Notas lisboetas (II)

10 01 2009

 

Los portugueses miran a las mujeres como los miopes: enfocando; se detienen el tiempo que consideran necesario para focalizarlas, se detienen un buen rato contemplando su objetivo y lo hacen sin pudor alguno, lo cual no parece reprochable: ¿qué problema puede conllevar la contemplación de la belleza?

 

Una ciudad decente es aquella que tiene un hospital de muñecas, donde hay gente que se dedica a cuidar de quienes te han cuidado durante la etapa más delicada, gente que se dedica a cuidar de quienes te han acompañado, fieles, sin reprocharte nada, durante toda la infancia, una ciudad decente tiene que ser aquella en la que hay un hospital de muñecas, y mejor si está en una plaza importante, grande, céntrica, de paso; que todo el mundo pueda darse cuenta y exclamar al viento: ¡Qué ciudad más decente!

 

Hoy estoy más contento aún, más contento que ayer y bastante más alterado, he bajado a desayunar todavía de noche porque algunas cosas saben mejor a deshora, por el momento sólo he comido fruta, no quiero castigar demasiado al estómago, y mientras comía fruta, y mientras leía 2666 de Roberto Bolaño, y mientras contestaba algún bonito correo ha amanecido en Lisboa, no del todo, pero ha amanecido, no se puede decir que haya una claridad dominante, pero ha amanecido, y sé que va a ser un gran día, porque es una buena forma de amanecer ésta de hoy, porque pasar de la noche al día comiendo fruta, leyendo 2666 y contestando un bonito correo me parece un buen preludio, y miro a la gente que desayuna a mi lado buscando su aprobación, o al menos su comprensión, o eso quiero pensar, y la busco porque estoy en Lisboa, y me parece justo, no haría lo mismo en Santander, no haría lo mismo porque allí no necesito —faltaría más— la comprensión y mucho menos la aprobación de nadie, y eso debe ser porque aquí, en Lisboa, aquí los edificios se parecen sobre todo a los tranvías: rectangulares, amarillos y con una ligera redondez en los extremos.

 

Estoy delante de la tumba de Fernando Pessoa y me siento más portugués que nunca y siento, también, un profundo orgullo de pertenencia a Pessoa y Portugal, y recito para mis adentros los primeros versos de Tabaquería y me encuentro con el poeta y le doy las gracias, por si no se las había dado hasta ahora, le doy las gracias porque es lo menos que puedo hacer en medio de esta sublime emoción y de este orgullo de ser portugués y de ser casi parte de Pessoa.

 

AUTOBOMBO: Os pongo el enlace de la entrevista que me hizo Guillermo Balbona y que salió publicada ayer en el De Marcha de El Diario Montañés, el suplemento para jóvenes creado por José María Gutierrez. Gracias a los dos por defender el periodismo con mayúsculas.

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4 responses

11 01 2009
Escéptico

Lei tu entrevista en D.M. el pasado día 9. Se agradece tu ánimo crítico.
Un abrazo

12 01 2009
Raúl Gil

Gracias, es lo que pienso, y además quiero decirlo…

Un abrazo!

12 01 2009
KALÍN

Sinceramente me sorprendiste. Me parecieron muy interesantes tus reflexiones sobre el estado cultural de la ciudad. Merecerían una difusión mayor.

13 01 2009
Raúl Gil

Kalín!! Qué tal estamos??

Déjate de difusiones que luego no puedo salir de casa…jeje

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