Placeres de la vida

14 05 2008

Voy a recuperar temas de menor audiencia (no me apetece seguir batiendo récords de visitas gracias al morbo), pero que me interesan mucho más y me reportan, como ya he escrito en otras ocasiones, placer y felicidad. Ayer, después del trabajo, salí a dar un paseo desde casa hasta el Museo Marítimo; pronto me vi acompañado por una de las trombas de agua más espectaculares de los últimos tiempos. De vuelta a casa, con la ropa empapada, me di una reparadora ducha con agua caliente, comí un plato de puré de verduras y me senté en el sofá dispuesto a ver una película. Llevo (llevamos, en realidad) más de tres meses sin antena de televisión y, lejos de preocuparme, estoy encantado: escucho más la radio, leo más, veo más películas y estoy más tranquilo. Evito, así, la tentación de perder el tiempo delante de algún programa más o menos entretenido. Ayer vi La ley de la calle de Francis Ford Coppola. Una película hecha para el lucimiento de Mickey Rourke, que responde al brindis con una interpretación espectacular (la única que le recuerdo). La película es pura poesía, un perfecto sueño. Los diálogos son magistrales, pero lo mejor es el magnetismo de la voz de Rourke (VOS, por favor). 

Llevo un tiempo viendo películas muy seleccionadas, y así me voy a dormir pensando que hay pocas cosas que me sorprendan tanto como el cine. Y dentro de esas maravillosas sorpresas, en posición muy destacada, está François Truffaut. Le debo a Jon el descubrimiento, y le estaré eternamente agradecido. Me quedan muchas películas que disfrutar del genio francés (ya le he pedido a Jon que me deje el estuche con la filmografía completa), pero lo que he podido ver hasta ahora me ha embrujado para siempre. Aparte de inspirarme algún que otro relato, Truffaut produce en mí una sensación extraña, entre onírica y real, que me hace revolverme en el sofá con cada nuevo plano. No he visto rostros que expresen tanto como los que aparecen en sus cintas; en ocasiones, ya cerca del éxtasis, pienso que algunos de esos trabajados gestos los están haciendo sólo para que yo los contemple. Jules et Jim, Farenheit 451, La mujer de al lado, Los cuatrocientos golpes, La noche americana… Auténticas obras maestras del cine, verdaderas joyas, de imprescindible visionado para cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad.

He sufrido un descenso (más allá de lo deseable) en la concentración necesaria para leer buenos libros, y me he propuesto hacer un esfuerzo para compatibilizar la instintiva tarea que ocupa, en estos tiempos, buena parte de mi cerebro, con la saludable dedicación a la lectura. Me engaño a mí mismo, y antes de dormir devoro algunos de Las historias en la palma de la mano, de Yasunari Kawabata, ciento cuarenta y seis relatos muy breves que no requieren, en pequeñas dosis claro, una entrega excesiva. El escritor japonés comparte espacio en la mesita con uno de los pocos escritores patrios de la actualidad que me interesan: Rafael Chirbes, y su Crematorio, una magnífica guía para tratar de entender estos últimos años de corrupción política y urbanística, negocios sucios y grandes enriquecimientos ilícitos, que han dado como resultado, entre otras tristes cosas, depredación de la costa (y lo que no es la costa) en nuestro país. Para completar el abanico literario, esta semana me acompaña de aquí para allá El lobo estepario, del alemán Herman Hesse (influencia de mein Schwester). Un libro extraordinario, digno de su autor, pero que necesita dedicación casi absoluta. Cada una de las líneas tiene vida propia, la de Harry Haller, la del autor, la de su permanente crisis espiritual…

¡Y qué mayor placer que unas buenas vacaciones! Las mías ya están reservadas. Me espera, cuando llegue de una vez el verano, un precioso piso en el centro de Cádiz, justo al lado de la Plaza de las Flores, y a un minuto del Campo del Sur. Perderme en las callejuelas del Pópulo, descansar en la Caleta, comprar verduras en el mercado de la Plaza de la Libertad, comer pescadito frito en la Viña, cruzar la bahía en el vapor… No quiero pensarlo mucho, porque tengo tantas ganas que se me van a empezar a salir por los huecos de la camisa, y a ver cómo lo explico. 

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9 responses

14 05 2008
elmonoloco

De esto si que da gusto hablar ¿eh?. Y además relaja, que falta nos hace. Qué gran actor Mickey Rourke jajajaja. Como bien dices debe de ser en la única película que yo recuerde que hace un papel digno.

Sobre Hess, no se si has leído algo más o has empezado por el Lobo Estepario. Si es así has elegido “el hueso” de sus obras. Sin duda la que más ha contribuido a ser como soy y que realmente me ayudó a crecer. Cuando la termines te calzas “Bajo las ruedas” que está en el extremo opuesto de ese sentimiento de crisis espiritual que bien dices.

Tranqui que ya te voy a pasar el resto de pelis de Truffaut. Dime cuales has visto/tienes y te paso el resto.

Que envidia… Cadiz… yo este verano, de vacaciones a Algorta, jajajajajja.

14 05 2008
Oscar Sin Nick

Pisha que bien suena lo de Cádiz hijo.

14 05 2008
Raquel

Deine Schwester, ¡no me hagas masculina!
Un beso.

14 05 2008
JP

Pues toma una visita 😉 No conozco cadiz, pero la llaman algunos la cantabria del sur, no sólo por los paisajes, sino también por los paisanos y bares por allí. ¿Qué opinas?

Saludos,
JP

Historias de JP

15 05 2008
Raúl Gil

Digno, no, dignísimo. Se sale, qué vocecilla… De Hesse, que yo recuerde, no he leído nada más. Si te ayudó a crecer la debería haber leído antes, porque no me hubiera venido nada mal medir unos centímetros más…jeje Me leeré “Bajo las ruedas”.

Te paso por correo la petición de películas de Truffaut.

Si que suena bien, Óscar. Será la quinta vez en este siglo que visite la Tacita de Plata, y vendrán más, porque no sólo no me canso nunca, sino que cada vez que voy descubro alguna nueva maravilla. No sé si has estado, pero es una ciudad con encanto infinito (del de verdad)

Raquel, perdona. Mi alemán no es muy bueno, ya lo sabes. Pero la intención es lo que cuenta…Un beso.

JP, si no conoces Cádiz te estás perdiendo un bastinazo pisha. No sé, paisanos hay, algunos ilustres como la Alcaldesa o Alfredo. Allí les llaman “chicucos”. El Barrio de la Viña con sus tabernas y bares si que me puede recordar un poco a algun pueblo de Cantabria, de los de chateo de excelencia (como el mío). A la ciudad que más se parece Cádiz, casi como dos gotas de agua, es a La Habana. Es increíble la cantidad de similitudes entre una y otra. Cosa de los intercambios comerciales en época de esplendor de ambos puertos. Como le decía a Óscar, Cádiz es totalmente recomendable. Tiene de todo: playa, buena gastronomía, monumentos, arquitectura, museos, comercios, historia, barrios antiguos, música, fiesta; pero lo mejor es su gente.

17 05 2008
escéptico

Me alegro que hayas recuperado a Truffaut.

18 05 2008
yolanda sáenz de tejada y vázquezdemimadre

El mes pasado compré una bici de segunda mano. En Huelva. Tengo (tenemos todos los hermanos o como dice mi padre: sus 7 magníficos) una casa en la playa. Compré una bici de segunda mano (me repito) para ir al mercado a comprar cuando voy allí de vez en cuando, igual que tú haces en vacaciones. La bici la conseguí (me crié y a mucha honra con gitanos y tratantes) por 35 euros y cada día que subo al puerto a leer poemas con ella y vuelvo a casa cargada de frutas o pescaítos de la plaza, siento que amortizo más del doble de su valor.
Has descrito muy bien el placer del placer…
tebeso

20 05 2008
unmundodecine

Raúl, si te digo la verdad, por culpa del cine hace muchísimo tiempo que abandoné las noches de lectura. Así que te comprendo si alguna vez tu la eres infiel. Aunque cine y lectura van tantísimas veces de la mano…

20 05 2008
Tajalápiz

Pues ¡qué ganas de conocer Cádiz que das! y ¡qué vida triste sin la tele! En Islandia, hasta hace unos pocos años, había un día sin televisión. Era un país más civilizado entonces.
Felices lecturas, filmes, vacaciones….

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