Libertad

6 12 2007

Con la libertad individual que se consagra en la Constitución, he decidido no moverme del sofá en todo el día. Y cuando eso sucede, es un buen motivo para ser (más) feliz. Un poco de lectura, comer algo de vez en cuando (sin elaborar), poner Cinemateka y dejar pasar, con más o menos atención, una película tras otra, echar un ojo a los teletipos, y detenerme, por recomendación de algún amigo, en alguna cosa curiosa en la prensa de hoy. Sobre el cristal de la mesa del comedor, entre Cortázar, Eco, Naipaul, Borges, Innerarity y Gore (he reducido casi a la mínima expresión el consumo de ensayos), descansa El mundo de Juan José Millás, exhausto tras la continuada y despiadada lectura a la que le ha sometido MC. Yo, sin embargo, no he podido terminar con el Tokyo Blues de Murakami, y menos cuando, sobre las cuatro de la tarde, han aparecido en la pantalla Federico Luppi, Juan Diego Botto, Eusebio Poncela y Cecilia Roth, para volver a interpretar una de las mayores joyas de la historia del cine, ofreciéndonos unos diálogos tan intensos como decisivos. Martín (Hache) es una película, eminentemente, de palabras. Y es que las palabras sirven para tanto…hasta para mentir. Escucho en el comentario de Gabilondo, al hilo de la brillante intervención de Marín pidiendo grandeza, hoy, en el Congreso, que la política necesita decencia y consenso. No puedo estar más de acuerdo. Pero el consenso no sirve para nada (y es despreciable) si no está dirigido a cambiar las cosas. Me cago en el consenso que sirve para perpetuar desigualdades, premiar a los enemigos de los cronopios, o consagrar estrategias más cercanas a lo financiero que a lo político. Consensos así deterioran, hasta la náusea, la libertad. Al menos, el olor no ha llegado todavía a mi sofá.

P.D. Como (casi) todo el mundo sabe, la posdata es la anotación que se añade al final de una carta ya concluida y firmada, para añadir información que no se recordaba o conocía mientras se estaba escribiendo. Habrá que ejercitar la memoria, entonces.





Siempre nos quedará París

3 12 2007

Si Rick Blaine hubiera pensado más en sí mismo que en hacer lo correcto, seguramente el final de Casablanca habría sido otro. ¿Quién no ha esperado, alguna vez, que después de la imagen del avión despegando rumbo a Lisboa, apareciese tras la niebla el delicado rostro de Ilsa Lund, enviando a Louis, otra vez, a su condición de actor secundario y devolviendo a Richard el dulce recuerdo de París? Pero la cruda realidad es que eso nunca pasó, ni pasará. Tampoco sabremos si Rick Blaine se arrepintió de haber hecho lo correcto. Ni tendremos noticias de si, en algún lugar del mundo, Ilsa fue feliz. Lo que si conocemos, porque está en la historia, es que la (nunca suficientemente agradecida) labor de gente como Víctor Laszlo desde la resistencia, contribuyó a terminar con el delirio nazi. Historia felizmente repetida en la mayoría de los delirios, ya sean de alta o baja intensidad, o de alto o bajo valor añadido. Dice un amigo que siempre hay una frase de Casablanca para todo. En tiempo de nuevos delirios me quedo con estas cuatro: “El mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos”, “Captura a los sospechosos de siempre”, “De todos los bares en todos los pueblos en todo el mundo, ella entra en el mío”, y la mejor: “Siempre nos quedará París”.





La mejor cara de La Inquisición

3 11 2007

¿Qué lleva a una pareja de Madrid a dejar la capital e irse a vivir a Castillo Pedroso? ¿Y a reformar una casa medio en ruinas para hacer de ella una preciosa y acogedora posada rural? No les pregunté, directamente, los motivos. Tampoco hacía falta. Encontraron su lugar para vivir a muchos kilómetros de la capital. Lejos del ruido, los atascos, el estrés y otros peligros e incomodidades de las sociedades modernas. Atrás dejaron las oportunidades (casi todas) que ofrece una gran ciudad como Madrid. En Castillo Pedroso encontraron otras facilidades que no esperaban. Me dice Alfonso que Alfonso pequeño va todos los días al colegio de Alceda y que es muy cómodo, porque le pasa a buscar un autobús por el centro del pueblo. Cosas de la buena gestión de Rosa Eva. En Madrid, mis amigos con hijos hacen piruetas para conciliar y llegar a tiempo a las clases y al trabajo. Maite es funcionaria y trabaja en el Hospital de Liencres. Lo tuvo más o menos sencillo para cambiar de destino. Alfonso estaba vinculado al trabajo en el mar y, de vez en cuando, mata el gusanillo enseñando a jóvenes aprendices de Gorostegui, en la Isla de la Torre.

La Posada de la Inquisición mantiene su nombre desde que a mediados del siglo XVIII viviera un tal Mateo Díaz de la Serna, cura beneficiario de Castillo Pedroso y Comisario de la Santa Inquisición, entrañable institución que le cogió prestada la casa a los Templarios, sus originales propietarios. Las piedras de la casa encierran vestigios e imágenes de aquella época. Pero, desde luego, pasar unos días en ella es todo menos una tortura. A MC se le ha quitado hasta el dolor de cabeza. Es medicinal. Muy recomendable. La Posada tiene cinco habitaciones, una de ellas más grande, para acoger a parejas con hijos. La nuestra se llama El Lobo y tiene vistas a los prados que hay al suroeste del pueblo. Nuestras vecinas son algunas ovejas y vacas cuyo ritmo vital es nuestro ejemplo estos días. Ayer nos levantamos pronto y, después de un desayuno a base de tostadas con mantequilla y mermelada, zumo y café con leche, fuimos a dar un paseo. Senderismo para principiantes. Cuando lleguéis a la ermita, cogéis un camino que hay a la derecha y luego, todo seguido, hasta que lleguéis al bosque de Requejada. Allí buscáis los caminos de la derecha, que os llevarán sin pérdida a la carretera que conduce al pueblo. Y eso hicimos. Dos horas y media de entretenida caminata, sorteando el barro y descubriendo hermosos paisajes y vistas panorámicas del bello Valle de Toranzo. Vacas, ovejas y caballos eran nuestra única compañía. No pudimos entablar conversación con los tranquilos animales, porque andaban bastante ocupados en la siega natural de la hierba. Al volver a la parrilla de salida, las botas de montaña necesitaban de un pase de manguera urgente. Una ducha y a la calle a disfrutar del sol. Un par de sillas, Auster, Pedro Juan, y la felicidad.

No teníamos reloj ni, por supuesto, móvil. Así que supimos que era la hora de comer, por el hambre que teníamos. Le habíamos pedido a Alfonso unas lentejas y allí estaban. Aunque él es el cocinero, las había hecho Maite. Riquísimas. Las típicas lentejas caseras con su morcilla, chorizo, zanahoria, puerro y patata. El puchero se fue vaciando, por arte de magia. El cosechero de Berceo hacía lo propio. ¿Qué queréis de segundo? Tengo dorada, rape, sardinas, chuletas, solomillo. Yo quiero algo con patatas. Sí, algo que tenga patatas. Un solomillo. Que sean dos. Festín de carne de la buena. De postre, una tarta de queso y un té. Los fines de semana, el restaurante cuelga, merecidamente, el cartel de no hay mesas. El cuerpo pedía siesta. Y se la dimos. Dos horas y media. El tiempo se para. No tiene sentido. No sirve para medir nada. Al despertar, un rato de buen cine. Irma la Dulce, en la que Jack Lemmon y Sirley McLaine están maravillosos. El maestro Wilder eleva a los cielos, una vez más, el género de la comedia. Con dos o tres localizaciones monta una historia frenética de más de dos horas, en las que pasa casi de todo. Y pasa muy bien. En ese momento, nos acordamos que Alfonso nos dijo al mediodía que para cenar había sopa ligera. Así que bajamos a probar esos fideos con pollo y huevo cocido. Es como estar en casa. Después de la cena, me di un capricho extemporáneo y cutre. Me acordé de Paco y los años de beisbolera con la Y. Las aventuras de Ford Fairlane, el detective rockanrollero, certificaron que cualquier tiempo pasado fue peor. Hoy me he levantado con ganas de escribir, así que el portátil me ha acompañado al desayuno. En unas horas, dejaremos Castillo Pedroso y la Posada de la Inquisición de Alfonso, Maite y Alfonso pequeño, para seguir disfrutando del largo fin de semana en Astillero. Volveremos, seguro.





Va de Tuya

26 10 2007

Hoy va de suyo que no está el tiempo para paseos. Es el típico día santanderino que, si no caen gotas, da gusto andar sin rumbo; pero si llueve, como que pierde bastante: se hace más triste y mucho menos acogedor. El viernes pasado, al salir de trabajar, en este nuevo y maravilloso horario, comí un delicioso San Martín en el Balneario y me recorrí el Sardinero, acompañado de un libro y un par de periódicos. Hice de la tarde del viernes, un instante para la reflexión, la lectura y el disfrute personal. Hoy, la meteorología me va a hacer cambiar de planes. Miro la cartelera, buscando algo en la escasa oferta de cine dentro de la ciudad, agravada ahora con el cierre de la Filmoteca. De los Groucho (del emprendedor José Pinar), en sus tres sesiones dobles de hoy, me quedo, a las ocho, con La Boda de Tuya. Una película china dirigida por Wang Quan’an, y que viene de ganar el Oso de Oro de la Berlinale de este año. Echo un vistazo a Los Ángeles y me encuentro a las cinco y media (hora perfecta para organizar mi tarde) con Tuya Siempre. Un thriller de Manuel Lombardero, del que la crítica destaca las interpretaciones de Flora Martínez y el genial Nancho Novo. Así que, entre La Boda de Tuya y Tuya Siempre, está claro que la tarde va de Tuya.





días de cine

30 08 2007

Apurando los días hasta volver al tajo. Desde que he vuelto de la escapada al Sur no salgo, casi, del campamento base de Santoñuca. Estos días parecía un hotel. Mi hermana Raquel, Scott, mi madre, a ratos Maricruz, y yo. Mi madre estresada, con razón, y los demás viviendo a cuerpo de rey. ¡Qué caraduras somos! El caso es que se está de cojones en casa.

He aprovechado para ver películas como un poseso. Un poco de los canales de ONO (MGM, Cinestart o CTK, el mejor), otro poco de mi pequeña colección, alguna compra de última hora, y algún alquiler de la parte alemana de la casa.

Hago memoria y, en esta última semana, he visto, algunas de ellas por segunda vez: Qué bello es vivir, Avanti, Encadenados, El Tercer Hombre, Cinema Paradiso (versión del director), Historias de Julien y Marie, Liam, El hombre que sabía demasiado (remake), Musa (The Warrior), Todo lo demás, El indomable Will Hunting, La última noche de Boris Grushenko, El ilusionista y El violinista en el tejado. Se me olvida alguna, pero por algo será. ¿No dicen que la memoria es selectiva?

Voy a elegir cuatro para recomendar, de manera especial. Por las sensaciones que me produjeron, ya que no puedo (ni debo) hacer un comentario técnico. Eso lo podeis encontrar en multitud de blogs muy currados sobre cine.

Empiezo por El Tercer Hombre, de Carol Reed. Bueno, en realidad de Orson Welles. El guión es de Graham Green (el GG en La Habana de Pedro Juan). No os voy a destripar la película, si es que alguno no la ha visto todavía, pero la discusión en la noria del Parque Prater de Viena; la imagen poética del final; la pegadiza música de la cítara de Anton Karas; o la aparición estelar de Welles, son auténticas maravillas del cine. Forma parte, sin duda, de ese selecto grupo de películas que puedes ver cuantas veces quieras, sin cansarte.

Cinema Paradiso, en su versión del director Giuseppe Tornatore (con 50 minutos más de cinta), es un increíble homenaje al buen cine. Una película que provoca fuertes emociones y te deja mirando a la pantalla, unos minutos, sin saber si reír, llorar, gritar, ser feliz o desgraciado…Lo mejor la relación entre el pequeño Totó y Alfredo, su maestro en las técnicas de proyección de películas. La BSO de Enio Morricone espectacular, como siempre.

Avanti, del maestro Billy Wilder. Con su inseparable Jack Lemmon demostrando, una vez más, su deliciosa habilidad para la comedia. Una película llena de chistes políticos y sociales, en la que se ponen de manifiesto, exagerando con maestría todos los tópicos, las diferencias culturales entre la Europa mediterránea y los Estados Unidos. Imprescindibles: la escena del forense rellenando los formularios; el personaje de Carlucci, el director del Hotel; la familia Trotta; el maravilloso paisaje y la música. Dicen que es un poco larga. A mi no me lo pareció, ni la primera vez que la vi, animado por Chusmanu, en la Filmoteca, ni en esta segunda ocasión. Habrá una tercera, seguro.

Historias de Julien y Marie, de Jacques Rivette, es de esas películas en las que no entiendes casi nada, pero en realidad lo entiendes todo. Y si no, ¡qué más da! Emmanuel Beart está espectacular. Inquietante, morbosa, loca, irritante, silenciosa, sexual. Una historia de amor a quemarropa, en la que cualquiera querría ponerse, a pesar de todo, en el lugar del solitario y extraño relojero. Si la veis, os costará olvidar, por un tiempo, la expresión de la cara de E.B.

No dejeis de ver, tampoco, clásicos como Encadenados o Qué bello es vivir, y, fundamental, El violinista en el tejado

Y hablando de cine, pero en este caso del malo, de Serie B. Se estrena, por fin, la película de Rosa Díez. Después de varios años de interminable y tedioso rodaje, da el salto que le pedíamos todos los que pensamos que en el PSOE la puerta está abierta, tanto para entrar como para salir. Su deriva ha sido impresentable pero, en su momento, creo que fue un ejemplo de lucha (como muchos otros).

Yo quiero quedarme con esa imagen de ella.

P.D.- En cuanto al tema de actualidad, me hubiera gustado escribir un post como éste. Pero, para eso, todavía tengo mucho que aprender.