Llibres, dolços, salats…

28 03 2009

Llibres, dolços, salats… Libros, dulces, salados… Oigo voces que desprecio con simpática virulencia. No quiero escuchar nada que no sea mi propia respiración, oculta, sometida al débil rumor de la incertidumbre… Tampoco me preocuparía dejar de escucharla. No temo a la muerte. Sólo temo dejar de vivir, no haber sufrido suficiente, no haber descubierto algunas calles caleidoscópicas, no haberme reflejado en un número razonable de rostros indefensos… El día que eso ocurra no me importará tirarme delante de un camión de seis ejes que supera en 20 km/h la velocidad máxima permitida en vía urbana. Ahora no es el momento y menos en Barcelona. Dice un amigo de Roberto que si vas a ir a la cárcel o al hospital, es mejor hacerlo en tu ciudad. Debe ser por aquello de facilitar las visitas. Si mueres, no tienes ese problema. Se puede morir en cualquier lugar. No me parece que el espacio físico sea una variable importante a la hora de morir. Si tengo que elegir, si pudiera elegir, ya sé que no es posible salvo en caso de suicidio —quizá sea esa la solución—, si pudiera elegir, digo, me encantaría morir en tu risa. Dejar mi vida en tu boca, sí, en esa boca de almizcle que a los ojos de los necios sonríe de manera exagerada. ¿Qué sabrán ellos?

Me he sentado a tomar un café con Roberto, Julio y Enrique. No se me ocurre mejor compañía. Y si se me ocurriese, tengo claro que ahora mismo no es posible cambiar las cosas, así que para qué vamos a perder el tiempo hablando de ello. Es algo muy típico de la gente, de esa gente que desprecio: se detienen eternamente en conversaciones acerca de temas —casi siempre temas es sinónimo de problemas para esa maldita gente— sobre los que no pueden tener ni la más mínima incidencia. Pierden el tiempo, por tanto, y el tiempo les pierde a ellos, porque no salen nunca de su lamentable bucle. ¡Y no trates de decirles nada! Te reprocharán el intento —temible intento— de hacerles ver que carece de sentido comportarse como lo hacía la gente que vivía en los pueblos en los años veinte del siglo pasado. Si la modernidad, la postmodernidad y la neomodernidad no han servido para terminar con estos modos de vida, es que alguien no está entendiendo nada, o no quiere entenderlo, o sabe dios qué…

«Muchacha a cuatro patas que gime mientras el vibrador entra en su coño. Tenía las piernas largas y dieciocho años, en aquel tiempo estaba en el negocio de la droga y no le iba mal, incluso abrió una cuenta corriente y se compró una moto.» Les he dicho que hoy me quedaré un rato más charlando con Roberto…





Un lujo para mi cerebro

23 03 2009

Este próximo miércoles cojo el avión de Santander a Reus, allí un bus a Barcelona, y luego un tren a Bellaterra, sede del campus de la Universidad Autónoma de Barcelona. En ese mítico lugar me espera, en jornada de jueves y viernes, el I Encuentro de Trabajo y la II Asamblea de Socios de ACOP, la Asociación de Comunicación Política de la que soy miembro activo desde hace casi un año.

Allí coincidiré con los compañeros de ACOP y otros investigadores y profesionales de la comunicación política. Gente muy interesante como María José Canel, nuestra Presidenta, Luis Arroyo, ex director de Gabinete de Carme Chacón cuando fue Ministra de Vivienda, el histórico consultor José Luis Sanchís o Pere-Oriol Costa, director de mi Máster de Comunicación Política y Electoral.

No se me ocurre mejor sitio para este evento que Barcelona, que Cataluña, un territorio en el que la comunicación política está dando pasos decisivos en su necesaria profesionalización, convirtiéndose en un mercado con un importante potencial de crecimiento. Algo parecido pasa en otros lugares del país, aunque con menor intensidad, pero hay coincidencia en que son buenos tiempos (y lo serán mejores) para el trabajo serio y riguroso de los expertos en comunicación política.

De profesionalización de la comunicación política, de encuestas, de comunicar ciudades y de muchas otras cosas más vamos a hablar y debatir los próximos días en la Universidad Autónoma de Barcelona. Sé que aprenderé muchísimo, a eso voy; sé que el veneno va a apoderarse de más partes de mi cuerpo, soy consciente; sé que voy a compartir espacio con los mejores (no sé me ocurre otra manera de vivir), y eso es todo un lujo para mi cerebro.

Y ya que estoy en Barcelona, mi Barcelona, el sábado y el domingo me perderé por sus calles, fisgaré en sus librerías, escribiré cientos de palabras en alguna mesa perdida de un café de los de antes, de los que ya quedan pocos, comeré el menú del día con el Inspector Méndez y pensaré de vez en cuando, a ratos demasiado, en las pequeñas cosas que alimentan mi alma…





Debería escribir

20 03 2009

Siempre pienso, cada día, siempre, que debería escribir más, pero luego no lo hago, y me quejo a mí mismo, me digo en voz baja, y otras veces gritando, que está mal, que debo escribir, porque me gusta hacerlo y cuando lo hago me siento bien…

Escucho los primerizos acordes de algún cantautor aficionado a los porros mientras voy tecleando decenas de palabras que carecen de todo el sentido, aunque no parece importarme demasiado. Me cuesta abrir la boca pero cuando lo hago me resulta bastante difícil cerrarla…

Si hubiera algún sitio más, querría ir, querría ir a todos los sitios sin poner una sola condición, porque bastantes condiciones tiene ya este jodido mundo; creo que lo bueno siempre viene cuando caminas por la vida sin poner ninguna condición…

El calor dilata, el dolor dilata, el sexo dilata, el alcohol dilata, mis pupilas están dilatadas y esta vez no tiene nada que ver con la supuesta afición de ese cantautor que ahora suena en mis entrañas, que dice cosas inteligibles, ocurrencias, bellas ocurrencias pero ocurrencias al fin…

Si no pesara tanto el libro que llevo en mi bandolera, podría decir que voy soltando lastre poco a poco, pero no puedo decirlo porque no es verdad. Nadie quiere soltar lastre cuando las ocurrencias son más bellas que algunos amaneceres de primavera impostada, y eso lo sabe todo el mundo, hasta ese maldito rey de los curas que niega los condones a quien no tiene nada que llevarse a la boca…

Todo es un juego del revés, hasta yo mismo, todo, si no somos conscientes de ello estamos perdidos. Yo lo tengo claro hace tiempo: todo es un juego del revés. Y tus brazos que me abrazan también.