No era la noche, era un complot

29 10 2010

Tengo indigestión literaria.

He descongelado un poco de caldo con el que he preparado una sopa de fideos. Luego he comido un yogur Danone Vitalínea Desnatado, natural.

La lluvia golpea con violencia los veluxes de mi buhardilla y hace tanto ruido que no escucho ni lo que sucede dentro de mi cuerpo. Mi mundo se viene abajo y yo soy el único superviviente.

Un tal Agustín Fernández Mallo me ha pedido que reflexione sobre unas fotografías. Recuerdo que en una aparecía Alfred Hitchcock señalando la casa de Psicosis; del resto me he olvidado a mitad de la sopa.

Hitchcock se atreve a cargarse a la protagonista a mitad de la película y le sale una obra maestra del entretenimiento y el horror de la que Perkins nunca pudo huir [Javier Ocaña, Cinemanía].

Como cada noche antes de irme a dormir, me asomo a la ventana para observar el hotel azul. Hay luz en la suite y eso me permite ver la silueta de un alienígena caracterizado como un hombre.

Decido seguirle el juego: Hay un hombre delgado en la suite. Hay un hombre delgado y feo en la suite. Hay un hombre delgado y feo en la suite que me mira con gesto amenazante a través del cristal de la ventana.



Me asusto y aparto la mirada. No era la noche, era un complot.

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Stder-Bxls

5 05 2010

1. Esquizofrenia
Hay días en los que no encuentro consuelo en un afán distinto a la comprensión del Zeitgeist. Otros, sin embargo, no podría existir sin la certeza del olor de tu coño.

2. Duda
¿Qué es más patético? ¿Morir en el baño de un Boeing 737 o sentado en el escritorio con los pantalones en los tobillos?

3. Razón
―¿Me das la razón?
―Toma
Me puse a leer con fruición.

4. Idiotismo
Sé qué tipo de escritor quiero ser: el B. El A no me interesa. Detesto el A. ¡Muera el A!

5. Avalancha
Avenida de la Luz. Apagada. Avalancha. Gente con el rostro en llamas. Mi viejo sueño. Mi único sueño. Ser uno de ellos. No soportar el calor. Arder sin motivo.

6. Material
Yo.
Tú.
Unos pechos operados.
La libertad no es esto.
La libertad soy yo.
Yo.

7. Oxígeno.
Hay un momento en que el oxígeno pierde sus propiedades y su nombre. Se llama avería en los dos motores, y entonces ocurre: morimos todos.

8. Delirio.
Ella: ¡No me grites delante de tanta gente!
Él bebe y grita.
Ella: ¡Ni se te ocurra!
Él grita y bebe.
Ella: ¡Que no me grites!
Él bebe.

9. Pérdida
Devoción y pérdida. Sinónimos. Pérdida y devoción. El paso del tiempo envejece todo menos el pasado, que se torna actual. Y nadie lo sabe.

10. Traición
Ni una lágrima y ella no para de llorar. Traición.
Nunca me has respetado y hoy, en este bar en el que la cerveza es parte del mobiliario, no iba a ser de otra manera. Ni una lágrima y yo con la garganta y el alma rotas. ¡Puto! Traición.
Yo espero, como un buitre que huele la muerte, a que se resuelva la escena.

Extra 1: Vino
Syrah. Vin de Pays de Cotes Catalanes del 2005, 30 euros.

Extra 2: Ella
Come y parece que no lo hubiera hecho en los últimos ocho días. Sin respirar. Sorbiendo los mocos. Con el flequillo cubriendo sus ojos verdes. Zurda. Sudadera del mismo color que sus ojos. Vino blanco. Waterzooi au poulet. Sorbiendo y engulliendo. El movimiento acompasado de tenedor y cuchillo es hipnotizador. La maravilla que me esperaba era ésta. Bruxelles nuit. Bruxelles bohème. Bruxelles, je t´aime.





Milesker Kirmen

17 03 2010

Ayer fui a la presentación de Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe, en un centro cultural de Santander. Esperaba con emoción mi encuentro con el escritor vasco, porque sabía que iba a tener la oportunidad de charlar un rato con él para contarle los efectos que su novela ha producido en mí (de algunos soy consciente, otros ni siquiera puedo imaginármelos), darle las gracias en persona después de haberlo hecho en estas mismas páginas y cruzar algún diálogo interesante, de esos de escritor a escritor (de los que tiene Enrique Vila-Matas con sus amigos), que son tan difíciles, casi imposibles, en el día a día de mi ciudad.

Kirmen no me defraudó. Su presentación, ejecutada a la manera de un diálogo literario con el periodista Guillermo Balbona (dentro del periodismo cultural, si es que podemos decir que tal cosa exista en Cantabria, es, de largo, el profesional con más criterio y compromiso), fue a la vez un canto a la sencillez y una clase magistral de cómo escribir en estos tiempos. Escuchando al escritor vasco me iba emocionando porque me daba cuenta de que sus opiniones, su visión de las cosas eran muy parecidas a las mías y él, y ahí se encuentra una de las múltiples diferencias, sabe expresarlo de manera convincente y tranquila, sin sobresaltos, casi a la manera en que los edificios asientan su estructura con el paso de los años.

De todo lo que contó, que fue mucho, me quedo con algo en lo que yo había pensado ya más veces: Lo vanguardista, lo experimental es frío. Al escuchar eso pensé en Agustín Fernández Mallo y esta vez sé por qué: He leído Nocilla Dream, Nocilla Experience y Nocilla Lab. He leído su ensayo Postpoética y sus libros de poemas Creta lateral travelling y Joan Fontaine Odisea. Lo he leído y releído todo y me parece un gran escritor, pero es frío, no me emociona; me gusta descubrir cómo abre el género, cómo juega con las nuevas herramientas, cómo se ríe de lo convencional, cómo provoca, me gusta todo eso y me gusta la agilidad con la que narra, pero es frío, no me emociona. Trato de recordar algún fragmento de alguna novela de Agustín Fernández Mallo y me cuesta y no soy capaz, lo intento con Bilbao-New York-Bilbao (ya sé que la he leído hace poco) y me vienen a la memoria tantas cosas que me hace pensar que la novela de Kirmen Uribe se me ha grabado a fuego en el alma.

Al terminar la presentación, me acerqué a charlar unos minutos con Kirmen, con la excusa de que me firmara el libro, y mi sensación es que el escritor vasco es como su novela: sencillo y sofisticado. Ahora, al recordar el encuentro de ayer con Kirmen, sonrío al darme cuenta de cómo algunas de sus palabras rebotan dentro de mí buscando un hueco donde quedarse para siempre, pienso que me gustaría volver a coincidir con él en alguna otra ocasión, con menos gente, para poder seguir charlando de literatura, de la creación literaria, de la vida…, confío en disfrutar pronto de su segunda novela y cierro este capítulo volviendo a leer su dedicatoria: Para Raúl Gil, esperando que pueda leer tu novela, fragmentaria y auténtica a la vez. Suerte, que seguro que lo consigues. Un fuerte abrazo. Kirmen Uribe.





Trozos de febrero (IV)

15 02 2010

Tomando un café me he encontrado con Pablo Hojas (Dios) y Ángel Colina (Ortega y Gasset) y he pensado que todavía pasan algunas cosas interesantes en esta ciudad. Pablo se ha referido a Ángel como «un gran fotógrafo cántabro olvidado en esta tierra», y yo me he atrevido a añadir un «otro más» con el que ambos han estado de acuerdo.

Estoy nervioso. Estoy excitado. Estoy nervioso. Estoy excitado. Estoy nervioso. Estoy excitado. ¡BASTA! En menos de treinta minutos voy a comprobar si hay un huequito para mí, un pequeño hueco en la pared por el que sólo entra la luz, desde el que poder contemplar esta bahía que siento ya que me pertenece.

He levantado la mirada de la pantalla del ordenador y he visto que el vecino del quinto estaba sacudiendo su edredón nórdico de plumas por el balcón, y automáticamente he intentado recordar o averiguar dónde perdí el mío. Al salir a la calle he recogido algunas plumas, las que he podido, con la intención de devolvérselas: esta noche se presenta muy fría y no creo que pueda permitirse el lujo de prescindir de su abrigo nocturno.

El otro día, después de comer un poco de repollo con codillo preparado por mi madre, mi tía Mari me preguntó por enésima vez: ¿Qué haces exactamente en tu trabajo? Mi primera opción fue, como casi siempre, no contestar, pero luego pensé en zanjar el tema y entonces le conté la verdad: Mari, no hago nada, me pagan por nada, le dije muy serio, nada de nada, de verdad, sé tantas cosas de ellos que un día de verano se les ocurrió que ésa era la mejor manera de tenerme callado. Han comprado mi silencio, añadí, y volví a mi escritorio a hacer que trabajaba.

Anoche estuvo aquí, llevo pensando en ello todo el día. Creo que Quique sufre más de lo necesario. Y que no me cuenten cuentos: una canción así no se puede escribir sin estar jodido. Y Quique lo estaba, no hay duda. Subo y bajo Gran Vía como un policía local, como el autoestopista de sus sueños. Hay algo que valoro mucho de los cantantes que cantan sus propias canciones, los cantantes que cantan sus propias canciones en conciertos delante de tanta gente, gente que les está mirando, gente pensando «qué jodido estás, amigo», y no lo valoro sólo por eso, ponte tú a cantar eso delante de tanta gente y aguanta, aguanta el tipo, que no te brillen los ojos, que no se te apague la voz con ninguna palabra, que no se te haga un nudo en la garganta, que no decidas, de pronto, detener la canción, pedirle a los músicos que paren y, sin dar ninguna explicación porque no hace falta, ponerte a llorar como un niño, ponerte a llorar como un cantante que escribe sus propias canciones y que las canta en conciertos delante de tanta gente y que recuerda algo parecido a esto: quise mucho a esa chica, pero espero que no vuelva nunca más.  





Habitación 409

13 02 2010

Esta es la segunda noche que duermo en el Hotel Central y todavía no me ha pasado nada digno de contar, así que tendré que inventarme algo para salir del paso, para que el dinero que he invertido, guiado por la necesidad de encontrar nuevas historias en escenarios propicios como por ejemplo un hotel, sirva para algo más que dormir en una cama recién hecha y mullida y darme una ducha con una presión de agua aceptable, algo como que al abrir la ventana de mi habitación individual he contemplado cómo la ciudad iba apagando sus últimas luces, mientras un par de personas, las sombras de esas personas, se movían de una a otra estancia de un ático abuhardillado, y de un vistazo general he podido comprobar que el tejado del Mercado del Este es tan inservible y feo como el interior del edificio, y mientras pensaba en la fealdad del edificio y de su tejado he escuchado unas voces que venían de la habitación de al lado, una voz de hombre y otra de mujer, ambas con marcado acento gallego, lo que me ha resultado familiar, y entonces he creído que, tal vez,  no estaba en la habitación de un hotel, sino en casa de algún primo lejano y he murmurado algo extraño que ya no recuerdo, pero lo he descartado en cuanto les he escuchado tirar de la cisterna de esa manera tan poco gallega, y entonces he resuelto que eran dos madrileños imitando el acento gallego para tratar de hacerse los graciosos o de confundirme o las dos cosas, pero a mí ni me ha parecido gracioso ni me han confundido, porque enseguida me he dado cuenta de su intención, y he estado a punto de llamar a la puerta de la 410 y decirles algo, recriminarles de manera enérgica su actitud, pero he pensado que siendo mi segunda noche aquí no debería montar ningún jaleo, no vaya a ser que no me dejen quedarme nunca más y tenga que buscar refugio, nuevas historias, gente, buscar vida, en definitiva, en el edificio de enfrente, y digo ahí porque nunca me ha gustado ir demasiado lejos, por eso no tengo carné de conducir, y por eso dije no cuando me invitaron a un viaje a China, pero esa es otra historia que no tiene nada que ver con mis vecinos de habitación, sí, ¿los recuerdas?, esos que imitan el acento gallego para burlarse de mí, para mofarse del inquilino de la habitación 409, que soy yo, y que lo soy hoy y lo fui hace un par de días, y estoy expectante porque he leído en una revista especializada, de esas que sólo se encuentran en la recepción de los hoteles y en el bolsillo delantero (se empeñan en llamarlo bolsillo delantero cuando todo el mundo sabe que es el bolsillo trasero del asiento de delante; supongo que será por abreviar la grabación con las instrucciones de seguridad en vuelo) de los asientos de los aviones, que la tercera vez que vas a un hotel y te dan la misma habitación tienes derecho a que la fruta del desayuno buffet venga pelada y cortada en trocitos en lugar de en su estado natural, recién caída del árbol, porque, entiéndeme, ¿quién es el guapo que se pone a pelar y cortar fruta a las siete de la mañana?, un loco, eso sólo puede hacerlo un loco, y yo no quiero que se corra la voz y por eso el otro día me fui sin desayunar y mañana haré lo mismo, a no ser que me despierte con tanto hambre que no me quede otro remedio, porque, pensándolo bien, tampoco me agradaría demasiado morir ahogado en la piscina con el estómago vacío, sería ridículo, insensato por mi parte, y le daría un buen disgusto al socorrista tonto que se pasa toda la mañana haciendo sudokus y ojeando publicidad de tiendas informáticas cuando podría, si se lo hubiera propuesto, pero ¿qué se va a proponer ese?, haber terminado dos licenciaturas y una diplomatura, al menos, y ahora que todo se llama igual, grado, podrían haber sido tres grados, si se hubiera esforzado la mitad de lo que se esfuerza para completar esos sudokus de nivel principiante, y, por cierto, sé que no viene a cuento, pero todavía no he conocido a ningún niño al que le guste encuadernar.





Cosas que se pueden escuchar en el 1

24 01 2010

―No hay derecho a que vaya así, yo ahí no subo―un señor en la cola.
―Esto es tercermundista―una señora en la cola tras escuchar al señor.
―En Madrid se hace cola y se respeta la cola, aquí no se respeta ni a una pobre viuda―una señora justo después de colarse.
―La gente mayor, ¡joder con la gente mayor!―un anónimo sufridor.
―Llevo aquí desde menos diez, así que como te cueles hay hostias―dicho además con cara de pocos amigos.
―O se echan todos para atrás, o paro el motor y me pongo a esperar el relevo, ¡joder!―el conductor sensiblemente enfadado.
―La gente pide más autobuses, pero lo que hay que hacer es llenarlos―otra vez el conductor, esta vez menos enfadado y más reflexivo.
―Si abre la puerta, igual podemos salir y todo―un poco de humor para distendir.
―El autobús que ha pasado antes no ha abierto esta puerta, sólo la de atrás, no sé yo si eso será tener muy poca vergüenza―una señora que ni quería subir al autobús anterior ni iba a subir a éste, simplemente pretendía expresar su opinión como ciudadana.
―Vendría lleno, señora―el conductor en defensa de su compañero.
―Ni lleno, ni nada, un sinvergüenza―la misma señora, esta vez con la puerta cerrada y gritando.





La Librería del Puerto

29 10 2009

Este lunes ha abierto sus puertas ‘La librería del Puerto’, un nuevo espacio para la cultura en nuestra ciudad, donde las iniciativas de algunas personas comprometidas suplen la ausencia de una apuesta pública por la cultura, que no va más allá de copiar algún programa que funciona en otros lugares (a eso le llaman innovar).

Al frente de este nuevo proyecto está Soco Ledesma, que ha tenido la feliz idea de abrir una librería en una zona, Castilla-Hermida, en la que hacía mucha falta un espacio así. El local, muy amplio y acogedor, está en la Calle Ruiz Zorrilla, al lado del Puerto, y justo enfrente de uno de los accesos a la maravillosa sede de la Biblioteca y Archivo Histórico de Cantabria (provincial en su nombre oficial, y que algún día abrirá de una vez sus puertas).

El martes me pasé por allí con la ilusión de conocer un lugar que formará parte de mis sitios escogidos, de esos en los que me encuentro a gusto en esta ciudad. Fui a echar un vistazo, comprar algún libro (Bolaño, Gracq, Loriga…), y también a saludar a Soco (la hermana de Jesús) y a su hijo Pedro (el primo de Alba), a los que conozco de hace mucho tiempo (buena gente). Les vi con la ilusión de quien empieza un proyecto nuevo y especial: abrir una librería es el sueño de cualquier amante de la literatura, y me alegra que hayan podido hacerlo realidad.

Espero que les vaya estupendamente en esta aventura, en la que la literatura con mayúsculas, el mar y los viajes serán los grandes protagonistas. ¡No dejéis de pasaros por allí!