la página 137

11 07 2007

El sábabo en uno de los puestos de libros de la Semana Negra me fijé en uno color naranja con un título que parecía el típico ensayo para directivos de organizaciones: Recursos Humanos. En cuanto miré el comentario, en la contra, me di cuenta que la historia iba sobre un director de Recursos Humanos de una empresa muy peculiar. Es la segunda novela de Antonio García Ángel, un joven escritor colombiano, en la que ha tenido de tutor a Mario Vargas Llosa, gracias a una iniciativa privada de apoyo a jóvenes talentos. Es un libro divertido, en el que trata, con sarcasmo, el mundo de las relaciones personales y profesionales en la empresa, mientras relata la historia personal del protagonista, Ricardo Osorio, el cuál trata de huir de su rutinaria y cansina existencia de la mano de Ángela, la mejor amiga de su mujer.

De un libro nunca me acuerdo, después, del número de ninguna página de manera especial, salvo en este caso, que me sorprendió bastante, por la belleza del lenguaje y de las imágenes inventadas a las que nos remitía. Es la página 137 entera, la manera que tiene el autor de acercarnos a la felicidad del protagonista, segundos después de que Ángela le hubiese confirmado que aceptaba la oferta de escaparse con él a otro país y dejarlo todo.

Os la transcribo, por si quereis leerla…

Después de dejar a Ángela en su oficina, Osorio manejó a La Empresa con una sonrisa labrada en el rostro. Se proclamó amo y señor de todo lo que huye, gime, rueda, canta y habla. Creyó saber de memoria nueve millones de poemas. Inventó una máquina de manivela para fabricar luciérnagas. Hizo llover. Se llenó los bolsillos de carcajadas. En el lapso de una luz roja pudo notar el crecimiento de los árboles. Compuso melodías para un arpa fabricada con hilos de araña. Intuyó un método para domesticar volcanes. Descifró la prisa de los cometas. Entendió el idioma de los pájaros. Olvidó cómo deprimirse. Trazó un recorrido estándar para salir de cualquier laberinto. Silbó un vals. Le regaló vente mil pesos a un vendedor de dulces. Gritó como un fauno. Prometió obedecer las leyes de la física. Le dio vacaciones a su ángel de la guarda. Pescó un rayo al vuelo y lo dejó caer en el abrevadero de sus miedos. Se arrancó de cuajo un racimo de furia que le había crecido en el pecho. Hincó los colmillos en el lomo del viento. Le sobrevino su cumpleaños aunque faltaban ciento veintinueve días para la fecha acostumbrada. Entró en el barrio por la Avenida 68. Desató un nudo gordiano ayudándose con los dientes. Habló en lenguas. Hizo un atadijo de culpas y lo tiró por la ventana. Clavó una lanza en el corazón de su mala suerte. Perdonó al mar por tener tanta agua y tantos hombres ahogados dentro. Escuchó el fragor de los ácaros. Se pronunció contra las enfermedades mortales. Descubrió el cuarto color primario en el atardecer nocturnal. Llegó al parqueadero…

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2 responses

11 07 2007
Luis Marañón

Impresionante página 137… iré a por el libro.

11 07 2007
Raúl Gil

Te lo dejo, si quieres…ahora me he dado por Japón (haciendo honor a las Mar Sessions de este año), “Confesiones de una máscara”, de Yukio Mishima…

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