Los tacones de azúcar de Yolanda

19 08 2009

Esta noche viene a la ciudad una amiga con una maleta llena de poemas a los que ha dado forma de tacones de azúcar, y lo mejor es que nos ha prometido abrirla en la segunda planta de la Librería Gil, que es uno de pocos sitios de esta ciudad en el que pasan cosas divertidas.CARTEL_POETAS

Dice la información oficial que Yolanda Saenz de Tejada (que así se llama la protagonista de este post) es creativa y escritora, que está muy interesada en los temas científicos de actualidad, y que colabora con empresas que aplican sus diseños a la ciencia para conseguir una mayor calidad de vida. Su primer libro: ‘¡A Jugar!’ (Mondadori 2008, en colaboración con Eduard Estivill), ha obtenido un gran éxito y se ha traducido a varios idiomas. Ha publicado también ”El Camino del Sueño’ (Aras llibre 2008), una serie de normas higiénicas para dormir bien. Actualmente coordina varios proyectos culturales. Entre ellos, y esto ya lo digo yo, la maravilla de Poesía en el Palacio. También os cuento que podéis comprar sus Tacones de Azúcar con dedicatoria personalizada incluida.

Esta noche a las ocho me pasaré por la Librería Gil de Plaza Pombo para disfrutar de la poesía de Yolanda y de Noemí Trujillo, en una velada presentada por Alberto Santamaría: todo un lujo para esta ciudad en la que algunos confunden capitalidad cultural con pena capital para los locales en los que suena buena música, pero esa es otra historia, o quizá sea la misma…

Os dejo el enlace al blog de Yolanda para que vayais tomando un aperitivo y, con su permiso, copio aquí uno de sus poemas:

A mí,
que celebro cenar
sola
(tan acompañada)
con mi copa de vino
rojo delirio.

A mí,
que cuando era
niña
imaginaba que la
cortina de la ducha
me abrazaba.

A mí,
que vivo dentro de
este alma cuerpo
de hija progre
envuelto en piel
recién horneada y
aún caliente
de tanto sentir.

Y a mí,
que me revuelvo
en estas entrañas
que arden con
tu tentación maldita.
Que te dicen
mil veces que
no,
aunque en mis labios
se retuerza
-de inanición y muerte
segura-
el sí.





Un bonito día (del libro)

23 04 2009

Hoy es un bonito día: el día de Jorge, de Jordi, de regalar rosas y libros, de recorrer con el descaro de un lector empedernido alguna librería afortunada…. Este jueves es un bonito día de sol, de bancos llenos de gente, de aceras repletas, de descansar en medio de una paz sólo alterada por el ruido que hacen los motores de las abejas.

Un bonito día de libros emocionantes, autores sublimes: es indescriptible lo que me hacen sentir algunos de mis escritores preferidos. No sé cuántas veces me he quedado parado en una página concreta, en una frase, en una palabra, intentando certificar que lo que acababa de leer estaba ahí escrito y de esa manera, y he bendecido a su autor por ser capaz de crear tanta maravilla.

 

Leer debería ser obligatorio. Cada uno lo que le guste, lo que quiera, ¿qué más da? Hay que leer y además es muy barato: tenemos bibliotecas y los libros de bolsillo valen menos que un menú del día. Cuanto más leamos menos nos tomarán el pelo los que a pesar de no haber leído casi nada quieren gobernar nuestras vidas.

 

Si a Julio Cortázar no le hubiera leído nadie, seguiría siendo escritor, pero yacería en el olvido y de tan triste las hojas de sus libros terminarían destruyéndose como si fueran láminas de madera atacadas por un ejército de termitas.

 

A pesar de lo mucho que disfruto escribiendo, de todo lo que me aporta, de ese momento mágico cuando vas dando forma a una historia que justo hacía un minuto no existía, era nada, nada…, me quedo con el verbo leer, sobre todo si pienso en el capítulo siete de Rayuela.

En un rato me pasaré por la Librería Gil porque no voy a dejar de comprar libros justo en este día. Os recomiendo el último de Alberto Santamaría, Pequeños círculos, una absoluta maravilla.





Una buena noticia

8 04 2008

El sábado pasado, después de una gloriosa siesta, acudí a la presentación de El faro, el primer libro de poemas de Guillermo López Gallego. El acto literario tuvo lugar en la Librería Gil —¿dónde si no?—, organizado al alimón por Paz Gil y Alberto Santamaría —nuestro mejor poeta en la actualidad—. En la planta de arriba de la librería de la Plaza Pombo nos juntamos un buen grupo de amigos de la poesía, que pudimos disfrutar con el recital poético y las escogidas palabras de Guillermo. Me comentó Paz que estaban ampliando el local; básicamente porque sólo les falta colgar los libros del techo y quieren hacer actos literarios más a menudo, sin tener que modificar la rutina habitual de la librería y su fiel clientela. Es, pues, una buena noticia y sirve para constatar que las actividades culturales más interesantes que tienen lugar en esta ciudad, salvo honrosas excepciones, son fruto de la apuesta de cierta iniciativa privada; y sobre todo de algunas personas con un compromiso evidente —como es el caso, por ejemplo, de Paz y Alberto—, que no se resignan a ser ese páramo —y no me refiero al de Juan Rulfo— en que nos quiere convertir, perpetuar más bien, la derecha más rancia, en sus diversas ramificaciones, de esta región.