Quietud de sábado

31 05 2008

Me he despertado en mi habitación de Santoña. Esa en que me han pasado casi todas las cosas. Ha cambiado bastante; pero sigue mirando al patio y acogiéndome con expresión de nostalgia cada vez que la visito. Llevo dos días aquí y me encuentro bien. Uno nunca sale definitivamente de la habitación en la que ha pasado su infancia y buena parte de su juventud. En este tiempo vertiginoso, en el que todo cambia en nanosegundos, parece milagroso conservar casi intacto el rectángulo donde aprendiste a ser.

Hoy la casa está más animada de lo habitual. Me gusta escuchar de fondo algunas conversaciones. También los ruidos típicos de un lugar habitado. Lo contemplo todo desde la silla más cómoda del mundo, mientras escucho canciones de Arjona, Delgadillo y Filio. No he hecho la cama todavía. Nunca me ha gustado. No por pereza, sino porque prefiero verla desecha. Me parece que así es más mía. Ahí es donde he dormido esta noche, y el cuidado desorden de las sábanas es la evidencia.

Me pide Raquel que busque en el traductor la palabra rosmarin. En castellano es romero. Deben estar hablando de cocinar, y Raquel piensa en las recetas en alemán, como es lógico. He participado de la tarea vigilando la cocción de las patatas. Al parecer, no he tenido demasiado éxito en el empeño. Lo podrán comprobar las desgastadas mandíbulas de buena parte de la familia: la que llenará aún más los noventa y cuatro metros cuadrados de este viejo inmueble, cuando suenen las dos en el reloj de la mesita de noche de algún cuarto perdido. Canta Alejandro Filio: «No conforme con tus ojos/te propongo menos cielo, más abrazos/hace tiempo que te sueño/ya no sé cómo explicárselo a estas manos».

Dejo las notas que vienen del otro lado del mar —a donde siempre quiero regresar— y trato de poner una Semilla en la tierra con Carlos Chaouen: «Duele, la vida como un puñal hay veces que duele/y nada tiene que ver con tu boca/que hecha para besar hay veces que muerde/que anuncia cordura y a veces se vuelve loca/duele porque la piel no es materia inerte/duele porque el querer es dolerse a veces». No hay en nuestros país dos compositores mejores que el de San Fernando. Por eso le han maltratado tanto. Sus letras son un combate permanente con la vida; le escucho en plena quietud de sábado sentado en la silla más cómoda del mundo.





He ganado un Certamen

27 05 2008

Tranquilos, que no es de belleza. Ni tampoco tiene nada que ver con Eurovisión. Resulta que he ganado el primero premio del VIII Certamen Literario Al-Andalus en su modalidad de relato corto y temática libre. Me ha hecho mucha ilusión. Este sábado he estado en Burgos recogiendo el galardón, en un acto literario-musical en el que también estuvieron los otros tres escritores premiados. En la sección de cultura de El Diario Montañés, José María Gutierrez informa hoy, ampliamente, sobre ello.  

En fin, que además de pasármelo estupendamente escribiendo, me dan un premio por ello. Ahora, como me decía un amigo esta mañana, necesito continuidad. Estoy terminando de dar forma a un libro de relatos, de temática diversa, con el objetivo de publicarlo. Mientras tanto, como dije al recoger el premio, seguiré teniendo como únicos y agradecidos lectores a mis amigos y mi familia. Si alguien quiere leer alguno de los relatos, no tiene más que mandarme un correo electrónico (la dirección está en el contacto del blog) y se lo enviaré gustosamente. Y es que, como decía André Gide: «Escribo para que me lean».





Tengo abandonado el blog

26 05 2008

Justo cuando había conseguido llevar esta bitácora a sus mayores éxitos de audiencia, me da por tirarme más de una semana sin contar nada. ¿Tendré miedo al éxito fácil? ¿Serán reminiscencias de mi época de bartleby? El caso es que la sequía empieza a ser preocupante y me veo en la obligación de atajar el problema. Podría hacer el típico post con ciento cuarenta y siete hipervínculos a temas de actualidad o de supuesto interés para salir del paso, pero no tengo claro que esa deba ser mi contribución a la blogosfera.

Esta mañana nos hemos levantado sobresaltados por el último episodio de la movida precongresual del Partido Popular. Si tu secretario de comunicación dice que no eres el líder que necesita el partido, tienes dos opciones: cesarle o hacerle caso. Yo si fuera Rajoy haría lo primero. Elorriaga no tiene ninguna credibilidad (a Rajoy no es que le sobre tampoco), porque supongo que alguna parte de culpa tendrá él, como responsable de la estrategia de comunicación del partido, en todos los problemas que tienen los populares.

Esa idea me lleva a un ejemplo más cercano, de aquí. Acabo de leer un teletipo de agencia en el que el filósofo del Besaya dice que la ejecutiva de Gorostiaga (de la que él es uno de sus miembros más ilustres) ha llevado el partido a la melancolía. Ante tan concienzudo análisis (sumado a las palabras de Elorriaga) he vuelto a pensar, en voz baja (ya subiré el volumen), que en las direcciones de los partidos deberían estar personas que tuvieran la capacidad de opinar con cierto criterio, hacer propuestas de futuro, cambiar las cosas que están mal y trabajar en equipo para ser vanguardia; no de pasar factura cuando interesa por una cuenta que es un poco de todos. Eso pasa por hacer los congresos como se hacen. Mirando los votos que trae cada uno. Poniendo encima de la mesa el número de delegados de la agrupación del dirigente local de turno, en lugar del talento de los compañeros y compañeras, que lo hay y mucho. Tanto que la mecánica ya duele (y huele).

Para mañana se nos anuncia otra ilustre comparecencia ante los medios (aquí también está la cosa planificada). Me gustaría avisar a los estrategas de la cosa que hay algunos mensajes que, aunque puedan compartirse, pierden toda su legitimidad en boca de personas que ya tenían nombre y apellidos cuando los dinosaurinos estaban en pleno esplendor sobre la tierra. ¿Qué pensará la gente ante este permanente revival? Me imagino que lo de coger el periódico de hoy y que siga pareciendo el de hace veinte años tiene que confundir un poco. Es hora de que otros nombres y otros apellidos empiecen a sonar algo más (mucho más). Porque, en caso contrario, si que nos espera la melancolía, y eterna.





Placeres de la vida

14 05 2008

Voy a recuperar temas de menor audiencia (no me apetece seguir batiendo récords de visitas gracias al morbo), pero que me interesan mucho más y me reportan, como ya he escrito en otras ocasiones, placer y felicidad. Ayer, después del trabajo, salí a dar un paseo desde casa hasta el Museo Marítimo; pronto me vi acompañado por una de las trombas de agua más espectaculares de los últimos tiempos. De vuelta a casa, con la ropa empapada, me di una reparadora ducha con agua caliente, comí un plato de puré de verduras y me senté en el sofá dispuesto a ver una película. Llevo (llevamos, en realidad) más de tres meses sin antena de televisión y, lejos de preocuparme, estoy encantado: escucho más la radio, leo más, veo más películas y estoy más tranquilo. Evito, así, la tentación de perder el tiempo delante de algún programa más o menos entretenido. Ayer vi La ley de la calle de Francis Ford Coppola. Una película hecha para el lucimiento de Mickey Rourke, que responde al brindis con una interpretación espectacular (la única que le recuerdo). La película es pura poesía, un perfecto sueño. Los diálogos son magistrales, pero lo mejor es el magnetismo de la voz de Rourke (VOS, por favor). 

Llevo un tiempo viendo películas muy seleccionadas, y así me voy a dormir pensando que hay pocas cosas que me sorprendan tanto como el cine. Y dentro de esas maravillosas sorpresas, en posición muy destacada, está François Truffaut. Le debo a Jon el descubrimiento, y le estaré eternamente agradecido. Me quedan muchas películas que disfrutar del genio francés (ya le he pedido a Jon que me deje el estuche con la filmografía completa), pero lo que he podido ver hasta ahora me ha embrujado para siempre. Aparte de inspirarme algún que otro relato, Truffaut produce en mí una sensación extraña, entre onírica y real, que me hace revolverme en el sofá con cada nuevo plano. No he visto rostros que expresen tanto como los que aparecen en sus cintas; en ocasiones, ya cerca del éxtasis, pienso que algunos de esos trabajados gestos los están haciendo sólo para que yo los contemple. Jules et Jim, Farenheit 451, La mujer de al lado, Los cuatrocientos golpes, La noche americana… Auténticas obras maestras del cine, verdaderas joyas, de imprescindible visionado para cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad.

He sufrido un descenso (más allá de lo deseable) en la concentración necesaria para leer buenos libros, y me he propuesto hacer un esfuerzo para compatibilizar la instintiva tarea que ocupa, en estos tiempos, buena parte de mi cerebro, con la saludable dedicación a la lectura. Me engaño a mí mismo, y antes de dormir devoro algunos de Las historias en la palma de la mano, de Yasunari Kawabata, ciento cuarenta y seis relatos muy breves que no requieren, en pequeñas dosis claro, una entrega excesiva. El escritor japonés comparte espacio en la mesita con uno de los pocos escritores patrios de la actualidad que me interesan: Rafael Chirbes, y su Crematorio, una magnífica guía para tratar de entender estos últimos años de corrupción política y urbanística, negocios sucios y grandes enriquecimientos ilícitos, que han dado como resultado, entre otras tristes cosas, depredación de la costa (y lo que no es la costa) en nuestro país. Para completar el abanico literario, esta semana me acompaña de aquí para allá El lobo estepario, del alemán Herman Hesse (influencia de mein Schwester). Un libro extraordinario, digno de su autor, pero que necesita dedicación casi absoluta. Cada una de las líneas tiene vida propia, la de Harry Haller, la del autor, la de su permanente crisis espiritual…

¡Y qué mayor placer que unas buenas vacaciones! Las mías ya están reservadas. Me espera, cuando llegue de una vez el verano, un precioso piso en el centro de Cádiz, justo al lado de la Plaza de las Flores, y a un minuto del Campo del Sur. Perderme en las callejuelas del Pópulo, descansar en la Caleta, comprar verduras en el mercado de la Plaza de la Libertad, comer pescadito frito en la Viña, cruzar la bahía en el vapor… No quiero pensarlo mucho, porque tengo tantas ganas que se me van a empezar a salir por los huecos de la camisa, y a ver cómo lo explico. 





Expectación

13 05 2008

Veo en las estadísticas del blog que las palabras de la ilustre visitante de ayer han generado bastante expectación. También he recibido los típicos anónimos cariñosos, que acompañan a toda campaña de este tipo. Detesto la mentira y la manipulación (aún más cuando van de la mano de la conspiración, el rencor y el resentimiento), pero ni voy a contestar en el blog a la compañera (ya tendré tiempo, de aquí al congreso, de hacerlo personalmente; hay que mantener las formas a pesar de todo), ni tampoco voy a dejar que media docena de trolls llenen de mierda este blog, porque me ha costado mucho tenerlo lustroso y a punto de revisión. Al final, siempre pasa lo mismo. En esta vida parece que lo mejor es no mojarse (tenemos cientos de gloriosos ejemplos en nuestro partido), porque en cuanto lo haces aparecen este tipo de cosas tan edificantes. No es la primera vez, ni será la última. Eso sí, lo único que consiguen es darme más razones para seguir pensando lo que pienso. Me sumo a lo de «no contéis conmigo para volver al pasado». Pues nada, que no contéis conmigo para eso.





Diego también se moja

8 05 2008

El Presidente del PP, Juan Ignacio (como se refieren a él en las informaciones de la prensa nacional), lleva un tiempo demasiado interesado en el proceso congresual del PSOE de Cantabria. Al mismo tiempo que dice no querer inmiscuirse en los asuntos internos de otro partido (que es lo que debería hacer), ha realizado ya tres o cuatro declaraciones en las que ha dejado bastante claro cuáles son sus preferencias. Debe ser que no tiene suficiente con dar media docena de ruedas de prensa semanales, en las que se muestra más como un aprendiz de bufón que como el responsable político que se supone es, y necesita sentir que tiene cierta capacidad de influir en lo que pasa a su alrededor.

No sé cómo encajan en su partido, acostumbrado a gobernar Cantabria desde la época de los reyes godos, que Juan Ignacio esté totalmente resignado en la oposición. Se le ve cómodo en su papel (ensayado en una ilustre escuela de teatro). De hecho, sabe que (salvo que sus predicciones tengan éxito) nunca va a tener otro, y da gracias cada día por lo que tiene. Tiene claro que Narciso le quiere mover la silla, pero es consciente de que todavía no toca. Aún le quedan, a Narciso, dos o tres millones de fotos impropias (pagadas por otras administraciones, eso sí que es una Carta de Capitalidad) antes de dar el salto a la política regional. Mientras tanto, Juan Ignacio a sus cosas. No le importa defender una postura un día, para al día siguiente decir todo lo contrario. ¿Qué más da?, pensará…

Me molesta que Juan Ignacio (animado por su padrino político, el del apellido conocido por estos lares) trate de influir en nuestro proceso congresual. Aunque me molesta más, que haya gente en nuestro partido que esté encantada con su comportamiento. Eso sí, me alegro de no estar en la opción que él defiende. Dedícate a lo tuyo, Juan Ignacio, que bastante tienes, y vete asumiendo que si los ciudadanos quieren os quedan muchos años de oposición. Cantabria seguro que lo agradecerá…





Me voy a mojar

6 05 2008

Nunca he sido de los que se esconden; ni de los que se guardan lo que piensan por miedo. De hecho, he recibido reproches —algunos más cariñosos que otros— por haber dado siempre mi opinión sin adulterar. Me afilié al PSOE en el año 1993. Llevo, pues, quince años de militancia en los que he visto de todo. Y cuando digo de todo, es de todo. Fui de los que, en el año 2000, pidieron públicamente la dimisión de Jaime Blanco —y de todo lo que él representaba y todavía representa—, y de los que, en aquella época, trabajamos duro por el cambio en el partido. Un cambio que vino de la mano de Lola Gorostiaga para quien —no descubro nada— he trabajado lealmente, y sobre todo con mucho ánimo crítico, siempre que he tenido la oportunidad.

La más importante me llegó en el año 2003, cuando fui el número seis de la candidatura socialista al Parlamento de Cantabria, y, posteriormente, con mi designación como Director General de Juventud. Una época intensa, para lo bueno y para lo malo, de la que me quedo con un realidad difícil de rebatir: cambiamos muchas cosas que parecían inmutables. Algunas malas experiencias con las que sufrí demasiado en ese periodo, y la necesidad de tomarme un tiempo para reflexionar acerca de mi vida, me llevaron, después de las elecciones del 2007, a descender algún escalón. Pero, viendo los últimos acontecimientos, he decidido aparcar, por un tiempo, esa necesaria reflexión personal, y el meditado alejamiento temporal, para pasar a la acción sin tapujos ni medias tintas.

Lola ha cometido errores. En algunos de ellos, lamentablemente, sigue cayendo. Es verdad que eso sólo les pasa a los que toman decisiones, a los que arriesgan… Es el momento de reconducir bastantes cosas; creo que ella es consciente de ello, y está decidida a hacerlo. Como digo, es cierto que hay cosas desesperantes, pero también lo es que hemos conseguido el sueño de gobernar en Cantabria para cambiar la vida de la gente. Cantabria nunca ha estado como ahora, y el mayor mérito es de los socialistas —me siento orgulloso de ello—, aunque no hayamos sido capaces de explicarlo —de comunicarlo— adecuadamente. No quiero que mi partido facilite que la derecha vuelva a gobernar en Cantabria. No quiero volver a la época en que la dirección estaba cómoda en la oposición, no quería gobernar y prefería que mandase la derecha, recibiendo a cambio algunas migajas de poder y de posición social para dirigentes acomplejados como Jaime Blanco, Rosa Inés García y otros del mismo patrón.

Recuerdo que el día que tomé posesión como diputado regional, se me acercó Rosa Inés García —con intención de estropearme la fiesta— y me dijo una frase tan mezquina que no voy a reproducir por respeto a mi familia; pero que no olvidaré nunca. No contesté a su indecente comentario, pero en ese momento prometí que trabajaría para que gente así no tuviera, nunca más, responsabilidades en mi partido. Y en eso estamos. Blanca Rosa se presenta a la secretaría general de la mano de Rosa Inés García, Jaime Blanco, Aurelio Ruiz Toca y el ínclito Juan Ramón López Revuelta. Lo hace, además, enfrentándose a la dirección federal, a Alfredo Pérez Rubalcaba, Pepe Blanco y al propio José Luis Rodríguez Zapatero, quienes han reiterado —y se lo han hecho saber a la Alcaldesa de Torrelavega, aunque ella lo pretenda disfrazar de café…— que su deseo es que Lola, con un equipo nuevo, termine la transición en el partido, logre el objetivo de renovarlo y fortalecerlo —con el urgente relevo generacional— y lo convierta, para siempre, en un partido con vocación mayoritaria y de Gobierno para seguir cambiando Cantabria de arriba a abajo.

Considero que ha llegado el momento de pensar un poco más en nuestro partido y explicar mejor a la gente lo que somos, lo que representamos y lo que hemos logrado para Cantabria. Tenemos que ser capaces de reivindicar que somos el partido que más ha hecho para que Cantabria sea hoy una región moderna y abierta, y hacer partícipe de ese gran proyecto a toda nuestra militancia, que lo sienta como propio y lo defienda ante los ataques de la derecha. En ese empeño, mi opinión es que no sobra nadie. Sólo aquellos que reman en contra con el aplauso del Partido Popular, aquellos que llenan las páginas del periódico de Pedro J. Ramírez de rumores, bulos, chascarillos, manipulaciones y medias verdades. No quiero seguir el congreso de mi partido a través de un periódico inmundo que nos sigue llamando asesinos. Ese no es el partido que quiero. Quiero seguir el congreso por las conversaciones tranquilas con los compañeros y compañeras, escuchando las diferentes opiniones, evitando los insultos y las descalificaciones personales, enriqueciendo el debate con aportaciones pensadas. En definitiva, dando cada uno lo mejor de nosotros.  

 

Los militantes jóvenes del PSOE en Cantabria, los de menos de 35 años, tenemos una doble responsabilidad en este proceso congresual: fortalecer el partido y evitar que vuelva al pasado. Si entendemos eso, será difícil que alguien nos pare. Ha llegado nuestra hora. Este es nuestro congreso. No es el momento de refugiarse y esperar a que pase la tormenta. Sin nuestra aportación el cambio definitivo no será posible. Estoy seguro de que Lola es consciente y quiere dejarnos un partido mejor que el que se encontró. Deberíamos ayudarla a conseguirlo. Yo lo voy a hacer. Me voy a mojar.