Trozos de febrero (IV)

15 02 2010

Tomando un café me he encontrado con Pablo Hojas (Dios) y Ángel Colina (Ortega y Gasset) y he pensado que todavía pasan algunas cosas interesantes en esta ciudad. Pablo se ha referido a Ángel como «un gran fotógrafo cántabro olvidado en esta tierra», y yo me he atrevido a añadir un «otro más» con el que ambos han estado de acuerdo.

Estoy nervioso. Estoy excitado. Estoy nervioso. Estoy excitado. Estoy nervioso. Estoy excitado. ¡BASTA! En menos de treinta minutos voy a comprobar si hay un huequito para mí, un pequeño hueco en la pared por el que sólo entra la luz, desde el que poder contemplar esta bahía que siento ya que me pertenece.

He levantado la mirada de la pantalla del ordenador y he visto que el vecino del quinto estaba sacudiendo su edredón nórdico de plumas por el balcón, y automáticamente he intentado recordar o averiguar dónde perdí el mío. Al salir a la calle he recogido algunas plumas, las que he podido, con la intención de devolvérselas: esta noche se presenta muy fría y no creo que pueda permitirse el lujo de prescindir de su abrigo nocturno.

El otro día, después de comer un poco de repollo con codillo preparado por mi madre, mi tía Mari me preguntó por enésima vez: ¿Qué haces exactamente en tu trabajo? Mi primera opción fue, como casi siempre, no contestar, pero luego pensé en zanjar el tema y entonces le conté la verdad: Mari, no hago nada, me pagan por nada, le dije muy serio, nada de nada, de verdad, sé tantas cosas de ellos que un día de verano se les ocurrió que ésa era la mejor manera de tenerme callado. Han comprado mi silencio, añadí, y volví a mi escritorio a hacer que trabajaba.

Anoche estuvo aquí, llevo pensando en ello todo el día. Creo que Quique sufre más de lo necesario. Y que no me cuenten cuentos: una canción así no se puede escribir sin estar jodido. Y Quique lo estaba, no hay duda. Subo y bajo Gran Vía como un policía local, como el autoestopista de sus sueños. Hay algo que valoro mucho de los cantantes que cantan sus propias canciones, los cantantes que cantan sus propias canciones en conciertos delante de tanta gente, gente que les está mirando, gente pensando «qué jodido estás, amigo», y no lo valoro sólo por eso, ponte tú a cantar eso delante de tanta gente y aguanta, aguanta el tipo, que no te brillen los ojos, que no se te apague la voz con ninguna palabra, que no se te haga un nudo en la garganta, que no decidas, de pronto, detener la canción, pedirle a los músicos que paren y, sin dar ninguna explicación porque no hace falta, ponerte a llorar como un niño, ponerte a llorar como un cantante que escribe sus propias canciones y que las canta en conciertos delante de tanta gente y que recuerda algo parecido a esto: quise mucho a esa chica, pero espero que no vuelva nunca más.  

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One response

15 02 2010
micromios

Que suerte tener un trabajo que no te exige nada y te permite pensar, porque esto sí debes hacerlo sino no tendrías ideas para escribir estas frases tan largas y encima con sentido, como la final que tienes mucha razón hay que tener ganas de cantar para decir según qué cosas en público.
A veces creo que escribir tambien necesita de echarle ganas,más que a los músicos que dan conciertos, que al menos saben que por la fuerza de los altavoces, si están ahí los oyen pero ¿cuantos ojos ves que leen lo que escribes, aunque no hagas nada más que estar atento a la pantalla del ordenador?
Salut

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