Mc Cain frío, frío

31 08 2008

Había expectación por conocer el ticket republicano, sobre todo por ver si John McCain era capaz de restarle algo de protagonismo a Obama, después de su definitiva consagración en la espectacular Conferencia Demócrata de Denver, de la que ya se ha hablado y escrito tanto que sólo me queda añadir: WOW! (emulando a Tom Peters). He leído y escuchado diferentes análisis y no acabo de comprender en qué estaba pensando el candidato republicano cuando se decidió por la Gobernadora de Alaska como compañera de viaje en las Presidenciales de noviembre. Frío, frío, McCain, le dicen la gran mayoría de los analistas. Desde el equipo de Obama están perplejos (y encantados) ante la elección de una ex alcaldesa de un municipio de 6.000 habitantes, sin ninguna experiencia en política nacional e internacional. Salvando las distancias (geográficas), es como si hubiera elegido al Alcalde de Colindres. ¡Menudo ticket!

Antiabortista militante, defensora de la enseñanza del creaccionismo en la escuela, convencida de que el cambio climático es fruto del azar, me cuesta creer que, con su nombramiento, McCain vaya a sumar más votos que los de los evangélicos, los esquimales y los ultraconservadores. Quizá era lo que necesitaba para una derrota dulce (como la de Rajoy); pero ha dejado claro que no confía en la victoria. Me cuesta creer que haya mujeres independientes (y menos, demócratas) que, habiendo apoyado a Hillary Clinton, ahora vayan a votar a McCain por haber elegido a Sarah Palin como candidata a vicepresidenta. Obama (y Michelle) son la única garantía de que los derechos de las mujeres, y su visibilidad, estarán en la agenda política de la Casa Blanca.

Noviembre está a un paso, un mes frío en nuestro país; pero al otro lado del atlántico subirá la temperatura política. En Europa (este lunes y martes hablaremos de ello en la UIMP) tenemos la esperanza cierta de que una victoria de Obama pueda abrir una etapa de alianza estratégica con EE.UU., para abordar temas como el cambio climático, la estabilidad y la paz mundial o la lucha contra la pobreza. Mientras nos jugamos el mundo, porque nos lo jugamos, en las páginas habituales me encuentro con lo habitual: más de lo mismo, ombligo y más ombligo. Cómo nos gusta salir en el periódico aunque sea para no aportar nada más que ego, y ego, y ego… La última es muy buena: «Soy Obama» No sé si reír o llorar. Lo dicho: frío, frío.

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Peor que mal

14 08 2008

El deterioro del periodismo, y del papel de los periodistas, está siendo un tema recurrente en el Seminario sobre Antonio Tabucchi. Se entiende, si tenemos en cuenta que la situación de los medios de comunicación en Italia, según organismos internacionales, está aún peor que, por ejemplo, en Filipinas. El escritor italiano ha dicho, entre otras cosas, que: «la voz crítica de los intelectuales queda apagada por el poder de los medios». ¿Cómo luchar contra cuatro o cinco horas de televisión diarias? Imposible, y nadie está a salvo de esa preocupante realidad.

Hoy, leyendo una noticia absolutamente surrealista al respecto de la suspensión del Summer Festival, reflexionaba sobre el papel de los periodistas. ¿Para qué sirve el periodismo hoy en día? ¿Para transcribir teletipos? Si la política, en ocasiones,  es una manera de escribir la historia al gusto del político de turno, ¿cuál debe ser el papel del periodista? Llegados a este terrible punto, ¿no tiene el periodista nada que decir? ¿Quién alivia al ciudadano normal de esta terrible indefensión? En definitiva, ¿quién testifica por el testigo?

Al hilo de esta noticia, me han asaltado varias cuestiones: si se puede hablar en presente de algo que es pasado, si alguien es capaz de plantear una revisión de los hechos probados para desplazar de su lado la responsabilidad, si hay gente dispuesta a mentir sistemáticamente tan sólo por buscar el patético y entregado respaldo de los suyos y de aquellos que no tienen memoria, consciencia ni conciencia, ¿dónde está el límite? ¿A qué vamos a decir que no? ¿Cuál es la línea que no podemos ni debemos sobrepasar? O, por el contrario, ¿las hemos cruzado ya todas?

En medio de este deprimente panorama, surge —¿casualmente?— en nuestra región una especie de nuevo sindicato del crimen periódistico. Se han unido —por fin, ya han tardado— varios catedráticos de la mentira y la indecencia. Insignes periodistas como Félix el Locha, Fran J. Girao o Fernando Collado lideran un movimiento asociativo que seguro tendrá entre sus fines promover un periodismo de calidad, el respeto a los libros de estilo, la defensa a ultranza de la ética periodista y el respeto a la verdad y a los demás. No necesito que nadie me alerte sobre la mierda, porque cuando es de calidad huele a mucha distancia. Al final, van a conseguir banalizarlo todo y algunos reprochables comportamientos acabarán estando legitimados, o al menos asumidos por la gente, gracias al inestimable y calculado soporte de quienes dicen buscar el efecto contrario.





Tomando posesión

11 08 2008

Por la ventana de mi acogedora buhardilla entra algo de aire fresco. Se agradece, por el alivio momentáneo; pero también porque todavía siento en mi piel la presión del intenso calor de la tarde de ayer. Hoy es un día no laborable en El Escorial, que está inmerso en sus fiestas patronales. Esta noche ha debido ser larga para las almas noctámbulas. Desayunando he escuchado a gente comentar que le ha sido imposible dormir por el ruido (sic) de la música. Yo no me he enterado de nada. Al cansancio del viaje, el calor, y el déficit de sueño le sumé un cero en el marcador de café.

Me han dado la misma habitación que en mi última visita, hace nueve años. Pequeña y práctica. Con una cómoda cama individual, un sillón hecho para disfrutar de la lectura, un armario empotrado en el que desordenar mi ropa, un baño sencillo y un escritorio en el que acomodar el ordenador y los libros. Domina mi librería portátil el escritor que me ha traído hasta la montaña madrileña: Antonio Tabucchi. Él es el protagonista, el hilo central de todo lo que aquí pase durante esta semana; pero por ello no va a dejar de ser la sombra de Pessoa —he colocado sus libros en posición horizontal, protegidos del sol por los del poeta portugués—. Han querido acompañarme en este viaje mi amigo Enrique Vila-Matas y el padre de casi todo esto: Franz Kafka.

No recordaba como era el pueblo de El Escorial y me he llevado una sorpresa muy agradable. Construido en torno al Monasterio, en su centro —en el que casi se puede tocar la tranquilidad— dominan las calles peatonales, los equipamientos culturales y las terrazas a la sombra en las que combatir las altas temperaturas. El gran número y variedad de hoteles y restaurantes me hace pensar que es un destino apreciado por una determinada gente que piensa que el verano no es sólo playa. Yo pienso así; pero no me veo pasando mis vacaciones en El Escorial. Interminables cuestas y calor sofocante no es un binomio que me resulte demasiado atractivo.

Esta mañana, pronto, muy pronto, he salido a correr —no todo va a ser cultivar la mente— y en mi camino he visto varias señales anunciando que estaba en la dirección correcta para llegar al infame valle de los caídos —qué manía tengo de moverme siempre en territorio hostil—. Aunque peor ha sido no encontrar en todo el trayecto más de doscientos metros sin pendientes. Las piernas sufren, da igual que sea hacia abajo que hacia arriba, aunque es cierto que cuando hay que subir se suda más. A ambos lados de la carretera urbanizaciones privadas de pomposos nombres, impecables, ensimismadas y cerradas a cal y canto, en las que los seguros —y no tan libres— madrileños encuentran la paz —el aburrimiento— que hace tiempo perdieron en la capital. Prometo que nunca viviré en una urbanización de existencias pareadas; la vida ya está demasiado desnaturalizada como seguir restando.





Narcisismo político

4 08 2008

Míralos, como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los raíles
que conduzcan a la cumbre,
locos por que nos deslumbre
su parásita ambición.

La belleza, Luis Eduardo Aute.

Reconozco que no me ha sorprendido la entrevista conjunta de Marcano y De la Serna en RNE, recogida ayer por Europa Press, y que aparece hoy como primera noticia política en los diferentes diarios regionales. Tampoco el contenido de la misma, ni el tono, ni los mensajes que los dos líderes del narcisismo político en Cantabria han querido trasladar al ámbito de sus partidos (sobre todo), y a la sociedad. Hablan de excelente relación, intensa colaboración y otras palabras tan largas como vacías (en sus bocas), y yo, mientras tanto, trato de encontrar algo que haya aportado a la ciudad su maravillosa amistad y no lo encuentro, más allá de medio centenar de fotos en otras medio centenar de poses diferentes, que lo de mirar a la cámara y poner gesto de interesantes hay que reconocer que se les da estupendamente.

Está claro lo que pretenden, además de seguir cultivando su narcisismo y el gusto por aparecer sonriendo (sin motivo aparente) en los medios de comunicación. De la Serna sabe que necesita acercarse al PRC para tener éxito en sus aspiraciones (tan ilimitadas como su ego), y con Mediavilla lo tiene complicado porque compiten por el mismo espacio electoral. Por su parte, Marcano es consciente de que su buena relación con el futuro líder del PP será un punto a su favor en el momento de resolver la necesaria sucesión de Revilla. Mientras tanto, fotos, sonrisas, jabón, mucha infografía y poca chicha.

Excusatio non petita… A pesar de sus apresuradas y ensayadas aclaraciones, demuestran muy poca lealtad a sus partidos con su actitud de rollito veraniego. De la Serna deja en un lugar penoso a Nacho Diego, siempre empeñado en demonizar todo lo que no huela a pepero, aunque últimamente le haya dado por ofrecer diferentes pactos (tengo que advertir, en este punto, que el resposicionamiento sirve para el marketing comercial; pero en comunicación política no ha tenido éxito nunca, vamos, que aunque la mona se vista de seda…), y Marcano da un paso adelante en una carrera (la de la sucesión del prohombre regional) en la que tiene como competidores a Mediavilla, Mazón (a la chita callando), De la Sierra, la alcaldesa de Comillas (otra experta en la venta de logros ajenos) y Aurora (la poderosa e influyente madrina de la Fragata Cantabria).

Marcano y De la Serna, De la Serna y Marcano, los dos mejores ejemplos de narcisismo político, amenazan con nuevos capítulos de su maravillosa historia de amor y desenfreno político. Como si no tuviéramos ya ración de cutrez, como si nos hiciera falta incrementar la nómina de engolados, como si no estuviera a punto de reventar el depósito regional de pan y circo. No necesitamos más Marcano, ni más Marcanos. Soy de los que opinan (cada vez somos más) que hasta que la política cultural (?) deje de estar en sus manos no habrá un cambio de verdad en esta región (para que ese cambio sea de verdad y para siempre, hacen falta otras muchas cosas; pero no tengo el cuerpo esta mañana para flagelarme). No necesitamos más De la Serna, ni más De la Sernas. Soy de los que opinan (cada vez somos más) que, detrás de esa sonrisa medida de labios torcidos sobre sí mismos, ensayada hasta la extenuación ante el espejo, detrás de esa pretendida juventud disfrazada de Confecciones Mundi, hay un tipo de político (?) de los que no necesitamos ya más en esta tierra. No me quiero imaginar Cantabria con De la Serna de Presidente y Marcano de Vicepresidente. Por si acaso, voy preparando la mochila del exilio.





Cuento las horas

1 08 2008

«Te escribo desde un café al borde de la carretera, aquí al lado hay un buzón, diviso una hilera de cipreses que ya para mí son nostalgia, y quisiera que la recibieras mañana, con mis caricias más frescas.» Todavía queda algo más de una (larga e interminable) semana para mi encuentro en la Universidad Complutense con Antonio Tabucchi; pero ya cuento las horas. Y las cuento en forma de lecturas y relecturas de sus libros, y de impaciencia y ganas de que llegue el momento. Estos últimos días me he centrado casi por completo en él. En parte por adquirir una buena base para poder participar con más criterio en el Seminario; pero sobre todo porque leer a Tabucchi es una auténtica delicia.

«Te llamaré Mi Sublime Cómplice, por esa complicidad y ese entendimiento “de fondo” que sólo nosotros conocemos y que las almas simples llaman amor.» Entre los recientes descubrimientos está su Autobiografías ajenas. Poéticas a posteriori, que es una especie de revisión de algunos de sus libros: Sostiene Pereira, Se está haciendo cada vez más tarde, Dama de Porto Pim, La línea del horizonteRéquiem. Es como releer a Tabucchi guiado por Tabucchi (meritorio y doble ejercicio de introspección del escritor). El problema es que ahora tengo muchas más preguntas que hacerle, y creo que me acabará odiando: «Ya está el tío pesado con el brazo erguido y el dedo índice apuntando al techo del aula», pensará. O lo dirá en voz alta, lo cuál será terrible: me esconderé debajo de mi propia vergüenza. Pero no conseguirá su propósito, y seguiré con mis preguntas y mis dudas.

«La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad.» Pereira sostiene tan elevada reflexión, y desde ahí la deja caer como sin querer, como quien pasa por delante de un escaparate y mira adentro de reojo y con prisa; pero en ella se encierra buena parte de la poética de Antonio Tabucchi. Y Pereira sostiene sobre todo un espacio de dignidad personal, inasible a la más terrible de las tiranías: la ausencia de libertad.

«El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción: la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad.» Le cojo prestado a Fernando Pessoa un fragmento de El libro del desasosiego, que me produce un profundo sentimiento que hace honor al título del volumen del gran escritor y poeta portugués. ¿Qué hubiera sido de Antonio Tabucchi si aquella tarde a orillas del Sena no se hubiese topado con el Bureau de Tabac de Pessoa? Y, teniendo en cuenta que lo que yo estoy viviendo ya lo ha escrito alguien, y simplemente estoy transformando en vida lo que un día fue literatura, ¿qué hubiera sido de mí si no me hubiese encontrado, felizmente, con Antonio Tabucchi aquella semana en El Escorial?