Foster culé

19 09 2007

Leo, en la prensa deportiva de Barna, que Norman Foster ha sido el arquitecto seleccionado para realizar la remodelación del Camp Nou. El despacho Foster + Partners se ha impuesto a otros nueve competidores. Me imagino que la Junta Directiva del Barça haya optado por el británico, pensando en el proyecto presentado, pero también en lo que representa Foster. El autor de maravillas como el Aeropuerto Internacional de Honk Kong, el Metro de Bilbao, la Torre de Caja Madrid (el edificio más alto de España) o la Torre Commerzbank, es uno de los arquitectos más prestigiosos del mundo, junto a Pelli, Isozaki, Ghery, Calatrava, Zaera o Nouvel, por poner algunos ejemplos, y su elección, por sí sola, genera una buena publicidad del Barça y de la ciudad.

También leo, en esa misma prensa, que Jordi Hereu, el Alcalde de Barcelona, quiere aprovechar ese hecho, para hacer una remodelación de todo el entorno del Camp Nou. Se trata de aprovechar la oportunidad y dar un cambio urbano (otro más, y van…) a una ciudad que ha experimentado una transformación de la trama urbana (acompañada de un cambio social y cultural evidente) a la que sólo se puede comparar el modelo de Bilbao. Precisamente, estoy leyendo El efecto Guggenheim, de Iñaki Esteban, en el que analiza, brillantemente, el papel sociopolítico que juega el Museo (mucho más el espectacular continente de Frank Ghery, que el, a veces muy discutible, contenido), como decisivo icono político, social, económico y cultural, en el cambio de mentalidad (y de paisaje urbano) de Bilbao y los bilbainos. Apoyándose en el desarrollo de dos conceptos que tienen mucho que ver con la arquitectura, como son el de ornamento y el de espacio basura, establece una tesis muy interesante sobre la necesidad de utilizar los diseños innovadores y vanguardistas, de los grandes arquitectos, al servicio de intereses políticos y sociales, revitalizando el espacio urbano, con el objetivo de incentivar la economía (industria turística, cultural, sinergias generadas…) y el sentimiento de orgullo de una ciudad o una región. Precisamente, esa función de la arquitectura es la que nosotros, todavía, no hemos conseguido poner en valor. Estamos a tiempo.

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19 09 2007
Luis Marañón

Sin duda, la arquitectura tiene más de emociones, de comunicación y de ideología que de líneas, cálculos y resistencias.

El efecto multiplicador de la obra de un genio como cualquiera de los que citas no es cuestión baladí.

Yo tuve la suerte de conocer el bilbao pre-guggenheim y la suerte, mayor aún, de conocer la transformación que ha experimentado esa ciudad en todas sus facetas. Y lo más importante, he visto cómo la mentalidad de la gente ha avanzado rápido, al ritmo que imprimen las “emocionantes” formas del conocido museo.

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