La Librería del Puerto

29 10 2009

Este lunes ha abierto sus puertas ‘La librería del Puerto’, un nuevo espacio para la cultura en nuestra ciudad, donde las iniciativas de algunas personas comprometidas suplen la ausencia de una apuesta pública por la cultura, que no va más allá de copiar algún programa que funciona en otros lugares (a eso le llaman innovar).

Al frente de este nuevo proyecto está Soco Ledesma, que ha tenido la feliz idea de abrir una librería en una zona, Castilla-Hermida, en la que hacía mucha falta un espacio así. El local, muy amplio y acogedor, está en la Calle Ruiz Zorrilla, al lado del Puerto, y justo enfrente de uno de los accesos a la maravillosa sede de la Biblioteca y Archivo Histórico de Cantabria (provincial en su nombre oficial, y que algún día abrirá de una vez sus puertas).

El martes me pasé por allí con la ilusión de conocer un lugar que formará parte de mis sitios escogidos, de esos en los que me encuentro a gusto en esta ciudad. Fui a echar un vistazo, comprar algún libro (Bolaño, Gracq, Loriga…), y también a saludar a Soco (la hermana de Jesús) y a su hijo Pedro (el primo de Alba), a los que conozco de hace mucho tiempo (buena gente). Les vi con la ilusión de quien empieza un proyecto nuevo y especial: abrir una librería es el sueño de cualquier amante de la literatura, y me alegra que hayan podido hacerlo realidad.

Espero que les vaya estupendamente en esta aventura, en la que la literatura con mayúsculas, el mar y los viajes serán los grandes protagonistas. ¡No dejéis de pasaros por allí!





Barceló con cola

19 11 2008

Ya sé que no es hora ni lugar de tomar nada, pero me apetece un Barceló con cola para brindar por la impresionante demostración de creatividad del pintor mallorquí. Estoy escuchando la sesión de control al Gobierno y, entre los chistecillos sin gracia de Moragas y la demogagogia lamentable de Gil-Robles, me quedo con las dificultades de dicción de Moratinos, al que al menos he visto ciertamente convencido de sus (no demasiado afinados) argumentos. Moragas ha dicho que la obra de Barceló es «gotelé millonario» y Gil-Robles que por hacer la cúpula «se han dejado de vacunar no se cuantos niños en África…» En fin, no hacen falta más comentarios… Tenemos más o menos claro qué piensa el Partido Popular de la cooperación, y también qué piensa de la cultura.

Y ya que hablamos de cultura, este mes de Noviembre viene cargado de interesantes eventos en Santander. Entre la Muestra Internacional de Teatro Contemporáneo de La Machina, las Naked Sessions de Bandini Producciones y el concierto de Ismael Serrano (de este próximo sábado) organizado por la Dirección de AA.EE y Cooperación está el otoño santanderino muy animado. Además, hoy empiezan las finales del Certamen de Música Joven organizado por la Dirección General de Juventud, y enseguida llega el esperado Ciclo de Conciertos de Juvecant08 en el Paraninfo de la Calle Sevilla. Y si todavía hay ganas de más, todos los viernes en la Estación Marítima del Puerto de Santander, buena música y mejor ambiente en las noches del Show Hall.

Todas estas actividades tienen algo en común además de su calidad y de estar dirigidas a un público joven: no las organiza el Ayuntamiento de Santander. Y si está claro que lo único decente que hay en esta ciudad no lo organiza el Ayuntamiento, igual es el momento de que alguien (el Alcalde o su tropa de pelotas) reconozca que, para tener alguna opción de ser Capital Europea de la Cultura (sigo pensando que no tenemos ninguna, a no ser que alguien con mucho dinero compre al jurado), no basta con decir constantemente lo guapos que somos, ni con copiar de manera descarada (y mal) campañas publicitarias de otras ciudades. En fin, que el Alcalde siga en su estado de levitación permanente, que yo seguiré disfrutando de la cultura que nos ofrece, durante todo el año, alguna gente comprometida de esta ciudad.





Un poco de sur

5 09 2008

 

Me detengo, sobre todo, en el blanco de la espuma de esas olas que nacen y mueren en segundos, y que juegan sin parar con los pequeños barcos amarrados a la vera del racionalismo del Náutico. En esas olas que a pesar de su corta vida —no sé si alguien, en algún momento, ha pensado en la brevedad de las olas— son generosas y le dan gracias al viento por ese soplo de existencia. El mar se rebela y exhibe más colores que el cielo: azul oscuro y verdoso, marrón y amarillo, sí, amarillo. El blanco no lo cuento porque no es del mar, es de las olas. El pantalán se ha roto en varios pedazos, y se balancea constantemente en una lucha perdida de antemano como queriendo recuperar cierto equilibrio. La escollera se llena de algas y otros restos del terrible azote de las olas contra el muro, y las banderas que visten el Palacete ya no tienen fuerzas ni para decir adiós.

 

En medio de la majestuosa bahía, un barco más visible por solitario que por naranja se enfrenta a vientos de más de cien kilómetros por hora, cantidad que multiplicada por la masa de la embarcación nos da una idea muy aproximada ­—casi exacta según Newton­— de la fuerza que sobre ella está ejerciendo la naturaleza. Hay gente que, colmada de plásticos de colores, paraguas, gorros y otros complementos tan ineficaces como poco estéticos, todavía se atreve a desafiar al sur, y el sur, ese sur denostado; pero ese sur al que todavía le resta algún día de gloria como éste, ese sur, decía, se planta ante esa gente, en una barrera tan física, como espiritual, como seguramente inquebrantable, y les dice, violento y orgulloso: «¡Hasta aquí hemos llegado!»





Narciso nos sale copión

3 09 2008

Pues eso, que Narciso nos sale copión. Que no tengo ninguna idea decente para los próximos años, pues a copiar las iniciativas del PSOE que están muy bien y encima me salen gratis, porque son tan majos que no van a pedirme derechos de autor. Así de fácil. Tengo claro que, desgraciadamente, la memoria es igual que la vida, tan frágil como los hilos blancos de los trajes recién salidos de la tienda, y los medios de comunicación de esta región, que cada día dan más pena, sólo tienen hemeroteca para lo que les interesa; pero hay cosas para las que todavía no estoy preparado: el caradurismo de Narciso me tiene francamente perplejo. Me provoca ya un cansancio de tal magnitud que me afecta hasta los huesos. De hecho, había pensado no comentar nada sobre el tema; pero no me da la gana dejar que unos pocos no sólo escriban la historia, sino que también la revisen a su antojo.

Así que vamos con ello: El diecinueve de mayo del año pasado, Jesús Cabezón, en el marco de la campaña electoral de las Elecciones Municipales, anunció que promovería la candidatura de Santander para capital europea de la cultura. Para los que creen que las cosas no existen si no salen en El Diario Montáñés, aquí les dejo la prueba. Eso sí, hay tres grandes diferencias entre la propuesta original de Jesús y la copia de Narciso: La primera reconocía el déficit cultural de la ciudad, tanto en lo referido a infraestructuras, patrimonio, como proyectos; establecía la necesidad de un gran acuerdo de numerosas y diversas instituciones públicas y privadas —a Narciso la diversidad le aterra, prefiere sólo Botín—  en torno a la candidatura; y señalaba que —cito textualmente— «para optar a la capitalidad europea, Santander debía tener la programación cultural que nos legitimase como merecedores de ese título. Y no me refiero sólo a programación de prestigio para públicos cualitativos, sino que reivindico la programación diversa y abierta y la cultura alternativa, joven y de vanguardia». Queda claro el contraste, ¿verdad? De la Serna se equivoca, y condena a la ciudad al fracaso en esa importante cita, si cree que se puede obtener la capitalidad europea de la cultura con Paloma O´Shea y José Luis Ocejo como referentes. Además, el negro historial de cierre de conciertos, suspensión de festivales de música, o la ausencia absoluta de iniciativas de vanguardia cultural, y de apoyo a la formación y a la creación de nuestros artistas, por citar sólo algunos ejemplos, hacen de Santander, en la actualidad, una ciudad que no se merece tal distinción.

A Narciso le da igual, le importa tanto la capitalidad europea como el Summer Festival, como los cientos de grupos de música que no pueden tocar en la ciudad, como el pésimo estado del Museo de Bellas Artes, o como tantas otros puntos negros de la cultura (?) de Santander. Él ya tiene su foto, su sonrisa tonta, su momento de gloria; ya tiene sus portadas, su editorial enjabonado, su despliegue a cuatro páginas en la prensa libre… Es una pena. Y de paso , como camuflado —sólo para los que no ven más allá de sus narices—, da un paso más, el más significativo hasta la fecha, en su estrategia para alcanzar el liderazgo de su partido, y con ello el resto de sus ambiciones, sin tener que presentarse a ningún congreso. El día diecinueve de este mes podremos ver la primera gran escenificación de algo que ya parece irreversible. Habrá tiempo de hablar sobre el tema; pero ahora me vais a permitir que termine recordando a Narciso que copiar es muy feo, que te suelen acabar pillando, y que lo importante no es pasar de curso, sino crecer un poco cada día.





Hay esperanza

21 04 2008

Por el título, habrá quien piense que voy a escribir sobre el lío que tiene el Partido Popular. Y para no defraudar diré que me ha gustado el Rajoy de este sábado. Comentaba con un amigo que su intervención en Elche ha sido lo mejor que ha hecho desde que salió de Galicia. Una demostración de autoridad, demandada por los suyos, con la que trata de poner en su sitio a Esperanza Aguirre. José María Lasalle en El País de hoy, en un artículo algo más potable que los que nos dedica de vez en cuando en la prensa regional, remata a la Presidenta de Madrid con argumentos contundentes. Lasalle, en otro tiempo firme defensor del dogma liberal, ha virado por necesidad —igual que Rajoy— hacia unos planteamientos que pretenden mezclar el liberalismo con el acercamiento a algunas de las clásicas políticas socialdemócratas defensoras del estado del bienestar. Pero, por mucho que se pongan, la intolerancia del PP, su discurso antiguo y su adversión por la solidaridad, les siguen situando bastante más a la derecha de lo que pretenden transmitir.

Por aquí, mientras Diego y Narciso De la Serna se pelean por ver quien es más marianista —hasta que haya que hacerse de Esperanza o de quien sea—, el sábado el Alcalde de Cayón dijo en una entrevista en un medio regional, entre otras cosas, que Rajoy debía retirarse, y hoy en la desconexión matutina de la SER, con Santiago Recio como entrevistado, no se les ha ocurrido —igual es mucho pedir— preguntarle por la crisis del PP; eso sí, hemos asistido a una explicación pormenorizada —digna de los seguidores del chosisme— de cómo, a qué hora y en qué tipo de urna van a elegir los militantes ‘populares’ a sus compromisarios. No entiendo esta dinámica periodística tan extendida en nuestra tierra de evitar las cuestiones problemáticas a los dirigentes del Partido Popular, en menor medida, aunque también, cuando se trata del PRC, para cebarse cuando enfrente está un dirigente socialista. Igual es un problema de fondo y toda la culpa no es de la parte que pregunta, pero sería bueno resolverlo cuanto antes.

No quería escribir del lío del PP y al final… A lo que iba. Este fin de semana he llegado a la conclusión de que todavía hay esperanza para esta ciudad. El viernes tuve una distendida y extensa charla con una mujer muy comprometida con la cultura y, sobre todo, con el fomento de la lectura. Coincidencia de planteamientos, quejas y deseos para el futuro más próximo; sintiéndonos con la necesidad de hacer cosas para que, al menos, no sea por nosotros si nunca pasa nada en Santander. El sábado me levanté temprano en busca de los periódicos, algo de pan y un par de croissants, y saludé la llegada al barrio de Toni Barros, un emprendedor de aquí —retornado de Alemania— que ha abierto un local de diseño —precioso, tenéis que verlo— para vender, entre otras dulces cosas, brownies, tiramisú, arroz con leche, croissants y café Nespresso. Y todo eso al lado de Regma —justo enfrente del Limonar de Soano—, porque si uno opta por el océano azul qué importa lo cerca o lejos que esté la competencia. 

En algo más de diez minutos de obligada charla de presentación, compartimos las penas de la ciudad —las habituales—, me habló de alegrías como la música en la draga —no pude evitar sonreir y decirle que fue cosa mía— y coincidimos en lo olvidado que está el Museo de Bellas Artes que, si hubiera un mínimo de voluntad, debería servir de dinamizador de un entorno muy castigado. Larga vida a Toni Barros —espectaculares croissants franceses— y a todas aquellas personas emprendedoras y decididas que apuestan por dar un poco de aliento a esta ciudad llamada Santander. Con gente así hay esperanza.





Summer cornudo

16 04 2008

Leo que nuestro ilustre ayuntamiento va a destinar dos millones de euros para los toros de este año. Resulta cuanto menos extraño que haya dos millones para toros y no lo haya para otras cosas que parecen algo más urgentes, pero Narciso es así, y al que le lleve la contraria le suelta, rápidamente, a Arasti, Recio, un par de asociaciones de vecinos compradas a golpe de talón con varios ceros y al repugnante e inframental gratuito. Hace unos días leí, en otro periódico distinto, que ese mismo ayuntamiento iba a destinar cincuenta mil euros para el Summer Festival (que no está en el apartado de cosas urgentes pero sí en el de las importantes).

En el mismo periódico en que aparecía esa noticia del Summer, el redactor —otrora firme defensor de la cultura alternativa en Cantabria— disculpaba, con argumentos de cebolleta de veinte céntimos, al ayuntamiento por la pobre aportación, y es que no vaya a ser —pensé yo— que en dicho periódico acaben haciendo periodismo de investigación de verdad —dejando los rumores y el cotilleo para los programas del corazón— y tengan que investigar, entre otras muchas cosas urgentes e importantes, por qué el ayuntamiento de Santander deja morir o, directamente, mata todo lo que huela a cultura diferente al monumento a la quesera, las marzas, los pianos de Paloma osea, o las romerías de barrio.

Lo que no se puede negar es que lo tienen claro: los toros dos millones de euros y el Summer cincuenta mil. Ya sabemos cuáles son las prioridades. Pero que no vengan luego con el cuento —que ya ha excedido el límite de la broma de mal gusto—, porque ponerle los cuernos al Summer, y a otras tantas cosas…, es ponérselos a miles de jóvenes que en esta ciudad esperan —quizá ya ni eso— algo más que monumentos a la quesera y jardines con flores de colores que, aunque lo pretendan, no logran tapar el gris dominante.





La foto del balcón

19 03 2008

La narcisista obsesión por salir en la foto lleva a crear ficciones, dentro de un mundo paralelo, para luego fotografiarlas. Todo el mundo sabe que cuando un equipo de fútbol gana alguna competición, la costumbre dice que jugadores, técnicos y directivos acuden al ayuntamiento de turno para ofrecer el título a la afición. Seguro que tenemos en la retina la típica foto en el balcón de la Plaza Sant Jaume —donde conviven Generalitat y Ajuntament—, en el caso del Barça, o en la Casa de la Villa, si hablamos del Real Madrid. Espero, como cualquier cántabro, que el Racing llegue a la final de Copa y la gane, pero rechazo que haya gente tan rastrera como para querer, a toda costa, la foto del balcón, por si acaso luego no se logra. A la ficción se sumó Pernía, porque no le quedaba más remedio o porque no quería oír hablar de otra suspensión. De la Serna es gafe; quedó claro en el partido de ida: la primera vez que seguía al equipo fuera de casa. Confío en que esta noche el Racing ganará la batalla al Getafe —y al gafe—, y el dieciséis de abril nos reunamos todos en Madrid. Mientras tanto, en lugar de tanta bandera en edificios públicos, podrían adecentar la Fuente de Cacho que da pena como está. Aunque igual Narciso De la Serna, en la contemplación de sí mismo e incapaz de apartarse de su imagen, acaba arrojándose a sus aguas como su tocayo griego.





Media docena de pestañas

7 03 2008

   Una mañana, tras un sueño intranquilo, Íñigo de la Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas patas, penosamente delgadas en comparación con el grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto.
   Hasta los que fueron, en su momento, miembros de su disuelto club de fans, comentan resignados que, definitivamente, ha pinchado. Ya no vale con la belleza, por muy poética y entregada que se ponga V. Santiago. Tampoco sirve, a estas alturas, lo de hacerse la víctima, el humillado, o el ninguneado. Es una pena que sean esos los papeles que más le gusta interpretar, y el de gestor público no aparezca ni en los créditos. Esto es lo que pasa por dar clases de teatro en Miriñaque, en lugar de en La Machina: no hay color.
   Es el único alcalde de España —y seguro de Europa— que convoca más veces a los medios para criticar proyectos que realizan en su ciudad otras administraciones, en las que no gobierna su partido, que para presentar proyectos propios para esa ciudad. Últimamente —quizá temiendo que su antecesor pueda perder el acta de senador, y le dé por pasear, ocioso, por los alrededores de la Plaza del Ayuntamiento—, ha entrado en campaña, y lo ha hecho como un elefante en una cacharrería —no es el único, pero lo del otro hace mucho tiempo que no tiene remedio—, a destiempo, desproporcionado y vulgar. Ayer, ante la cansina insistencia, incluso hubo periodistas que se reprochaban, en voz alta, estar haciéndole el juego, dando excesivo pábulo a sus delirios.
   Paseando por las calles de la ciudad donde vivo, sueño con tiempos mejores. La Ley de la Atracción dice que conseguirás —atraerás— todo aquello en que concentres tus pensamientos; prometo, por tanto, no hacer objeción de conciencia. Ayer le comentaba a una amiga, que si Jean-Dominique Bauby pudo escribir La escafandra y la mariposa tan sólo abriendo y cerrando uno de sus párpados —el único movimiento que era capaz de hacer—, para cambiar las cosas de una vez en esta ciudad nos bastaría con media docena de pestañas. 





Puntos, toros y medio pelo

15 02 2008

53.000 clientes, 2008 puntos extras, 29 de febrero, 100 puntos, 21 euros, 461 establecimientos, 20 euros, 1400 comercios adheridos, 100 millones de puntos, 52 localidades y 1 millón de euros. Confieso que me ha costado entender el galimatías —hay jeroglíficos más sencillos— del que se hace eco, hoy, uno de los periódicos regionales. La comunicación deber ser algo más que atrezzo y palabras de medio millón de dolares. Las ocurrencias pueden ocupar la agenda de un día, pero cuando se convierten en el leiv motiv de tu acción política quizá haya llegado el momento de parar a reflexionar sobre ello. 
He seguido leyendo el periódico, y he pensado que la comunicación también debe ser más que dar dos ruedas de prensa diarias —con actitud funcionarial— para ocupar espacio, con temas tan vitales para los ciudadanos como los huertos ecológicos, las ganaderías de la feria de santiago —con petición a José Tomás para que nos obsequie con una de sus corridas—, el circo chino, o los sempiternos parques y jardines (única competencia que ejerce, desde su elección, el Alcalde de la ciudad donde vivo). Me produce cierto desazón contemplar este panorama, en el que hay gente que piensa que vale todo con tal de ocupar media página de un periódico o un corte del informativo matutino de alguna radio. Da la impresión que se trata, simplemente, de posicionarse, rellenar, salir: verse.
El caso concreto del Alcalde de la ciudad donde vivo es para estudiar —y felicitar a sus responsables de comunicación; aparte de que algún medio le haga la ola—, porque no he visto nadie que salga tanto con tan poco. Es incapaz de tomar una sola decisión que influya, realmente, en la vida (mejorándola) de la gente de Santander, por falta de voluntad y de recursos, pero, por contra, se le da bien inundar los informativos y las páginas de los periódicos con sus palabras vacías y prefabricadas, y sus polémicas creadas para la ocasión. Es un ejemplo típico de esos medio pelo que, como explica el escritor argentino Arturo Jauretche, son aquellas personas que construyen su estatus en base a una ficción. Lo peor, es que las palabras que llenan este espacio en mi blog hablan de la cruda realidad.





Comunicación de bajos fondos

9 01 2008

Llevo unos días, meses, viendo, sobre todo en El Diario Montañés, una serie de cartas al director que, aún firmadas por distintas personas —la mayoría iniciales—, tienen el mismo corte y estilo, los mismos repetidos y burdos argumentos, el mismo penoso objetivo y el mismo escribano. Todas, casualmente, están dirigidas a alabar la tarea del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Santander, en especial de su Alcalde, y a criticar, con unos argumentos absolutamente peregrinos, la labor de la oposición socialista, un día, y del Puerto de Santander, otro. Siempre he creído que espacios como Cartas al Director o similares pertenecen a los ciudadanos y ciudadanas, que carecen de otros instrumentos para poder expresarse. Que no pueden convocar ruedas de prensa;  que no les invitan a tertulias, ni a programas de televisión; que no tienen la oportunidad de intervenir en el pleno del Ayuntamiento, ni en el del Parlamento; que no dan mítines; que no participan en reuniones de las órganos de los partidos; que no protagonizan las portadas de los periódicos. Recuerdo que, hace ya algunos años, al principio de mi mandato como secretario general de JSC, un compañero era partidario de que utilizarámos las cartas al director, para dar a conocer nuestros posicionamientos políticos. Yo me opuse porque me parecía usurpar a la gente un espacio que debe ser suyo; que debe estar fuera de la contaminación partidaria. Sigo pensando lo mismo —ya lamento esta maldita coherencia—, y me molesta mucho, muchísimo, que el Partido Popular, que el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Santander, que su aparato de comunicación, piense que vale todo. Esta apuesta por la comunicación de bajos fondos se volverá contra ellos, más temprano que tarde, porque no se entiende que una institución le expropie, sin indemnización y sin que pase nada, a los ciudadanos un espacio que es suyo. Hoy he leído la última carta de la serie. Me ha producido, una vez más, vergüenza ajena. La conclusión que saco es que confían muy poco en sus argumentos, en sus razones, en sus posiciones; de lo contrario les sobrarían los múltiples espacios y canales de comunicación de los que disponen, para tratar de convencernos.