Uno de esos días en que era mejor no haberse levantado

12 12 2008

Hay días que según nacen, bien temprano, ya sabes que lo mejor hubiera sido saltarse el calendario. Es una sensación extraña que te asalta en el momento de exprimir toda la vitamina C de las naranjas. Hoy es uno de esos días. Tengo buen instinto y no necesito ver pasar muchas horas para saber que este viernes de diciembre no va a pasar nada bueno. Y no creo que me equivoque. No suelo hacerlo. Supongo que me jode que haya salido el sol. No entiendo por qué tiene que aparecer precisamente hoy para darle brillo a este potingue asqueroso.

No voy a intentar cambiar nada hoy. Esfuerzo baldío, roto, innecesario. No voy a gritar ningún lema de antes de ayer, porque los he olvidado todos convenientemente. Resucitaré al segundo día y entonces, sólo entonces, recordaré estas palabras con una sonrisa lastimera en la boca. Y en voz baja te preguntaré si es verdad que una noche mis pies estaban demasiado fríos. Y brindaré por ti y por la gente del barrio, que pasean sin darse cuenta de que siempre llegan tarde a todo, incluso a ellos mismos.

Tuerzo la boca y aprieto los labios en señal de recogimiento intelectual. Enciendo la radio y pruebo a sintonizar alguna frecuencia en la que suene Canción de palacio # 7, pero como me imaginaba ninguna emisora se atreve a contar las cosas que pasan en mi vida, en la de todos. No le interesan a nadie. He decidido que ni siquiera a mí. Abro el mueble donde está toda la música, busco un cd concreto, lo pongo en el aparato reproductor y me sirvo una copa con muchos hielos para reducir la terrible inflamación. Dejo que suene y declaro solemnemente que es lo único que quiero escuchar hoy. Lo único, ¿vale?

Con todas estas páginas he construido mi mansión en una zona alta de la ciudad, soleada y residencial.
Me llegó a ofrecer —y era una ganga
mano de obra infantil cierta gran multinacional.
Claro, yo la rechacé.
No saben la de cosas que se escuchan cuando tus paredes son todas de papel.
Anoche oí a dos tipos planear una guerra nuclear mientras me hacía un té.

Y a veces oigo a las ratas
que roen la pared.
Les doy papel de estraza
del que uso yo para sacar la tinta de la piel.

Y vivo así en mi palacio de papel.
Se está bien aquí, se está bien.
La mujer del tiempo anuncia un vendaval,
pero no me iré; resistiré.

Y se oyen voces que hablan de deshaucio y sé que quieren derribar mi humilde mansión.
Al parecer pretende abrir aquí una nueva boutique un tal Louis Vuitton.
Puede que lo hable con él…
O puede que me atrinchere aquí, y como cualquier animal ya sabré lo que hay que hacer.
O entienda que si no pierdo la fe es porque jamás llegué a tener una que perder.

Pero en veintiocho años,
vean que la reconstruí
con estas sucias manos
un millar de veces y sigo viviendo así,

como un rey en mi palacio de papel.
Se está bien aquí, se está bien.
La mujer del tiempo anuncia un huracán,
pero no me iré; resistiré.

Y si hay un fuego aprenderé a arder.
Y si empiezo a arder aprenderé a apagarme.

Y vivo así en mi palacio de papel…

(Tengo una razón y volveré a ACTUAR.)
(No hay IMPUNIDAD pero voy a actuar.)

Nacho Vegas

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