Llámame antes de quedarte embarazada

31 01 2010

Recuerdo que entonces le dije: Llámame antes de quedarte embarazada otra vez, que no me apetece follar contigo sabiendo que en tu vientre hay un feto suyo. Ella ni me miró a la cara, se quedó callada un buen rato, tanto que empezaba a agobiarme, y entonces me dijo que yo era un egoísta, eres un puto egoísta, fueron sus palabras exactas, y yo sabía que por una vez tenía razón, y me puse un poco triste, pero la tristeza, bastante light por otra parte, no me duró mucho, tal vez diez o doce segundos, el tiempo necesario para alcanzar su coño con mi mano y notar un gesto parecido al miedo en sus ojos, el tiempo necesario para hundirle tres dedos y que vinieran sus primeros gemidos, luego vinieron más, dedos y gemidos, y al rato, no creo que pasara demasiado tiempo entre una cosa y otra, me bajé los pantalones y le metí la polla hasta dentro de un golpe, tan dentro y tan golpe que gritó, gritó mucho, gritó tanto que al principio me asusté, pero enseguida continué con mis acometidas sin pensar en otra cosa que no fuera su futuro embarazo. Pensé tanto en ello que me olvidé del condón, pensé tanto en ello que no recordé que tenía que correrme fuera, y ella seguramente no estaba para pensar y no pensó, y entonces yo me corrí como te corres cuando tienes todas las ganas del mundo, y ella hizo como que gritaba, pero ya no le quedaban fuerzas, y yo le dije, sin sacarla, que tendría que tomarse la pildorita, y ella me dijo que no me preocupara, y lo dijo con una expresión en la cara que no hizo otra cosa sino preocuparme, pero no dije nada, me limpié un poco, me subí los pantalones y me los abroché, al hacerlo sentí pena y pensé, de nuevo, que ella tenía toda la razón llamándome egoísta, pero sobre todo pensé que hacía mucho tiempo que alguien no me excitaba tanto, y se lo dije, y ella ni siquiera sonrío, y en un exceso la abracé, sin demasiada convicción ni ganas, pero la abracé, y ella tampoco sonrío, tal vez abrió mínimamente la boca y mostró una parte de sus dientes, pero eso no se podía considerar una sonrisa, y después dijo: No voy a llamarte nunca más, nunca, ésta es la última, se acabó, ¡¿vale?¡, y al decirlo sí que sonrió, sonrió con fuerza, tanto que se le escapó una risa entre nerviosa y aturdida, una risa más propia de alguien perturbado, y entonces creí que se estaba volviendo loca, así que sin decir nada más salí de su oficina y bajé las escaleras lo más rápido que me dejaban mis piernas, que aún temblaban, afuera empezaba a llover y una mujer de treinta y pico años empujaba con desdén un cochecito de bebé y canturreaba una melodía que, en ese momento, no me resultó conocida.

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2 responses

31 01 2010
Pilar C. Sánchez

Creo que a eso se le llama tensión sexual resuelta… Que bien se lo pasan follando aunque no se entiendan en nada más. Un polvo así de pasional nunca es el último, a quién queremos engañar…
Y si se queda embarazada mañana… bueno, aún tiene un mes para enterarse.

Un saludo.

31 01 2010
Escéptico

Buen comienzo para una historia. Imaginemos que fue así, que hubo una despedida definitiva. Pero un día, pasado un tiempo hubo un nuevo encuentro. El era un abogado con más presente que futuro y ella una profesional de éxito. ¿Qué pasó en ese segundo encuentro?

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