Trozos de febrero (II)

8 02 2010

Sábado, 6 de febrero: De tanto llover la lluvia ya no cae del cielo, se ha pegado al suelo y el único movimiento que hace es rebotar todo el rato. Funeral gótico; en mi memoria el bonito con tomate; tanta gente conocida me hizo pensar que el muerto era otro; las mismas ausencias de siempre. Cerca de la medianoche me espera una música que me resulta conocida, pero ahora sólo escucho el sonido de un sms en mi móvil: Librería Gil. Hemos recibido su encargo. Puede pasar a recogerlo, gracias. ¡Alégrame el día, librero! Bolaño ha llegado, dejo todo lo que tengo entre manos, ¿qué otra cosa podría hacer?

Domingo, 7 de febrero: Desayuno de nueve y media a dos y media. ¿Hay otra manera mejor de pasar un día gris como éste?

Lunes, 8 de febrero: Sigue lloviendo y creo que está empezando a afectarme. Y me jode porque debería controlar estas cosas. El frío es más un estado de ánimo que una sensación térmica, pero la lluvia moja y se queda a vivir en tus huesos, y duele.

Varios:

Una de las cosas que más me duele con relación a estos últimos años es que, con toda seguridad, hemos decepcionado (defraudado sería la palabra adecuada) a mucha gente buena que, una vez superados prejuicios iniciales, confió en nosotros (todavía no sé muy bien por qué, quizá nos lo fuimos ganando poco a poco), gente como Isa, como Carlos, como Marta… Les recuerdo en esa foto y sé lo que piensan ahora de nosotros (cuando digo nosotros me refiero a la idea que les vendimos, y cuando digo sé lo que piensan es porque también lo pienso yo), después de habernos visto sonreír cómodamente sentados a la mesa de la gentuza contra la que tanto luchamos: ¡Menuda mierda!

Sé lo que necesito: estar a mi bola, pasar de todo el mundo, como he hecho hoy en cuanto me han dado una mínima excusa para ello. Pasar de todo el mundo, apagar los móviles, arrojarlos por la baza y tirar de la cadena un par de veces, y comprobar que han desaparecido por los desagües y que ahora están llenos de mierda, como tiene que ser…

Sé que algo me pasa, pero no tengo claro qué es. Para empezar, no consigo escribir de otros temas que no sean literatura, muerte y sexo, y no me preocupa literariamente, sino personalmente.

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4 responses

8 02 2010
micromios

La lluvia creo que genera un estado de ánimo, como el viento o los días luminosos. No sé pero parece todo más gris y apetece mirar el mundo a través de los cristales. El problema es que con la oscuridad se convierten en espejos y sólo nos muestran a nosotros mirando por el cristal. Este eco de la imagen a mi me pone de mal humor.
Salut

8 02 2010
Raúl Gil

Me gusta mucho eso del “eco de la imagen”.

9 02 2010
Camaché

Algunos, quisieramos estar en tus zapatos. Sentir la lluvia rebotar todo el rato y escucharla caer todo el tiempo. Extrañamente el suelo empapado y el cielo gris le dan un toque mágico a las ideas.
Por desgracia, algunos como yo, tenemos que encontrar inspiración en este infierno tropical de temperaturas insoportables, jeje.
Me ha gustado mucho lo que escribiste, tiene mucha fuerza.

Saludos. 😉

10 02 2010
Raúl Gil

Mis zapatos están ya algo gastados, tendría que hacer caso a mi madre y no ponerme siempre los mismos. ¿Un intercambio? Me encantan los infiernos…

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