Un bonito día (del libro)

23 04 2009

Hoy es un bonito día: el día de Jorge, de Jordi, de regalar rosas y libros, de recorrer con el descaro de un lector empedernido alguna librería afortunada…. Este jueves es un bonito día de sol, de bancos llenos de gente, de aceras repletas, de descansar en medio de una paz sólo alterada por el ruido que hacen los motores de las abejas.

Un bonito día de libros emocionantes, autores sublimes: es indescriptible lo que me hacen sentir algunos de mis escritores preferidos. No sé cuántas veces me he quedado parado en una página concreta, en una frase, en una palabra, intentando certificar que lo que acababa de leer estaba ahí escrito y de esa manera, y he bendecido a su autor por ser capaz de crear tanta maravilla.

 

Leer debería ser obligatorio. Cada uno lo que le guste, lo que quiera, ¿qué más da? Hay que leer y además es muy barato: tenemos bibliotecas y los libros de bolsillo valen menos que un menú del día. Cuanto más leamos menos nos tomarán el pelo los que a pesar de no haber leído casi nada quieren gobernar nuestras vidas.

 

Si a Julio Cortázar no le hubiera leído nadie, seguiría siendo escritor, pero yacería en el olvido y de tan triste las hojas de sus libros terminarían destruyéndose como si fueran láminas de madera atacadas por un ejército de termitas.

 

A pesar de lo mucho que disfruto escribiendo, de todo lo que me aporta, de ese momento mágico cuando vas dando forma a una historia que justo hacía un minuto no existía, era nada, nada…, me quedo con el verbo leer, sobre todo si pienso en el capítulo siete de Rayuela.

En un rato me pasaré por la Librería Gil porque no voy a dejar de comprar libros justo en este día. Os recomiendo el último de Alberto Santamaría, Pequeños círculos, una absoluta maravilla.