Habitación 409

13 02 2010

Esta es la segunda noche que duermo en el Hotel Central y todavía no me ha pasado nada digno de contar, así que tendré que inventarme algo para salir del paso, para que el dinero que he invertido, guiado por la necesidad de encontrar nuevas historias en escenarios propicios como por ejemplo un hotel, sirva para algo más que dormir en una cama recién hecha y mullida y darme una ducha con una presión de agua aceptable, algo como que al abrir la ventana de mi habitación individual he contemplado cómo la ciudad iba apagando sus últimas luces, mientras un par de personas, las sombras de esas personas, se movían de una a otra estancia de un ático abuhardillado, y de un vistazo general he podido comprobar que el tejado del Mercado del Este es tan inservible y feo como el interior del edificio, y mientras pensaba en la fealdad del edificio y de su tejado he escuchado unas voces que venían de la habitación de al lado, una voz de hombre y otra de mujer, ambas con marcado acento gallego, lo que me ha resultado familiar, y entonces he creído que, tal vez,  no estaba en la habitación de un hotel, sino en casa de algún primo lejano y he murmurado algo extraño que ya no recuerdo, pero lo he descartado en cuanto les he escuchado tirar de la cisterna de esa manera tan poco gallega, y entonces he resuelto que eran dos madrileños imitando el acento gallego para tratar de hacerse los graciosos o de confundirme o las dos cosas, pero a mí ni me ha parecido gracioso ni me han confundido, porque enseguida me he dado cuenta de su intención, y he estado a punto de llamar a la puerta de la 410 y decirles algo, recriminarles de manera enérgica su actitud, pero he pensado que siendo mi segunda noche aquí no debería montar ningún jaleo, no vaya a ser que no me dejen quedarme nunca más y tenga que buscar refugio, nuevas historias, gente, buscar vida, en definitiva, en el edificio de enfrente, y digo ahí porque nunca me ha gustado ir demasiado lejos, por eso no tengo carné de conducir, y por eso dije no cuando me invitaron a un viaje a China, pero esa es otra historia que no tiene nada que ver con mis vecinos de habitación, sí, ¿los recuerdas?, esos que imitan el acento gallego para burlarse de mí, para mofarse del inquilino de la habitación 409, que soy yo, y que lo soy hoy y lo fui hace un par de días, y estoy expectante porque he leído en una revista especializada, de esas que sólo se encuentran en la recepción de los hoteles y en el bolsillo delantero (se empeñan en llamarlo bolsillo delantero cuando todo el mundo sabe que es el bolsillo trasero del asiento de delante; supongo que será por abreviar la grabación con las instrucciones de seguridad en vuelo) de los asientos de los aviones, que la tercera vez que vas a un hotel y te dan la misma habitación tienes derecho a que la fruta del desayuno buffet venga pelada y cortada en trocitos en lugar de en su estado natural, recién caída del árbol, porque, entiéndeme, ¿quién es el guapo que se pone a pelar y cortar fruta a las siete de la mañana?, un loco, eso sólo puede hacerlo un loco, y yo no quiero que se corra la voz y por eso el otro día me fui sin desayunar y mañana haré lo mismo, a no ser que me despierte con tanto hambre que no me quede otro remedio, porque, pensándolo bien, tampoco me agradaría demasiado morir ahogado en la piscina con el estómago vacío, sería ridículo, insensato por mi parte, y le daría un buen disgusto al socorrista tonto que se pasa toda la mañana haciendo sudokus y ojeando publicidad de tiendas informáticas cuando podría, si se lo hubiera propuesto, pero ¿qué se va a proponer ese?, haber terminado dos licenciaturas y una diplomatura, al menos, y ahora que todo se llama igual, grado, podrían haber sido tres grados, si se hubiera esforzado la mitad de lo que se esfuerza para completar esos sudokus de nivel principiante, y, por cierto, sé que no viene a cuento, pero todavía no he conocido a ningún niño al que le guste encuadernar.

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14 02 2010
micromios

Desvarios aparte, creo que ayer o anteayer no pude acceder a tu casa por error, no se si 404 o 409. Igual es debido a que la fruta que te dieron estaba demasiado madura y no se podía pelar o porque los inquilinos de la 410 en realiad eran portugueses y no sabían la manera de tirar de la cisterna a la gallega.
Los niños si saben encuadernar, el problema es que encuadernan pergaminos y es difícil encontrarlos.
Salut y me alegro de que esto funcione.

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