Media docena de pestañas

7 03 2008

   Una mañana, tras un sueño intranquilo, Íñigo de la Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas patas, penosamente delgadas en comparación con el grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto.
   Hasta los que fueron, en su momento, miembros de su disuelto club de fans, comentan resignados que, definitivamente, ha pinchado. Ya no vale con la belleza, por muy poética y entregada que se ponga V. Santiago. Tampoco sirve, a estas alturas, lo de hacerse la víctima, el humillado, o el ninguneado. Es una pena que sean esos los papeles que más le gusta interpretar, y el de gestor público no aparezca ni en los créditos. Esto es lo que pasa por dar clases de teatro en Miriñaque, en lugar de en La Machina: no hay color.
   Es el único alcalde de España —y seguro de Europa— que convoca más veces a los medios para criticar proyectos que realizan en su ciudad otras administraciones, en las que no gobierna su partido, que para presentar proyectos propios para esa ciudad. Últimamente —quizá temiendo que su antecesor pueda perder el acta de senador, y le dé por pasear, ocioso, por los alrededores de la Plaza del Ayuntamiento—, ha entrado en campaña, y lo ha hecho como un elefante en una cacharrería —no es el único, pero lo del otro hace mucho tiempo que no tiene remedio—, a destiempo, desproporcionado y vulgar. Ayer, ante la cansina insistencia, incluso hubo periodistas que se reprochaban, en voz alta, estar haciéndole el juego, dando excesivo pábulo a sus delirios.
   Paseando por las calles de la ciudad donde vivo, sueño con tiempos mejores. La Ley de la Atracción dice que conseguirás —atraerás— todo aquello en que concentres tus pensamientos; prometo, por tanto, no hacer objeción de conciencia. Ayer le comentaba a una amiga, que si Jean-Dominique Bauby pudo escribir La escafandra y la mariposa tan sólo abriendo y cerrando uno de sus párpados —el único movimiento que era capaz de hacer—, para cambiar las cosas de una vez en esta ciudad nos bastaría con media docena de pestañas. 





Versos comprometidos

20 02 2008

Dentro de ese oasis cultural, que pervive con esfuerzo en nuestra región para darnos alguna esperanza, gracias a las aportaciones de ciertas instituciones convencidas —pocas—, y de extraordinarios profesionales —muchos—, mañana jueves, a las 20:30 horas, tenemos —todavía quedan invitaciones disponibles—, en el teatro de la calle Tantín, una cita muy sugerente: la propuesta Versos BIOdiversos. Dicen sus creadores —La Machina Teatro, con el apoyo de la Consejería de Medio Ambiente— que, más que un recital poético, es una representación escénica, un espectáculo teatral de temática ordenada, y con una dramaturgia especialmente diseñada para dar a cada uno de los textos el carácter y el matiz apropiado y, a través de sus intépretes, acercar al público la palabra de los poetas ubicados en su entorno, en la biodiversidad. Nos cuentan, también, que es un canto a la biodiversidad y un homenaje al medio en el que vivimos, abordando diferentes temas como la vida, el amor, las ciudades, la comida, la guerra o la muerte. Temas escritos por cerca de treinta poetas —la gran mayoría contemporáneos— que aportan lo mejor que tienen: su palabra, y que ofrecen una ilustrada, documentada, crítica e incluso profética visión del mundo en que vivimos.

Entre los poetas de los que se ha seleccionado algún texto están León Felipe, Ángel González, Luis García Montero, Miguél Hernández, Vicente Huidobro, Jaime Gil de Biedma o Federico García Lorca, que comparten espacio con nuestros Vicente Gutierrez, Ana Rodríguez de la Robla, Guillermo Balbona, Regino Mateo, Maribel Fernández Garrido o Rafael Fombellida. A esa maravillosa nómina —no he nombrado a todos— hay que sumar que el responsable de la dramaturgia y la selección de textos es Isaac Cuende, los intérpretes son Rosa Gil y Luis Oyarbide, la escenografía es cosa de José Helguera, asistido en el aspecto técnico y de iluminación por Víctor Lorenzo, en el montaje audiovisual participan los chicos de Burbuja Films, la imagen y el diseño gráfico corre a cargo de Miguél de Pizzicato —suerte el sábado— , y que todos ellos están dirigidos por mi amigo Paco Valcarce. No sé si se puede pedir más. Por ahora, os dejo —disculpadme Paco y Eva— con un adelanto de lo que mañana podréis escuchar:

 Lo que cuento a los hombres… a las mujeres… a todo el mundo… está lleno de orgullo. Lo que cuento a los pájaros… a las pájaras y a todo bicho viviente, de música. Lo que cuento a los árboles, de llanto. Y todo es una canción compuesta para el viento. de la cual, después, este desmemoriado y único espectador apenas podrá recordar unas palabras. Pero estas palabras que recuerde son las que no olvidan nunca las piedras. Lo que el poeta cuenta a las piedras está lleno de eternidad. Y esta es la canción del destino que tampoco olvidan las estrellas.

León Felipe