Estoy nervioso

29 04 2008

Casi no he tenido tiempo de darme cuenta, porque ayer y hoy han sido dos días de bastante ajetreo, pero tengo que reconocer que estoy nervioso. Mi nerviosismo no es debido a lo que supondrá para mi factura de móvil el fichaje de Zaplana por Telefónica, sino que está provocado por la semifinal de la Copa de Europa que juega el Barça contra el Manchester esta noche. Esta temporada, lo conté en un post hace tiempo, he visto más partidos que nunca. También es verdad que he tenido más tiempo libre; pero en esa renovada afición ha tenido que ver, sobre todas las cosas, un chaval de diecisiete años que se llama Bojan, y también un poco que los culés, hay que reconocerlo, somos bastante masocas. Y en esas, va el Barça y se planta en la semifinal de la Copa de Europa, a sólo un gol (quizá dos, depende de lo fino que esté Cristiano Ronaldo) de jugar la final de Moscú. Lo veré, como siempre, en la Celtic’s tavern, donde me han tratado muy bien esta temporada y ya me conocen como ‘el sufridor de la pinta de Murphys’. No me disgusta el apodo. Igual hasta me han dado una idea para un relato. Os adelanto el final: En minuto noventa, Bojan Krkic marca de chilena, a pase de Henry, el empate a uno para el Barça, y nos vamos a Moscú. Es lo que tiene escribir, que puedes construir la realidad que más te guste. Mientras tanto, voy a buscar en el armario a ver si tengo algo de ropa de abrigo…

Anuncios




El acierto del jurado

24 04 2008

Ya tenemos acierto del jurado del I Concurso ¡Stop Ruizzafones!

El jurado —es decir, yo mismo— quiere agradecer la alta participación en el concurso, tanto en cantidad como en calidad, y no es el típico peloteo. No pensaba que la experiencia iba a dar para tanto. Queda, para consulta en el blog, una lista de libros de recomendada lectura muy completa y diversa.

La decisión ha sido complicada, por el nivel de los libros y los autores que habéis comentado. Tengo que decir que siempre me han gustado los retos y descubrir cosas nuevas. Y ayer, Dostospos —acabo de desvelar el ganador sin querer— comentaba que no sería capaz de encontrar La vida ante sí, de Emile Ajar. Éste era el único autor de los mencionados que no conocía, lo que me llevó a investigar un poco y descubrir una historia personal absolutamente literaria.

Emile Ajar es uno de los pseudónimos de Romain Kacew, un escritor y diplomático francés nacido en Lituania. Parece que al tal Romain le gustaba cambiar de identidad y utilizó diversos pseudónimos. Como Romain Gary publicó La educación europea, y posteriormente ganó el Premio Goncourt con Las raíces del cielo.

Más tarde adoptó, con el fin de burlarse de los críticos con los que no se llevaba bien, el pseudónimo de Emile Ajar —Emile era el hijo del pintor impresionista Gauguin y Ajar significa brasa en ruso— y volvió a ganar el Goncourt con La vida ante sí. También adoptó los pseudónimos de Shatan Bogat y Fosco Sinibaldi, convirtiéndose así, como cuenta Nuria Barros en un artículo en el Babelia, en el perfecto camaleón.

La vida ante sí —leo en un artículo de Marta Román en la revista cultural digital maumaunderground— cuenta la historia de Mohamed, un niño musulmán —o eso, al menos, cree él—, que vive en una pensión con una prostituta judía, vieja y enferma. En dicho artículo, Marta Román nos cuenta que Momo —como le llaman los amigos en el libro— no sabe exactamente qué edad tiene y tampoco conoce a sus padres. Pero sí intuye muchas más cosas acerca de la vida que algunos adultos. Mohamed supone que es un hijo de puta —con estas mismas palabras— ya que todos los niños que viven con la Sra. Rosa lo son, ella los cuida y las madres le hacen llegar algunos francos al mes, aunque no siempre. 

Emile Ajar —Romain Cacew— expresa la novela utilizando el estilo llamado skaz, es decir, poniendo en boca de un adolescente todas las palabras que escribe con las restricciones léxicas y sintácticas que ello conlleva. No conocía lo del estilo skaz. Me parece muy curioso y una dificultad añadida al hecho de escribir.

Romain Gary, y Roman Cacew, y Emile Ajar, y Shatan Bogat y Fosco Sinibaldi, se suicidaron en París de un tiro en la boca. En fin, que la literatura universal —Stefan Zweig, Hemingway, Virginia Wolf, Guy de Maupassant, Horacio Quiroga, Cesare Pavese, Yasunari Kawabata, Dylan Thomas…— no gana para suicidios. Y eso que no llegaron a conocer a Ruiz Zafón.

El libro que he encontrado —superé tu reto Dostospos—, con ayuda de Gisela, está editado por Galaxia Gutenberg. Como no tengo la suerte de tener ningún viaje en los próximos días a Barcelona, si me mandas una dirección postal a raulgilb@gmail.com te lo envío.

Debido a la gran participación, y teniendo en cuenta que la semana que viene ya cobramos la nómina, voy a estirarme un poco y elegir, también, a un finalista del concurso. El afortunado es el Monoloco y su libro es Los siete pilares de la sabiduría, de T.E Lawrence (Lawrence de Arabia). Por lo que he podido investigar, parece un cuaderno de bitácora que junta lo mejor de un buen libro de viajes con las personales crónicas de guerra del último caballero. Ayer cuando estaba en la Librería Gil, comenté algo sobre el libro y una señora que estaba por allí y lo escuchó me dijo que, por favor, no dejara de leerlo. Espero que no fuera una estrategia de marketing del monoloco…jeje

En tu caso, no tengo más que cruzar la calle para entregarte el premio. Eso sí, en formato bolsillo que tampoco hay que pasarse.

Bueno, gracias otra vez a todos y todas. El año que viene, por estas fechas, la segunda edición del Concurso ¡Stop Ruizzafones!





Regalo un libro

23 04 2008

 

Hoy estamos de celebración por el Día del Libro. Sobre todo —cosa de Sant Jordi— en Cataluña que, como siempre, se lo montan estupendamente. Tampoco lo hacen mal en Madrid. Había hecho planes para disfrutar de su Noche de los Libros, pero, al final —cosas del curro—, tendré que esperar al año que viene. Aunque aquí también tenemos alguna cita especial. Por ejemplo, en la Librería Gil, aparte de disfrutar del habitual 10% de descuento por el Día del Libro, a las ocho de la tarde en Pombo hay un concierto de Paquito y El Serbio Malo. Yo me pasaré un rato a saludar y ver el ambiente, porque a las nueve menos cuarto tengo otra cita mucho menos poética, más bien, bastante dramática.

 

Quería hacer algo especial en el blog con motivo de este día, y he pensado en que os voy a regalar un libro. ¡Quietos! No un libro a cada uno de los que os pasáis por aquí… He creado un concurso para decidir a quién se lo regalo. Este concurso express sólo tendrá vigencia hoy, el premio se entregará en mano o por correo, y puede participar todo el mundo —sí, mamá, tú también…—. Se trata de que comentéis en el blog el libro que os gustaría que os regalase, y un jurado de reconocido prestigio —el menda, vamos— elegirá la petición que más me sorprenda, en base a unos criterios que no voy a desvelar. Ya sé que esto es bastante subjetivo pero es mi blog y en mi blog hago lo que quiero… 🙂  

 

Sólo hay una restricción: quedará eliminado automáticamente del concurso el que proponga que le regale el libro de Ruiz Zafón. Si él puede tener los santos cojones de poner a la venta, de golpe, un millón de copias —¿cuántos títulos de jóvenes escritores con talento se quedan sin publicar por su culpa?— de su segundo libro, yo puedo tener los mismos santos cojones de excluirle de mi vida, y el blog forma parte de ella.

 

¡STOP RUIZZAFONES!

 

¡VIVA EL LIBRO!

 

 





Hay esperanza

21 04 2008

Por el título, habrá quien piense que voy a escribir sobre el lío que tiene el Partido Popular. Y para no defraudar diré que me ha gustado el Rajoy de este sábado. Comentaba con un amigo que su intervención en Elche ha sido lo mejor que ha hecho desde que salió de Galicia. Una demostración de autoridad, demandada por los suyos, con la que trata de poner en su sitio a Esperanza Aguirre. José María Lasalle en El País de hoy, en un artículo algo más potable que los que nos dedica de vez en cuando en la prensa regional, remata a la Presidenta de Madrid con argumentos contundentes. Lasalle, en otro tiempo firme defensor del dogma liberal, ha virado por necesidad —igual que Rajoy— hacia unos planteamientos que pretenden mezclar el liberalismo con el acercamiento a algunas de las clásicas políticas socialdemócratas defensoras del estado del bienestar. Pero, por mucho que se pongan, la intolerancia del PP, su discurso antiguo y su adversión por la solidaridad, les siguen situando bastante más a la derecha de lo que pretenden transmitir.

Por aquí, mientras Diego y Narciso De la Serna se pelean por ver quien es más marianista —hasta que haya que hacerse de Esperanza o de quien sea—, el sábado el Alcalde de Cayón dijo en una entrevista en un medio regional, entre otras cosas, que Rajoy debía retirarse, y hoy en la desconexión matutina de la SER, con Santiago Recio como entrevistado, no se les ha ocurrido —igual es mucho pedir— preguntarle por la crisis del PP; eso sí, hemos asistido a una explicación pormenorizada —digna de los seguidores del chosisme— de cómo, a qué hora y en qué tipo de urna van a elegir los militantes ‘populares’ a sus compromisarios. No entiendo esta dinámica periodística tan extendida en nuestra tierra de evitar las cuestiones problemáticas a los dirigentes del Partido Popular, en menor medida, aunque también, cuando se trata del PRC, para cebarse cuando enfrente está un dirigente socialista. Igual es un problema de fondo y toda la culpa no es de la parte que pregunta, pero sería bueno resolverlo cuanto antes.

No quería escribir del lío del PP y al final… A lo que iba. Este fin de semana he llegado a la conclusión de que todavía hay esperanza para esta ciudad. El viernes tuve una distendida y extensa charla con una mujer muy comprometida con la cultura y, sobre todo, con el fomento de la lectura. Coincidencia de planteamientos, quejas y deseos para el futuro más próximo; sintiéndonos con la necesidad de hacer cosas para que, al menos, no sea por nosotros si nunca pasa nada en Santander. El sábado me levanté temprano en busca de los periódicos, algo de pan y un par de croissants, y saludé la llegada al barrio de Toni Barros, un emprendedor de aquí —retornado de Alemania— que ha abierto un local de diseño —precioso, tenéis que verlo— para vender, entre otras dulces cosas, brownies, tiramisú, arroz con leche, croissants y café Nespresso. Y todo eso al lado de Regma —justo enfrente del Limonar de Soano—, porque si uno opta por el océano azul qué importa lo cerca o lejos que esté la competencia. 

En algo más de diez minutos de obligada charla de presentación, compartimos las penas de la ciudad —las habituales—, me habló de alegrías como la música en la draga —no pude evitar sonreir y decirle que fue cosa mía— y coincidimos en lo olvidado que está el Museo de Bellas Artes que, si hubiera un mínimo de voluntad, debería servir de dinamizador de un entorno muy castigado. Larga vida a Toni Barros —espectaculares croissants franceses— y a todas aquellas personas emprendedoras y decididas que apuestan por dar un poco de aliento a esta ciudad llamada Santander. Con gente así hay esperanza.





No me acuerdo ni de mi cumpleaños

16 04 2008

En fin, resulta que mirando en el histórico del blog me he dado cuenta que el pasado 13 de abril hizo un año desde que puse en marcha Adicto a las palabras. Y ni lo he celebrado. ¡Menudo desastre que soy! El primer post, muy breve, se tituló Salgo del armario y decía:

Después de administrar y colaborar en varios blogs, de manera anónima, me decido a salir del armario y poner mi nombre y apellidos en la cada vez más poblada blogosfera, con la intención de decir lo que pienso (o no) y de poner alguna que otra palabra en el ciberespacio…

Visto con perspectiva no parece una declaracion de intenciones demasiado elaborada, aunque sí considero que he cumplido parte de los objetivos. Lo cierto es que los números dan vértigo: 182 posts, 590 comentarios y 46.100 vistas totales. Dejando los datos a un lado, estoy encantado de tener este blog y poder contar en la red todo lo que se me pasa por la cabeza. Aunque lo que más me alucina es la cantidad de gente diferente y diversa que se asoma por aquí para mirar o comentar cosas.

¡Gracias de corazón!





Summer cornudo

16 04 2008

Leo que nuestro ilustre ayuntamiento va a destinar dos millones de euros para los toros de este año. Resulta cuanto menos extraño que haya dos millones para toros y no lo haya para otras cosas que parecen algo más urgentes, pero Narciso es así, y al que le lleve la contraria le suelta, rápidamente, a Arasti, Recio, un par de asociaciones de vecinos compradas a golpe de talón con varios ceros y al repugnante e inframental gratuito. Hace unos días leí, en otro periódico distinto, que ese mismo ayuntamiento iba a destinar cincuenta mil euros para el Summer Festival (que no está en el apartado de cosas urgentes pero sí en el de las importantes).

En el mismo periódico en que aparecía esa noticia del Summer, el redactor —otrora firme defensor de la cultura alternativa en Cantabria— disculpaba, con argumentos de cebolleta de veinte céntimos, al ayuntamiento por la pobre aportación, y es que no vaya a ser —pensé yo— que en dicho periódico acaben haciendo periodismo de investigación de verdad —dejando los rumores y el cotilleo para los programas del corazón— y tengan que investigar, entre otras muchas cosas urgentes e importantes, por qué el ayuntamiento de Santander deja morir o, directamente, mata todo lo que huela a cultura diferente al monumento a la quesera, las marzas, los pianos de Paloma osea, o las romerías de barrio.

Lo que no se puede negar es que lo tienen claro: los toros dos millones de euros y el Summer cincuenta mil. Ya sabemos cuáles son las prioridades. Pero que no vengan luego con el cuento —que ya ha excedido el límite de la broma de mal gusto—, porque ponerle los cuernos al Summer, y a otras tantas cosas…, es ponérselos a miles de jóvenes que en esta ciudad esperan —quizá ya ni eso— algo más que monumentos a la quesera y jardines con flores de colores que, aunque lo pretendan, no logran tapar el gris dominante.





De cómo fui el primer ministro ‘Bartleby’ de la historia de España

12 04 2008

   Me encontraba ayer por la tarde en casa, más o menos como en una tarde cualquiera. Lo único diferente, quizá, es que estaba tomando un té de regaliz verde y empezando a leer Infidelidad del regreso, de Juan Benet. Cuando iba por la página dieciocho sonó el teléfono. Era un número oculto y no suelo responder en esos casos porque me molesta la incertidumbre del quién será, pero, no sé por qué razón, contesté a la llamada:
  —¿Sí?
  —¿Raúl? ¿Raúl Gil? —preguntó alguien con una voz que me sonaba familiar.
  —Sí, sí… Soy yo. ¿Quién es?
  —Soy José Luis Rodríguez Zapatero, el Presidente —y sonó con tanta solemnidad que no supe qué decir durante unos segundos.
  —…
  —¿Estás ahí?
  —Sí, sí. Disculpa Presidente. Es que no esperaba tu llamada —evidentemente que no la esperaba: ¡Qué tontería estaba diciendo!
  —Te llamo porque, como seguro sabes, estoy formando gobierno y resulta que he pensado en tí —¿Ha pensado en mí?, pensé… (¡Igual es mucho pensar!)— para ser Ministro de Defensa.
  —¿Ministro de Defensa? Pues… Presidente, yo te agradezco que hayas pensado (otra vez el puñetero verbo) en mí, pero ya sabes que no termino de encajar del todo con las fuerzas del orden —le indiqué buscando la primera excusa para no aceptar el cargo.
  —No te preocupes por eso. Yo necesito alguien que ponga firme al ejército —valga la redundancia dije yo—. Me han comentado fuentes bien informadas que tu madre trabaja en el Ministerio de Defensa y sabe como lidiar con capitanes, coroneles y generales.
  —Ya, pero yo no soy mi madre. ¿Y si la nombras a ella? —segunda intentona para librarme.
  —Si la nombro a ella me saldría un Gobierno con más mujeres que hombres y no sé yo si España está todavía preparada para eso. Le dices que te ayude, la nombras asesora o lo que sea —esta última frase la dijo con un tono más coercitivo y concluí que no podía negarme por más tiempo.
  —Está bien, Presidente, acepto ser Ministro de Defensa —le dije resignado—. ¿Qué tengo que hacer ahora?
  —Muy bien. Nada, tú no hagas nada. Espera acontecimientos y, sobre todo, no se le digas a nadie, ni lo escribas en tu blog que luego se entera todo el mundo —con esa orden y un «nos vemos pronto» dio por terminada la conversación, antes de que me diera tiempo a preguntarle si el billete a Madrid me lo tenía que pagar yo, porque no está el mes de abril para muchas alegrías. En caso de que fuera así, decidí que cogería el bus o el tren que es más barato y además, con lo que dura el viaje, me da tiempo a leerme, dos veces, el Manual de instrucciones del ministro novato, editado por Moncloa.
  Dejé el teléfono sobre la mesa de la cocina y me quedé paralizado. ¿Y ahora qué? Llamé a mi madre y me dijo lo que suelen decir todas las madres: «Hijo mío… Tienes que buscar piso en Madrid y comprarte ropa nueva que, últimamente, te estás dejando mucho». Me entró más miedo tras escuchar a mi madre. ¿Me estoy dejando? ¿Piso en Madrid? Busqué en internet el teléfono de alguna inmobiliaria de la capital, y llamé con la idea de buscar un piso de alquiler, pequeño y acogedor, no muy lejos de la sede del Ministerio de Defensa —que por otra parte no tenía ni idea de dónde estaba—. El chico que me atendió me dio varias referencias y me preguntó en qué trabajaba:
  —¿Yo?… Pues, yo, yo soy Ministro —justo al terminar esa palabra escuché una risita al otro lado del teléfono y comprendí que, antes de hacer más el ridículo, era mejor llamar a alguien que supiera de estas cosas.
  Marqué el número de Elena Salgado y al cuarto tono contestó. No la dejé preguntar nada, le expliqué lo que pasaba de la mejor manera que pude, me felicitó, la felicité yo a ella, ambos felicitamos a Alfredo, y de paso —y porque nos lo merecemos— felicitamos a todos los socialistas de Cantabria; una vez terminado el círculo vicioso de felicitaciones me aclaró que el Ministro de Defensa, por seguridad, tiene que vivir en un piso habilitado en el propio Ministerio. La noticia terminó por destruirme por dentro. ¿Vivir en el propio Ministerio? Pensé con terror que, quizá, también debería comprar el pan en una tienda, atendida por un funcionario con siete u ocho trienios, ubicada dentro del propio Ministerio. Me pregunté si podría ir al cine o, sin embargo, tendría que ver películas en una sala habilitada dentro del Ministerio —o, aún peor, que en esa sala sólo se pudiera ver la televisión—, y me alsaltó la duda de si el JEMAD me autorizaría lecturas de Faulkner, Pedro Juan Gutierrez o Vila-Matas. Rompí a llorar como un niño, y grité al viento (dentro de casa no soplaba, evidentemente, pero queda mucho más poético) que no quería ser ministro.
  Me armé de valor y llamé a Moncloa, con la intención de decirle al Presidente las palabras que, justo hacía unos segundos, había gritado en la soledad de mi casa vacía. Una señorita muy amable me pasó con José Luis:
  —Presidente, perdóname, pero tengo que decirte que dimito como Ministro de Defensa —le expliqué con un tono de voz nada convincente, pero eso era lo que había…
  —¿Dimites? Pero… ¡Si ni siquiera te he nombrado! ¡No me puedes hacer esto! Tienes que ser Ministro de Defensa.
  —Prefería no hacerlo —le espeté decidido, convirtiéndome de esa manera en el primer ministro Bartleby de la historia de España.
  El Presidente, lector empedernido y hombre comprensivo, entendió enseguida el mensaje y, abrumado por la perfección de mi «preferiría no hacerlo», no insistió más. Casi ni se despidió —lógico por otra parte—, aunque le escuché mascullar algo sobre una tal Carmen Chacón y un Gobierno con más mujeres que hombres. Pero esa, amigos y amigas, es otra historia…