Envidia sana

25 12 2007

Mientras espero la hora de la comida navideña, todavía con resaca de mazapán y de risas familiares, charlo un rato (a través del messenger) con mi amiga Laura Robles, Directora General de Asuntos Europeos de Asturias, y compañera de diversas batallas en las Juventudes Socialistas, durante bastante tiempo. Por supuesto, recordamos a José Félix, y coindimos en que va a ser muy complicado llenar al vacío que ha dejado. Comentamos algo sobre las elecciones del 9M y las listas. En Asturias repiten candidatura completa; por aquí estamos, todavía, en periodo de debate. Le digo que, aunque sea sólo por una razón biológica, nuestra generación tiene que liderar el futuro más próximo en el partido. Comentamos que en las federaciones pequeñas es más sencillo dar el paso, y que ellos lo tienen más fácil, porque en el Gobierno del Principado hay muchos menores de treinta y cinco años, la gran mayoría de ellos han pasado por la organización juvenil socialista. Me dice Laura que, entre directores generales y viceconsejeros, hay once jóvenes que provienen de las Juventudes Socialistas. En áreas como Economía, Asuntos Europes, Mujer, Juventud, Salud, Presidencia, etc…A ello hay que sumar los que están en los gabinetes de las diferentes consejerías. Además, hay que añadir a algún otro joven más que, sin haber pasado por la escuela socialista, gestiona importantes áreas del Gobierno. En Asturias siempre ha habido tradición de alcaldes y alcaldesas jóvenes, y una legión enorme de concejales menores de treinta y cinco años, pero lo de esta legislatura parece consolidar una tendencia muy positiva, de incorporación de gente joven a importantes responsabilidadas públicas. Siento una envidia sana de los compañeros asturianos, y también el orgullo de ver como hay sitios donde se están haciendo bien las cosas. Participar en las Juventudes Socialistas, durante más de media vida, debe ser algo de lo que poder presumir. No le falta mucho.

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La bombilla está triste

21 12 2007

¿Qué tendrá la bombilla? Los suspiros se escapan…Que me perdone Rubén Darío por usar sus preciosos versos, pero es lo que me han sugerido unas colas que he visto, en la Plaza Pombo, en las que la gente discutía, increpaba a los que adelantaban puestos discretamente, y lamentaban el tiempo perdido esperando ver un poco de luz al final del camino. Las colas son malas para todo, porque el tiempo es el bien más preciado. También son indicadores de necesidad, y en este caso cuanto más larga peor. Y como golpe de efecto, creo que ya huele. En los tiempos en los que nos pasamos el día hablando de la calidad del servicio, una administración moderna no puede promover una atención al cliente como esa. Aunque el producto sea gratis. O precisamente por eso. Viendo las colas y pensando en las bombillas (que no tienen la culpa de nada), me acordé de una reportaje que leí en El País hace un tiempo. Os dejo una parte:

    Castro ha abordado la campaña como un mariscal de campo, con un Mando Central de leales ideólogos sacados de la Unión de Juventudes Comunistas, la U. J. C. Algunos cubanos les llaman, sarcásticamente, los talibanes. Quizá sería más apropiado compararles con la Guardia Roja: en cierto sentido, la Batalla de las Ideas ha pasado a ser la Revolución Cultural de Cuba, aunque sin la violenta intensidad de aquella. El Mando Central de Castro organiza manifestaciones y envía “batallones” especialmente reclutados de Trabajadores Sociales, que intervienen en casi todas las áreas de la vida diaria. A principios de este año, cuando Castro anunció que los cubanos debían empezar a usar más bombillas de ahorro, los batallones fueron de casa en casa por todo el país para repartir las bombillas y asegurarse de que las instalaban.

Hace tiempo que elimíné las persianas de mi vida, por aquello de ahorrar energía y tengo la casa llena de halógenos. Soy un buen anfitrión, pero no pienso abrirles la puerta de mi casa.





Tinta de calamar

20 12 2007

Anda el Alcalde de Santander avivando imaginarias polémicas: un día con el Ministerio de Fomento, otro con el Puerto de Santander, enmedio con Jesús Cabezón y también, como no, con el Gobierno regional. Cuando se le agote el arsenal, volverá a repetirse pero cambiando el orden, total: se lo van a publicar igual. Aburre bastante, hace gala de una reprochable deslealtad institucional, y no se puede decir que su comportamiento sea muy responsable con los ciudadanos y ciudadanas de Santander. Estoy seguro que muchos asisten al espectáculo diario, preguntándose si su Alcalde no tendrá cosas más importantes que hacer (las tiene), que pelearse con todo el mundo que tiene una opinión diferente a él. Esta última semana, el volumen de las polémicas ha aumentado casi tanto como el nivel del mar en Groenlandia, por efecto del cambio climático. Y es que hablando de mar, no hay como la tinta de calamar para tapar las propias vergüenzas.





Seis diputados y dos ministros

10 12 2007

Ayer domingo, la versión B de Alfredo Pérez Rubalcaba (bastante lío tiene ya, como para estar a todo y bien), pasó por Santander, para participar en un acto público del PSOE, y dijo, entre otras cosas, que Cantabria tendrá la próxima legislatura seis diputados: los cinco que corresponden a nuestra circunscripción más Alfredo, que va por Cádiz. El argumento no está mal: es sencillo y aporta la cordialidad de sumar los diputados que saque el Partido Popular, pero no deja de ser un recurso para un mitin en el que algo tenía que decir. Numéricamente, dos son menos que seis. Pero si hablamos desde un punto de vista cualitativo, para Cantabria va a ser mucho más importante y decisivo tener dos ministros (Alfredo y Elena Salgado) en el Gobierno de España, que esos seis diputados. Así, para la ocasión y quizá la campaña, el titular que más me gusta es: si gana Zapatero, Cantabria tendrá dos ministros en el Gobierno de España. Un ministro y una ministra socialistas (que nadie se los apropie/siga apropiando), y de los que mandan mucho. Eso sí que va a ser un hito histórico y transcendental para el progreso de nuestra tierra.





Estar a la altura

10 12 2007

Viene a decir Daniel Innerarity, el pensador de cabecera de Miquel Iceta, del que me estoy haciendo seguidor, que la política es el arte de tomar las mejores decisiones en un entorno dominado por la contingencia; que a los políticos lo que se les pide es la mayor cercanía posible entre lo que habría que hacer y lo que al final se hace; que en la virtud está, también, reconocer la propia incapacidad para hacer frente a determinadas situaciones; y que hay cosas que están (deben estar) en el ámbito de la ingobernabilidad, como parte de los mecanismos de defensa del sistema. En sucesos como el de este fin de semana en el Cabildo de Arriba (derrumbe de un edificio en el centro de una capital del primer mundo), es cuando los políticos se ponen a prueba, y lo hacen sin parapetos, sin nada que les proteja: es la política en carne viva. Ante esta situación, hay quienes optan por moverse en los odiosos lugares comunes, otros por necesarios ejercicios de responsabilidad; hay quienes, en parte, prefieren obviar la realidad, y también hay algunos, los menos, que pretenden sacar tajada de todo. En fin, que ahora toca, como dice Innerarity, hacer lo mejor con los medios (limitados) de los que se dispone. No es el momento de sacar tajada (ante hechos así, nunca debería serlo), y eso es algo que ha entendido bien (como siempre) un político responsable como Jesús Cabezón, y mal, por ejemplo, quien, mientras trabajaban los bomberos, se sentaba en un plató televisivo junto a Urdaci, sin reparar en que, desde hace más de doce años, la política regional de vivienda está bajo su directa responsabilidad. Mientras tanto, el Alcalde ha estado correcto en las formas y (más o menos) acertado en el timing de (obligadas) decisiones, aunque le ha faltado (¡imperdonable!) hacer un ejercicio de sinceridad necesario (y que le deja un importante flanco abierto a la crítica). No se ha caído un edificio por casualidad. No se puede descontextualizar el hecho concreto del derrumbe de un inmueble, de una realidad conocida y comprobada que es el deterioro inhumano de todo un barrio, para centrarse solo en la responsabilidad (que la hay) de la empresa que estaba haciendo obras no autorizadas (¿para qué está la inspección?) en el edificio anexo. Me hubiera gustado escuchar, del Alcalde, un reconocimiento de la indecencia que supone que haya zonas en Santander en ese estado de degradación urbanística y social. Me da igual que sea en el centro que en la periferia. Santander deja mucho que desear, y eso es fruto de una errática política urbanística (desde el comienzo de los tiempos) y de una ausencia total de proyecto de ciudad. Y aquí el máximo (y casi único) responsable es el Partido Popular, que piensa que Santander son solo dos o tres calles. Al final, lo que hay es una inseguridad creciente instalada en parte de la ciudadanía, que siente que no está libre de ser víctima de un suceso tan desgraciado y lamentable como el del sábado. Y ante ello, el usurpador de la opinión vecinal, portavoz eterno de la FECAV, le pide al Ayuntamiento “un incremento de la actividad”, destaca su “voluntad de diálogo”, y le echa la culpa al “despropósito de las autoridades en el pasado inmediato respecto de su mantenimiento”. En resumen: demasiada mediocridad para tan importante problema, en el que nos jugamos nuestra dignidad como ciudad, por lo que todos deberíamos hacer un esfuerzo para estar a la altura.





Donde no les llaman

7 12 2007

Hay personas que tiene una capacidad innata para meterse donde no les llaman. En nuestra región tenemos diversos ejemplos, en los que no voy a detenerme por ser de sobra conocidos. Pero sí me gustaría, al hilo de un tema de actualidad, poner en valor esa mítica y acertada frase de nuestros vecinos (mar cantábrico mediante) anglosajones, que se aprende en segundo de BUP: mind your own bussines. Que quiere decir (más o menos), y que me corrija la filóloga de la familia, mete tu nariz en tus propios asuntos. Máxima que debieran aplicarse el presidente del PP de Cantabria y el secretario general del PRC, que no han podido resistir la tentación de opinar sobre la designación de la compañera Elena Salgado como cabeza de lista del PSOE al Congreso. El popular ha dicho que la ministra “es ajena a Cantabria” y que espera que “le dé tiempo a conocer la región” antes de las Elecciones. El populista ha comentado que le parece “una mujer preparada”, pero que “prefería a Rubalcaba”. Y digo yo, ¿quién cojones les ha preguntado su opinión?. Y me diréis: los periodistas. Es cierto. Pero también es cierto que podían haber respondido con un elegante y responsable: “No opinamos de procesos internos de otros partidos”. Quizá sea mucho pedir.





Libertad

6 12 2007

Con la libertad individual que se consagra en la Constitución, he decidido no moverme del sofá en todo el día. Y cuando eso sucede, es un buen motivo para ser (más) feliz. Un poco de lectura, comer algo de vez en cuando (sin elaborar), poner Cinemateka y dejar pasar, con más o menos atención, una película tras otra, echar un ojo a los teletipos, y detenerme, por recomendación de algún amigo, en alguna cosa curiosa en la prensa de hoy. Sobre el cristal de la mesa del comedor, entre Cortázar, Eco, Naipaul, Borges, Innerarity y Gore (he reducido casi a la mínima expresión el consumo de ensayos), descansa El mundo de Juan José Millás, exhausto tras la continuada y despiadada lectura a la que le ha sometido MC. Yo, sin embargo, no he podido terminar con el Tokyo Blues de Murakami, y menos cuando, sobre las cuatro de la tarde, han aparecido en la pantalla Federico Luppi, Juan Diego Botto, Eusebio Poncela y Cecilia Roth, para volver a interpretar una de las mayores joyas de la historia del cine, ofreciéndonos unos diálogos tan intensos como decisivos. Martín (Hache) es una película, eminentemente, de palabras. Y es que las palabras sirven para tanto…hasta para mentir. Escucho en el comentario de Gabilondo, al hilo de la brillante intervención de Marín pidiendo grandeza, hoy, en el Congreso, que la política necesita decencia y consenso. No puedo estar más de acuerdo. Pero el consenso no sirve para nada (y es despreciable) si no está dirigido a cambiar las cosas. Me cago en el consenso que sirve para perpetuar desigualdades, premiar a los enemigos de los cronopios, o consagrar estrategias más cercanas a lo financiero que a lo político. Consensos así deterioran, hasta la náusea, la libertad. Al menos, el olor no ha llegado todavía a mi sofá.

P.D. Como (casi) todo el mundo sabe, la posdata es la anotación que se añade al final de una carta ya concluida y firmada, para añadir información que no se recordaba o conocía mientras se estaba escribiendo. Habrá que ejercitar la memoria, entonces.