Un buen comienzo 2.0.

30 06 2008

Esta mañana he ido a la Magdalena con intención de saludar a mi amigo y compañero Eduardo Madina, que está en Santander porque es el director del Seminario Terrorismo y sus víctimas. Una mirada desde los Derechos Humanos. Eduardo ha intervenido en la inauguración, y lo volverá a hacer el miércoles a las 9:40 h. Acudiré, nuevamente, al aula Pedro Salinas (en caballerizas) para escuchar las siempre acertadas reflexiones de uno de esos políticos (que no abundan) a los que merece la pena seguir.

Me he encontrado con Pablo de Castro, buen amigo e impulsor, con su empresa Conceptual KLT, del proyecto de UIMP 2.0. Hemos acudido juntos a la inauguración del curso, y me ha explicado la interesante apuesta que está haciendo la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el campo de la Web 2.0. y las redes sociales. Concretamente, en el Seminario que dirige Eduardo se va a hacer un esfuerzo especial para poner a disposición, en este soporte tecnológico, las diferentes ponencias, y las conclusiones que se obtengan durante los diferentes debates, y pretenden dinamizar este espacio con las aportaciones de ponentes, alumnos y otros participantes en el Seminario. Considero que es una gran iniciativa y les deseo todo el éxito del mundo.

La conferencia inaugural del Seminario, con el tema de la seguridad como telón de fondo, la ha realizado Justo Zambrana, subsecretario del Ministerio del Interior. No es que tenga nada contra los subsecretarios, aunque Forges siempre nos los dibuje con su peculiar humor, pero el ponente no me generaba a priori demasiado interés. Como casi siempre, los prejucios son equivocados, y la aportación de Justo Zambrana ha sido interesantísima. Se nota su formación intelectual (Económicas y Filosofía), porque nos ha dado numerosas claves para entender el momento que vivimos, tanto desde el punto de vista de la economía, como del pensamiento.

Quiero destacar algunas de las ideas o frases de Justo Zambrana que me han parecido más llamativas. Ha resaltado que en la actualidad nadie declara la guerra a nadie, y hemos pasado a un mundo lleno de conflictos, en el que la violencia está dispersa, y la guerra es un concepto confuso. Los ejércitos de los países democráticos se han convertido en policías de la civilización, y los países frustados (desarbolados) son los que están más a merced del fenómeno terrorista, que ya no lleva implícito un componente ideológico, sino identitario o de corte fundamentalista religioso.

Zambrana ha comentado que las ideas de la ilustración y el renacimiento (nacidas del ideario de Kant) están en permanente lucha contra el fundamentalismo religioso, que está detrás del terrorismo internacional, y que ha influido en muchos de los planteamientos (irracionales, neocons) que han salido de la Casa Blanca en los últimos años. El subsecretario del Ministerio del Interior destacó que, en la actualidad, se han roto los nexos de conexión y solidaridad entre los trabajadores que existían en épocas pasadas; y que en los mercados financieros hemos visto como la mano invisible de Adam Smith se ha convertido en mano trilera. Ante ese panorama, la gente necesita anclajes, y al final lo identitario o lo religioso cubren esa carencia, con la problemática que ello supone.

Justo Zambrana terminó su conferencia resaltando que la seguridad, en sus tres vertientes (básica, social y la protección ante los riesgos), es el requisito necesario para la libertad y es fundamental para la igualdad. Tuvo tiempo para recomendarnos la lectura sosegada de La sociedad del riesgo de Ulrich Beck.

En resumen, que un comienzo potente para un Seminario con un programa intenso y de calidad, que pretende acercarse al tema del terrorismo, desde diferentes puntos de vista; pero sobre todo desde el punto de vista humano. Una apuesta formativo muy interesante dentro de una programación general brillante, que es un lujo para Santander. El problema, tal y como coincidíamos Pablo y yo, es que la ciudad (y la gran mayoría de los santanderinos) son impermeables a ese espacio de ilustración y pensamiento que representa la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Quizá el Club de Tenis ejerza de barrera física y psicológica. Es una pena que la mayoría de las ideas y las reflexiones se queden en la península (otra cruel metáfora) de la Magdalena.

Nos vemos el miércoles de manera presencial, y más a menudo (espero) en la versión 2.0.

Anuncios




La hora (20:45) del talento

29 06 2008

Para los de la Generación X, JASP, naranjito, etc…, ver a la selección de fútbol jugar la final de un campeonato importante es algo completamente novedoso. La pifia de Arconada —del que yo tenía la equipación completa— en la Eurocopa de 1984 está ya tan borrosa que casi parece que no existió nunca. El fervor por los resultados y la clasificación para la final han desplazado a un plano secundario lo verdaderamente importante: estos chicos juegan como los ángeles. La segunda parte del encuentro contra Rusia fue puro beluga. Lo que ha cambiado, con respecto a épocas recientes de repetidos fracasos, es que cada uno de los jugadores se siente importante en su club. Son titulares indiscutibles y referentes de sus equipos, y eso les ha convertido en líderes, y de ahí a ser ganadores hay un paso muy pequeño.

En todos los ámbitos de la vida es necesario el talento —capacidad por compromiso, que diría mi amigo Juan Carlos—. En el grupo de Luis lo hay a raudales. El debate previo a la Eurocopa, que provocó el hastío de los aficionados, entre los partidarios de las viejas glorias —con la cansina referencia al capitán madridista—, por una parte, y los que defendían a los jóvenes valores —el colectivo que se estaba construyendo poco a poco— por otra, encerraba los miedos de siempre al relevo generacional, al cambio. Todas las organizaciones siguen los mismos patrones de comportamiento. Y el fútbol no iba a ser diferente.

Y resulta que estamos en la final, con un discurso futbolístico bien definido, en el que el cuidado de la pelota, la entrega colectiva y el buen gusto son las grandes apuestas. Nos hemos ganado un lugar en el Olimpo del balompié, sin renunciar en ningún momento a nuestros valores; defendiendo con firmeza y convicción el toque y el pase corto, en un tiempo en el que, desgraciadamente, a la mayoría de los equipos les repele el balón. No sé si ganaremos, espero que sí, confío en que lo haremos —España es muy superior a Alemania—; pero si no fuera así, siempre podremos decir que en aquel verano del 2008 un grupo de jóvenes con mucho talento y las ideas muy claras, con el apoyo de la inmensa mayoría de la gente, nos auparon al lugar en el que nos merecíamos estar.





Escucho música (para no dormirme)

28 06 2008

No me quiero dormir. Escucho música sin pausa. Esta noche está aflorando, con sublime estruendo, mi latente alma indie, la que se conmueve con ese extraordinario y poblado universo musical del que —confieso— no tenía muchas referencias, hasta que hace unos años me encontré, casi de casualidad, con los amigos de Iraultza (ahora Bandini) Producciones. El caso es que, poco a poco, empecé a interesarme por gente como Nacho Vegas (el enviado del Creador en la tierra), Sr. Chinarro, La Buena Vida, Los Planetas, Deluxe, Lori Meyers, Facto de la Fe, Cristina Rosenvinge, Cooper, Santi Campos, La Habitación Roja y muchos otros. Además, a la mayoría tuve oportunidad de escucharlos en Santander, con motivo de los diferentes ciclos de música independiente que organizamos durante la pasada legislatura.

Con seguridad, los directos de Gary Louris y Ken Stringfellow fueron, junto al de Nacho Vegas, lo más destacado de lo que se pudo ver en la sala del Paraninfo de la calle Sevilla. Tengo una debilidad suprema por Nacho Vegas. En esta década ningún músico me ha emocionado tanto como el asturiano ex de Manta Ray. Canciones como Ocho y medio, Blanca, El hombre que casi conoció a Michi Panero, El jardín de la duermevelaNuevos planes, idénticas estrategias, Días extraños La pena o la nada —mi preferida— son auténticas obras de arte, profundos delirios del poeta de las emociones. Vegas —el cantautor de este siglo— puede presumir de haber creado buena parte de las mejores letras del panorama musical de nuestro país. Hay tanta literatura desgarrada en sus canciones que o te estremeces escuchándole o es que no eres persona.

«Entre el dolor y la nada elegí el dolor». Vertiginosa frase de Faulkner —el escritor de Mississipi la acuñó de otra manera que ahora no recuerdo—, cinematografiada por Godard y cantada por un acongojado Vegas. Valiente resolución del dilema pendiente: la nada o el dolor. Pienso que el mundo no se debería dividir ya entre oriente y occidente, ni entre ricos y pobres, ni tampoco entre conservadores y progresistas. No. Habría que distinguir tan sólo —y ese resulta ser, amigos, el Gran Tema— entre las personas que eligen la nada y aquéllas que optan por el dolor. Yo soy, evidentemente, de los segundos. Me quedo con el dolor. Sin dudar. Convencido de lo que estoy haciendo/diciendo. El dolor es algo, la nada no es nada. El dolor, aunque te puede acabar matando, es un motivo para seguir viviendo, y una evidencia de que estás vivo; pero la nada no te permite, siquiera, empezar a vivir. ¿Qué prefieres? Dime.

«Miro al techo que hoy ha vuelto a gotear; hacía tiempo que no llovía así. Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti. Lo que en realidad viene a ser lo mismo. Lo que, por crueldad, viene a dar igual. O puede ser un ángel que una vez perdió la fe y fue expulsado, y que ha venido a agonizar justo encima de mi hogar y estas gotas sean sus lágrimas. O puede que sea hora de entrar ya en razón y llegar a comprender que dentro de este horror no hay literatura, no, y eso tú lo sabes bien a fuerza de caer en una trampa mortal que en el tiempo dura ya ocho años y medio. Seré muy breve; te quiero, y esto duele.» (Nacho Vegas, Ocho y medio.)

«Blanca llega hasta mi mente / jura que ella es diferente / y es hermosa hasta en su forma de mentir. / Quién sabrá lo que ella sueña / lo que siente y lo que enseña / la razón por la que hoy la vuelvo a ver, / Blanca eres tan cruel. / Y no olvides que / al despertar / siempre hay cuchillos en el cajón…» (Nacho Vegas, Blanca.)





Un poco de estopa

26 06 2008

Hay días en que a uno se le quitan las ganas de casi todo según echa un vistazo a la prensa regional. Y hoy es uno de ellos. Confieso que me ha impresionado esa foto del consejero acultural, en Madrid, con lo más granado de la vanguardia creativa de nuestro país: Pedro Ruiz, Emma Ozores, Sancho Gracia, Paloma O´shea, Mónica Hoyos, Paco Valladares… Si quería echar por tierra la programación cultural de la región para esta verano lo ha conseguido. No había mucho que defender, la verdad, pero podía disimular un poco, y habernos dado gato por liebre. Pero, ¿para qué disimular? Supongo que hace tiempo que le importan un bledo demasiadas cosas.

Sigo indagando y leo que la Consejería de Economía y Hacienda va a firmar un convenio con la Fundación Comercio Cantabria para que ésta se encargue, durante los próximos tres años, del proyecto Gestiona —según sus promotores, una herramienta supermegarinnovadoradelamuerte que enseña a los jóvenes universitarios para qué sirve el presupuesto del Gobierno regional; quizá deberían aprenderlo aquéllos—, por la pequeña cantidad de dos millones setecientos mil euros. Debo reconocer que se han superado. Pensé que lo del proyecto Gestiona no daba ya más de sí; pero me equivoqué. No hay límites. Me molestan profundamente este tipo de cosas. Llueve sobre mojado, cuando debería salir el sol.

Miro por el retrovisor y recuerdo de qué manera tan precipitada y urgente ha convocado Nacho Diego el Congreso regional del Partido Popular. Un día empezaron a hablar del proceso, y al siguiente tenían ya la fecha decidida y hasta la marca del agua que iban a poner en las mesas. Y heme aquí que, leyendo en tierras gaditanas la información de El País sobre el Congreso nacional, encontré la respuesta: Resulta que todos los congresos regionales y provinciales que estuvieran sin convocar en el momento de celebrarse el nacional, tienen que introducir la novedad de la elección del Presidente por medio del voto directo y secreto de todos y cada uno de los militantes. Resumiendo, que a Nacho Diego le entró la cagalera del siglo, y pensó que eso de que voten todos los militantes era demasiada prueba para tan poco fuste político. Tranquilo hombre, que Narciso no tiene prisa. Por mí, que Diego siga muchos años. Hay que cuidarle.

Termino en Torrelavega. Allí, la precandidata a la secretaría general del PSOE de Cantabria que cuenta con el respaldo de El Mundo no termina de predicar con el ejemplo. Y no me refiero a que diga que hay que continuar con el pacto y ella se lo pase por el forro. Tampoco a que, a la vez que dice defender un mayor contacto con la sociedad, le dé repelús hablar con los vecinos de su ciudad, o con los sindicatos. No; pensaba en eso que dice (y que yo comparto) de que hay que mejorar la comunicación del partido. Al ver su foto, no parece que lo tenga demasiado claro. A la derecha de la instantánea se puede ver una enorme pantalla con un Power point en el que aparecen unas imágenes que evocan algo antiguo, y un eslogan digno del año del mundial de naranjito: Una legislatura para seguir construyendo futuro. Es todo menos claro, sencillo, breve, directo y potencialmente repetible por la gente. Por no hablar de que los gerundios están prohibidos en publicidad. En fin, que si esos son los cambios en la comunicación de los que se habla, virgencita que me quede como estoy.

¿Y ésto a quién le importa? Por la noche hay fútbol y se nos quitan todas las penas. Apuesto por un 3-1 a favor de España, y el domingo a disfrutar de la gran final. Será el momento de poner a prueba la identidad nacional (que palabras tan bonitas) de mi hermana Raquel, que lleva cinco años viviendo en Deutschland, y que es más alemana que la mitad de los jugadores de la selección tricampeona de Europa. Así que, pase lo que pase, alguien va a ser feliz el domingo. Y eso es lo más importante.





Vota Raúl Gil

24 06 2008

¡Quietos ahí! Que no es que me presente al Congreso del PSOE de Cantabria. Os cuento que el próximo día 4 de julio se celebra la final del concurso Relatos en cadena que organizan la Cadena SER y y la Escuela de Escritores. Como sabéis, fui el ganador del mes de septiembre (ya han pasado cosas desde entonces…), y ahora tengo la oportunidad de ser el ganador final. Resulta que los elegidos en cada uno de los diez meses que ha durado el concurso participaremos en un programa especial del Hoy por Hoy de Carles Francino (estoy alucinando ya, y no os digo nada cuando me ponga los cascos en la mesa que fue de Iñaki), que se emitirá el día 4 de julio, en el que un jurado decidirá el ganador.

Fieles a la filosofía de la emisora de dar participación a los oyentes, todo el mundo podrá votar también por su relato favorito. La idea es que la decisión popular se sume a los votos del jurado. Os dejo el enlace de la web de la Escuela de Escritores en la que me podéis echar una mano, si os parece, en esta feliz aventura en la que se unen dos de mis grandes aficiones: escribir y escuchar la SER. Si gano (y si no gano también) prometo invitaros a unas cañas y unas raciones de jamón cibernéticas.

Gracias por adelantado.





¿Por qué Cádiz?

18 06 2008

El lunes por la noche, mientras degustaba un pollo andalusí en La favorita, un local de moda en el Barrio del Pópulo, alguien me preguntó cuál era la razón de haber venido seis veces a la Tacita de Plata en el último lustro. ¿Por qué Cádiz? La pregunta me cogió de sorpresa, y sólo supe balbucear un inconsistente: «No sé, por todo». Al día siguiente, fui encontrando —sin buscarlas— todas las respuestas que querría haber dado la noche anterior: Me levanté temprano. Es una de mis manías en vacaciones. Sé que es molesto para quien comparte dormitorio conmigo; pero a las siete en punto abro los ojos y, sin demasiada dificultad, comienzo la jornada. Sin tomar nada, salí del apartamento para dar un largo paseo. Recorro la pequeña calle Abreu para llegar al Campo del Sur —el malecón gaditano—; dejo atrás Puerta Tierra —límite entre Cádiz: el casco histórico, y extramuros: la ciudad nueva— y camino todo el largo de Playa Victoria hasta Cortadura, la playa que separa la capital gaditana de San Fernando. De vuelta al apartamento, tras casi dos horas de saludable paseo en el que he desafinado alguna de las canciones del mp3, paro en una tienda del barrio y compro pan y jamón cocido. Allí me entero que Abraham Paz ha fichado por el Legia de Varsovia. «Que tire muchos penaltis», dice con sorna uno los clientes. La gente sigue conmocionada por el descenso del equipo amarillo a 2º B. Recuerdo una letra mítica de la chirigota de Manolito Santander: «Y aunque reciben a cambio / todo un calvario de decepciones, / amarillo se pintan la cara, / amarillos son sus corazones; / han dado su vida y sus gargantas / siguiendo donde haga falta / al Cádiz de sus amores».

Compro El País y El Mundo Deportivo, me ducho y preparo un desayuno con sandía, zumo de naranja, pan con tomate, aceite, jamón cocido y café con leche. El apartamento está recién reformado y tiene vistas al mercado de la Plaza de la Libertad. De techos altos y paredes blancas, destaca un amplio salón con una galería y un balcón que dejan entrar todo el sol de la mañana. A través de una de las ventanas llega el murmullo de la calle. Es incesante. Como si la gente, los animales y las cosas quisieran dejar claro que están ahí: gritos, ladridos, hormigoneras, pío píos, frases ingeniosas, taladros, diálogos entrecortados… En las calles peatonales de los barrios de las ciudades, la gente recupera su espacio natural. Baja al portal, conversa, ríe, camina decidida, compra en la tienda de la esquina, saluda a los conocidos que pasan a su lado… En esas calles se pueden apreciar sonidos en peligro de extinción. Como la nota desafinada de una puerta metálica sobre un suelo de mármol, que se abre y se cierra despacio, enfatizando su propia existencia. Y lo hace poniendo en valor que en la vida hay otras cosas, y que nos las estamos perdiendo por las prisas, por la llegada, una vez más, de la modernidad. El grito de esa puerta es una llamada de atención. Quizá más que eso: un lamento por lo que adivina que vendrá, y sabe que es imparable y terrible.

Al terminar el reparador desayuno, y después de conocer los planes de Pep Guardiola —talento e ideas claras— para la temporada que viene, me pongo el bañador y me voy a la playa de La Caleta, con una toalla verde y azul y El mal de montano de Enrique Vila-Matas en la mochila. En menos de diez minutos, cruzando el corazón del Barrio de la Viña, llego a la única playa del mundo en la que hay que entrar por una puerta. Intento poner tono a la maravillosa letra de Antonio Martín: «Es el embrujo sobrenatural / de esa diosa del mar / que se llama Caleta, / que adormecida en su soledad / se va haciendo inmortal / sin que nadie lo sepa. / Su viejo faro relevo del sol / por la noche es timón / para los marineros, / viva la suerte de poder gritar / contemplando su mar / yo nací caletero». No he nacido caletero; pero puedo entender el sentimiento que esa pequeña playa y sus barquitos provocan en los gaditanos.

Después de pintarme de dorado —me he echado protección del treinta, mamá, no te preocupes; por cierto, como puedes leer estoy en Cádiz, espero que no te moleste enterarte por el blog, es lo que tiene esta Era 2.0—, vuelvo a la calle Abreu para dar cuenta de una ensalada de pasta con bonito, maíz y tomate, y así coger fuerzas para sumergirme en la lectura de Castellio frente a Calvino de Stefan Zweig. El humanismo en su lucha contra el fanatismo. La libertad frente a la intolerancia. El debate de siempre, aún sin resolver. «Matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre», quizá la frase definitiva de Castellio, digna de aplicar a tanta barbarie acumulada en la historia de la humanidad. Un buen tema para reflexionar en una ciudad trimilenaria y constitucional como Cádiz.

Hay dos Cádiz. Del mercado a la zona portuaria, la parte noble, cuidada, comercial, rica. Del mercado a La Caleta, la que se cae, la de las infraviviendas, la del Carnaval, la de la gracia a pesar de todo. Me paro en el número diecinueve de la calle Ancha, donde está la Librería Quórum, para comprar un moleskine de verano —más fino y manejable—. Sigo hasta el Atlántico, para disfrutar de la puesta de sol con Luis García Montero. «Porque tal vez la vida / sólo nos quiere dar / aquello que después sabe quitarnos». ¿Es posible calcular la distancia que hay de aquí a la línea del infinito que dibuja el océano, llegar hasta ella, mirar atrás y vernos? ¿El infinito es sólo un punto o es una sucesión de puntos? En la zona de la calle San Francisco están El show de las tapas y La gorda que me da de comer. He pedido cebiche de perca con salteado de arroz salvaje y verduras, y lo acompaño de un vino de maceración carbónica. ¡Este vino es jarabe de vino! Me fijo en ellas, las gaditanas. Son más que ellos, en todos los sentidos. Les solapan, les colman. Les llenan de sí mismas. Se imponen en un mundo masculino. Vencen la batalla de los sexos. «Y en su vientre un continente / que allí se descuelga del mapa / igual que si fuera el corazón / sin latido de un hombre / que aparece y que luego se esconde / de verla tan guapa», Juan Carlos Aragón aparece para recordarme que todavía queda algún poeta en el Carnaval. Vuelvo al Barrio del Pópulo, al lugar donde me hicieron la pregunta que ha motivado estas mil y pico palabras, y en el mítico Pay-Pay me tomo un Havana 3 cola light mientras pienso que Pedro Juan Gutierrez debería escribir la segunda parte de El rey de la Habana, ambientado esta vez en Cádiz. Le presto las notas que no he podido usar aquí.  





Un par de recomendaciones y una buena noticia (para mí)

10 06 2008

Empiezo por las recomendaciones. De libros. Las dos que voy a hacer son de segunda mano. El viernes pasado, Paz Gil nos habló de Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson. 664 páginas sin ningún desperdicio. De esos libros que no puedes dejar de leer ni un minuto. No soy amigo de los volúmenes muy extensos, salvo si se llaman David Copperfield o Los Miserables, pero como éste había pasado el filtro de Paz con nota me decidí a leerlo, a pesar de no saber nada del autor. Cuando investigué acerca del escritor sueco —ya a mitad de libro— creció todavía más el interés por lo que estaba leyendo.

Empecé con la novela el domingo por la mañana, y no me separé de ella en todo el día, hasta que a las cuatro de la madrugada me venció el sueño cuando me quedaban tan sólo sesenta y dos páginas. La terminé el lunes después de comer. Lo bueno es que hay otras dos, porque forma parte de una trilogía que se llama Milennium, que es el nombre de la revista donde trabaja Mikael Blomkvist, uno de los dos personajes principales de la historia. El otro personaje clave se llama Lisbeth Salander, una hacker muy especial cuyo hábitat natural es internet y los ordenadores de la policía y de los empresarios y abogados corruptos. El discurso principal de Larsson —un alegato contra la violencia y la corrupción en todas sus variantes—  se palpa en cada página, y tiene tanta fuerza como la trama o cualquiera de las subtramas que se suceden de manera vertiginosa a lo largo del libro. Muy recomendable.

La segunda es una recomendación múltiple y que os ofrezco por cortesía de El País. Con motivo de la Feria del Libro, el periódico lleva unos días con interesantes contenidos sobre todo lo referido al mercado literario. Hoy, bajo el sugerente título de Hay vida más allá del planeta best seller, diez escritores nos dan pistas sobre algún que otro libro imprescindible. Me ha gustado encontrar en la lista algunos conocidos como Diario de un mal año, La vida ante sí, Vida y destinoEl vaso de plata o La carretera, de los que ya he hablado —bien— en alguna ocasión en este blog. De los que no he leído me apunto España de Manuel Vilas y Oblomov de Goncharov.

Y la buena noticia (para mí) es que solicité una beca para hacer un Seminario sobre Antonio Tabucchi en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid y me la han concedido. Así que del 11 al 15 de agosto estaré en El Escorial disfrutando de la sabiduría del escritor italiano —casi portugués—, autor de joyas como Sostiene Pereira, El juego del revés o Plaza de Italia. Aprovecharé para preguntarle por María do Carmo —yo tampoco puedo olvidarme de ella— , por Pessoa y sus heterónimos, por Mastroianni… Creo que voy a necesitar un par de moleskines.