al ver, sobre una de las paredes que aguardan a los miles de visitantes diarios, este poema que escribió Jorge Luis Borges en 1976:

Grata la voz del agua,
a quien abrumaron negras arenas
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna,
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros, grata la música del zéjel,
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un Dios que está solo,
grato el jazmín.

Vano el alfanje
ante las largas lanzas de los muchos,
vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la luna,
que la tarde que miras es la última.
 

Espera. Gente en la cola. Mucha, quizá demasiada. Parece que ya llega nuestro turno. Desayuno rápido digerido en letargo espeso. Las cosas de palacio van despacio. Nunca mejor dicho. Nos ha tocado la ventana de la señora más lenta. MC liga con el de seguridad. Tiene los ojos verdes, es políglota y eficiente. Esabe. “Jesús, dale un poco más de arte a la fila de las reservas”, le dice un compañero, que desconoce el significado de la palabra arte. Seguridad en la cola de La Alhambra es un trabajo muy creativo. Siempre enfrentándote a algo nuevo. La picardía y la mala educación de la gente es infinita. “No me encendais la cola”. Ventana 1. Por fin. Una japonesa vieja, que agarra su bolso como si le fuera la vida, trata de colarse. Le explico, gentilmente, en mi perfecto japonés: “Como-te-cueles-te-mato”. La tensión crece. Si no llegamos a la hora a la puerta de los Palacios Nazaríes, nos quedamos sin verlos. No hay prórroga. “Señora, disculpe, es que tenemos para las once y media”. “Ya, es que no me puedo dividir”, me responde con cara de importarle todo un pimiento de Isla. “¿Y multiplicar?”, le pregunto. No responde. Pero nos da las entradas. En fin, que tienen un problema de organización importante. Les vendría bien la ayuda de Prólogo de cerca.

Corremos un poco, por aquello de bajar el frugal desayuno, y para llegar a tiempo. Hay otra cola. Aprovechamos para entrar al Palacio de Carlos V. El edificio renacentista más importante de España. Cuadrado por fuera: Cielo. Redondo por dentro: Tierra. ¡Qué simpático el emperador! No me gusta la arquitectura renacentista. Y este palacio no va a ser la excepción. Si lo ves desde arriba, se parece a una plaza de toros. “All the buildings are old!, Where are you?”, grita una mujer por el móvil a su marido. Se han perdido, el uno del otro, y él trata de darle alguna pista sobre donde se encuentra. Le imagino, al otro lado del teléfono, diciendo: “Cariño, estoy en un edificio viejo, como antiguo, de otra época”…ay dios, menuda pista. Desde la entrada de los Palacios Nazaríes, tenemos la primera vista de Granada. Blanca, verde y marrón. “Tengo sed”. “Igual puedes beber en un aljibe“. Patio del Cuarto Dorado, tras el oratorio, me siento en la sala de audiencias del Sultán. Primero Mohamed, luego Yusuf. Cerca hay unos pasadizos, oscuros y llenos de polvo. Me gustaría entrar para refugiarme de la marabunta de gente. Pocholo y señora nos piden, amablemente, que les hagamos una foto. “¿Quieren otra ustedes?”. Por no hacerles el feo, accedemos. “Espera. Deja que se vayan, que se nos pegan”. MC dice que va a hacer un blog, sólo para pedir que pongan las entradas a 50 euros. Exterminio cultural. El Patio de los Leones. Sin leones. Da entrada a la absoluta maravilla de la Sala de los Abencerrajes. Me siento, porque me tiemblan las piernas de tanta belleza. Una estrella de ocho puntas y dieciseis ventanas, por fuera, y por dentro, los mocárabes que adquieren categoría celestial. “¡Qué mal vivían!”. “¡Qué hijos de puta!”. Mohamed V era un tipo con suerte, quería decir. Washington Irving escribió sus Cuentos de la Alhambra en unas de las habitaciones que Carlos V hizo construir, para seguir añadiendo historia a La Alhambra. La señora de los old buildings ya encontró a su marido. Estornudo, rotundamente y con eco, y me dice salut, sonriendo. Un paseo, obligatorio, por los Jardines del Generalife, y salimos de La Alhambra con los pies cansados y el corazón nuevo, como el nombre de nuestra habitación, que nos espera para la merecida siesta. Antes, en el Restaurante La Mimbre, a los pies de La Alhambra, comemos gazpacho, habitas con jamón, y un plato que se llama Sierra Nevada, y que lleva huevos con jamón, papas y pimientos. “Water melon, melon, cream caramel”. Aquí todo el mundo es políglota. En la mesa de al lado, creo ver a un conocido. Muy mejorado. Más joven y con más color. Se oye a un niño de lejos: “¡Vaya mierda, mamá!, vengo a Granada y no veo La Alhambra“. Y tanto, pienso yo.





versos robados 2

21 09 2007

Hay días inciertos. Hay noches repletas de sueños.

Hay elementos de repetición infinita. Hay hexágonos faltos de cariño.

Hay bibliotecas llenas de errores de la historia.

Hay cielos sin alta definición.

Hay leyendas con un margen de error, tan pequeño, como mi eterna venganza.

Hay lugares con máquinas barredoras, que se llevan por delante hasta los pensamientos más obscenos.

Hay recovecos sin principio ni final conocido.

Hay necesidad de retos interminables





Foster culé

19 09 2007

Leo, en la prensa deportiva de Barna, que Norman Foster ha sido el arquitecto seleccionado para realizar la remodelación del Camp Nou. El despacho Foster + Partners se ha impuesto a otros nueve competidores. Me imagino que la Junta Directiva del Barça haya optado por el británico, pensando en el proyecto presentado, pero también en lo que representa Foster. El autor de maravillas como el Aeropuerto Internacional de Honk Kong, el Metro de Bilbao, la Torre de Caja Madrid (el edificio más alto de España) o la Torre Commerzbank, es uno de los arquitectos más prestigiosos del mundo, junto a Pelli, Isozaki, Ghery, Calatrava, Zaera o Nouvel, por poner algunos ejemplos, y su elección, por sí sola, genera una buena publicidad del Barça y de la ciudad.

También leo, en esa misma prensa, que Jordi Hereu, el Alcalde de Barcelona, quiere aprovechar ese hecho, para hacer una remodelación de todo el entorno del Camp Nou. Se trata de aprovechar la oportunidad y dar un cambio urbano (otro más, y van…) a una ciudad que ha experimentado una transformación de la trama urbana (acompañada de un cambio social y cultural evidente) a la que sólo se puede comparar el modelo de Bilbao. Precisamente, estoy leyendo El efecto Guggenheim, de Iñaki Esteban, en el que analiza, brillantemente, el papel sociopolítico que juega el Museo (mucho más el espectacular continente de Frank Ghery, que el, a veces muy discutible, contenido), como decisivo icono político, social, económico y cultural, en el cambio de mentalidad (y de paisaje urbano) de Bilbao y los bilbainos. Apoyándose en el desarrollo de dos conceptos que tienen mucho que ver con la arquitectura, como son el de ornamento y el de espacio basura, establece una tesis muy interesante sobre la necesidad de utilizar los diseños innovadores y vanguardistas, de los grandes arquitectos, al servicio de intereses políticos y sociales, revitalizando el espacio urbano, con el objetivo de incentivar la economía (industria turística, cultural, sinergias generadas…) y el sentimiento de orgullo de una ciudad o una región. Precisamente, esa función de la arquitectura es la que nosotros, todavía, no hemos conseguido poner en valor. Estamos a tiempo.