Teatro del bueno

29 10 2008

Como todos los años llega, para llenar el vacío del otoño, la Muestra Internacional de Teatro Contemporáneo. Del 30 de octubre al 18 de diciembre podremos disfrutar en Tantín —si no hay ningún problema técnico (?) como hace un par de años con Leo Bassi— de una programación teatral de gran nivel. Acostumbrados, en los últimos años, a que la Obra Social y Cultural de Caja Cantabria no haga honor a su nombre y su apuesta por el teatro sea la de promocionar negocios particulares en lugar de cultura para todos, sentarnos en una butaca del auditorio de Tantín y disfrutar con teatro del bueno es casi un soplo de libertad. El sello de calidad lo ponen, como siempre, sus organizadores: La Machina Teatro, con Paco Valcarce a la cabeza.

Como Paco sabe muchísimo de esto, os dejo, no sin antes recomendaros la asistencia a todas las representaciones (allí nos veremos), con el texto escrito por él que acompaña la información sobre la 19º Muestra Internacional de Teatro Contemporáneo:

Un año más -y van 19- la Universidad de Cantabria y Caja Cantabria organizan y patrocinan la Muestra Internacional de Teatro Contemporáneo con el objeto de presentar al público cántabro aquellos espectáculos que se alejan de los cánones más convencionales, al abordar unos discursos éticos y estéticos directamente ligados a la contemporaneidad. Se deja patente, así, una voluntad de rechazo a una visión mercantil y paternalista del teatro, y una actitud de rebeldía contra los planes conservadores basados en el populismo y los grandes fastos. En la convicción de que uno de los principales deberes de las instituciones que sustentan la Muestra es el fomento de la investigación y la promoción de toda actividad artística que, productiva y positivamente, implique un riesgo y una búsqueda rupturista, la Muestra Internacional de Teatro Contemporáneo opta por las escrituras y prácticas escénicas que parten de procesos investigadores donde, con rigor experimental, se apuesta por una renovación del lenguaje dramático. Por otra parte, es intención de la organización contribuir al enriquecimiento cultural de nuestra ciudad y región, complementando la acción de otras entidades y ocupando un espacio socio-cultural propio y específico.

Con los criterios de la selección cualitativa, el compromiso y la diferencia, el programa de la Muestra tiene también el objetivo de colaborar en la formación de espectadores conscientes y responsables que conformen un nuevo público, joven y no tan joven, pero caracterizado por presentar una sensibilidad distinta. De este modo, existe la aspiración de generar una práctica de consumo cultural dotada de espíritu critico.

 

En esta decimonovena edición, la programación acoge cuatro espectáculos que responden a otras tantas formas de entender hoy en día el hecho teatral. Desde la ruptura de la simulación que plantean Juan Navarro y Javier Corcovado, en un trabajo donde el lenguaje del rock tiene su protagonismo, hasta la interesantísima y celebrada radicalidad escénica que propone la reputada Angélica Liddell. Desde la profundización en el trabajo del actor que realiza Etelvino Vázquez con intérpretes argentinos, hasta la sobresaliente y particular actuación de uno de los santones de la escena internacional, el italiano Pippo Delbono. Una pequeña colección -una muestra- de variadas propuestas formales, a veces contrapuestas, y de distintas visiones del ejercicio escénico, pero con el denominador común de ser testimonios de una poética moderna que desea conectar con el imaginario cultural y personal de los espectadores y establecer una comunicación viva con la sociedad del siglo XXI.

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El laboratorio del cambio

23 10 2008

Me he emocionado leyendo el artículo de Antonio Caño, corresponsal en Washington de El País, titulado ‘El laboratorio del cambio’. Parecía que no iba a llegar nunca, pero ya queda menos de dos semanas para la gran cita. El seguimiento que está haciendo El País está siendo excepcional, y casi no he tenido que recurrir a otras fuentes (salvo algunos interesantes blogs) para estar al día de lo que está pasando en la crucial elección del 4 de noviembre. Ese día, según he escuchado antes en casa, la Cadena SER realizará un programa especial de más de doce horas que promete ser apasionante.

Pero decía que me he emocionado al leer el artículo de Antonio Caño. El periodista describe el ambiente en el cuartel general de la campaña de Obama, en el que dice se viven «momentos de excitación y caos.» Gráficamente, comenta que el local que sirve de laboratorio para el cambio político que se avecina en Estados Unidos, parece el dormitorio de un colegio mayor, porque es difícil circular sin tropezarse con algún cable, caja de golosinas, comida rápida, botellas de agua y tazas de café.

Antonio Caño destaca que «es difícil ver en el abarrotado horizonte un rostro que parezca mayor de los 30 años. Dice, también, que todos se emplean con la energía envidable de esa edad. Lo describe como «una fascinante concentración de entusiasmo juvenil, con su fuerza electrizante y toda su agotadora anarquía.» Maravilloso comentario, añado yo. El mérito de la campaña recae en dos David: David Plouffe, el director de campaña, y David Axelrod, el responsable de la estrategia de Obama. Ambos son socios en una consultora de Chigago y llevan ocho años trabajando para el próximo Presidente de los Estados Unidos.

Al final del artículo explica que los dos departamentos estrella son el de finanzas y el de los escritores de discursos (speechwriters). Dice que «los discursos son responsabilidad de bastante gente, entre ellos el propio Obama, que se encierra en su ordenador en vísperas de las alocuciones especiales.» Aún así, los originales son responsabilidad de Robert Favreau y Adam Frankel —los dos principales ayudantes de Robert Gibbs, el director de comunicación—, «dos treintañeros que confiesan haber leído en estos últimos dos años miles de discursos de los políticos más famosos de la historia.» Me quito el sombrero y les presento todos mis respetos por lo que han hecho (y lo que harán).

Termina Antonio Caño el artículo con un párrafo casi celestial: «En estas oficinas nadie se acuerda de comer y se ha perdido ya la noción de día y noche. Todos están contagiados por eso que tanto ha dicho Obama en sus discursos, citando a Martin Luther King, “la ansiosa urgencia del ahora”, la cita con la historia a la vuelta de la esquina.» No me gustan los finales felices, pero en esta ocasión quiero hacer una excepción. Espero disfrutar el 4 de noviembre con la victoria de Obama, que será un poco también la victoria de todos los que todavía pensamos que hay otra forma de hacer las cosas…





Alguna pregunta més?

22 10 2008

Recuerdo que me gustaba leer en los periódicos deportivos de Barcelona los comentarios positivos hacia la labor de Ricard Maxenchs. De esto ya hace mucho, yo todavía estaba en el colegio, y no sé por qué me sentía bien descubriendo que Ricard era felicitado siempre por su trabajo como jefe de prensa del Barça. En muchas ocaciones, las informaciones de El Mundo Deportivo y Sport terminaban con comentarios como: «hay que volver a destacar la extraordinaria labor de Ricard Maxenchs» o «es de justicia resaltar la profesionalidad de Ricard Maxenchs, siempre pendiente de facilitar el trabajo a los periodistas». Me gustaba leer esos comentarios. No sé por qué —repito— me hacían sentir bien. Ricard fue la primera persona en la que yo vi encarnada la figura de jefe de prensa, quizá esa sea la razón de haber tenido siempre el listón tan alto. Quizá Ricard me haya hecho ser tan exigente conmigo mismo y con los demás. Se lo agradeceré eternamente.

En estos tiempos, en los que cualquiera se llama a sí mismo jefe de prensa o director de comunicación —o títulos aun más pomposos—, es obligado echar la vista atrás y tomar nota de cómo hacía su trabajo un maestro de la profesión como Ricard Maxenchs. Discreción, atención personalizada, lealtad, dedicación, humildad, imaginación, capacidad de escucha… Son algunas de las muchas virtudes del que fuera primer jefe de prensa de la historia del fútbol español. Fue el primero y fue el mejor. En el Barça le han echado mucho de menos estos últimos siete años, ahora el vacío será mayor porque ya no podrán llamarle para que vuelva a casa. Supongo que se paseará de vez en cuando por la sala de prensa, y tal vez un día de estos se vuelva a escuchar en el Camp Nou aquella mágica frase: «Alguna pregunta més?» 

Gràcies per tot, amic Ricard…





En Burdeos se puede desaparecer

20 10 2008

Burdeos es un buen sitio para desaparecer. Nadie me conoce aquí —salvo Enrique Vila-Matas, pero esa es otra historia que ya contaré—; ni siquiera el recepcionista del hotel se ha fijado en que llevo ocho días medio encerrado en la habitación 106. Debe pensar que cada día, al desayuno, soy una persona diferente. Quizá le despiste observar que leo un libro distinto cada mañana; tal vez porque todos los días empiezo y termino un nuevo libro no se dé cuenta que soy siempre el mismo. He traído la maleta llena: he contado hasta cuarenta y siete libros. Puedo, entonces, permanecer aquí cuarenta y siete días sin que nadie me descubra, sin que ni una sola persona sospeche de mí. Además, como soy prescindible, en mi barrio nadie ha notado —ni notará— mi ausencia. Podré desaparecer para siempre. Y eso me alegra.

He salido a cenar sin miedo a que nadie me descubra. He encontrado una mesa para uno en La Belle Epoque —un conocido restaurante de la ciudad—, y he pedido ravioli de foie gras, chateubriand y un Chateau Grand Champs de 2001. De inmediato, el vino ocupa el lugar que le corresponde y no permite que enlace cuatro frases seguidas. Al menos, no me está escuchando nadie y eso me alivia profundamente. Tengo el estómago lleno y el cerebro colapsado por el delicioso jugo de uva Merlot, pero aún así soy capaz de dictar a mi mano cada uno de los mágicos movimientos que se van convirtiendo —bolígrafo y moleskine rojo mediante— en letras, y luego en palabras, y éstas en frases, y hay veces que culminan en un discurso en el que planteo que las letras son las responsables de los gratificantes nubarrones financieros. Las malditas letras —esas letras polígamas— son un gran peligro para la frágil convivencia de nuestros chalets adosados. ¿Cuál es tu letra? ¿El código postal era? A ti qué cojones te importa, si nunca vas a enviarme una sola carta. ¿Quién te ha dicho eso? Quien te ha dicho eso miente. Me mareo un poco por culpa del vino, le regaño, regaño a la botella, ya casi vacía, porque el vaso no deja pasar la luz del río.

Es domingo por la mañana y las calles están vacías: no se aprecia casi ni un ruido. Paseo entre la soledad del silencio, acompañado a ratos por el sobrecogedor sonido que produce el rozamiento de los radios de las ruedas de las bicicletas con el aire, con el vacío de la cours de l’Intendence, justo al pasar por debajo de la habitación donde murió Goya. Al llegar a la plaza des Grandes Hommes, decido rápidamente que quiero vivir en una buhardilla del número 15 de la Rue Michel de Montaigne, y no admito un lugar diferente. Pasaría las tardes entre las terrazas de los cafés y la Librería Mollat, y creo que sería feliz sin necesidad de nada más. Por las mañanas, seguramente pasearía por la orilla del Garona, leería libros en francés, y hablaría conmigo mismo todo el tiempo, como hacen las parejas y los grupos de amigos en las terrazas, los restaurantes o el tranvía. ¿Y si es cierto que he desaparecido en Burdeos? ¿Y si nunca hubiera vuelto de allí? Trataré de averiguarlo, o no.





Puede ir bien

10 10 2008

«Puede ir bien» y «tiene buena pinta» son dos de las frases más repetidas en estos momentos previos al XI Congreso Regional del PSOE de Cantabria. Me parece una buena forma de empezar ese encuentro vital para el futuro del partido y de nuestra región. El proceso precongresual ha durado mucho, demasiado, y algunos han querido convertir el debate en un campo de batalla en el que ha valido todo (hasta lo que nunca debe valer) para tratar de desgastar al contrario. Mañana, en la comparecencia ante los delegados, sólo una de las intervinientes podrá presumir de haber mantenido las formas. Y ese es un valor importante en estos tiempos de marrullería.

Este fin de semana tenemos la responsabilidad de recuperar un aspecto saludable y curar alguna enfermedad que nos tiene postrados en la cama. El diagnóstico está claro, sabemos qué órganos no funcionan, y cuáles lo hacen pero no como deberían. Ahora hace falta que la médico (que sabe mejor que nadie lo que hay que hacer) coja el bisturí y opere. Necesitamos células nuevas, varias transfusiones de sangre, y llevar una vida saludable: adecuada alimentación, algo de ejercicio físico, y cultivo de la mente leyendo, yendo al cine, y disfrutando del arte en general. Un partido es como una persona: ¡A ver si nos cuidamos un poco más! 





Campo de visión concreto

3 10 2008

 

Lluvia, mucha lluvia, a mares lluvia, lectura esperando que escampe en el quicio de una tienda de artículos para bebés, a mi lado pasan sin saludar varios paraguas, mañana de otoño impostado, de repente aparece en mi campo de visión, limitado por la intensa lluvia —la misma que me ha forzado a detenerme en este lugar concreto, que me ha proporcionado este campo de visión concreto—, un Audi con la antena que anuncia la presencia de un vehículo oficial.

 

Dentro, agazapado, sonriente, tranquilo, incólume, relajado, prepotente, cautivo y vacío, el director general de Caja Cantabria, Javier Eraso, observa la lluvia como quien observa algo que no forma parte del universo, como quien está convencido que a él no le afecta si llueve o no. Debe ir de camino al encuentro de alguna televisión popular con la que tiene algún business, del que sólo nos contará la letra pequeña para que no nos preocupemos demasiado por una crisis que nunca es la suya.