Frío por dentro

7 01 2008

—¿Te ocurre algo? —pregunté.
—No, sólo que tengo algo de frío —me contestó sin levantar la vista del suelo.
—¿Quieres que ponga la calefacción?
—No, deja; el frío que tengo es por dentro —me soltó como resignada ante algo que no se podía cambiar.
—Y si es por dentro, ¿cómo sabes que tienes frío? —le dije, intentando deconstruir sus sentimientos.
—Lo sé y punto. ¿Qué tipo de preguntas son esas? —me contestó casi furiosa.
—El tipo de preguntas normales para frases como “el frío que tengo es por dentro”.
—Pues, si no te importa, ese tipo de “preguntas normales” te las guardas para ti.
—¿Quieres decir que me las quede dentro?
—Sí, eso mismo.
—Es que si te hago caso, con el tiempo y la falta de uso se quedan frías, y yo con ellas.
—¿Te refieres a que tienes frío por dentro?
—Sí, es un poco eso.
—Y si es por dentro, ¿cómo sabes que tienes frío?

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