El gozo de escribir

29 11 2007

Durante el último mes, gracias al concurso de microcuentos de la SER, he participado en un curso on-line de la Escuela de Escritores, que lleva por nombre El gozo de escribir. Ciertamente, hace honor a su título, y solo lamento no haber podido dedicar más tiempo: el necesario. Ayer nos despedíamos de nuestra profesora, Virginia Ruiz, y del resto de compañeros y compañeras: Carlos, Jose, Ana, MJ, Miriam,…Ahora toca releer todos los materiales, revisar los ejercicios (los míos y los de mis compañeros), y analizar, de manera pausada, los comentarios críticos de Virginia. Como pega, se podría decir que si el grupo hubiera sido más reducido y compacto habría mejorado la interacción y la participación. Me quedo, sobre todo, con cuatro cosas importantes: la libreta, mi inseparable amiga a partir de ahora; hay que mostrar y no explicar (la frase más repetida por Virginia); la idea de mirar la realidad de siempre con ojos nuevos; y el descubrimiento de Berna Wang: la maga de lo cotidiano. En fin, que me da pena haber terminado; me empezaba a gustar eso de…tengo que hacer los deberes de la Escuela de Escritores.





Sra. Rushmore se escribe con Z

26 11 2007

Es difícil saber quien es más afortunado: si el PSOE porque le haga la campaña la Sra. Rushmore, o la buena señora por tener la oportunidad de trabajar para el socialismo de Zapatero. Hace cuatro años fue Juan Capmany (presidente de DDB) y su efecto ZP, lo que revolucionó el marketing electoral en nuestro país. Esta vez, con menos margen para la innovación (por aquello de que gobernamos), los jóvenes creativos de Sra. Rushmore están situando al PSOE, en imagen (sobre todo) y mensaje, varios peldaños por encima del Partido Popular. Primero fue Con Z de Zapatero, ahora es La mirada positiva (inmejorable; me encantaría haber escuchado el briefing) y, unas semanas antes del 9M, conoceremos la imagen y el eslogan definitivo de campaña, que no nos dejará indiferente (y de eso se trata). Se le han criticado muchas cosas a Pepe Blanco (algunas con razón), pero hay que reconocerle dos hitos fundamentales en su gestión: haber renovado y unido a un partido centenario (a veces viejo) y con demasiados vicios heredados, y haber creado una de las mejores (y más engrasadas) maquinarias electorales del viejo continente. Para ello, ha optado por la solución más sencilla y que mejor funciona: hacer sólo que se sabe hacer y, para el resto (que es mucho), pagar (bien) a los mejores para que lo hagan.





Bilbaíno por un día

31 10 2007

Es muy pronto. Soy la única persona que cruza, a estas horas, el túnel del Pasaje de Peña. Hace frío, aunque no tanto como esperaba. Este maletín pesa menos. Esta vez, no podré traerme tantos libros y carpetas, pero es más cómodo de llevar. Cruzo de noche, todavía, la frontera de la tierruca. Se nota el atasco de entrada, pero llegamos a la hora prevista. Bajo en el Termibus y me dirijo al metro. Sonrío al pensar que hoy formo parte del engranaje que admiro. En esta máquina no se puede pagar con monedas. Supongo que poca gente sacará un “billete ocasional”. El metro está repleto. Salen unas pocas sardinas y entran otras. Sólo tengo dos paradas hasta Moyúa. Aquí la gente empieza a funcionar una hora antes que en Santander. Pero tienen la misma cara de dormidos. Termina mi trayecto y salgo a la luz justo enfrente del majestuoso Carlton. Me ofrecen tres tipos de periódicos diferentes. No cojo ninguno porque he visto un quiosco para comprar El País. Veo la foto que refleja la desolación de las azafatas españolas en Chad. Entro en una cafetería para hacer un exceso. “Un mediano y un croissant”. La camarera no entiende lo del mediano. Mi euskera no es muy bueno. “Un café con leche, quería decir”. Busco el autobús 3224 que lleva al Parque Tecnológico de Bizkaia, en Zamudio. Antes de salir de Bilbao cruzando el túnel nuevo, pasamos por el puente de La Salve, muy cerca del Guggenheim, que aparece a la izquierda de nuestras imágenes, bastante crecidito por sus diez años recién cumplidos. Evidentemente, giro la cabeza y contemplo, con la emoción de siempre, el edificio de Gehry. Nadie más que yo lo mira. El resto sigue a sus cosas, con la mirada perdida. La radio en los cascos, el mp3, los deberes de inglés o el 20 Minutos. Que suerte la de poder pasar por delante del Museo y no sorprenderte. Ya me gustaría a mí. Y que desgracia la de que te pase eso. Acostumbrarte a la belleza, hasta transformarla en rutinaria. No sé. Yo llevo viendo la Bahía de Santander toda mi vida, pero no puedo pasar por delante sin mirarla y sonreír. En veinte minutos estamos entrando al Parque. Inmenso, verde, moderno, sostenible, habitable, innovador y con mucha solera. Es de Bilbao de toda la vida. No como yo, que sólo he sido bilbaíno por un día.





hay otros trenes

10 10 2007

Cojo un tren, en hora y veinte, a Córdoba. Un tren que no es el tren del que nos habla MC, con un criterio infinito, en su recién estrenado blog. Este es un tren (o un bus, o un taxi, o un paseo) que me lleva de parque en parque. Lo de la segunda modernización de Andalucía que repite Chaves, hasta el hartazgo, va por buen camino. La Andalucía de los cortijos, de los señoritos, de los rentistas y el subsidio, va dejando paso, felizmente, a la Andalucía del I+D+i, la creatividad y el talento. Nos llevan mucha ventaja. Pero, como estos días me repite toda la gente que estoy viendo, si tienes las cosas claras y sabes donde quieres llegar, no importa que llegues tarde. Es más, tienes una oportunidad, precisamente por eso. Si decides subirte al tren de la modernidad, en el que hay unos vagones que se llaman: tecnología, conocimiento, calidad de vida, creatividad, compromiso medioambiental, talento o entorno de innovación, tendrás éxito asegurado, aunque tarde(s) en llegar. En Cantabria, ya conocemos lo que da de sí (más bien de no) el cortoplacismo estratégico y militante. El tiempo no es una variable, cuando nos estamos jugando el futuro de nuestra tierra. 





Foster culé

19 09 2007

Leo, en la prensa deportiva de Barna, que Norman Foster ha sido el arquitecto seleccionado para realizar la remodelación del Camp Nou. El despacho Foster + Partners se ha impuesto a otros nueve competidores. Me imagino que la Junta Directiva del Barça haya optado por el británico, pensando en el proyecto presentado, pero también en lo que representa Foster. El autor de maravillas como el Aeropuerto Internacional de Honk Kong, el Metro de Bilbao, la Torre de Caja Madrid (el edificio más alto de España) o la Torre Commerzbank, es uno de los arquitectos más prestigiosos del mundo, junto a Pelli, Isozaki, Ghery, Calatrava, Zaera o Nouvel, por poner algunos ejemplos, y su elección, por sí sola, genera una buena publicidad del Barça y de la ciudad.

También leo, en esa misma prensa, que Jordi Hereu, el Alcalde de Barcelona, quiere aprovechar ese hecho, para hacer una remodelación de todo el entorno del Camp Nou. Se trata de aprovechar la oportunidad y dar un cambio urbano (otro más, y van…) a una ciudad que ha experimentado una transformación de la trama urbana (acompañada de un cambio social y cultural evidente) a la que sólo se puede comparar el modelo de Bilbao. Precisamente, estoy leyendo El efecto Guggenheim, de Iñaki Esteban, en el que analiza, brillantemente, el papel sociopolítico que juega el Museo (mucho más el espectacular continente de Frank Ghery, que el, a veces muy discutible, contenido), como decisivo icono político, social, económico y cultural, en el cambio de mentalidad (y de paisaje urbano) de Bilbao y los bilbainos. Apoyándose en el desarrollo de dos conceptos que tienen mucho que ver con la arquitectura, como son el de ornamento y el de espacio basura, establece una tesis muy interesante sobre la necesidad de utilizar los diseños innovadores y vanguardistas, de los grandes arquitectos, al servicio de intereses políticos y sociales, revitalizando el espacio urbano, con el objetivo de incentivar la economía (industria turística, cultural, sinergias generadas…) y el sentimiento de orgullo de una ciudad o una región. Precisamente, esa función de la arquitectura es la que nosotros, todavía, no hemos conseguido poner en valor. Estamos a tiempo.