primero de mayo

1 05 2007

Hoy es un día de fiesta para algunos, y de reivindicación para otros. Para los más afortunados es un día de fiesta y reivindicación a la vez. He estado en la manifestación del 1º de mayo con los antiguos (a mí ya me echaron por edad) compañeros de JSC. No recuerdo cuantos años llevo recorriendo las calles de Santander (desde Vargas a la Plaza Pombo) pasando delante de la maldita estatua y, durante muchos, años gritando aquello de “los de la acera, a la carretera”.

Quizá cada año tenga menos sentido, se recuperó parte en la segunda legislatura de Aznar, pero aunque sólo sirva para que alguna gente se vea después de mucho tiempo, o para decir algunas verdades que hay que seguir diciendo todavía, puede merecer la pena.

Ha habido más gente que el año pasado, o eso me ha parecido, y en las intervenciones han animado a los trabajadores a seguir luchando por sus derechos y a ir a votar el 27 de mayo. “Ni un voto de una persona trabajadora se debe quedar en casa”, ha dicho Javier Puente. Yo añado, él me imagino que lo ha pensado, que de los otros votos no se va a quedar ni uno (como siempre y sobre todo en esta ciudad).

Mi deseo es que el próximo 1º de Mayo al pasar por delante de la Plaza del Ayuntamiento no veamos la estatua del caballo. Sería todo un avance para esta ciudad, porque eso querría decir que tendríamos un Alcalde decente.

Después del encuentro, he ido con mi madre y maricruz a comer algo y después hemos dado un paseo de esos interminables y relajantes por el Sardinero. Un paseo (maravilloso, claro) por la ciudad que enseñamos a la gente, por la ciudad donde no vive casi nadie. Me imagino que os habeis fijado pero hay muchísimos turistas en Santander. Algunos por rincones nada turísticos como la calle donde vivo (Vargas). Quizá quieran vencer la hipocresía que les planteamos en las guías y folletos y prefieran descubrir la otra ciudad. La que no sale en las fotos, la que está dos calles más arriba del centro, en la que vive casi todo el mundo, y de la que ninguna Corporación se acuerda, salvo un poco antes de las Elecciones.

La ciudad mal hecha, mal repartida, mal distribuida, mal equipada. Qué bonito el Sardinero, qué bonito Castelar, qué bonito Puertochico, pero cuanto Santander hay fuera de ahí y qué mal está hecho. A veces tengo la sensación de que en algunos sitios habría que tirarlo todo y empezar de nuevo, pero creo que nos costaría tanto reconocerlo que no lo vamos a hacer nunca.

Aún así, el reto es infinito (esto sí que lo es), y tiene que ser ya.

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