Un bonito día (del libro)

23 04 2009

Hoy es un bonito día: el día de Jorge, de Jordi, de regalar rosas y libros, de recorrer con el descaro de un lector empedernido alguna librería afortunada…. Este jueves es un bonito día de sol, de bancos llenos de gente, de aceras repletas, de descansar en medio de una paz sólo alterada por el ruido que hacen los motores de las abejas.

Un bonito día de libros emocionantes, autores sublimes: es indescriptible lo que me hacen sentir algunos de mis escritores preferidos. No sé cuántas veces me he quedado parado en una página concreta, en una frase, en una palabra, intentando certificar que lo que acababa de leer estaba ahí escrito y de esa manera, y he bendecido a su autor por ser capaz de crear tanta maravilla.

 

Leer debería ser obligatorio. Cada uno lo que le guste, lo que quiera, ¿qué más da? Hay que leer y además es muy barato: tenemos bibliotecas y los libros de bolsillo valen menos que un menú del día. Cuanto más leamos menos nos tomarán el pelo los que a pesar de no haber leído casi nada quieren gobernar nuestras vidas.

 

Si a Julio Cortázar no le hubiera leído nadie, seguiría siendo escritor, pero yacería en el olvido y de tan triste las hojas de sus libros terminarían destruyéndose como si fueran láminas de madera atacadas por un ejército de termitas.

 

A pesar de lo mucho que disfruto escribiendo, de todo lo que me aporta, de ese momento mágico cuando vas dando forma a una historia que justo hacía un minuto no existía, era nada, nada…, me quedo con el verbo leer, sobre todo si pienso en el capítulo siete de Rayuela.

En un rato me pasaré por la Librería Gil porque no voy a dejar de comprar libros justo en este día. Os recomiendo el último de Alberto Santamaría, Pequeños círculos, una absoluta maravilla.





Llibres, dolços, salats…

28 03 2009

Llibres, dolços, salats… Libros, dulces, salados… Oigo voces que desprecio con simpática virulencia. No quiero escuchar nada que no sea mi propia respiración, oculta, sometida al débil rumor de la incertidumbre… Tampoco me preocuparía dejar de escucharla. No temo a la muerte. Sólo temo dejar de vivir, no haber sufrido suficiente, no haber descubierto algunas calles caleidoscópicas, no haberme reflejado en un número razonable de rostros indefensos… El día que eso ocurra no me importará tirarme delante de un camión de seis ejes que supera en 20 km/h la velocidad máxima permitida en vía urbana. Ahora no es el momento y menos en Barcelona. Dice un amigo de Roberto que si vas a ir a la cárcel o al hospital, es mejor hacerlo en tu ciudad. Debe ser por aquello de facilitar las visitas. Si mueres, no tienes ese problema. Se puede morir en cualquier lugar. No me parece que el espacio físico sea una variable importante a la hora de morir. Si tengo que elegir, si pudiera elegir, ya sé que no es posible salvo en caso de suicidio —quizá sea esa la solución—, si pudiera elegir, digo, me encantaría morir en tu risa. Dejar mi vida en tu boca, sí, en esa boca de almizcle que a los ojos de los necios sonríe de manera exagerada. ¿Qué sabrán ellos?

Me he sentado a tomar un café con Roberto, Julio y Enrique. No se me ocurre mejor compañía. Y si se me ocurriese, tengo claro que ahora mismo no es posible cambiar las cosas, así que para qué vamos a perder el tiempo hablando de ello. Es algo muy típico de la gente, de esa gente que desprecio: se detienen eternamente en conversaciones acerca de temas —casi siempre temas es sinónimo de problemas para esa maldita gente— sobre los que no pueden tener ni la más mínima incidencia. Pierden el tiempo, por tanto, y el tiempo les pierde a ellos, porque no salen nunca de su lamentable bucle. ¡Y no trates de decirles nada! Te reprocharán el intento —temible intento— de hacerles ver que carece de sentido comportarse como lo hacía la gente que vivía en los pueblos en los años veinte del siglo pasado. Si la modernidad, la postmodernidad y la neomodernidad no han servido para terminar con estos modos de vida, es que alguien no está entendiendo nada, o no quiere entenderlo, o sabe dios qué…

«Muchacha a cuatro patas que gime mientras el vibrador entra en su coño. Tenía las piernas largas y dieciocho años, en aquel tiempo estaba en el negocio de la droga y no le iba mal, incluso abrió una cuenta corriente y se compró una moto.» Les he dicho que hoy me quedaré un rato más charlando con Roberto…





Un lujo para mi cerebro

23 03 2009

Este próximo miércoles cojo el avión de Santander a Reus, allí un bus a Barcelona, y luego un tren a Bellaterra, sede del campus de la Universidad Autónoma de Barcelona. En ese mítico lugar me espera, en jornada de jueves y viernes, el I Encuentro de Trabajo y la II Asamblea de Socios de ACOP, la Asociación de Comunicación Política de la que soy miembro activo desde hace casi un año.

Allí coincidiré con los compañeros de ACOP y otros investigadores y profesionales de la comunicación política. Gente muy interesante como María José Canel, nuestra Presidenta, Luis Arroyo, ex director de Gabinete de Carme Chacón cuando fue Ministra de Vivienda, el histórico consultor José Luis Sanchís o Pere-Oriol Costa, director de mi Máster de Comunicación Política y Electoral.

No se me ocurre mejor sitio para este evento que Barcelona, que Cataluña, un territorio en el que la comunicación política está dando pasos decisivos en su necesaria profesionalización, convirtiéndose en un mercado con un importante potencial de crecimiento. Algo parecido pasa en otros lugares del país, aunque con menor intensidad, pero hay coincidencia en que son buenos tiempos (y lo serán mejores) para el trabajo serio y riguroso de los expertos en comunicación política.

De profesionalización de la comunicación política, de encuestas, de comunicar ciudades y de muchas otras cosas más vamos a hablar y debatir los próximos días en la Universidad Autónoma de Barcelona. Sé que aprenderé muchísimo, a eso voy; sé que el veneno va a apoderarse de más partes de mi cuerpo, soy consciente; sé que voy a compartir espacio con los mejores (no sé me ocurre otra manera de vivir), y eso es todo un lujo para mi cerebro.

Y ya que estoy en Barcelona, mi Barcelona, el sábado y el domingo me perderé por sus calles, fisgaré en sus librerías, escribiré cientos de palabras en alguna mesa perdida de un café de los de antes, de los que ya quedan pocos, comeré el menú del día con el Inspector Méndez y pensaré de vez en cuando, a ratos demasiado, en las pequeñas cosas que alimentan mi alma…





Debería escribir

20 03 2009

Siempre pienso, cada día, siempre, que debería escribir más, pero luego no lo hago, y me quejo a mí mismo, me digo en voz baja, y otras veces gritando, que está mal, que debo escribir, porque me gusta hacerlo y cuando lo hago me siento bien…

Escucho los primerizos acordes de algún cantautor aficionado a los porros mientras voy tecleando decenas de palabras que carecen de todo el sentido, aunque no parece importarme demasiado. Me cuesta abrir la boca pero cuando lo hago me resulta bastante difícil cerrarla…

Si hubiera algún sitio más, querría ir, querría ir a todos los sitios sin poner una sola condición, porque bastantes condiciones tiene ya este jodido mundo; creo que lo bueno siempre viene cuando caminas por la vida sin poner ninguna condición…

El calor dilata, el dolor dilata, el sexo dilata, el alcohol dilata, mis pupilas están dilatadas y esta vez no tiene nada que ver con la supuesta afición de ese cantautor que ahora suena en mis entrañas, que dice cosas inteligibles, ocurrencias, bellas ocurrencias pero ocurrencias al fin…

Si no pesara tanto el libro que llevo en mi bandolera, podría decir que voy soltando lastre poco a poco, pero no puedo decirlo porque no es verdad. Nadie quiere soltar lastre cuando las ocurrencias son más bellas que algunos amaneceres de primavera impostada, y eso lo sabe todo el mundo, hasta ese maldito rey de los curas que niega los condones a quien no tiene nada que llevarse a la boca…

Todo es un juego del revés, hasta yo mismo, todo, si no somos conscientes de ello estamos perdidos. Yo lo tengo claro hace tiempo: todo es un juego del revés. Y tus brazos que me abrazan también.





Volver a Vales

26 02 2009

Si buscas Vales en googlemaps el icono rojo aparece justo encima de la fonte do conde. No recuerdo cuál fue la primera vez que mi abuelo o mi padre me dijeron: «Colle a xerra e vai por auga á fonte do conde». Ni sería capaz de decir, siquiera aproximadamente, cuántas veces me dijeron esa frase: en cuántas ocasiones escuché esas palabras que a mí siempre me sonaron más a premio que a castigo. Sé que fueron muchas, porque muchas fueron las veces al día que iba a por agua a la fonte do conde y muchos fueron los días de mi vida que pasé en Vales.

Vales es una aldea gallega de la provincia de Ourense, que pertenece al municipio de San Cristóbal de Cea. Por el hecho de tener una iglesia, que siempre ha jugado un papel fundamental en la vida del pueblo, es también una parroquia en torno a la que se agrupan otros pueblos más pequeños, y está situada justo en el límite con la provincia de Lugo, sólo a diez minutos de camino andado de una pequeña aldea lucense llamada Agrexán.

¿Qué nos une a una tierra? ¿Qué nos hace sentirnos parte de un lugar? ¿Qué consigue que nos produzca cierta tristeza no estar en un sitio determinado? Estoy convencido de que no son sus casas, ni sus plazas repletas de niños jugando al balón, ni siquiera sus ríos, sus monumentos de interés cultural, ni tampoco sus fiestas. Nos une la gente, la que es de allí o vivió en aquel lugar en algún momento y que identificamos con todo lo que en esa tierra nos ha sucedido: esa gente cuya imagen está unida de manera poderosa a esa tierra concreta. Nos une también algún icono, ya sea físico o emocional, emblemático, casi mágico, al que profesamos cierto respeto y que forma parte de nuestra vida.

Es cierto que de Vales recuerdo, entre otras cosas, el río Bubal, el campo de la fiesta, su iglesia y el cementerio anexo, los interminables caminos, las fincas, los hórreos semiabandonados, las omnipresentes vacas, los ladridos de los perros por la noche o la nieve en semana santa. Pero Vales para mí no es eso. Vales es mi padre. Vales es mi abuelo. Si no fuera por ellos, Vales no hubiera existido para mí, y tras su ausencia el pueblo se hizo mucho más pequeño…

Hace tiempo escribí que quizá no pisaría Vales nunca más, y tenía mis razones, pero este sábado volveré de nuevo y siento algo especial que me resulta difícil de explicar. Sé que me gustaría dar un paseo con el pueblo vacío, sin que nadie me reconociese y me preguntase nada, sin que nadie me impidiera parar en algún punto concreto a mirar, a pensar, a recordar algunas cosas… (Y me encantaría que fuese San Pedro y poder ir al campo de la fiesta con Emilio, y al final de la noche volver a casa e atopar o meu avó e o meu pai falando na cociña coma sempre.)





Emilio

2 02 2009

 

No niño novo do vento hai unha pomba dourada;

quen puidera namorala, quen puidera namorala, meu amigo!

 

Porque soy socialista, y eso no me lo va a quitar nunca nadie (mucho menos ninguno de los escogidos miembros del Club de Finanzas), porque soy gallego y eso imprime carácter y se lleva hasta la tumba y mientras se lleva se vive, se vive muy dentro…, porque me gusta analizar todo lo que tiene que ver con la comunicación política, aunque a ratos no consiga separar las emociones de la frialdad que necesita una mirada crítica, porque no tenía ningún plan mejor para el mediodía de ayer domingo y en la tienda del barrio hace tiempo que no venden campurrianas, por todo eso y porque Emilio tiene tele en Internet ayer vi el mitin de Touriño y Zapatero en Lugo.

 

Me gustó Emilio, me gustó más que ZP. Empezó muy bien, contando que ha elegido personalmente la canción de campaña: Quen puidera namorala, un poema mítico de Álvaro Cunqueiro, hecho canción por Luis Emilio Batallán y versionado para la ocasión por Xoel López: ¿se puede pedir más? Emilio ha dejado atrás sus complejos, está contento y orgulloso de lo que ha hecho, y eso se nota porque sale enchufado al escenario y transmite optimismo, seriedad y confianza. Cierto es que abusa demasiado de las cifras (nadie las recordará veinticinco segundos después de decirlas…), pero está claro que ha aprendido la lección de los valores, la atribución de la responsabilidad del cambio en su persona y la necesidad de contraponer de manera clara los dos modelos que hay para Galicia. Igual que en el caso de Patxi se nota que está muy bien asesorado por verdaderos profesionales del marketing político.

 

Uno de los momentos más emocionantes del mitin fue cuando contó que esta legislatura había sido la primera vez que os mozos galegos habían salido al extranjero a aprender a inglés, y es que el atraso de Galicia en muchas cosas parecía que no tenía solución (un poco como aquí) hasta que llegó el deseado cambio en el Gobierno, Fraga pasó a mejor vida y PSdG y BNG se pusieron manos a la obra (con un programa muy de izquierdas) a luchar contra el caciquismo. Al Partido Popular ya no le es suficiente con el inmoral carrexo de votos cautivos, ahora tiene que remar contra corriente y, lo que es más complicado, contra la voluntad de esa mayoría de gallegos satisfechos con el cambio. Para que el PSdG gane Touriño sólo tiene que hacer dos cosas: convencer a los gallegos de que si ha habido cambio, es porque él ha sido Presidente y que la victoria del Partido Popular significaría volver al pasado.

 

El uno de marzo volveré a estar con los compañeros de Galicia, igual que  hace cuatro años en Santiago o hace ocho en Ourense, y mientras vuelvo con muchas ganas de volver y de ver a alguna gente, y mientras hago planes para beber otra vez da fonte do conde, y mientras pienso en lo que mucho que ha cambiado la tierra de mi padre desde que yo correteaba por las calles de Vales, y mientras… escucho la banda sonora del cambio para un país, Galicia, que necesita más socialismo del de verdad y a un hombre bueno que se llama Emilio de Presidente.





No sé por dónde empezar

25 01 2009

No sé por dónde a empezar a explicar lo que pasó ayer en el Teatro Jovellanos de Gijón. No sé por dónde empezar y tampoco sé si debo empezar, y no lo sé porque tal vez lo mejor sería permanecer dentro de mí y no salir nunca, pero quizá luego me arrepentiría o, sin llegar a arrepentirme, terminaría saliendo a borbotones un buen día y me inundaría y yo quedaría exhausto para siempre.

No sé por dónde empezar a explicarlo pero sé que salí del Jovellanos dolorido, como cortado en pequeños pedazos, con pocas ganas de nada o con ganas de casi todo… No sé por dónde empezar a explicarlo pero reconozco que en algún momento dudé si estaba vivo o muerto, atrapado en mi resbaladiza butaca roja, concentrado en no sufrir más de lo necesario…

No sé por dónde empezar a explicar lo que pasó anoche en el Teatro Jovellanos, y ya sé que me repito pero me da igual porque estoy jodido y porque unas cuantas horas después todavía sigo tragando toneladas de bilis ajena, o quizá propia, y aunque pueda parecer fácil no lo es, no lo es de ningún modo, ya te digo yo que no es fácil…

No sé por dónde empezar a explicar lo que pasó anoche en Norteña, pequeña patria de cielos grises y azules, como el plumaje de los pájaros que siempre terminan posándose en ventanas que nunca les pertenecen, no sé por dónde empezar y sigo dudando, a pesar del paso de las horas y de que haya amanecido y de que en días como éste no me guste despertar, sigo dudando, digo, y me gustaría tener alguna certeza, aunque eso termine matándolo todo…

No sé por dónde empezar a explicar si ayer escuché a un ángel, o me encontré conmigo mismo, o ninguna de las dos cosas, o quizá sea una tercera y la tercera sea la que de verdad me duele, o puede que no sea nada y todo se solucione con caja y media de alprazolam, lo que me haría recuperar la fe, si es que alguna vez la tuve que tampoco lo tengo claro, y ahora qué más da si ya pasó todo, ya salí del Jovellanos, y poco a poco va despareciendo el shock post-traumático aunque yo me empeñe en que no desaparezca y lucho como gato panza arriba porque se quede conmigo un rato más…

No sé por dónde empezar a explicar lo que pasó ayer en el Teatro Jovellanos, pero se me ocurre que ya es hora de recapitular las hostias que me ha dado el mundo…





Universo personal

23 01 2009

No sé por qué pero estos días me he acordado mucho de cuando, en mis cumpleaños adolescentes, mi tío Jaime (el único varón de la larga familia de los Benito González) me regalaba música, música muy diferente a la que yo entonces escuchaba, que era, básicamente, todo lo que tenía que ver con tupés, sí, hubo una época en que el pelo me daba para llevar tupé, ¿qué pasa? Recuerdo especialmente un disco doble de Leonard Cohen y otro de Tracy Chapman. Le agradezco mucho a Jaime, más aún con el paso del tiempo, el detalle de ampliar mi universo con cosas nuevas, diferentes… Yo trato de hacer lo mismo con la gente a la que quiero.

Suzanne takes you down to her place near the river
You can hear the boats go by
You can spend the night beside her
And you know that she’s half crazy
But that’s why you want to be there
And she feeds you tea and oranges
That come all the way from China

Estos días estoy volviendo a escuchar mucho al Sr. Cohen, no sé si para entender mejor a uno de sus nietos más ilustres, Nacho Vegas, o simplemente por el intenso placer que me produce la música de verdad, esa que es exclusiva de arquitectos de la palabra como Leonard o Bob Dylan. En los últimos días estoy volviendo a escuchar al Sr. Cohen y me he acordado de esos regalos de Jaime que pretendían ampliar mi universo. En las últimas navidades quise devolver, de alguna manera, el gesto y le regalé a Álvaro, su hijo, mi pequeño gran primo, un libro de Eduardo Galeano y creo que acerté, igual que acertaba Jaime.

And just when you mean to tell her
That you have no love to give her
Then she gets you on her wavelength
And she lets the river answer
That you’ve always been her lover

Escribo esto mientras disfruto de Suzanne, que ya es disfrutar, que ya es emocionarse, y lo escribo convencido de la necesidad de ampliar constantemente mi universo personal, hacerlo cada día, descubrir cosas nuevas, de la mano de alguien o por mí mismo, investigando, leyendo, abriendo bien los ojos, diversificando, viviendo, y a ratos, sólo a ratos, sufriendo un poco…

And you want to travel with her
And you want to travel blind
And you know that she will trust you
For you’ve touched her perfect body with your mind.





Hoy he visto a Ángel González

13 01 2009

Hoy he visto a Ángel González, en el mismo sitio de siempre, con ese gesto suyo tan típico, hoy he vuelto a ver a Ángel González, más o menos sobre la hora habitual, y le he escuchado eso de si yo fuese Dios haría lo posible por ser Ángel González y, ¿qué otra cosa podría hacer?, me he emocionado, me he emocionado absolutamente, me he vuelto a emocionar tercamente…

Y de la emoción han nacido unos versos, y en medio de la relectura de esos versos he vuelto a ver a Ángel González y he gritado su nombre diecinueve veces, he gritado su nombre diecinueve veces pero no me ha escuchado, y aún así se ha dado la vuelta y ha sonreído sin que su sonrisa tuviera más objetivo que el propio de sonreír, y ha conseguido volver a emocionarme, emocionarme absolutamente, emocionarme tercamente…

Y en medio de tanta emoción te he visto, Ángel, y he pensado, como Octavio Paz, que los poetas no tienen biografía, sino que los poemas son la biografía de los poetas, y entonces me ha parecido que tú, Ángel, tienes una biografía hermosísima, dolorosa también, pero hermosísima, porque: ¿qué es el dolor sino algo hermoso que nos permite levantarnos cada día y estar vivos?

Ángel, tú no has contestado, estabas allí pero no has contestado, y no me importa, casi lo prefiero, tengo tus poemas, no necesito nada más, tengo tus poemas y los leo, releo, escucho, reescucho, estrujo, deconstruyo, lamento, ciego, resuelvo, planteo, agradezco, te agradezco que tu biografía sea así de hermosa y posea ese dolor mágico que me da fuerzas, ese dolor que a ratos deviene en calmante, esa calma que también lucha por emocionarse, emocionarse absolutamente, tercamente…

Muerte en el olvido

Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita…

Ángel González





Notas lisboetas (y III)

12 01 2009

Pois, Café: desayuno en casa; mejor que en casa y casi más barato que en casa, colores, olores, sabores diversos, sillas y mesas también diversas, camareras diversas, libros, tres o cuatro estanterías repletas de libros, rebosantes de libros, cuadros expuestos en las recias paredes de piedra, cuadros expuestos al calor humano, pero no al humo, no hay humo y se agradece, así es más como en casa, más como en casa…

Búscame en el número uno de Beco dos Cativos, búscame allí, búscame en el número uno de Beco dos Cativos, búscame en Alfama, búscame entre las calles más estrechas de Europa, búscame entre esos recovecos del alma que, para abreviar, se llaman Becos, búscame justo en el número uno de Beco dos Cativos, y si me encuentras me daré por vencido pero no antes, ¿vale? ¿Aceptas? Búscame allí, búscame en las faldas de la Catedral de Lisboa, en las faldas de Sé, donde van a parar todos los pescadores lisboetas y de otros sitios, porque allí puede ir todo el mundo, aunque las calles sean las más estrechas de Europa, no importa, la gente siempre es bienvenida, vengan de donde vengan, la gente siempre es bienvenida, porque la capital de Portugal es más europea y más internacional que muchas otras ciudades que presumen más, sí, presumen más, pero detrás no hay nada, o hay menos que en Lisboa, mucho menos, búscame, si puedes, en el número uno de Beco dos Cativos, búscame allí, en Alfama, en esas pequeñas casas que desafían a la gravedad, que no entienden de líneas rectas, que están en permanente equilibrio, que van y vienen, que al final siempre terminan en el mismo sitio: Alfama, la patria de los pescadores lisboetas y también un poco de todo el mundo, porque la gente siempre es bienvenida, búscame en el número uno de Beco dos Cativos y si no me encuentras nunca, no llores, no llores, por favor, hazme ese favor, no llores, si no me encuentras sigue tu camino por esas calles, las más estrechas de Europa y procura no mirar para atrás cuando estés en la escalera número cincuenta y cuatro, procura no mirar para atrás y será mejor para ti y para mí y casi lo será para todos, búscame en el número uno de Beco dos Cativos y si no me encuentras, amiga mía, si no me encuentras, casi mejor que huyas de Lisboa y que no vuelvas, porque si no me encuentras llegará un momento terrible en el que tampoco te encuentres a ti misma, si no me encuentras huye de Lisboa y no mires atrás, no reveles tus fotos, no repases las notas del viaje, si no me encuentras despídete de todo, despídete de mí, despídete de Lisboa para siempre…

En el bar del Hotel Ritz Four Seasons tomando primero un té verde y después un café expresso —bica dicen aquí— con galletitas que tienen forma de pino, música tranquila y un servicio que si peca de algo, es de demasiada amabilidad, amabilidad pegajosa, pero no me importa, me he puesto en la zona de fumadores para poder estar cerca de las señoras de cincuenta años que consumen allí su vida y mantienen su belleza, grandiosa a pesar del paso de los cigarros…

Último día en Lisboa, último día en el universo de Pessoa, el poeta del Portugal, el poeta del mundo, último día y siento una congoja que me recorre de arriba a abajo el cuerpo y que se ceba en la garganta, justo en la garganta, allí donde deberían producirse esas palabras que ahora me niegan, último día y ya quiero volver, porque el silencio me llama, el silencio de Lisboa me llama constantemente, dulce, con ese orgullo de los que saben que están haciendo bien las cosas, me llama y yo debo responder, sé que debo responder, pero no me atrevo, aún no me atrevo, el silencio es la gran paradoja de Lisboa, una ciudad de palabras…