Mascagni y Kotler

6 10 2007

Ayer le cogí a Chusmanu, de la estantería de la agencia, varios títulos de una edición especial de Deutsche Grammophon. Bajo el nombre de Grandes Óperas, la selección es una auténtica maravilla. Vi que en la misma estantería, había otra colección, muy similar en los títulos y que, en este caso, era una promoción de un periódico nacional. Ante tal abundancia, en ese mismo instante, decidí aligerar la pesada y repetida carga y, sin previa consulta al dueño (¿vamos a perder la amistar por ésto?), tomaré prestado, de vez en cuando, algunos de los cuidados libretos que encierran cd´s dobles con la mejor ópera de la historia.

En el primer capítulo de esta nueva amistad con la simpática estantería, me quedé con Aida de Verdi y Los Cuentos de Hoffmann, de Offenbach, pero mi interés estaba depositado, sobre todas las cosas, en Cavalleria rusticana de Mascagni. Confieso que no he escuchado nunca la ópera entera. Sólo tiene un acto y, para mí, el gran valor de la obra del compositor italiano es el Intermezzo sinfónico. El corte dieciocho. Una música de una belleza impresionante, que envuelve y emociona. Los más cinéfilos sabeis que la escena final de El Padrino III está bañada por las notas del Intermezzo, en una cruel batalla por ver quién es más emotiva: la pieza o la escena. Aquí sigo escuchando. No sé qué número de veces hace, ya.

En los últimos años, por estas fechas, solía pasar el fin de semana en El Astillero. Sigo con la tradición aunque, ahora, en lugar de tener trescientos ordenadores delante, sólo tengo uno. He ganado en intimidad. En fin, que me espera un sábado/domingo de lecturas variadas. Abierto, de par en par, tengo a Kotler y su Marketing en el sector público. Acaba de llegar a Santander y debo ser el primero que lo tiene. Como dice Luis: “Kotler es el más grande. Por encima de Tom Peters“. Tiene razón, aunque yo le gano, por el lado frívolo, defendiendo que el formato de los libros de Peters es mucho más atractivo. Este último de Philip Kotler, escrito junto a Nancy Lee, y traducido (todo menos las comas, que brillan por su ausencia) por Josep Chias (Presidente de Chias Marketing Systems), pretende aportar soluciones, diseccionando casos de éxito de marketing en el sector público, con experiencias reales de programas públicos en EE.UU (a ver cuando escribe alguien un libro sobre casos de éxito nuestro en país, que los hay). El volumen, de quinientas veinte páginas, empieza con una mirada a un futuro deseado, poniendo algunos ejemplos (os copio tres) de cosas que deberían pasar:

En Oregón: Todd lee su periódico matinal online y vuelve a leer el titular, para asegurarse de que ha leído bien: “Postal Service publica unos beneficios récord y congelará el precio de los sellos en 39 céntimos durante los próximos cinco años”. 
En Singapur: Johnson abre la factura de la luz con un mensaje en el que se reconoce que su casa ha hecho un esfuerzo para reducir el consumo eléctrico durante las horas de máxima demanda y, en agradecimiento, se incluye un cupón por valor de cincuenta dólares para comprar productos de consumo eficiente en una gran cadena de electrodomésticos. 
En Roma: Giacomo llega a casa de un viaje de negocios, deseando contar a su mujer lo del aeropuerto en el que estaba esa tarde, y en el que pasó los controles de seguridad en tiempo récord, porque ahora tiene unas pequeñas cabinas por las que se pasa y no hace falta sacarse nada de los bolsillos, ni quitarse el abrigo, ni abrir el maletín. También observó que había menos de la mitad del personal de seguridad que suele haber en los puestos de control.

Dice Kotler que ese mundo posible, por el que merece la pena trabajar, es aquél en el que “los organismos gubernamentales han aprovechado, claramente, la oportunidad de satisfacer las necesidades del ciudadano de una forma que, no sólo contribuye al bien social, si no también al bien económico y medioambiental (triple bottom line)”. Sostiene, entre otras cosas, el gran gurú del marketing, que “al ofrecer programas y servicios de calidad, ha aumentado el interés de la ciudadanía, los ingresos y la satisfacción de todos”. Y lo más importante: “Al mejorar e informar sobre el rendimiento del organismo, han logrado el respaldo de los ciudadanos”. El libro, como veis, promete, así que voy a seguir buceando en sus páginas. Cuando lo termine, me estará esperando mi segunda adquisición de ayer por la tarde: El mito de la inmortalidad, de dos monstruos como Bernat Soria (el Sr. Ministro) y Manuel Toharia. Seguro que me obligarán a un comentario emocionado.

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6 responses

6 10 2007
Luis Marañón

Vaya… espero que el bueno de Tom Peters y yo no perdamos la amistad por esto! jeje.

Kotler hace del Marketing la lupa con la que ver el mundo. Ha sido él quien ha tejido los tentáculos del management moderno. Es un auténtico monstruo.

Hay quien piensa, de manera osada, que otros le han superado. Yo no lo creo.

Tom Peters, diseños aparte, es una provocación para mentes acomodadas. Salvando las distancias, remueve los cimientos del pensamiento convencional de la misma manera que Pedro Juan Gutiérrez remueve los pilares de la convencional emotividad. (imaginas qué gran pareja formarían?? uno a golpe de ron y otro a golpe de estrategias WOW!!)

Por otra parte, estoy absolutamente entregado al libro que me has prestado: “La estrategia del Océano Azul”. De lectura obligada para todo aquel que quiera VIVIR en el siglo XXI. Una maravilla.

La Cavallería rusticana me lleva, ineludiblemente, a esa sobremesa en la que tres grandes personajes la entonaban con emoción ante las atónitas miradas del resto de comensales que pensarían que, fruto del calor y del vino de la comida, estábamos entonando el Asturias patria querida.

En fin, voy a zambullirme de nuevo en el “Océano Azul”, que me quedan unas cuantas brazadas y sé que te lo tengo que devolver el lunes.

Salud!!

6 10 2007
Raúl Gil

¿Peters y Pedro Juan? Al que consiga juntarlos, le propongo para el Nobel de los eventos.

Lo de la estrategia de océanos azules se lo escuché, la primera vez, a JC Cubeiro (como tantas otras cosas). Frente a los océanos rojos, teñidos de la sangre de los competidores, crea tu océano azul, en el que tu alternativa pase de la competencia, abriendo nuevos espacios, gracias a la innovación. Parece fácil, ¿verdad? Pues son habas contadas.

7 10 2007
Gema

Superopino: me gustaba más el diseño anterior de tu blog, era más limpio y quizá menos moderno. XD
Lo de la opera está muy bien pero deberías ir a ver alguna en directo. Recuerdo que esto que te ha pasado a ti ahora me pasó a mi cuando Pavarotti sacó el archifamoso Tutto Pavarotti, hace ya la tira. Me animó a ir a ver Rigoletto al FIS. Despues vinieron Tosca, El holandes errante o Turandot entre otras muchas.
Creo que Caballería rusticana es una opereta por eso de ser en un solo acto como La Cambiale di matrimonio. Resultan más ligeras en tiempo y la verdad es que estas dos en concreto estuvieron genial.
Me alegro de tu nueva afición y si supiera te ponía aquí enlace al nessum dorma de turandot, que es mi pieza favorita. 😉

7 10 2007
Raúl Gil

Sí, es cierto que era más limpio. Pero, también, más aburrido. Supongo que cuando amortice esta nueva imagen, me decidiré por un diseño más allá de las típicas y socorridas plantillas de wordpress.

Me gusta escuchar ópera de hace tiempo. En casa, cuando era pequeño, sonaba de vez en cuando. Además, tengo aprobado el Primer Ciclo del Conservatorio de Música, y eso incluye cinco años de solfeo, cuatro de piano y dos años de canto, haciendo gorgoritos. No llegúe al curso donde impartían composición, una pena.

Es cierto que no soy un asiduo del directo. Quizá me gusta más el DVD, porque lo puedo parar, subir o bajar el volumen, pasar o volver a escuchar, cuando quiera. Ya sé que esta chorrada es como decir que prefiero ver el cine en casa. Pues no. Supongo que será cuestión de ponerse.

En cuanto a Turandot, he conseguido entradas para el día 17 de Mayo en el Euskalduna. No sé si quedarán, por si te animas. Falta mucho, todavía, pero seguro que será un espectáculo inolvidable.

8 10 2007
Gema

No hago planes a tan largo plazo, muñeca (que diría Humphrey en Casablanca) pero tomo nota por si acaso, de todas formas solo he repetido una de las obras de impacto, en concreto Rigoletto, y tras mucho sopesarlo. Prefiero quedarme con el recuerdo de la primera experiencia.

Y ya de paso, un libro: El viaje al amor de Punset. Solo me quedan las conclusiones pero lo recomiendo, como cualquiera de sus anteriores libros de divulgación científica. Menos marketing y más biología 😉 es broma pero resulta tan impactante descubrir cómo funcionamos.

8 10 2007
Raúl Gil

En estos momentos, tengo dos libros en la mesita, donde no suelo dejar entrar los que tienen que ver con el trabajo o similares, porque me dormiría, inmediatamente…jeje. Uno de ellos, es el que comentas de Punset (qué casualidad). Por ahora, no he pasado de la página 19 (la de las hormigas), pero seguiré leyendo, con más razón por estar recomendado. El caso es que lo tengo de segundo plato, porque encima del Viaje al amor, está Héctor Abad Jr, con el Olvido que seremos. Un maravilloso libro, que relata la increible relación entre el escritor y su padre, y que recomendó, hace unas semanas, Manuel Rivas en El País, con estas palabras: “Lo que voy leyendo de Héctor Abad lo voy guardando como migas de pan muy esféricas, pulidas, luminosas, para cuando tenga que atravesar un gran bosque en la noche”. Cómo para no ir a la librería corriendo.

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