Mi peluquera

31 08 2009

Mi peluquera quiere algo conmigo, lo tengo claro. El lavado que me está haciendo hoy —esta vez después del corte porque me acababa de duchar en casa— me lo dice todo. Nunca el lavado había durado tanto y nunca mi peluquera se había empleado con tanta dedicación con mi pelo mojado. Nunca me había presionado las sienes como lo está haciendo ahora. Nunca me había acariciado el cuello de esta manera. Yo me relajo y dejo hacer, mientras pienso en aquella noche que la vi en el Loft y no fui capaz, ni siquiera, de darle las gracias por cuidar de mi pelo (cada vez más escaso, pero pelo).

Vuelvo a la escena de agua, jabón y masaje, vuelvo a sus manos, que me dicen bastante más que sus ojos apagados, casi tristes: «A mí entre semana me da igual, pero el fin de semana quiero que haga sol.» Ya no es sólo una percepción, hay indicadores objetivos que me dan la razón: el lavado está durando más de cinco minutos, tanto que incluso me está pareciendo demasiado y me he puesto algo nervioso, a pesar del relajo al que me han sometido sus manos.

Termina, me seca el pelo sin más, porque sabe que no me gusta el gel, y se despide con media sonrisa y dándome el cepillo para que me deshaga de mis propios restos. ¿Cuánto es?, le digo a la chica que se encarga de cobrar. «21 euros, teníamos una promoción por la que regalábamos el lavado pero el jefe ha dicho que se acabó, que tenemos que cobrarlo, por eso la diferencia.» ¿Por eso la diferencia? Por eso la diferencia…





Molino indefenso

28 08 2009

Podría escribir hasta aburrir acerca de lo que estoy escuchando/leyendo en el debate (?) sobre el Plan Eólico, pero he pensado que no va a servir para nada, así que me ahorro el trabajo. Pero sí quiero poner un pequeño ejemplo práctico de lo que debería estar prohibido en Comunicación Política (en mayúsculas que bastante la hacen sufrir algunos/as). El 90% de lo que se ha dicho acerca del Plan Eólico (sobre todo en el bando de la defensa, porque la acusación, aunque descoordinada, imprecisa y facilona, ha pulsado alguna tecla correcta) pasará a formar parte del Museo de los Horrores de la Comunicación Política, pero hay un corte que he escuchado/leído en estos días que me ha sobrecogido por encima del resto:

“Consideramos absolutamente fundamental que todos los ciudadanos de Cantabria, que todos los vecinos de Liérganes, tengan la tranquilidad y la seguridad de que no se va a cometer ningún abuso ni ningún daño irreparable, ni en este municipio ni en ninguno de los otros 45 ayuntamientos afectados por el plan eólico. Y esto es así porque tenemos leyes que protegen nuestros recursos naturales y que establecen claramente dónde se pueden ubicar y dónde no se pueden ubicar parques eólicos. Pero es que además el proyecto de desarrollo eólico del Gobierno de Cantabria mirará con lupa molino a molino para garantizar que cumplen con lo establecido en la normativa vigente y para velar por la conservación del entorno natural y de la riqueza medioambiental de Cantabria.”

Tiene mérito porque es muy difícil concentrar en sólo 125 palabras tantas referencias negativas o neutras (la negrita es mía) a un proyecto que se pretende defender (?). Si yo fuera un molino, un pobre molino indefenso y acusado ya de casi todo, solicitaría renunciar a mis abogados/as para poder defenderme por mi cuenta; seguro que nos iría mucho mejor a todos.

Y para que no digan que no aporto nada (hay gente muy atrevida), y porque sé que hay alguno al que se le atratanga leer un libro entero, dejo aquí un enlace a un texto de George Lakoff (extraído de Puntos de Reflexión. Manual del Progresista) en el que resume de manera muy sencilla las doce trampas que hay que evitar en comunicación. Me conformaría con que dejásemos de caer en un par de ellas, no pido mucho…





Los tacones de azúcar de Yolanda

19 08 2009

Esta noche viene a la ciudad una amiga con una maleta llena de poemas a los que ha dado forma de tacones de azúcar, y lo mejor es que nos ha prometido abrirla en la segunda planta de la Librería Gil, que es uno de pocos sitios de esta ciudad en el que pasan cosas divertidas.CARTEL_POETAS

Dice la información oficial que Yolanda Saenz de Tejada (que así se llama la protagonista de este post) es creativa y escritora, que está muy interesada en los temas científicos de actualidad, y que colabora con empresas que aplican sus diseños a la ciencia para conseguir una mayor calidad de vida. Su primer libro: ‘¡A Jugar!’ (Mondadori 2008, en colaboración con Eduard Estivill), ha obtenido un gran éxito y se ha traducido a varios idiomas. Ha publicado también ”El Camino del Sueño’ (Aras llibre 2008), una serie de normas higiénicas para dormir bien. Actualmente coordina varios proyectos culturales. Entre ellos, y esto ya lo digo yo, la maravilla de Poesía en el Palacio. También os cuento que podéis comprar sus Tacones de Azúcar con dedicatoria personalizada incluida.

Esta noche a las ocho me pasaré por la Librería Gil de Plaza Pombo para disfrutar de la poesía de Yolanda y de Noemí Trujillo, en una velada presentada por Alberto Santamaría: todo un lujo para esta ciudad en la que algunos confunden capitalidad cultural con pena capital para los locales en los que suena buena música, pero esa es otra historia, o quizá sea la misma…

Os dejo el enlace al blog de Yolanda para que vayais tomando un aperitivo y, con su permiso, copio aquí uno de sus poemas:

A mí,
que celebro cenar
sola
(tan acompañada)
con mi copa de vino
rojo delirio.

A mí,
que cuando era
niña
imaginaba que la
cortina de la ducha
me abrazaba.

A mí,
que vivo dentro de
este alma cuerpo
de hija progre
envuelto en piel
recién horneada y
aún caliente
de tanto sentir.

Y a mí,
que me revuelvo
en estas entrañas
que arden con
tu tentación maldita.
Que te dicen
mil veces que
no,
aunque en mis labios
se retuerza
-de inanición y muerte
segura-
el sí.





Memorar

18 08 2009

…Sai, a conti fatti, della vita è più quello che non si ricorda di quello che si ricorda…
 Antonio Tabucchi en Tristano Muore

Hay verbos que desgraciadamente no han nacido para conjugarlos. Por ejemplo, memorar. Decimos hacer memoria en lugar de memorar. Nadie dice yo memoro, sino yo hago memoria. Me hubiera gustado que memorar significara exactamente lo mismo que memorizar, porque memorizar se deja conjugar y es una palabra preciosa; preciosa y denostada por igual, eso es cierto, y toda la culpa es de la educación que implantó la escuela franquista, en la que lo único importante era memorizar, ya fuera la lista de reyes godos o la tabla del siete. Memorar quizá suene raro, pero me gustaría que conjugásemos más ese verbo, que no tuviéramos miedo a memorar. Yo no tengo ningún miedo a memorar. Yo quiero hacerlo. Yo lo hago. Lo estoy haciendo ahora: estoy memorando —memorando también significa cuaderno de apuntes, que es uno de los mejores sitios para memorar, y no es casualidad…—; no estoy haciendo memoria. No quiero hacer memoria, no me interesa, la memoria ya está hecha y es suficiente así. No se puede comprar un kilo de memoria en Carrefour.  Que no os engañen, no se puede, intentadlo si queréis, pero no se puede. Yo quiero memorar, memorar está bien, me parece lo correcto.