Alguna pregunta més?

22 10 2008

Recuerdo que me gustaba leer en los periódicos deportivos de Barcelona los comentarios positivos hacia la labor de Ricard Maxenchs. De esto ya hace mucho, yo todavía estaba en el colegio, y no sé por qué me sentía bien descubriendo que Ricard era felicitado siempre por su trabajo como jefe de prensa del Barça. En muchas ocaciones, las informaciones de El Mundo Deportivo y Sport terminaban con comentarios como: «hay que volver a destacar la extraordinaria labor de Ricard Maxenchs» o «es de justicia resaltar la profesionalidad de Ricard Maxenchs, siempre pendiente de facilitar el trabajo a los periodistas». Me gustaba leer esos comentarios. No sé por qué —repito— me hacían sentir bien. Ricard fue la primera persona en la que yo vi encarnada la figura de jefe de prensa, quizá esa sea la razón de haber tenido siempre el listón tan alto. Quizá Ricard me haya hecho ser tan exigente conmigo mismo y con los demás. Se lo agradeceré eternamente.

En estos tiempos, en los que cualquiera se llama a sí mismo jefe de prensa o director de comunicación —o títulos aun más pomposos—, es obligado echar la vista atrás y tomar nota de cómo hacía su trabajo un maestro de la profesión como Ricard Maxenchs. Discreción, atención personalizada, lealtad, dedicación, humildad, imaginación, capacidad de escucha… Son algunas de las muchas virtudes del que fuera primer jefe de prensa de la historia del fútbol español. Fue el primero y fue el mejor. En el Barça le han echado mucho de menos estos últimos siete años, ahora el vacío será mayor porque ya no podrán llamarle para que vuelva a casa. Supongo que se paseará de vez en cuando por la sala de prensa, y tal vez un día de estos se vuelva a escuchar en el Camp Nou aquella mágica frase: «Alguna pregunta més?» 

Gràcies per tot, amic Ricard…





Está el día con cierta lógica

16 09 2008

Después de las interminables fiestas de Santoña, en las que me he reído mucho y bien —y cuando digo bien es bien, al modo de Nacho Vegas—, mi vida ha recuperado cierta lógica. Ayer fui al cine a ver Che: El Argentino. Me sorprendió ver la sala a reventar. Quizá la mayoría esperaba una película de acción —ya siento dudar de un repentino y general interés histórico o político—; pero Steven Soderberg nos obsequió con una buena ración de cine documental, didáctico: cine del bueno, con una arquitectura narrativa perfecta y un excelente desarrollo. La cinta colmó todas mis expectativas. Siempre tengo cierto reparo cuando se trata de películas sobre temas que han estado presentes en mi vida alguna vez —apunto aquí como información necesaria que con catorce años me imaginaba liderando la transición en Cuba y recuperando el espíritu del Movimiento 26 de Julio.

Soy muy exigente cuando veo una película de la que tengo el contexto interiorizado, y eso, a veces, me juega malas pasadas; pero Benicio del Toro —que ya no sé si siempre fue el Che o sólo lo ha interpretado en esta ocasión— está absolutamente espectacular: ayer me enamoré de él otra vez. Su parecido físico es evidente, y sencillo de alimentar: un gesto crudo y mucho maquillaje; pero lo complicado es hacer del Che en toda su plenitud como logra el actor puertorriqueño. Película absolutamente imprescindible en una cartelera llena de mediocridad.

Esta noche vuelve el Barça a la Champions, y las pintas de Murphys a la Celtics Tavern. Por lo que he escuchado los últimos días, debo ser de los pocos culés con ilusión por lo que se empieza a adivinar del proyecto de Pep Guardiola. Menos mal que he leído a Cruyff y pensamos más o menos lo mismo: creí que me había vuelto loco. Espero que en el partido de hoy contra el Sporting de Lisboa —ya siento que sea contra el equipo de la ciudad de Pessoa y Pereira—, además de jugar bien, marquemos tres o cuatro goles y la rigurosa afición blaugrana se enchufe, definitamente, al Barça de Pep. El fútbol lo agradecerá.

Y en esta cierta lógica, que viene acompañada de paz y de reencuentro, vivo estos días de septiembre, recuperando buenos hábitos —hoy he pasado por Gil a buscar unos encargos de palabras en versión original—, disfrutando del tiempo, del espacio, y es que está el día repleto de luz, oxigenado, vibrante. Está el día nuevo, como si no fuera de este mundo gastado. Está irreconocible, lírico. Está el día de una belleza casi violenta, que perfora las razones de la resignación. Acristalado y fugaz, como los recuerdos de las imágenes desde la carretera. Está como para quedarse en él, honrarlo, protegerlo de los peligros, muchos, que acechan en silencio, cobardes, llenos de odio. Está el día repentino, soliviantado de tanta humedad incontenida. Está el día entre azul y verde, plateado, sereno…





What do you do when the entire world is looking at you?

16 07 2008

Ronaldinho se va al AC Milán. Era lo mejor para todos. Las dos últimas temporadas han sido para olvidar (han coincidido con el bajón general del equipo y la entidad). Al Barça le vienen estupendamente los millones de su traspaso, en el modelo de Guardiola no encajan jugadores del mínimo esfuerzo y Dinho tiene la oportunidad de decir su última palabra (si es que quiere) en los competitivos campos italianos. Le va a costar. No creo que vuelva a ser nunca ni la sombra de lo que fue. Los culés, y los aficionados al fútbol en general, siempre recordaremos los grandes momentos que nos dio en su plenitud futbolística, en aquel tiempo en el que fue, sin ninguna discusión, el mejor jugador del mundo; esos maravillosos años en los que el heredero de Pelé se convirtió en dios; temporadas mágicas en las que valía la pena ver un partido sólo por esperar una genialidad de las suyas. El rey del jogo bonito, las chilenas, las gambetas, los goles de falta por la escuadra, esas interminables carreras con el balón pegado al pie y los estratosféricos pases mirando para otro lado…

La contestación a la pregunta que sirve de título al post está aquí.

Que tinguis sort i gràcies per tot amic!





Estoy nervioso

29 04 2008

Casi no he tenido tiempo de darme cuenta, porque ayer y hoy han sido dos días de bastante ajetreo, pero tengo que reconocer que estoy nervioso. Mi nerviosismo no es debido a lo que supondrá para mi factura de móvil el fichaje de Zaplana por Telefónica, sino que está provocado por la semifinal de la Copa de Europa que juega el Barça contra el Manchester esta noche. Esta temporada, lo conté en un post hace tiempo, he visto más partidos que nunca. También es verdad que he tenido más tiempo libre; pero en esa renovada afición ha tenido que ver, sobre todas las cosas, un chaval de diecisiete años que se llama Bojan, y también un poco que los culés, hay que reconocerlo, somos bastante masocas. Y en esas, va el Barça y se planta en la semifinal de la Copa de Europa, a sólo un gol (quizá dos, depende de lo fino que esté Cristiano Ronaldo) de jugar la final de Moscú. Lo veré, como siempre, en la Celtic’s tavern, donde me han tratado muy bien esta temporada y ya me conocen como ‘el sufridor de la pinta de Murphys’. No me disgusta el apodo. Igual hasta me han dado una idea para un relato. Os adelanto el final: En minuto noventa, Bojan Krkic marca de chilena, a pase de Henry, el empate a uno para el Barça, y nos vamos a Moscú. Es lo que tiene escribir, que puedes construir la realidad que más te guste. Mientras tanto, voy a buscar en el armario a ver si tengo algo de ropa de abrigo…





Culpable de la libertad

1 03 2008

Esta mañana he leído, en la sección de deportes de El País, tres columnas que hablaban del lateral izquierdo del Barça, Eric Abidal. Un francés con hechuras de atleta y raíces paternas en Martinica. Cuenta cómo fue su infancia muy difícil en los barrios pobres de una ciudad obrera al sur de Lyon. Explica que cuando era niño, por ser negro le impidieron entrar al Grand Café des Negociants, un histórico local de comidas fundado en 1864, que ahora es de su propiedad, y en donde ya puede entrar todo el mundo: hasta los que, en su día, le dieron una patada en el centro de su dignidad personal. Seguramente, aquel día en que le prohibieron la entrada por negro, pensó que volvería, años más tarde, para comprarlo y hacer justicia. Bonita historia, aunque la justicia debería ser de otra manera: pública, universal y gratuita y ágil claro. Dice el correoso jugador del equipo culé que la diferencia entre España y Francia es que aquí “te puedes sentar en un banco a charlar y no viene la policía a identificarte; este país es más libre”. Seguro que si Mariano lo lee, pensará que sabe quién es el culpable de que eso suceda. Ya me imagino el clímax de su intervención en el debate del próximo lunes: “Es usted el culpable de la libertad en este país, señor Zapatero”.  





Emociones

15 01 2008

Tengo ganas de que sean las nueve. A esa hora, el Barça se enfrenta al Sevilla en el partido de vuelta de octavos de final de la Copa del Rey. Desde luego, no es un gran año para mi equipo —a pesar de que sigue vivo en todas las competiciones—; paradógicamente, es la temporada que más partidos estoy viendo, y más me intereso por la actualidad informativa del club. Supongo que hay un poco de empatía, otro poco de resignación, pero lo que más hay es emoción por ver a un jugador de diecisiete años que se llama Bojan, y que ha generado en la afición culé un sentimiento de pertenencia y de cariño que no lo recuerdan ni los más viejos del lugar. Le basta con salir a calentar a la banda —los días que no juega de titular— para encender el Camp Nou; sus regates, pases y chuts a puerta desatan los entregados aplausos del respetable; y se llega al clímax colectivo cuando el noi de Linyola mete un gol (y ya van unos cuantos). Para mí, Bojan es la razón principal por la que, este año, todavía no se haya producido el típico divorcio afición-equipo, que siempre aparece en Can Barça en las malas temporadas.
Se habla mucho de la importancia de las emociones en todos los ámbitos, y sobre todo en las organizaciones, ya sean empresariales, políticas o deportivas. Y si son necesarias cuando las cosas van bien, más aún cuando no es así. La emoción por ver a Bojan ha cohesionado el binomio jugadors-seguidors en un año en que las cosas no están saliendo como se esperaba. Los socios y los aficionados del equipo han encontrado en el joven canterano la razón por la que seguir creyendo en un proyecto que necesita urgente cirugía. Eso le va a permitir a la directiva, una mayor tranquilidad a la hora de tomar las decisiones necesarias para cambiar el rumbo (si es que son capaces). Cualquiera con un mínimo de sentido común sabe que las emociones pertenecen al universo de la gente, no son instrumentales, ni se pueden sacar de la chistera de la ingeniería financiera. Cuando en las organizaciones ni siquiera queda la emoción, lo mejor es empezar de cero a construir un proyecto nuevo, capaz de generar confianza e ilusión, y que tenga una identidad propia bien definida.