Fragmentos de libreta (dos)

8 01 2010

Sois una pandilla de desgraciados hijos de puta y no merecéis ni un segundo de mi tiempo, ni una milésima de segundo, nada, ni un mínimo pensamiento, nada…

Teléfono que no responde a las preguntas que me hago, teléfono que me impide saber más de lo que ahora mismo sé, que es poco, aunque podría ser, con suerte, suficiente.

Quiero que vengas ya y comamos y verte sonreír.

Uno se puede sentir solo aún paseando por las calles de su infancia. Uno se puede sentir solo aún paseando. Uno se puede sentir solo. Uno se puede sentir. Uno.

En Barcelona los niños no quieren ser caganers. ¿Cuándo perdemos la capacidad de crear propia de la infancia? ¿Cuándo dejamos de ser creativos? ¿Cuándo abandonamos la necesidad de inventar historias, de contarlas, de crear personajes?

La camarera, siempre la camarera, hace una pequeña y sutil parada técnica en su quehacer para cruzar su mirada con la mía y bajar la cabeza justo antes de que pueda devolverle la sonrisa… Al hacer el café, lejos de mí, a dos metros y medio, también mira, y yo miro y ella mira.

El padre de un futbolista famoso y mediático desde niño está despotricando del star-system televisivo. La gente se queja siempre, da igual lo que hagas, la decisión que tomes, la gente se queja siempre, así que haz lo que te pida el cuerpo y no pienses en nada.

Ya no sé si soy yo o es el perro del vecino el que aúlla de esa manera en que aúllan los perros cuando les dejan solos en casa; ya no sé si soy yo o es el perro del vecino el que aúlla de esa manera de aullar que se te mete en los huesos, como el frío de este cinco de enero en el que el único regalo que tengo es saberme tan necio que me doy asco.

Ahora lo entiendo: tú me lo has dado todo y, en cambio, yo a ti ni siquiera lo más básico: yo, simplemente.

Al final de San Martín, bajo el manto de la virgen, sólo estamos Luisito Cué y yo; debe ser una premonición.

La nieve ha perdido la batalla y, aún sin haber amanecido el día, su rastro ha desaparecido de las aceras. Era bonito verlo todo blanco y caminar con cuidado sobre el manto de escarcha. Era bonito, en ese preciso instante congelado, pensar en ti y darme cuenta que no hay peor frío que tu ausencia.

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One response

11 01 2010
Escéptico

Las ausencias son frías como un puñal de hielo, son frías como un beso de despedida, son frías como el viento de enero. Las ausencias son frías porque detrás de ellas o junto a ellas solo queda la soledad no buscada.

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