Más de cien motivos

16 02 2008

En la previa del mitin de Zapatero en Santander, me doy una vuelta por la web del PSOE, y leo que vamos a repartir, por toda España, una revista con los cien compromisos más importantes del Presidente, para la próxima legislatura. Me parece una buena idea lo de concentrar nuestra propuesta electoral, y hacérsela llegar en un formato atractivo a todo el mundo. La publicación se llama 100 motivos; inmediatamente me acuerdo de la canción de Sabina.

Tenemos memoria, tenemos amigos,
tenemos los trenes, la risa, los bares,
tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,
tenemos moteles, garitos, alteres.

Tenemos urgencias, amores que matan,
tenemos silencio, tabaco, razones,
tenemos Venecia, tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.

Mientras estaba cantando las dos primeras estrofas se ha descargado la revista; voy directo al apartado de jóvenes —todavía deformación profesional— y veo que hay dos propuestas concretas, a las que sumar las que aparecen en empleo, vivienda, educación o cultura:

Jóvenes

28. Extenderemos las ayudas de 1.600 euros para estudiar inglés en el extranjero para menores de 30 años.

29. Elaboraremos un Plan Estatal en colaboración con Ayuntamientos y Comunidades Autónomas para poner en marcha transporte público nocturno y en fines de semana.

Sonrío al comprobar que en Cantabria llevamos tiempo en la buena dirección: dos años dando becas para estudiar idiomas en el extranjero —cuatro, ya, ofreciendo la oportunidad a cientos de jóvenes de hacer un curso en el Reino Unido, Francia, Alemania, EE.UU, Malta…—; y podemos presumir de tener la mejor red de transporte público nocturno del país, para seguridad de los jóvenes y tranquilidad de sus familias.

Tenemos zapatos, orgullo, presente,
tenemos costumbres, pudores, jadeos,
tenemos la boca, tenemos los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.

Tenemos el sexo y el rock y la droga,
los pies en el barrio, y el grito en el cielo,
tenemos Quintero, León y Quiroga,
y un bisnes pendiente con Pedro Botero.

Suelo estar de acuerdo con el maestro Joaquín en casi todo lo que dice en sus canciones; hay algunas como Y sin embargo y la que está sonando ahora —poniendo la banda sonora que necesitan mis palabras—, que son verdaderos himnos. Espero que mañana el maestro José Luis, que se ha ganado a pulso otros cuatro años de música y letra, me siga dando palabras, motivos, y hasta alguna mentira, que valgan la pena.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.





20.625

2 02 2008

Veinte mil seiscientos veinticinco. Son los jóvenes que van a poder votar, por primera vez, en unas Elecciones Generales en Cantabria. Es una cifra importante; superior a las de otras provincias, como Valladolid, con un número similar de habitantes. Un grupo a tener en cuenta, ya que su comportamiento electoral puede tener cierta influencia (y no sólo por eso). Son los nuevos votantes, que se posicionan, mayoritariamente, en contra de lo establecido: del partido en el Gobierno, de los que mandan. Aunque es posible que, esta vez, cambie esa tendencia, visto el comportamiento del voto joven en las elecciones de 2004 —mayoritariamente socialista—, y la legislatura tan pedagógica que nos ha dedicado la derecha extrema que gobierna en el PP.

En estas elecciones generales se incorporan menos jóvenes que a otras convocatorias anteriores —por el descenso de la natalidad y la imposibilidad de votar para los extranjeros—, y eso quizá lleve a los partidos a centrar más sus mensajes en otros colectivos más numerosos, y más rentables electoralmente. Lo que quizá pueda ser una opción defendible para el corto plazo, es una decisión muy perjudicial para el futuro. Necesitamos incorporar a esos jóvenes a la participación política, y eso no es posible dándoles la espalda: no considerándolos como sujetos de derechos, como demandantes de políticas, y como activos reivindicativos. Ser justos con los jóvenes, que se incorporan por primera vez a votar, no es sólo (que también) hacer campaña utilizando todas las herramientas que nos brinda internet —como parece creer alguna gente—; ser justos con los jóvenes significa considerarlos de igual manera que a cualquier otro votante, respetando su inteligencia y entendiendo sus aspiraciones. Si somos capaces de comprender cuáles son sus sueños individuales y colectivos, tendremos mucho camino andado.

Esta legislatura, por fin, ha habido un Gobierno que ha afrontado, de manera seria y sincera, los dos grandes problemas de los jóvenes: empleo precario y vivienda inaccesible. Se ha podido estar más o menos acertado, pero ha habido una voluntad, casi épica, por cambiar una dinámica que algunos pintaron —y lo siguen haciendo— como inmutable. (Todavía recuerdo aquellas indecentes palabras —en realidad, no eran indecentes las palabras, si no las intenciones del que las pronunciaba— de Cascos sobre que si se vendían muchas viviendas, aún siendo caras, era porque la gente podía pagarlas). El PSOE debe seguir poniendo en valor todas las iniciativas que ha puesto en marcha para la juventud, pero sobre todo tiene que seguir abriendo cauces para que los jóvenes digan lo que les apetezca, y tengan capacidad real para cambiar las cosas que no les gustan. Esta misma mañana, la ministra Elena Salgado —inmersa en una intensa y cercana presencia en Cantabria—, decía, en un encuentro con gente joven, que “el gobierno socialista ha cumplido con los jóvenes y lo va a seguir haciendo”. Mientras que el PP, gobernado por la COPE y Aznar, no es, desde luego, un lugar donde habita el buen rollo necesario que necesita la gente joven para poder respirar. Como decía hace unos días Carme Chacón —la política de moda—, en el Cercle d´Economía: “…delante de nosotros se abren dos caminos, y únicamente dos caminos: o preside el Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, o lo hace Mariano Rajoy”. Y ante esa decisiva tesitura —tan sencilla en su planteamiento como compleja en sus consecuencias—, me resultaría extraño, y difícil de entender, un resultado que no fuese que la mayoría de los jóvenes, el nueve de marzo, opten por votar a ZP.