Cuento las horas

1 08 2008

«Te escribo desde un café al borde de la carretera, aquí al lado hay un buzón, diviso una hilera de cipreses que ya para mí son nostalgia, y quisiera que la recibieras mañana, con mis caricias más frescas.» Todavía queda algo más de una (larga e interminable) semana para mi encuentro en la Universidad Complutense con Antonio Tabucchi; pero ya cuento las horas. Y las cuento en forma de lecturas y relecturas de sus libros, y de impaciencia y ganas de que llegue el momento. Estos últimos días me he centrado casi por completo en él. En parte por adquirir una buena base para poder participar con más criterio en el Seminario; pero sobre todo porque leer a Tabucchi es una auténtica delicia.

«Te llamaré Mi Sublime Cómplice, por esa complicidad y ese entendimiento “de fondo” que sólo nosotros conocemos y que las almas simples llaman amor.» Entre los recientes descubrimientos está su Autobiografías ajenas. Poéticas a posteriori, que es una especie de revisión de algunos de sus libros: Sostiene Pereira, Se está haciendo cada vez más tarde, Dama de Porto Pim, La línea del horizonteRéquiem. Es como releer a Tabucchi guiado por Tabucchi (meritorio y doble ejercicio de introspección del escritor). El problema es que ahora tengo muchas más preguntas que hacerle, y creo que me acabará odiando: «Ya está el tío pesado con el brazo erguido y el dedo índice apuntando al techo del aula», pensará. O lo dirá en voz alta, lo cuál será terrible: me esconderé debajo de mi propia vergüenza. Pero no conseguirá su propósito, y seguiré con mis preguntas y mis dudas.

«La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad.» Pereira sostiene tan elevada reflexión, y desde ahí la deja caer como sin querer, como quien pasa por delante de un escaparate y mira adentro de reojo y con prisa; pero en ella se encierra buena parte de la poética de Antonio Tabucchi. Y Pereira sostiene sobre todo un espacio de dignidad personal, inasible a la más terrible de las tiranías: la ausencia de libertad.

«El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción: la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad.» Le cojo prestado a Fernando Pessoa un fragmento de El libro del desasosiego, que me produce un profundo sentimiento que hace honor al título del volumen del gran escritor y poeta portugués. ¿Qué hubiera sido de Antonio Tabucchi si aquella tarde a orillas del Sena no se hubiese topado con el Bureau de Tabac de Pessoa? Y, teniendo en cuenta que lo que yo estoy viviendo ya lo ha escrito alguien, y simplemente estoy transformando en vida lo que un día fue literatura, ¿qué hubiera sido de mí si no me hubiese encontrado, felizmente, con Antonio Tabucchi aquella semana en El Escorial? 

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2 responses

3 08 2008
ruth

Pásalo bien y aprende mucho!! Yo ya estoy en cuenta atrás (tictactictac), en pocas horas cambio de continente!!
bss

4 08 2008
Raúl Gil

Buen viaje, Ruth!

Traéme algún libro de Roberto Quesada!

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