No se me ha olvidado

18 09 2010

No se me ha olvidado. Aunque quieran. No se me ha olvidado. Conozco bien el lugar que ocupa cada letra en el teclado, y no me hace falta mirar hacia abajo para construir las palabras que necesito para escribir lo que pienso/lo que siento. Escucho música a todo el volumen que me permite la mierda de portátil del pleistoceno que se ha hecho fijo en mi vieja habitación. Escucho la misma música y me hago un café y siento la necesidad de crear y eso es bueno, muy bueno; para mí, pero también para todos.

Quiero ser tu derrota. Escribir sólo para ti. Quiero mentirte siempre. Quiero ser lo que de verdad te duele. He gritado estas verdades de otros por la ventana de mi habitación y ningún vecino me ha increpado por ello. Cobardes. No quieren problemas, aunque sé que les jode mi comportamiento. Al regresar, de madrugada, lo haré de nuevo, y si hay lío podré echarle la culpa al alcohol, que es un bonito atenuante. Odio las convenciones y las comunidades de vecinos abotargadas.

Abro un libro cualquiera por una página cualquiera y leo: Yo, Juan José Castelli, que escribí que un tumor me pudre la lengua, ¿sé, todavía, que una risa larga y trastornada cruje en mi vientre, que hoy es la noche de un día de junio, y que llueve, y que el invierno llega a las puertas de una ciudad que exterminó la utopía pero no su memoria? Es hora de encontrarme con alguno de mis fantasmas y bailar algún baile típico del norte de Europa, es hora de brindar con ellos por la eternidad de las palabras bien elegidas, es hora de emborracharme hasta perder la mitad de las letras de mi nombre… Todo para poder gritar que ha nacido una nueva vida.

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