Clítoris de seda (fragmento)

30 07 2009

Cindy, mi favorita, es una joven de curvas rotundas y sonrisa gigante y clítoris de seda que se ganó su sitio aquí, en la selectiva y secreta Fundación en las afueras de Iowa, USA, al advertir las perturbadoras similitudes en los comienzos de Daisy Miller de Henry James y de For Esmé, With Love and Squalor de J.D. Salinger.

                                              RODRIGO FRESÁN en La velocidad de las cosas

 

Cindy… Cindy… Cindy… Escucho su nombre y no puedo evitar respirar muy fuerte y de manera tan caótica como si acabase de terminar entre los puestos cuarto y séptimo una carrera de 100 metros lisos. Escucho su nombre —lo escucho de mi boca porque nadie más se atreve a decirlo—, Cindy, lo escucho y jadeo, siempre jadeo. No estuvo demasiado tiempo en mi vida, quizá lo justo, no lo sé, alguien debería preguntárselo a ella. ¿Qué voy a decir yo? Escribió la palabra fin en el momento en que debió hacerlo, porque yo no hubiera sido capaz: soy un cobarde congénito, ¿me hubiera gustado otro final? ¿En caso de haber existido tal final podría haberlo escrito alguien? No lo creo, nadie habría terminado con esto como lo hizo ella, Cindy… lo siento, escuchar su nombre y jadear es todo uno, ya sé que es delicado e inútil, pero es y no puedo hacer nada diferente.

Cindy es deliciosa, era, que ya no lo puedo asegurar, aunque espero que lo siga siendo, por ella y por su coño. No creo que se merezca otra cosa. Cindy es deliciosa, o era, ¿qué más da? Quizá sea la sonrisa más dulce que se haya visto nunca en un arenal repleto de rocas verdes y azules, rocas que han sido pintadas durante miles de años por el mar: el pintor más paciente. La sonrisa más dulce… Aún puedo contemplar despacio esa sonrisa, recrearme en ella. Aún puedo verla, detenida un instante, y yo sonriendo también: algo inevitable. Lo era antes, cuando su sonrisa estallaba a menos de diez centímetros de mis ojos, y es inevitable ahora cuando ni siquiera sé si seguirá viva. En realidad no me importa mientras sea capaz de dibujar su sonrisa tantas veces como quiera y así poder disfrutar de ella, casi como si la tuviese a menos de diez centímetros de mis ojos, unos ojos que la echan de menos, no les he preguntado pero lo sé —sólo tengo que mirarme en el espejo cuando dibujo su sonrisa en algún lugar imaginario situado justo entre dos puntos estratégicos del universo.

Cindy nunca supo nada de mi vida, yo tampoco de la suya, y esto no fue del todo por falta de curiosidad, fue también por falta de agallas para preguntar. No le gustaban las preguntas, las odiaba, así que las eliminé de mi cabeza. Eliminé todas, las que debería haberle hecho a ella y las que debería haberme hecho a mí, y por algún tiempo no obtuve respuestas, y no se vive mal así, de hecho se vive bastante mejor que con tanta jodida cuestión pendiente de resolver. Para alguna gente la vida es lo que pasa por delante de nuestra cara mientras enunciamos preguntas y obtenemos respuestas, y esa es una filosofía vital (?) tan nefasta como la de Stalin, Pinochet o Hitler, por nombrar a tres de los tipos más simpáticos que ha dado este mundo tan civilizado en el que vivimos, en el que morimos. Tengo una pregunta: ¿Se vive o se muere? Porque las dos cosas a la vez es imposible. Tenemos que elegir. ¿Estás aquí para vivir o para morir? Esta es la única pregunta aceptable que la gente debería hacernos, que nosotros mismos deberíamos hacernos. He escuchado en una canción que estaremos muertos por toda la eternidad, y me parece la verdad más absoluta e incuestionable que conozco.

Cindy, my love, Cindy, odioso nombre, ¿verdad? ¿Acaso se puede tener todo? Ni todo ni casi todo, en realidad no se puede tener ni mucho más que nada. Algo más que nada está bien. Es lo correcto. Ella tenía algo más que nada. Ella, Cindy, escucho su nombre y jadeo —ya siento el lamentable espectáculo—, ella era quizá bastante más que nada, aunque como digo tenía un odioso nombre. Quizá fue eso lo que me mantuvo siempre alerta: ese odioso nombre,  porque si no, hubiera perdido del todo la batalla—ya dije antes que Cindy era deliciosa y que tenía la sonrisa más acogedora de todo el hemisferio norte—, hubiera tenido que rendirme, ondear bien alto la bandera blanca, escupir el orgullo que nunca fue mío, que fue de los demás, de esos desconocidos que no tuvieron la oportunidad, grata oportunidad aunque yo tenga que decir que para mí terminara siendo algo ingrata —a veces me contradigo—, la oportunidad de contemplar en paz la sonrisa extenuada de Cindy.

La conocí por mi amigo Rodrigo, que me la presentó una tarde en el bar de un hotel en Buenos Aires, creo que sabiendo lo que hacía. Esa tarde se convirtió en noche y esa noche se convirtió en mañana y Cindy aún seguía a mi lado como buena desconocida. Cuando desperté, a eso de las once, ella estaba medio dormida aún, y ahí fue cuando empezó a sonreír, y lo hacía tan bien, y le gustaba tanto, y a mí casi me cambió la vida, que ya no paró de hacerlo hasta hace un par de meses.

—No voy a decir nada más que adiós —susurró mientras abría muy despacio la puerta para que saliese de su casa. La obedecí porque sus ojos me lo pedían sinceros y además nunca me han gustado las escenas de despedidas, y ésta lo era, tan lamentable y liberadora como otras que seguro ocurrieron antes o las que quizá vendrán después. Al salir del portal miré hacia arriba y maldije durante doce segundos esta mierda de vida, pero justo en el segundo número trece sonreí, y lo hice con tanta determinación y seguridad que me desencajé la mandíbula, y por culpa de esa sonrisa en el segundo número trece no he podido cerrar la boca del todo nunca más… Cindy, escucho su nombre y jadeo.

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Nostalgia de tupé

21 07 2009

Esta noche toca The Killer en la Rockstar de Barakaldo. El mítico Jerry Lee Lewis, uno de los pocos padres fundadores del rock and roll que sigue vivo, continúa dando guerra a sus setenta y tres añitos. Tengo muchas ganas de ver como aporrea el piano mientras mira al público con esa prepotencia que sólo se puede permitir un tío que ha parido el rock and roll.

En mi adolescencia de tupé era uno de mis preferidos, sólo en un escalón inferior a leyendas como Elvis, Ritchie Valens, Buddy Holly o Chuck Berry, y eso era quizá porque yo también le daba al piano, aunque las sonatas de Beethoven o las fugas de Bach no tuvieran demasiado que ver con el Great Balls of Fire.

La primera noticia que tuve de Jerry Lee Lewis fue gracias a uno de los incontables e incunables vinilos de Ramón, el hermano mayor de mi amigo Paco, que ejercía de rockabilly con la elegancia que da el tupé, los vaqueros con dobladillos, la beisbolera o la chupa de cuero negro.  En casa de Paco buceábamos entre vinilos de la mejor música, y fue en ese feliz tiempo cuando aprendí que la música no tiene nada que ver con lo que suena en los 40 principales.

Con Paco y Ramón, y con nostalgia de tupé, iré esta noche a la Rockstar de Barakaldo, a un concierto histórico que servirá también de pequeño homenaje a una época en la que fuimos los mejores, o eso creíamos…





Pequeños placeres

17 07 2009

Pensaba comentar algo acerca de las absurdas restricciones que han puesto al búho Torrelavega-Suances, pero ya lo han hecho las Juventudes Socialistas de Torrelavega así que enlazo aquí su opinión al respecto y aprovecho para recordar un post que escribí hace un par de años defendiendo el transporte público nocturno frente a los delimitadores de las primaveras.

Y como la vida es otra cosa, ayer por la noche participé en una cata de vinos del Loira en La Ruta del Vino que Philippe Cesco regenta en el Arrabal de Santander (veinte años ya abriendo nuestras mentes al maravilloso mundo del vino). No es la primera a la que voy desde que empecé con el típico curso de iniciación, y hasta me he atrevido a organizar alguna cata para amigos y amigas que habrá que repetir.  

Las catas en la vinoteca de Philippe tienen algo mágico: el encuentro con la solemnidad de la mesa llena de copas vacías, los escupideros, la concentración de la gente, los apuntes sobre geografía e historia de las zonas vinícolas, el momento justo de la cata: el color, en nariz, en boca, polvo de tiza, membrillo, pimienta, albaricoque, amontillado, con reducción…

Anoche probamos seis vinos: un tinto de uva Pineau d´Aunis y cinco blancos de variedad Chenin Blanc. Todos muy especiales, de los que son difíciles de encontrar. Biodinámicos, sin química, sólo elaborados con la suma de uva, terruño, clima y el saber de un buen productor como Eric Nicolás o Huet.

Lo pasé muy bien, además la gente que participa sabe bastante de vinos y voy aprendiendo poco a poco, así que para seguir disfrutando de esos pequeños placeres me he apuntado a una cata de Champagne que promete bastante.





El CIS y las Agendas

16 07 2009

Me ha recomendado mi amiga Ruth, que anda estos días por tierras mexicanas, que escriba algo más sobre Comunicación Política en el blog. Debe ser que está cansada de las chapas que le meto y quiere compartir su sufrimiento con el resto del mundo. El caso es que por esta vez le haré caso y trataré de ir comentando algunas cosas que puedan ser de interés tanto para iniciados en el tema como para curiosos en general.

Cada barómetro mensual del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) daría para una docena de posts, pero no quiero convertir adicto a las palabras en el blog de un mal aprendiz de sociólogo/politólogo, así que me centraré en los asuntos más jugosos: los que nos pueden servir para entender mejor lo que pasa en el mundo de la Comunicación Política. Dicen los que saben de esto que una buena campaña comienza en la biblioteca (la cantidad de datos de acceso libre y gratuito es tal, que no entiendo a la gente que trabaja en Comunicación Política utilizando el método de chupar el dedo para ver de dónde le viene el viento, como alternativa al no tenemos dinero para hacer investigación), y la estantería más útil de nuestra biblioteca es la base de datos del CIS, en la que se encierran algunos de los secretos mejor guardados de este país.

Los medios de comunicación nos informan que en el último barómetro del CIS, correspondiente al mes de Junio, los resultados de la denominada pregunta de agenda pública (¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?) reflejan que la preocupación colectiva de los españoles por el desempleo y la crisis económica ha bajado, y lo hacen como si no tuvieran nada que ver con ello, como si los medios no fueran los máximos responsables de las subidas y las bajadas en las grandes preocupaciones de los españoles que se reflejan mensualmente en los estudios del CIS. Las noticias sobre desempleo y la crisis económica han perdido espacio en las portadas de los periódicos (a pesar de que todavía son pocas las cifras positivas) y, de manera automática, la preocupación de los españoles por esos temas no sólo se frena, sino que retrocede (aunque los porcentajes que dan los medios son erróneos, porque toman como referencia los datos agregados referidos a la multirrespuesta).

Esta demostrado, por la Teoría de la Agenda Setting, que la Agenda Mediática, lo que aparece en las portadas y editoriales de los medios de comunicación, condiciona muy directamente la Agenda Pública y la Agenda Personal (lo que opinan los ciudadanos tanto desde la perspectiva colectiva como individual), y éstas a su vez condicionan el voto de la gente. De ahí el lógico interés de los partidos políticos por influir en la Agenda Mediática a través de la Agenda Política. Además, los medios no sólo nos dicen qué temas tienen más o menos relevancia, sino que nos los sirven enmarcados (encuadre/framing). Así, la nueva financiación autonómica es para El País un sistema más justo, mientras que para El Mundo es una victoria de los independistas catalanes frente a España (de framing y atribución de responsabilidad escribiré otro día).

El Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense y compañero de ACOP, Fermín Bouza, que es el culpable de mi interés por este tema, explica lo siguiente: «Las Agendas (Política, Mediática, Pública y Personal) pueden explicar significativos movimientos de voto, siempre en la conciencia plena de que cada elección es, en sí misma, un mundo con su propia lógica, aunque comparta con otras elecciones algunas cuestiones genéricas. A pesar de esto, es posible aislar ciertas claves de la conducta electoral que, aún cambiando de contenido o de sentido del voto, conservan su validez analítica genérica a través de los diversos procesos electorales. Ese tipo de claves no nos dicen quién ganará unas elecciones, pero sí nos dicen el tipo de cuestiones que, eventualmente, pueden definir la victoria en unas elecciones.»

Por resumir, está demostrado que cuando un partido o candidato comparten prioridades temáticas con un votante, las probabilidades de que este último los vote crecen fuertemente, por lo que el estudio permanente de las Agendas es una herramienta básica si se quiere obtener un buen resultado electoral. Esa premisa, y no tanto otras que se han apuntado, es una de las razones por las que el PSOE perdió menos votos por efecto de la crisis económica que el resto de partidos que gobiernan en los otros países europeos, aunque esto requiere una explicación más extensa que dejaré para otro día…





Vuelvo

14 07 2009

Vuelvo pensando en cambiar la idea del blog. Vuelvo porque tengo mono. Vuelvo porque ya es demasiado tiempo. Vuelvo porque hay gente que quiere leer otras cosas. Vuelvo porque hay gente que quiere escribir otras cosas. Vuelvo porque no me caben los gritos en el pecho. Vuelvo después de otro nuevo tiempo de ilusiones ganadas (por mí) y perdidas (por los de siempre). Vuelvo con las constantes vitales en perfecto estado. Vuelvo protegido en la irreductible y aromática aldea gala. Vuelvo cantando canciones de cuna. Vuelvo porque han vuelto los relatos. Vuelvo porque la vida es otra cosa. Vuelvo para que haya gente que vuelva a preocuparse. Vuelvo con muchas preguntas. Vuelvo con algunas respuestas. Vuelvo y punto. ¿Vuelvo?