11M

3 11 2007

He dejado pasar unos días, con la intención de hablar con cierta perspectiva y con algún elemento de juicio más, que la reacción impulsiva y en caliente a todo lo que rodea a la sentencia del 11M. No me voy a extender demasiado. Casi podría copiar, aquí, el texto de Pablo Ordaz en El País del jueves, titulado La mentira, condenada. El miércoles lo comentaba con mi madre. Nos hemos acostumbrado, peligrosamente, a un Partido Popular tan mentiroso, zafio y maquiavélico, que casi no nos sorprende nada. Pero, joder, no podemos perder nuestra capacidad de indignación ante determinadas cosas. Cuatro años de infamia tienen que tener alguna consecuencia más que el sonrojo, personal y en privado, de la mayoría de los dirigentes del partido conservador. Lo de El Mundo y la COPE me da igual. Ni me preocupa, la verdad. Con no comprarlo, en un caso, y pasar de largo en el dial, en el otro, es suficiente. Pero lo del principal partido de la oposición, que gobernó ocho años nuestro país, y gobierna muchas y diversas instituciones a lo largo del territorio, me da un poco de miedo. Un miedo razonable y fundado. No un miedo melodramático e interesado. No he leído estos días el periódico, ni he visto la televisión, ni tampoco he escuchado la radio. He estado aislado completamente de la realidad. Bueno, de la realidad que nos marcan cada día. Porque en mi realidad, en la que me interesa, he estado metido hasta los tuétanos. No sé si Rajoy ha grabado un nuevo vídeo institucional para decir que, a partir de ahora, no iba a decir ni amparar mentiras. Tampoco si Zaplana y Acebes han pedido disculpas por ser como son. O si Jaime del Burgo se ha retractado de alguna de sus innumerables salidas de tono. Espero que lo hayan hecho. Por su bien y el de todos. Sí he leído, de pasada, algo que ha dicho López Médel; uno de esos políticos populares que me hacen albergar la confianza de que, en un futuro no muy lejano, podamos tener una derecha moderna en nuestro país. Yo tengo esa esperanza. Quiero que mi partido gobierne cuando y donde se lo haya ganado. Creo, sinceramente, que a pesar de todo, sigue sin ser lo mismo, y que los mayores cambios y el mejor progreso vienen, casi siempre, de la mano de gobiernos socialistas. Pero si no es así. Cuando no nos lo hayamos ganado o no nos merezcamos la confianza de la gente, que nos gobierne el Partido Popular. No pasa nada. Es bueno y de higiene democrática. A veces, incluso es necesario. Pero no este Partido Popular. Otro que espero llegue algún día.

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2 responses

3 11 2007
Luis Marañón

La verdad es que, comentando brevemente tu post, me ahorras el mal trago que para mi supone escribir, no sobre la sentencia, sino sobre la falta de escrúpulos de los ideólogos y voceros de la mentira. Mentira, por otra parte, no coyuntural, sino estructural.
Entre algunos políticos falsarios del PP y los rabiosos pseudoperiodistas, lo mejor que nos queda es la dignidad de las víctimas y los leves rayos de esperanza que nos hacen visibles gente como López Médel (con el que tuve la suerte de compartir una viaje hasta bilbao y una interesante conversación).
Esperemos que se imponga la cordura, que dejemos de hablar de esto y que nos dejen en paz. ( ves? si es que pierdo la mesura y casi la compostura)

4 11 2007
escéptico

La Sentencia sobre el 11 M está ahí. Quienes no querían Sentencia alguna, sino seguir con sus teorías, no aceptarán sus contenidos.
No se si merece dar más vueltas al asunto.

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