Estoy nervioso

29 04 2008

Casi no he tenido tiempo de darme cuenta, porque ayer y hoy han sido dos días de bastante ajetreo, pero tengo que reconocer que estoy nervioso. Mi nerviosismo no es debido a lo que supondrá para mi factura de móvil el fichaje de Zaplana por Telefónica, sino que está provocado por la semifinal de la Copa de Europa que juega el Barça contra el Manchester esta noche. Esta temporada, lo conté en un post hace tiempo, he visto más partidos que nunca. También es verdad que he tenido más tiempo libre; pero en esa renovada afición ha tenido que ver, sobre todas las cosas, un chaval de diecisiete años que se llama Bojan, y también un poco que los culés, hay que reconocerlo, somos bastante masocas. Y en esas, va el Barça y se planta en la semifinal de la Copa de Europa, a sólo un gol (quizá dos, depende de lo fino que esté Cristiano Ronaldo) de jugar la final de Moscú. Lo veré, como siempre, en la Celtic’s tavern, donde me han tratado muy bien esta temporada y ya me conocen como ‘el sufridor de la pinta de Murphys’. No me disgusta el apodo. Igual hasta me han dado una idea para un relato. Os adelanto el final: En minuto noventa, Bojan Krkic marca de chilena, a pase de Henry, el empate a uno para el Barça, y nos vamos a Moscú. Es lo que tiene escribir, que puedes construir la realidad que más te guste. Mientras tanto, voy a buscar en el armario a ver si tengo algo de ropa de abrigo…





Emociones

15 01 2008

Tengo ganas de que sean las nueve. A esa hora, el Barça se enfrenta al Sevilla en el partido de vuelta de octavos de final de la Copa del Rey. Desde luego, no es un gran año para mi equipo —a pesar de que sigue vivo en todas las competiciones—; paradógicamente, es la temporada que más partidos estoy viendo, y más me intereso por la actualidad informativa del club. Supongo que hay un poco de empatía, otro poco de resignación, pero lo que más hay es emoción por ver a un jugador de diecisiete años que se llama Bojan, y que ha generado en la afición culé un sentimiento de pertenencia y de cariño que no lo recuerdan ni los más viejos del lugar. Le basta con salir a calentar a la banda —los días que no juega de titular— para encender el Camp Nou; sus regates, pases y chuts a puerta desatan los entregados aplausos del respetable; y se llega al clímax colectivo cuando el noi de Linyola mete un gol (y ya van unos cuantos). Para mí, Bojan es la razón principal por la que, este año, todavía no se haya producido el típico divorcio afición-equipo, que siempre aparece en Can Barça en las malas temporadas.
Se habla mucho de la importancia de las emociones en todos los ámbitos, y sobre todo en las organizaciones, ya sean empresariales, políticas o deportivas. Y si son necesarias cuando las cosas van bien, más aún cuando no es así. La emoción por ver a Bojan ha cohesionado el binomio jugadors-seguidors en un año en que las cosas no están saliendo como se esperaba. Los socios y los aficionados del equipo han encontrado en el joven canterano la razón por la que seguir creyendo en un proyecto que necesita urgente cirugía. Eso le va a permitir a la directiva, una mayor tranquilidad a la hora de tomar las decisiones necesarias para cambiar el rumbo (si es que son capaces). Cualquiera con un mínimo de sentido común sabe que las emociones pertenecen al universo de la gente, no son instrumentales, ni se pueden sacar de la chistera de la ingeniería financiera. Cuando en las organizaciones ni siquiera queda la emoción, lo mejor es empezar de cero a construir un proyecto nuevo, capaz de generar confianza e ilusión, y que tenga una identidad propia bien definida.