No todas las palabras son balas de justicia

24 01 2008

—Para mí una cerveza fría, y ella tomará una coca-cola light —dijo al llegar cerca de la barra, con un gesto tan contrariado que podía adivinarse desde el otro lado del bar.
El camarero dudó en preguntarle acerca del tipo de cerveza que prefería, pero, al ver que la conversación entre ambos se encendía por momentos, decidió ponerle una Heineken aún sabiendo que, siendo la más ofrecida, es la que más rechazo provoca entre los buenos bebedores. Quizá pensó que no tenía pinta de buen bebedor, o quizá no pensó nada e hizo lo más sencillo, que es lo que hace todo el mundo, y no les va ni tan mal.
—Nunca imaginé que podías ser capaz de llegar a esto —le soltó mirándola con cierto desprecio, justo después de tragar los primeros decilitros del líquido espumoso, que de frío le hizo daño en los dientes; aunque no tanto como sus propias palabras—. No creo que logre recuperarme de esta nueva decepción.
—No sé de que me hablas —le contestó ella, sin levantar la mirada de los cordones de sus botas marrones.
Cualquiera que entrase al bar podía darse cuenta, sin investigar demasiado, que entre los dos estaba pasando algo terrible, porque si, como dicen, la cara es el espejo del alma, sus almas estaban completamente destrozadas. Largos silencios, preguntas sin respuesta, miradas que se pierden antes de llegar a su objetivo, reproches sobrevenidos, algún que otro insulto, palabras entrecortadas por espejismos de contención de última hora… Nadie está libre de padecer un momento de esos —de hecho hay bastante gente, mucha, demasiada, predispuesta psicológica y socialmente, como animada por las circunstancias y los silencios cómplices— en su vida. Es un peligro porque nunca sabes donde ni cuando, ni cómo, va a terminar. La escalada es terrible: como esa bola de nieve que nace en medio de la pendiente de una montaña más alta que tu orgullo, y que va recogiendo materia prima y haciéndose más grande, y más poderosa, y más fiera, y más inconsciente, y se lleva todo por delante sin preguntar siquiera si era necesario hacerlo.
—¿Creías que no iba a enterarme? Dime la verdad, ¿lo creías? —le insistía en un modo violento que hacía desagradable hasta la pronunciación de algunas palabras que, en otro momento y tocadas por las manos mágicas de los poetas, nos podrían hacer las personas más felices de la tierra.
—Lo siento —masculló, y lo hizo tan bajo que ni sus molares inferiores se dieron cuenta de lo que decía—. Lo siento, cariño, perdóname, lo siento, tienes razón. He sido una maldita zorra. Lo reconozco.
—No te he escuchado bien, repítelo.
—He dicho lo siento. ¡Que lo siento! Que soy una zorra ¿Qué más quieres que diga?
—Está bien, está bien, no quiero que digas nada más, amor, de verdad: para mí es suficiente.
Él tampoco dijo nada más. Ni siquiera cuando el camarero le reprochó, sin demasiada energía, que devolviese a la fuente —en la que aún quedaba más de media tortilla poco hecha— aquél cuchillo manchado de sangre, no demasiado afilado como utensilio de cocina, pero sí eficaz instrumento de muerte si penetra varias veces seguidas en cuerpo ajeno, sin haber acondicionado antes un espacio para su cobijo. De improvisto. Cuando uno cree que ya ha expiado su culpa. Cuando piensa que ha convencido al jurado. Cuando se somete a un juicio que no respeta las reglas del juego, ni siquiera las reglas del amor, que, al igual que las palabras, pueden servir para matar y para querer a la vez; y por ello les he perdido todo el respeto, y he dejado de venerarlas, y ahora ya no hablo, si no que vomito, y no limpio los restos, porque ni siquiera sé si merece la pena.

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4 responses

25 01 2008
Almaenmultipropiedad

Tienes un blog absoluamente genial. Podrías empezar una serie de relatos de “vivencias/conversaciones de bar” (y es raro que los políticos que tanto los frecuentan, suelan escuchar u observar algo de lo que allí sucede, por eso, si alguien puede, eres tú).
Saludos.

25 01 2008
Raúl Gil

Me gusta el nombre de tu blog.

Tomo nota de tu propuesta; aunque lo de “si alguien puede, eres tú” no sé cómo tomármelo…jeje

Saludos.

25 01 2008
elmonoloco

Raúl, realmente me parece una idea muy buena el hacer una serie “vivencias de un bar” que propone almaenmultipropiedad. Ya estás tardando en empezar o recopilar con que tengas.

Entre otras tantas cosas me quedo con:

“(…) o quizá no pensó nada e hizo lo más sencillo, que es lo que hace todo el mundo, y no les va ni tan mal”

25 01 2008
Almaenmultipropiedad

Jajajaja, lo decía para bien (por tu gran capacidad de observación de lo patrones de conducta de la gente, cosa que se hecha en falta en la mayoría de los políticos, y eso es lo que los aleja del ciudadano medio y lo que los hace mediocres, todo el día con el patatin y patatan de “la culpa es de usted y la ignominia de su grupo parlamentario..”)

Es de los pocos blogs de políticos que leo (por algo será). Si alguien puede, eres tú. Nos vemos en los bares.
Saludos

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