Bilbaíno por un día

31 10 2007

Es muy pronto. Soy la única persona que cruza, a estas horas, el túnel del Pasaje de Peña. Hace frío, aunque no tanto como esperaba. Este maletín pesa menos. Esta vez, no podré traerme tantos libros y carpetas, pero es más cómodo de llevar. Cruzo de noche, todavía, la frontera de la tierruca. Se nota el atasco de entrada, pero llegamos a la hora prevista. Bajo en el Termibus y me dirijo al metro. Sonrío al pensar que hoy formo parte del engranaje que admiro. En esta máquina no se puede pagar con monedas. Supongo que poca gente sacará un “billete ocasional”. El metro está repleto. Salen unas pocas sardinas y entran otras. Sólo tengo dos paradas hasta Moyúa. Aquí la gente empieza a funcionar una hora antes que en Santander. Pero tienen la misma cara de dormidos. Termina mi trayecto y salgo a la luz justo enfrente del majestuoso Carlton. Me ofrecen tres tipos de periódicos diferentes. No cojo ninguno porque he visto un quiosco para comprar El País. Veo la foto que refleja la desolación de las azafatas españolas en Chad. Entro en una cafetería para hacer un exceso. “Un mediano y un croissant”. La camarera no entiende lo del mediano. Mi euskera no es muy bueno. “Un café con leche, quería decir”. Busco el autobús 3224 que lleva al Parque Tecnológico de Bizkaia, en Zamudio. Antes de salir de Bilbao cruzando el túnel nuevo, pasamos por el puente de La Salve, muy cerca del Guggenheim, que aparece a la izquierda de nuestras imágenes, bastante crecidito por sus diez años recién cumplidos. Evidentemente, giro la cabeza y contemplo, con la emoción de siempre, el edificio de Gehry. Nadie más que yo lo mira. El resto sigue a sus cosas, con la mirada perdida. La radio en los cascos, el mp3, los deberes de inglés o el 20 Minutos. Que suerte la de poder pasar por delante del Museo y no sorprenderte. Ya me gustaría a mí. Y que desgracia la de que te pase eso. Acostumbrarte a la belleza, hasta transformarla en rutinaria. No sé. Yo llevo viendo la Bahía de Santander toda mi vida, pero no puedo pasar por delante sin mirarla y sonreír. En veinte minutos estamos entrando al Parque. Inmenso, verde, moderno, sostenible, habitable, innovador y con mucha solera. Es de Bilbao de toda la vida. No como yo, que sólo he sido bilbaíno por un día.

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Cristina

30 10 2007

En su momento, Sabina le cantó un rock and roll. Recuerdo, también, que primero hizo pareja con Alex y, más tarde, grupo con Los Subterráneos. Si me apuras y hago un esfuerzo, estuve con ella durante demasiado tiempo. Y hace muchos años, fue compañera de clase, y regenta una panadería-pastelería de éxito. Hoy, la Cristina que me interesa es Presidenta de Argentina. Y lo es por mérito propio. Me ha jodido ver, durante estos días, en todos los medios de comunicación (en algunos más que otros) la referencia inmediata de la nueva presidenta de Argentina como la esposa de Néstor Kichner. Incluso en un periódico local, titularon un reclamo en portada con algo así: “La esposa de Kichner gana las Elecciones en Argentina”. No niego que esa condición le haya venido bien para su fulgurante carrera hacia la jefatura del gobierno de ese gran país, pero creo que se está abusando y corriendo el riesgo de negar la evidencia. Cristina es Cristina, la Presidenta de Argentina y punto. Lo dijo la noche electoral. Tiene una doble responsabilidad: la propia del cargo, y la del género. Si hubiera sido al revés, no creo que de Néstor hubieran dicho que ha ganado las Elecciones el marido de Cristina. Cuentan, hoy, en El País, que para empezar le dará una vuelta a la política exterior del anterior presidente. Que se acabó eso de la autarquía y la falta de preocupación por los asuntos y las relaciones internacionales. Con Néstor, Argentina parece que abandonó una etapa demasiado larga de crisis económica, pero sobre todo existencial. Con Cristina se debe consolidar como lo que es. Un gran país, en todos los sentidos, con una importancia geoestratégica enorme para toda Latinoamérica y el resto del mundo. En Argentina, la cosa va de mujeres. De las que siguen luchando cada día en la Plaza de Mayo, para rescatar y mantener la memoria y la dignidad, y de una mujer con nombre propia y vida propia, que se llama Cristina. ¿Quién se lo iba a decir a Sabina?





Siempre fieles (a sí mismos)

28 10 2007

El viernes por la noche, tomando un vino, nos encontramos con Samuel. Hacía tiempo que no charlábamos un rato. Hablamos un poco de política, de lo jodida que es a veces, o casi siempre, y de las cosas de la vida. Samuel es el tipo de tío que debería haber, a montones, en todos los partidos. Fiel, trabajador, y sin afán de protagonismo. La pena es que sea tan de derechas. Pero bueno, tiene que haber de todo. Por allí andaba, también, Quico. Un superviviente. De los que hay muchos, en todos los partidos. Presidente de la Obra Social y Cultural de la Caja, entre otras ocupaciones. Cada día menos social, y mucho menos cultural. Igual nadie se ha dado cuenta, pero la deriva de la OBS es absoluta. De los tiempos de Chusmanu, en los que la Obra era vanguardia cultural y de ideas, no le queda, casi, ni el nombre. Ahora se dedica, principalmente, a cubrir el agujero presupuestario del Ayuntamiento de Santander, financiando cualquier iniciativa ¿cultural? que se les pase por la cabeza a los encantados concejales santanderinos de la cosa gobernante. Una pena. Casi tanta como ver la fachada principal de la entidad de ahorro, en plena Plaza Porticada, cubierta por dos inmensas lonas, que nos recuerdan aquello de siempre fieles. Hay que reconocer que se lo hacen bien. Otro invento que da derecho a poner en marcha la maquinaria. Revestido con traje de Fundación, por aquello de darle un aroma más serio. Casi tanto como estaban los promotores el día de la presentación. A mí se me ocurren, al menos, tres mil cuatrocientos setenta y ocho proyectos más necesarios que el de la tarjetita fiel, en los que invertir el dinero de todos. No es la primera vez. Pero no deja de sorprenderme. Y lo que más, la tranquilidad con la que miran a la cámara. Les envidio. En política, no se puede economizar en innovación, porque terminará pasándote factura. Si somos como ellos, al final la gente se acabará quedando con el original.





Si se callase el ruido…

28 10 2007

…oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Si le hubiera dicho aquello mucho antes, quizá no hubiera pasado nada. Pero, como siempre, las cosas siempre se dicen cuando no hacen falta. Cuando ya no tienen sentido. Cuando sobran, son gratis, y no vienen, casi, ni a cuento. Ella le miró con los ojos a medio cerrar, por el cansancio y el desapego. Él esperaba una respuesta. Una señal. Tal vez una sencilla exclamación. Pero esperaba algo. Y nunca llegó nada. Las cosas no vienen así por que sí. Hay que irlas a buscar. Apuraba los restos de ginebra en el vaso, sin levantar la mirada. Le hacía menos daño el alcohol que la propia vida. Era un refugio certero. Un encuentro, el suyo con el licor transparente y denso, cada vez menos casual. Pensaba que era el momento de poner freno al creciente vicio, pero no tenía ganas de hacerlo. En realidad, le aportaba el equilibrio necesario para afrontar ratos como ese. Plantearse cambios en su vida, a estas alturas, le iba a resultar más difícil de lo previsto. No era consciente, pero todo estaba por llegar. Ella encendió otro cigarro. A la tercera calada se atrevió a decirle la verdad. Tenía que marcharse de allí, para siempre. Él la miró sin decir palabra. Resignado. Consciente de que no podía hacer nada por evitar su marcha. O convencido de que no quería hacer nada para que se quedara. Igual esta era la oportunidad, que llevaba tiempo buscando, para reinventar su rutinaria vida. Se imaginó sin ella. Dormido en sus propias miserias. Tendido en el centro del laberinto de sus miedos. Y lloró. Con fuerza. Como nunca lo había hecho. Salió corriendo hacia el pequeño balcón, por el que el sol del este entraba cada mañana, sin descanso, y gritó fuerte. Tan fuerte como una manada de rinocerontes en estampida. Se le oyó en el mundo. A pesar de los telediarios y de las bombas. Por encima de los taladros mecánicos que le dan dolor de cabeza a la tierra. Se le oyó a pesar del ruido.





Va de Tuya

26 10 2007

Hoy va de suyo que no está el tiempo para paseos. Es el típico día santanderino que, si no caen gotas, da gusto andar sin rumbo; pero si llueve, como que pierde bastante: se hace más triste y mucho menos acogedor. El viernes pasado, al salir de trabajar, en este nuevo y maravilloso horario, comí un delicioso San Martín en el Balneario y me recorrí el Sardinero, acompañado de un libro y un par de periódicos. Hice de la tarde del viernes, un instante para la reflexión, la lectura y el disfrute personal. Hoy, la meteorología me va a hacer cambiar de planes. Miro la cartelera, buscando algo en la escasa oferta de cine dentro de la ciudad, agravada ahora con el cierre de la Filmoteca. De los Groucho (del emprendedor José Pinar), en sus tres sesiones dobles de hoy, me quedo, a las ocho, con La Boda de Tuya. Una película china dirigida por Wang Quan’an, y que viene de ganar el Oso de Oro de la Berlinale de este año. Echo un vistazo a Los Ángeles y me encuentro a las cinco y media (hora perfecta para organizar mi tarde) con Tuya Siempre. Un thriller de Manuel Lombardero, del que la crítica destaca las interpretaciones de Flora Martínez y el genial Nancho Novo. Así que, entre La Boda de Tuya y Tuya Siempre, está claro que la tarde va de Tuya.





El Tito Solbes

26 10 2007

Antes de ayer ganó otra batalla. Las últimas cuentas de la legislatura pasaron el trámite del Congreso. Una buena noticia para él, y todo el Gobierno. Allí, en la sesión parlamentaria, recibió una muy mala noticia: su hermano había fallecido. En el receso de la sesión, fue al tanatorio, se despidió de su hermano, y volvió al Congreso para ver como se aprobaban sus presupuestos. Todo un ejemplo de compromiso público. Todo un señor, el Tito Solbes.

P.D.- Hablando de números, el blog ha superado la cifra de 20.000 visitas, desde que empecé esta bonita aventura, allá por el primaveral mes de abril. Gracias a todos/as por pasaros por aquí, sobre todo por los trescientos comentarios que habeis hecho.





El nuevo País

22 10 2007

El sábado me fui a la cama con la ilusión de un niño el día antes de Reyes. No era por el desenlace del Mundial de Fórmula 1, ni por la necesaria limpieza semanal en Vargas, ni tampoco por la idea de ir a ver 13 Rosas, al cine. Por cierto, han destrozado una emotiva historia de lucha por unas ideas, convirtiéndola en una horrible película, que pueden acudir a ver, sin molestarse, hasta los más fervientes seguidores del régimen. En fin, que si tenéis un mínimo de sensibilidad por el tema, no vayáis a verla. 

Ese mismo sábado, falté a la cita de los blogueros, la verdad es que no tengo excusa, pero de la gente con la que estaba, había alguno que no formaba parte de la web 2.0., y no era plan de juntar churras con merinas.

El caso es que me fui a dormir pronto, y a las dos y cuarto de la madrugada recibí el mensaje de alguien que ya lo tenía (el muy…). Yo tuve que esperar a que abriesen el quiosco. Alguien bromeaba, la noche del sábado, con la posibilidad de poner una silla plegable, para hacer cola, hasta que la luz de la mañana hiciese levantarse al periodiquero de Numancia.

 

“Me da El País”, “Dos, por favor”. Una barra de pan y un kilo de naranjas, en el chino de mi calle, y de vuelta a casa, para ver el resultado de la operación de estética.  

Es más blanco, con más color, se lee mejor por la nueva tipografía, le han puesto (la tilde, para deshacer) el diptongo, y han cambiado la sección de opinión de sitio, mejorándola bastante, de paso. Es más moderno. La mayoría de las noticias aparecen con una referencia a la web, en donde se puede amplíar la información. La sección Vida&Artes promete. Además, el mítico suplemento Domingo es de 10, y el Semanal también ha cambiado lo suyo; la portada de ayer sobre el cambio climático era muy gráfica. Maravillosa entrevista de Millás a la Vicepresidenta De la Vega, en el interior, por cierto.

 

No acabo de entender a las hordas de compañeros/as que, sin dudar, se han pasado a Público. No necesito que el periódico que leo, sea un reflejo de los Puntos de Vista de Ferraz, que para eso tengo el correo electrónico. Me gusta que los medios sean críticos (dentro de un respeto mínimo), y leer cosas que me hagan reflexionar. En mi casa, desde pequeño, siempre estaba El Pais (sin diptongo, hasta el domingo). Unos años más tarde, empezó a aparecer la prensa regional, por aquello de ver al niño, aunque, al menos, los domingos, nunca faltaba El Pais. Ningún periódico se le podrá parecer. Sobre todo, por los profesionales que en el trabajan y escriben. Puedo, en alguna ocasión, comprar prensa para ver qué pone, o cómo sale una determinada noticia, pero para leer y para comprender, seguiré confiando en El País, y más ahora que es nuevo.