Esta noche he soñado que ya era viernes, 23 de abril, Día del Libro, y que Roberto Bolaño venía a mi ciudad, a una ciudad imaginaria por supuesto (ni los sueños dan para tanto), y de repente alguien me pedía que lo presentase, y yo, muy nervioso, planeaba qué decir, cómo enfocarlo, y se me ocurrían cientos de maneras, todas con un lenguaje sencillo: sin palabrería, sin adjetivos, que de los autores ya habla su obra; y muy breves, para terminar lo antes posible, porque no soporto esas presentaciones de escritores que son en realidad presentaciones de presentadores que dicen que vienen a presentar a escritores, y entonces, todavía en sueños, escribía algo parecido a esto:
Buenas tardes, amigos y amigas. Hoy, 23 de abril, Día del Libro, contamos con el escritor Roberto Bolaño. Nacido en Santiago de Chile, Roberto Bolaño es un poeta latinoamericano, un extranjero en Europa y sobre todo el padre de Lautaro y Alexandra: sus hijos, su patria. Cuando Mónica Maristain, en una entrevista, le preguntó acerca de las cosas que le divierten, Roberto respondió: «Ver jugar a mi hija Alexandra». Roberto Bolaño lo ha leído todo. Roberto Bolaño lo ha escrito casi todo. Es autor de ensayos como Entre paréntesis, libros de cuentos como Llamadas telefónicas, Putas asesinas o El gaucho insufrible, multitud de poemas reunidos en La Universidad Desconocida, novelas breves como Amuleto, Una novelita lumpen o Estrella distante y ha escrito las dos grandes novelas del siglo XXI: Los detectives salvajes y 2666, con las que ha transformado el panorama de la narrativa y obtenido importantes premios y reconocimientos. Roberto Bolaño fundó el movimiento infrarrealista dentro de la poesía mexicana, país que le acogió en su juventud, y su primer trabajo en España fue como vigilante de un camping en Castelldefels. Barcelona fue otra de las ciudades por las que deambuló Bolaño hasta que la calle Aurora de Blanes acogió su casa y su vida y su escritorio y su biblioteca, repleta de esos libros a los que, en uno de sus poemas, pide que resistan y cuiden de su hijo en los años venideros. Roberto Bolaño es un gran conversador y polemista vocacional, y es buen amigo de Mario Santiago, que ya murió pero vive en Ulises Lima, de Ignacio Echevarría, de Enrique Vila-Matas, de A.G. Porta, incluso de Jorge Herralde, su editor, y de Rodrigo Fresán. Roberto Bolaño se ha pasado la vida escribiendo: escribiendo contra los rechazos de las editoriales, escribiendo contra la enfermedad, «escribiendo poesía en el país de los imbéciles», como él dijo, pero escribiendo. Roberto Bolaño es el escritor que siempre quise leer. Roberto Bolaño es el escritor que siempre leo. Roberto Bolaño tiene la palabra y es ahora todo suyo. Muchas gracias.