Alguna recomendación (si se acepta)

26 06 2007

Tengo un amigo, un buen amigo, que suele recomendarme películas. Como se pasa media vida en el cine, y tiene buen criterio, le suelo hacer caso, aunque menos de lo que me gustaría. Quiero decir que querría ir más al cine. En realidad, sólo depende de mí.

La mejor publicidad de una película, de un libro, de un disco menos (es algo más personal e intransferible creo), es la que te hace alguien conocido y en quien confías por su buen gusto; porque siempre pasa rápido, casi sin mirar, por determinada parte de la cartelera, o porque, simplemente, suele acertar en la recomendación.

En concreto, si hablamos de libros, contamos con unos extraordinarios aliados: los buenos libreros que, encantados y felices con su maravilloso trabajo (¡qué envidia!), en unos segundos te describen, siempre, dos o tres volúmenes (uno de ellos les acaba de llegar) de necesaria lectura.

De la visita a la librería de confianza siempre obtienes algo positivo. Una de las últimas veces me sirvió para descubrir a un escritor inglés, de origen indio, llamado V.S Naipaul. “Cartas de un padre a un hijo”, “Un camino en el mundo”, y “Leer y Escribir: una visión personal” han sido víctimas, por ahora, de ese estupendo descubrimiento. Os copio un fragmento del último libro que citaba:

Mi padre era autodidacto, y se hizo periodista por sus propios medios. Leía a su manera. Por entonces tenía treinta y pocos años, y aún aprendiendo. Leía muchos libros a la vez, sin terminar ninguno, y no le interesaban ni el relato ni la trama, sino las cualidades especiales o el carácter del escritor. Eso era lo que le gustaba, y sólo disfrutaba de los escritores en pequeños arranques. A veces me llamaba para que le oyera leer tres o cuatro páginas, raramente más, de un escritor que le agradaba especialmente

Os lo recomiendo, dice Guillermo Cabrera Infante que es el único escritor inglés al que vale la pena leer. Quizá exagere, pero no tanto.

Y pasando a la poesía: otro descubrimiento. Lo conocía porque era el poeta de cabecera de Sabino Méndez, pero nunca le había prestado la atención necesaria. Me refiero a J. M. Fonollosa, un poeta catalán que fue invisible, por voluntad propia, durante mucho tiempo. Su obra es tan brillante como cruda; llena de pesimismo, sexo, y un concepto de la vida muy especial, siendo “Ciudad del Hombre: New York” una buena prueba de ello. Os dejo uno de los poemas de ese libro.

SPRING STREET

No me vengan con cuentos. Que la vida
es algo espiritual y, por lo tanto,
superiores los bienes del espíritu.

Que el ser útil, cuidar a los enfermos,
el teatro, la pintura, libros, música,
los deportes, el cine, el gran dinero….
Al ánimo lo colman de delicias.

El deleite supremo es el orgasmo.
Lo demás son tan sólo leves signos,
pobres insinuaciones del placer
que uno obtiene acostándose con chicas

Y eyaculando en ellas como un dios.
Para otros esos gustos secundarios.
Para mí el goce intenso: la mujer.

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One response

27 06 2007
Anónimo

Albert Plá descubrió a la crudeza de Fonollosa hace mucho ya…gran poeta!

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