Bilbao-New York-Bilbao

18 02 2010

He terminado Bilbao-New York-Bilbao justo cincuenta metros antes de llegar a Ferraz, 70, y me he detenido un par de minutos (o más, porque no he llevado la cuenta) para tratar de asumir parte de lo mucho (muchísimo para mí) que encierran sus doscientas siete páginas, supongo que estaré masticando este libro lo que queda de año y estoy convencido de que me va a ayudar mucho en mi tarea de escribir (Kirmen me ha entregado, sin darse cuenta, el pegamento que necesito para mi novelita).

Tras la necesaria pausa, y después de fijarme en cuatro furgonetas de la policía nacional alineadas en la acera de enfrente, he reanudado la marcha y he pasado de largo de la sede del PSOE, todavía falta una hora para la reunión, y entonces, caminando con la necesidad de comprar algún libro ahora que Kirmen Uribe ha terminado su trabajo, revelador y emotivo trabajo, recordé la imagen de una pequeña librería, probablemente haciendo esquina y seguro que al principio de la calle, casi en Plaza de España.

Seguí bajando por Ferraz y llegué a El Aleph, que así se llama la librería, y al entrar me di cuenta de que iba  a encontrar algo más que consuelo literario, viendo la manera en la que estaban apilados los libros supe que iba a descubrir algún tesoro, varios: Hacia Cortázar: aproximaciones a su obra, de Jaime Alazraki; un libro con los textos de las Jornadas Homenaje a Roberto Bolaño, organizadas por la Casa de América en Cataluña; y Por cuenta propia (Leer y escribir), de Rafael Chirbes, título al que seguía la pista hace tiempo.

He entrado en una cafetería a escribir, echar un vistazo a mis nuevas adquisiciones y esperar la hora, y han entrado un grupo de chicas que, al parecer, trabajan de vez en cuando para una agencia de azafatas, han comentado algo acerca de ARCO, el camarero ha estado mucho más simpático con ellas que conmigo (se lo perdono), han fumado como carreteras, han hablado a gritos de chicos, de gays que tienen una enfermedad y lo hacen con animales y de cosas de clase, me han parecido tontas y me he quedado sin ganas de follar con ellas.

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2 responses

18 02 2010
micromios

Escribir en una cafetería debe ser un gustazo. Sentado entre sillas que han soportado personas interesantes, situaciones ambiguas y algún que otro mal pensameinto la inspiración debe volar.
Me ha gustado lo de que una libreria te dé más que consuelo literario, aunque llamándose el Aleph no me extraña.
Salut

20 02 2010
Raúl Gil

Un gran nombre para una librería, igual que Tres rosas amarillas, la librería especializada en relatos, que llevaba “buscando” un par de años y encontré ayer de casualidad, pero eso lo contaré luego con más detalles…

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