No se aclaran

29 09 2008

Edición dominical de El Mundo: En páginas nacionales, Manuel Sánchez firma un reportaje titulado ‘Zapatero configura un PSOE a su medida…’ En el interior, en el marco de un análisis sobre los cambios en las diferentes federaciones del PSOE, hay una información referida a Cantabria, que cito textualmente: «Dolores Gorostiaga volverá a ser la secretaria general del PSOE cántabro a mediados de octubre, con un apoyo mayoritario.» Ese mismo día, en la editorial de la edición cántabra se dice, cito textualmente también: «El congreso socialista sigue siendo el centro de atención político en Cantabria y aunque muchos lo han dado por finalizado antes de iniciarse, el paso de los días demuestra que las espadas siguen en todo lo alto y que aún es muy aventurado intentar contar por anticipado el desenlace.»

Cuando dice lo de es muy aventurado intentar contar por anticipado el desenlace supongo que se referirá al periodista de El Mundo, Manuel Sánchez. Podrían ponerse de acuerdo, ¿no? Es lo menos que se puede pedir, para no volver tarumba al lector. Igual es que hay una corriente organizada  dentro de El Mundo, que tiene su propia opinión sobre las cosas que pasan y la expresan libremente. En fin… Una de dos: o no pintan mucho en Madrid, o alguien quiere manipular la realidad para adaptarla a sus intereses (ni siquiera son los suyos, y eso es lo que más me apena). O puede ser que las dos sean correctas. Me inclino por esto último. 

P.D.- Pensaba haber hecho algún comentario al respecto de la enésima reentré de Jaime Blanco, o de los artículos (?) de Víctor Gijón (otro experto en la manipulación de la realidad), pero no me encuentro con ganas esta mañana.





Carne de perro

26 09 2008

Pedro Juan prefiere la carne de perro. Ya se lo dijo su madre: «A ti te gustan las mujeres de orilla. Eso es carne de perro.» Y él, para no defraudarla, no ha cambiado todavía de menú vital. Carne de perro. Eso y tener un corazón de piedra, endurecido. Sobrevivir en La Habana requiere de un corazón de piedra, para intentar ser, al menos, tan duro como ella. Es una ciudad desafiante, compleja, agresiva, a ratos dulce, pero con esa dulzura que advierte de un inminente sobresalto, es una ciudad perpetua, colmada de sinrazón, pervertida y a veces hueca para defenderse del dolor que por culpa del salitre es más dolor, y más intenso. Es una ciudad en la que percibes con claridad que las dos secciones de dientes afilados que tienen los lobos presumen que no se alimentan de sueños. La carne de perro y el corazón de piedra. El corazón de piedra y la carne de perro. Ya lo decía la madre de Pedro Juan, y él no ha querido defraudarla.

Yo he estado en La Habana y se puede hacer poesía. En Hiroshima no. Y mucho menos en Auschwitz. Dijo Theodor Adorno que después de Auschwitz ya no se podía hacer poesía, pero Paul Celan le llevó la contraria y dejó escrito aquello de: «Madre, ellos [los nazis] también escriben poemas.» Y Celan, quizá sin proponérselo, lo explicó casi todo con ese sencillo verso. Y creo que no hace falta que nadie diga nada más. Y mucho menos yo, que prefiero el insomnio a la anestesia.





El hábito menos saludable

21 09 2008

Leo en Dietario Voluble, último libro de Enrique Vila-Matas, unas palabras de Charles Bukowski sobre el hábito menos saludable: «Si vas a intentarlo, que sea a fondo. Si no, mejor que ni empieces. Puede que pierdas familia, mujer, amistad, trabajos y hasta la cabeza. Puede que no comas en días, puede que te congeles en un banco de la calle. No importa. Es una prueba de resistencia para saber que puedes hacerlo. Y lo harás. A pesar del rechazo y de la incertidumbre, será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado. Te sentirás a solas con los dioses, y las noches arderán en llamas. Cabalgarás la vida hasta la risa perfecta. Es la única batalla que cuenta.»

Escribir es tratar de vencer la enfermedad, con más enfermedad. Escribir es buscar la dimensión insondable. Escribir es, desde luego, el hábito menos saludable. El que más te separa de la vida, lo que para mí es de agradecer en los tiempos que corren. Ningún médico recomendaría escribir. Y mucho menos las Autoridades Sanitarias. Vuelvo a leer las palabras de Bukowski —dice Vila-Matas que podría haberlas escrito Roberto Bolaño, y tiene razón— y pienso que la prueba de resistencia es dura. En realidad, no sé si puedo hacerlo, aunque la posibilidad de cabalgar la vida hasta la risa perfecta me parece irresistible. Y en ello estoy, con paciencia pero entregado. He empezado una etapa diferente escribiendo dos relatos nuevos (Robert Greene se escribe con K. y Perspectiva hikikimori), y me apetece compartirlos con mis únicos y bienaventurados lectores. Os dejo algunos jirones:

Robert Greene se escribe con K.

Robert Greene me miró fijamente durante más de treinta segundos, justo el tiempo que tardó el pianista en volver a resbalar con ensayada delicadeza sus dedos por el piano, para obsequiarnos con otro tema de su repertorio de jazz. Me costó soportar su mirada, que mezclada con el silencio parecía el aguijón de una avispa bien alimentada. Me costó soportar su mirada, el esfuerzo me levantó un molesto dolor de cabeza, y terminé dibujando un rictus entre la rabia y el vómito. Él no quiso comprenderme, ni siquiera lo intentó. Rechazó todos mis argumentos, todos mis gestos, todas mis emociones. Él no quiso comprenderme. Quizá era lo esperado; pero no por ello dejó de dolerme un solo segundo.

La tuberculosis pudo con Franz Kafka un martes de junio de 1924. Aquel día ningún tren llegó puntual a la estación de Praga y no se vendió una sola rosa en ninguna de las floristerías de Viena. Aquel día, a miles de kilómetros de allí, Robert Greene murió también sin haber nacido aún, y nosotros un poco con él. Aquel día nunca pudimos recuperar el aliento, ni siquiera al filo del miércoles. En realidad, nunca hubiéramos comprendido nada. El cielo ya nos quiso adelantar algo unos meses antes; pero no le hicimos caso —como tantas otras veces— y continuamos nuestro camino de grava y paciencia.

Perspectiva Hikikimori

En la duermevela constante en la que vivo, tengo los sentidos agarrotados; pero puedo apreciar sin demasiado esfuerzo que al otro lado de la puerta suena una canción que escucho por primera vez: «Y mi maestro me enseñó qué difícil es descubrir el alba dentro de las sombras.» Repito la frase para mis adentros: «Y mi maestro me enseñó qué difícil es descubrir el alba dentro de las sombras.» La repito constantemente, como si no hubiera más frases en ese día y a esa hora concreta. Y mi maestro me enseñó qué difícil es descubrir el alba dentro de las sombras.

La repito y la hago mía, y se la arrebato a la canción que ha dejado ya de sonar —el exterior de mi habitación recupera la insultante normalidad de cada día—; y ahora sólo yo puedo escucharla, porque la repito constantemente para mis adentros, y decido convertirla en la banda sonora de este encierro vital, de esta rebelión pacífica e individual ante la idiotizada sociedad que malvive a duras penas en el exterior de mi habitación. Descubro, en un libro que empecé la otra noche, una frase de Emile Cioran que parece escrita para este relato de mi vida: «Cualquier persona inteligente o decente odia a la mitad de sus contemporáneos.» Mi opinión es que fue bastante generoso, y yo sólo me propongo demostrarlo. Aunque tenga que quedarme para siempre dentro de esta habitación.





Está el día con cierta lógica

16 09 2008

Después de las interminables fiestas de Santoña, en las que me he reído mucho y bien —y cuando digo bien es bien, al modo de Nacho Vegas—, mi vida ha recuperado cierta lógica. Ayer fui al cine a ver Che: El Argentino. Me sorprendió ver la sala a reventar. Quizá la mayoría esperaba una película de acción —ya siento dudar de un repentino y general interés histórico o político—; pero Steven Soderberg nos obsequió con una buena ración de cine documental, didáctico: cine del bueno, con una arquitectura narrativa perfecta y un excelente desarrollo. La cinta colmó todas mis expectativas. Siempre tengo cierto reparo cuando se trata de películas sobre temas que han estado presentes en mi vida alguna vez —apunto aquí como información necesaria que con catorce años me imaginaba liderando la transición en Cuba y recuperando el espíritu del Movimiento 26 de Julio.

Soy muy exigente cuando veo una película de la que tengo el contexto interiorizado, y eso, a veces, me juega malas pasadas; pero Benicio del Toro —que ya no sé si siempre fue el Che o sólo lo ha interpretado en esta ocasión— está absolutamente espectacular: ayer me enamoré de él otra vez. Su parecido físico es evidente, y sencillo de alimentar: un gesto crudo y mucho maquillaje; pero lo complicado es hacer del Che en toda su plenitud como logra el actor puertorriqueño. Película absolutamente imprescindible en una cartelera llena de mediocridad.

Esta noche vuelve el Barça a la Champions, y las pintas de Murphys a la Celtics Tavern. Por lo que he escuchado los últimos días, debo ser de los pocos culés con ilusión por lo que se empieza a adivinar del proyecto de Pep Guardiola. Menos mal que he leído a Cruyff y pensamos más o menos lo mismo: creí que me había vuelto loco. Espero que en el partido de hoy contra el Sporting de Lisboa —ya siento que sea contra el equipo de la ciudad de Pessoa y Pereira—, además de jugar bien, marquemos tres o cuatro goles y la rigurosa afición blaugrana se enchufe, definitamente, al Barça de Pep. El fútbol lo agradecerá.

Y en esta cierta lógica, que viene acompañada de paz y de reencuentro, vivo estos días de septiembre, recuperando buenos hábitos —hoy he pasado por Gil a buscar unos encargos de palabras en versión original—, disfrutando del tiempo, del espacio, y es que está el día repleto de luz, oxigenado, vibrante. Está el día nuevo, como si no fuera de este mundo gastado. Está irreconocible, lírico. Está el día de una belleza casi violenta, que perfora las razones de la resignación. Acristalado y fugaz, como los recuerdos de las imágenes desde la carretera. Está como para quedarse en él, honrarlo, protegerlo de los peligros, muchos, que acechan en silencio, cobardes, llenos de odio. Está el día repentino, soliviantado de tanta humedad incontenida. Está el día entre azul y verde, plateado, sereno…





33 año cero

9 09 2008

Hace justo treinta y tres años no llovía —dice mi madre que mandaba el sol—; pero desde entonces ha caído lo suyo. Tanto que me parece un buen momento para empezar otra vez, con la ventaja que da saber por donde vienen las hostias en la vida. Me he puesto ropa seca, he llenado una pequeña mochila con lo imprescindible, y he comunicado al mundo que estoy preparado para otros treinta y tres. Preparado y con ganas de hacer cosas nuevas, y viejas también, si es posible mejor. Entre las nuevas destacan las clases de inglés y el Máster de la Universidad Autónoma de Barcelona en el que me he matriculado. Ya tengo ganas de empezar.

Con el mes de septiembre, después de un verano bartleby, he recuperado mi hábito de escribir, y estoy contento por los progresos —yo también quiero ser un escritor mutante—, aunque ahora cada folio me cuesta mucho más esfuerzo. Otra buena noticia es que, para celebrar mi cumpleaños, Enrique Vila-Matas y Antonio Tabucchi publican sus nuevos libros: Dietario voluble y Contratiempo. Con Enrique me encontraré en octubre en el Instituto Cervantes de Burdeos, y podré echarle la culpa de mi Mal de Montano. Me dirá que lo mío no tiene cura: ¡Menuda noticia!

Nazco, por tanto, hoy, este nueve de septiembre, treinta y tres años después, y nazco con casi todos los cordones umbilicales cortados. Todos, salvo algunos que quiero conservar porque son parte de mí, son yo: Los amigos nunca suficientemente agradecidos, mi familia cada día más familia —para lo bueno y para lo malo—, mi gaditana del norte —omnipresente— y esos libros y esa música que son el bendito alimento del alma. Me gustaría, para reconciliarme del todo en mi natalicio, volver con una sonrisa a la casa donde he vivido tantas cosas; pero hacerlo en compañía de algunos compañeros insustituibles, volver para quedarme por un tiempo y hacer esa casa más habitable y amable, volver silbando por los pasillos una melodía desconocida, inventando un nuevo alfabeto con más vocales que consonantes […]

 





Un poco de sur

5 09 2008

 

Me detengo, sobre todo, en el blanco de la espuma de esas olas que nacen y mueren en segundos, y que juegan sin parar con los pequeños barcos amarrados a la vera del racionalismo del Náutico. En esas olas que a pesar de su corta vida —no sé si alguien, en algún momento, ha pensado en la brevedad de las olas— son generosas y le dan gracias al viento por ese soplo de existencia. El mar se rebela y exhibe más colores que el cielo: azul oscuro y verdoso, marrón y amarillo, sí, amarillo. El blanco no lo cuento porque no es del mar, es de las olas. El pantalán se ha roto en varios pedazos, y se balancea constantemente en una lucha perdida de antemano como queriendo recuperar cierto equilibrio. La escollera se llena de algas y otros restos del terrible azote de las olas contra el muro, y las banderas que visten el Palacete ya no tienen fuerzas ni para decir adiós.

 

En medio de la majestuosa bahía, un barco más visible por solitario que por naranja se enfrenta a vientos de más de cien kilómetros por hora, cantidad que multiplicada por la masa de la embarcación nos da una idea muy aproximada ­—casi exacta según Newton­— de la fuerza que sobre ella está ejerciendo la naturaleza. Hay gente que, colmada de plásticos de colores, paraguas, gorros y otros complementos tan ineficaces como poco estéticos, todavía se atreve a desafiar al sur, y el sur, ese sur denostado; pero ese sur al que todavía le resta algún día de gloria como éste, ese sur, decía, se planta ante esa gente, en una barrera tan física, como espiritual, como seguramente inquebrantable, y les dice, violento y orgulloso: «¡Hasta aquí hemos llegado!»





Narciso nos sale copión

3 09 2008

Pues eso, que Narciso nos sale copión. Que no tengo ninguna idea decente para los próximos años, pues a copiar las iniciativas del PSOE que están muy bien y encima me salen gratis, porque son tan majos que no van a pedirme derechos de autor. Así de fácil. Tengo claro que, desgraciadamente, la memoria es igual que la vida, tan frágil como los hilos blancos de los trajes recién salidos de la tienda, y los medios de comunicación de esta región, que cada día dan más pena, sólo tienen hemeroteca para lo que les interesa; pero hay cosas para las que todavía no estoy preparado: el caradurismo de Narciso me tiene francamente perplejo. Me provoca ya un cansancio de tal magnitud que me afecta hasta los huesos. De hecho, había pensado no comentar nada sobre el tema; pero no me da la gana dejar que unos pocos no sólo escriban la historia, sino que también la revisen a su antojo.

Así que vamos con ello: El diecinueve de mayo del año pasado, Jesús Cabezón, en el marco de la campaña electoral de las Elecciones Municipales, anunció que promovería la candidatura de Santander para capital europea de la cultura. Para los que creen que las cosas no existen si no salen en El Diario Montáñés, aquí les dejo la prueba. Eso sí, hay tres grandes diferencias entre la propuesta original de Jesús y la copia de Narciso: La primera reconocía el déficit cultural de la ciudad, tanto en lo referido a infraestructuras, patrimonio, como proyectos; establecía la necesidad de un gran acuerdo de numerosas y diversas instituciones públicas y privadas —a Narciso la diversidad le aterra, prefiere sólo Botín—  en torno a la candidatura; y señalaba que —cito textualmente— «para optar a la capitalidad europea, Santander debía tener la programación cultural que nos legitimase como merecedores de ese título. Y no me refiero sólo a programación de prestigio para públicos cualitativos, sino que reivindico la programación diversa y abierta y la cultura alternativa, joven y de vanguardia». Queda claro el contraste, ¿verdad? De la Serna se equivoca, y condena a la ciudad al fracaso en esa importante cita, si cree que se puede obtener la capitalidad europea de la cultura con Paloma O´Shea y José Luis Ocejo como referentes. Además, el negro historial de cierre de conciertos, suspensión de festivales de música, o la ausencia absoluta de iniciativas de vanguardia cultural, y de apoyo a la formación y a la creación de nuestros artistas, por citar sólo algunos ejemplos, hacen de Santander, en la actualidad, una ciudad que no se merece tal distinción.

A Narciso le da igual, le importa tanto la capitalidad europea como el Summer Festival, como los cientos de grupos de música que no pueden tocar en la ciudad, como el pésimo estado del Museo de Bellas Artes, o como tantas otros puntos negros de la cultura (?) de Santander. Él ya tiene su foto, su sonrisa tonta, su momento de gloria; ya tiene sus portadas, su editorial enjabonado, su despliegue a cuatro páginas en la prensa libre… Es una pena. Y de paso , como camuflado —sólo para los que no ven más allá de sus narices—, da un paso más, el más significativo hasta la fecha, en su estrategia para alcanzar el liderazgo de su partido, y con ello el resto de sus ambiciones, sin tener que presentarse a ningún congreso. El día diecinueve de este mes podremos ver la primera gran escenificación de algo que ya parece irreversible. Habrá tiempo de hablar sobre el tema; pero ahora me vais a permitir que termine recordando a Narciso que copiar es muy feo, que te suelen acabar pillando, y que lo importante no es pasar de curso, sino crecer un poco cada día.