Obligados a aprender

4 11 2008

Hay que reconocerle un valor a la crisis económica: nos obliga a aprender unas nociones básicas de economía para poder participar en las conversaciones de los cafés. En muy poco tiempo, hemos pasado de dudar si nos preguntan por la teoría que encumbró a Adam Smith (y de paso nos jodió la vida a todos) a hablar con propiedad de las últimas opiniones del neokeynesiano y reciente Premio Nobel Paul Krugman. Pasa algo parecido con las Elecciones de Estados Unidos. De repente, todos nos hemos vuelto unos expertos en la historia, sociología y política de ese país.

El otro día leía que sólo uno de cada dos estadounidenses conocen a Zapatero (me parece mucho), pero no he escuchado nada acerca del conocimiento que tenemos los españoles de la geografía norteamericana. Se nos llena la boca hablando de los battleground states, de lo importante que es ganar en Florida, Ohio o Indiana, pero no tengo tan claro que sepamos dónde están exactamente esos estados. Si queréis probar vuestro nivel de conocimiento de la líneal geografía yankee y relajaros un poco durante la tensa jornada electoral (tranquilos, Obama gana seguro), aquí os dejo el enlace a este entretenido juego. No os digo los puntos que he sacado porque me da vergüenza :) ¡Suerte!





El laboratorio del cambio

23 10 2008

Me he emocionado leyendo el artículo de Antonio Caño, corresponsal en Washington de El País, titulado ‘El laboratorio del cambio’. Parecía que no iba a llegar nunca, pero ya queda menos de dos semanas para la gran cita. El seguimiento que está haciendo El País está siendo excepcional, y casi no he tenido que recurrir a otras fuentes (salvo algunos interesantes blogs) para estar al día de lo que está pasando en la crucial elección del 4 de noviembre. Ese día, según he escuchado antes en casa, la Cadena SER realizará un programa especial de más de doce horas que promete ser apasionante.

Pero decía que me he emocionado al leer el artículo de Antonio Caño. El periodista describe el ambiente en el cuartel general de la campaña de Obama, en el que dice se viven «momentos de excitación y caos.» Gráficamente, comenta que el local que sirve de laboratorio para el cambio político que se avecina en Estados Unidos, parece el dormitorio de un colegio mayor, porque es difícil circular sin tropezarse con algún cable, caja de golosinas, comida rápida, botellas de agua y tazas de café.

Antonio Caño destaca que «es difícil ver en el abarrotado horizonte un rostro que parezca mayor de los 30 años. Dice, también, que todos se emplean con la energía envidable de esa edad. Lo describe como «una fascinante concentración de entusiasmo juvenil, con su fuerza electrizante y toda su agotadora anarquía.» Maravilloso comentario, añado yo. El mérito de la campaña recae en dos David: David Plouffe, el director de campaña, y David Axelrod, el responsable de la estrategia de Obama. Ambos son socios en una consultora de Chigago y llevan ocho años trabajando para el próximo Presidente de los Estados Unidos.

Al final del artículo explica que los dos departamentos estrella son el de finanzas y el de los escritores de discursos (speechwriters). Dice que «los discursos son responsabilidad de bastante gente, entre ellos el propio Obama, que se encierra en su ordenador en vísperas de las alocuciones especiales.» Aún así, los originales son responsabilidad de Robert Favreau y Adam Frankel —los dos principales ayudantes de Robert Gibbs, el director de comunicación—, «dos treintañeros que confiesan haber leído en estos últimos dos años miles de discursos de los políticos más famosos de la historia.» Me quito el sombrero y les presento todos mis respetos por lo que han hecho (y lo que harán).

Termina Antonio Caño el artículo con un párrafo casi celestial: «En estas oficinas nadie se acuerda de comer y se ha perdido ya la noción de día y noche. Todos están contagiados por eso que tanto ha dicho Obama en sus discursos, citando a Martin Luther King, “la ansiosa urgencia del ahora”, la cita con la historia a la vuelta de la esquina.» No me gustan los finales felices, pero en esta ocasión quiero hacer una excepción. Espero disfrutar el 4 de noviembre con la victoria de Obama, que será un poco también la victoria de todos los que todavía pensamos que hay otra forma de hacer las cosas…





Mc Cain frío, frío

31 08 2008

Había expectación por conocer el ticket republicano, sobre todo por ver si John McCain era capaz de restarle algo de protagonismo a Obama, después de su definitiva consagración en la espectacular Conferencia Demócrata de Denver, de la que ya se ha hablado y escrito tanto que sólo me queda añadir: WOW! (emulando a Tom Peters). He leído y escuchado diferentes análisis y no acabo de comprender en qué estaba pensando el candidato republicano cuando se decidió por la Gobernadora de Alaska como compañera de viaje en las Presidenciales de noviembre. Frío, frío, McCain, le dicen la gran mayoría de los analistas. Desde el equipo de Obama están perplejos (y encantados) ante la elección de una ex alcaldesa de un municipio de 6.000 habitantes, sin ninguna experiencia en política nacional e internacional. Salvando las distancias (geográficas), es como si hubiera elegido al Alcalde de Colindres. ¡Menudo ticket!

Antiabortista militante, defensora de la enseñanza del creaccionismo en la escuela, convencida de que el cambio climático es fruto del azar, me cuesta creer que, con su nombramiento, McCain vaya a sumar más votos que los de los evangélicos, los esquimales y los ultraconservadores. Quizá era lo que necesitaba para una derrota dulce (como la de Rajoy); pero ha dejado claro que no confía en la victoria. Me cuesta creer que haya mujeres independientes (y menos, demócratas) que, habiendo apoyado a Hillary Clinton, ahora vayan a votar a McCain por haber elegido a Sarah Palin como candidata a vicepresidenta. Obama (y Michelle) son la única garantía de que los derechos de las mujeres, y su visibilidad, estarán en la agenda política de la Casa Blanca.

Noviembre está a un paso, un mes frío en nuestro país; pero al otro lado del atlántico subirá la temperatura política. En Europa (este lunes y martes hablaremos de ello en la UIMP) tenemos la esperanza cierta de que una victoria de Obama pueda abrir una etapa de alianza estratégica con EE.UU., para abordar temas como el cambio climático, la estabilidad y la paz mundial o la lucha contra la pobreza. Mientras nos jugamos el mundo, porque nos lo jugamos, en las páginas habituales me encuentro con lo habitual: más de lo mismo, ombligo y más ombligo. Cómo nos gusta salir en el periódico aunque sea para no aportar nada más que ego, y ego, y ego… La última es muy buena: «Soy Obama» No sé si reír o llorar. Lo dicho: frío, frío.





Terés y Segarra con Obama

30 07 2008

Hay gente con talento. Y hay gente con suerte. Y luego están los que suman ambas cosas. Como Alex Terés y Jordi Segarra. He leído en El Periódico, que Terés, profesor de comunicación audiovisual de la Universidad de Lleida, y Segarra, su socio en la consultora Segarrateres, formarán parte del equipo de campaña de Barack Obama para las Presidenciales de Noviembre. Su cometido, según cuenta la noticia, será forma parte del grupo que asesora a Obama en política europea y en la elaboración de una estrategia de comunicación específica para los latinos. Al parecer, también van a aportar su know how en el ámbito de la comunicación audivisual y por internet. Todo dentro de un equipo de unas 300 personas. Así sí se pueden cambiar las cosas, y el mundo. Le he deseado al profesor Terés el mayor éxito posible en esa ilusionante tarea que tiene por delante. Le he confesado, of course, que me da mucha envidia, y le he comentado que el mundo necesita la victoria de Obama para aspirar a ser de otra manera. Yes, We Can!





Una de aliño

4 06 2008

Mis felicitaciones a Barack Obama por hacer realidad el sueño de mucha gente. Ha sido demasiado largo, pero la ilusión construida sobre cimientos sólidos no debe temer al paso del tiempo. Hasta el ex Presidente Carter se ha animado a apoyarle. Es la esperanza de América y, también, del resto del mundo. ¡Tiembla McCain! 

Me ha gustado ver como ZP lidera la necesaria lucha contra el hambre en el mundo. También que Berlusconi haya rectificado. Aunque del italiano no me fío.

Este año no hemos ganado ni la liga de baloncesto. Y hablando de baloncesto, menuda traca ha quemado la federación cesando a Pepu Hernández. Que alguien me lo explique.

Leo en El País un interesante análisis de Pascal Bruckner sobre lo que el llama “la mala conciencia europea”. Dice que Europa “no se pronuncia, no interviene, no actúa”, y que la izquierda del viejo continente ha traicionado sus propios ideales al abrazar con fervor un sentimiento de culpa”. Esto y mucho más lo cuenta en su último libro La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental, publicado por Ariel.

Pensando en las palabras de Bruckner, no me consuela que gobernemos en España. Me gustaría que la izquierda lo hiciese en la mayoría de los países europeos. Algo estaremos haciendo mal. ¿Qué tal una Conferencia Europea de los partidos de izquierdas (socialdemócratas o como queramos llamarlo) para re-imaginarnos?

Hablando de España y de la izquierda. Mañana nos visita Pepe Blanco, en un gesto muy simbólico en los tiempos que corren. Denostado por la derecha (todavía, aunque cada vez menos) y por algunos de nuestros compañeros (al principio, ahora nadie le discute), tiene en su hoja de servicio el haber convertido al PSOE en la organización más potente política y moderna de Europa. A ver si se nos pega algo.





Rouco wins

4 03 2008

Ayer ganó ZP el domingo más, si votamos todos—; esta mañana lo acaba de hacer ganar, of course Rouco; y esta noche lo hará, para disgusto de Hillary y Mc Cain, Obama. Las tres victorias son decisivas. Y las tres nos afectan. Aunque sólo podemos decidir en una: la del domingo. Ya que podemos, hagámoslo. A pesar del 2-0 en los debates celebrado con euforia incontenida por Esperanza Aguirre todavía no hay nada decidido. El que quiera que siga Zapatero que le vote aunque no sea con todas sus fuerzas, porque del PP no va a faltar ni una papeleta, incluida la de Rouco. Su vuelta ¿se había ido en algún momento? a la dirección de la Conferencia Episcopal, les servirá a los obispos para preparar una legislatura de más confrontación, aún, contra el Gobierno de España. Ellos verán: su negocio pierde cada día más clientes, y no son capaces de revisar un plan estrátegico que aprobaron hace ya varios siglos y se ha demostrado totalmente erróneo. Esta noche hora peninsular, Obama zanjará la cuestión demócrata cantando, de nuevo, el Yes We Can. Ha llegado la hora de decirle a Mc Cain que el mundo necesita otro Estados Unidos, casi tanto como el propio EE.UU. También necesitamos otra Conferencia Episcopal, pero ni está ni se la espera. Rezaré por ellos, y por la niña de Rajoy.





Mariano quiso follón

26 02 2008

Mariano quiso follón anoche. Llamó mentiroso al Presidente demasiadas veces y le acusó —indignamente— de haber agredido a las víctimas del terrorismo. Decía Ramoneda esta mañana que esa afirmación —que no es nueva, si no muy repetida— inhabilita a Rajoy para ser presidente. Comparto esa opinión, aunque hay muchas más cosas, y millones de votos, que harán que nunca lo sea. Mariano quiso follón, pero no encajó bien ni lo del bonobús, que casi parecía una broma, aunque no tenía ninguna gracia. No me gustó lo encorsetado del debate, pero, al menos, hubo debate, después de quince años. Y que más de trece millones de personas lo vieran, dice mucho acerca de lo que nos jugamos, y de lo claro que lo tiene la gente. Mariano quiso follón, pero el voto del follonero se lo llevó Zapatero nombrando al oscarizado Bardem. El lunes la vuelta, en la que Mariano se desatará del todo —no descartan sus asesores que directamente se quite la chaqueta y se remangue—, y nos contará la segunda parte de la historia de la niña, que no pasará a la historia, desde luego, ni como contribución literaria ni política. Mariano está derrotado. Al otro lado del atlántico, otra derrotada tira también de follón, y, desesperada, recurre al juego sucio. Don´t worry Obama. 





Reconciliación

13 02 2008

Siempre he pensado que la tarea de reconciliarme con los Estados Unidos de América me iba a resultar muy complicada. Hay demasiados temas en el cajón del debe, que no voy a repasar ahora porque iría en contra de mi propia voluntad de perdón. Soy de los que aplaudí cuando Zapatero se quedó sentado al paso de la bandera de las barras y estrellas, pero, por ello, no dejo de entender que como país nos conviene tener unas relaciones fluidas con la, todavía, primera potencia mundial. Y no, sólo, a nivel político: necesidad de una buena interlocución entre la Casa Blanca y La Moncloa. Hablo, también, de mejorar las relaciones comerciales, sociales, culturales, académicas o personales. Nunca he ido a EE.UU. No es que no me llame la atención —todo lo contrario—; tampoco he cruzado demasiadas veces el charco, y cuando lo he hecho, el imán de La Habana no me ha dejado tomar otras decisiones. Pero, tengo decidido que este año voy a pisar suelo estadounidense. Le escribiré a Howard Dean, para ver si puedo ir de observador a la convención demócrata que se celebrará en Denver, del veinticinco al veintiocho de agosto. Lo malo es que me queda un poco lejos de Nueva York, una ciudad —la ciudad— en la que me da, ya, cierto coraje no haber estado.

En fin, que no sé si cuando haga mi primera incursión en el país de Elvis, Michael Jordan, Bogart… Obama será presidente o, todavía, estará a punto de serlo. Lo que tengo claro es que lo va a ser. Y lo mejor de todo es que Hillary y, sobre todo, Mc Cain, también son conscientes. La gran contribución de Clinton a su país, ha de ser dejar el paso libre al torrente de cambio que encarna Obama; no sé a qué espera la senadora demócrata para retirarse, reconociendo su abultada derrota, no tanto, por el momento, en delegados —sí en estados—, como en ilusión. La que ha generado Obama, no sólo en su país, si no en todo el mundo, no es comparable a nada que yo haya visto antes. Confieso que llevo unos días, por aquello de la diferencia horaria, despertándome en mitad de la noche para comprobar, en la pantalla de la blackberry —tan borrosa por el sueño como nítida por las concluyentes cifras—, las aplastantes victorias del senador demócrata. El Yes, we can! es el mejor invento de comunicación emocional  de los últimos años.

No sé a quién votarán los hermanos Coen, pero si tengo claro que yo les votaría para el Oscar —huelga de guionistas mediante, a los que traslado mi reconocimiento por su constancia— a la mejor dirección, y a la mejor película. Ni comento, por obvio, que Bardem se merece el premio al mejor actor de reparto —¿actor de reparto quien sostiene, de principio a final, la película?—; su interpretación es tan contagiosa que, en mitad de la proyección, estuve a punto de ajusticiar a un viejo que roncaba, a un volumen insoportable, dos asientos a la derecha del mío. La señora del durmiente impidió el homicidio, despertándolo con unos codazos dignos del mejor pressing catch. En fin, que si no es país para viejos, si lo va a ser, por fin, para un presidente negro. Y porque va a ganar Zapatero —la otra opción me da más miedo que Bardem—, pero no puedo dejar de imaginarme a Rajoy poniéndole a la firma al Presidente Obama, en su primera visita oficial a España, el contrato de integración, con el listado anexo de costumbres patrias a consagrar.





Audacia

30 01 2008

   Le comentaba esta mañana a Juan Carlos —mientras tomábamos un café en el Suizo y repásabamos, de manera atropellada, las últimas cosas (muchas) que teníamos que contarnos— que la palabra audacia se está empezando a utilizar, felizmente, tanto en el ámbito político como en el económico…La última vez, se la he escuchado —leído— a Ted Kennedy en el discurso con el que escenificó su apoyo a Barack Obama, del que publica hoy un extracto El País. La intervención del mayor de los Kennedy es emocionante, incluso para alguien que no sea norteamericano. Aportaciones como las del senador de Massachusetts me recuerdan la importancia de las palabras, de los gestos, y de las emociones en el ejercicio de la política.
   Pero volvamos a la audacia. La demostrada por Obama —reconocida por todos los analistas, incluso los más reacios a la victoria del candidato demócrata— en esta aventura que le puede llevar, con el apoyo de la gente sencilla, a la Casa Blanca. La necesaria en un mundo en el que, habitualmente, se ejerce excesivo control sobre la creatividad, y en el que, paradógicamente, hay más miedo a los cambios que al inmovilismo. Por suerte, nos queda la esperanza de que las elecciones, en cualquier país, las ganen políticos como Obama (o como Zapatero); con capacidad y decisión para enfrentarse —y ganar— al irremediable establishment. Audacía, osadía, atrevimiento, resolución y valentía deberían ocupar un puesto fijo en los órganos de dirección de instituciones y empresas, expulsando, con firmeza, de la sala de reuniones a vamos a darle una vueltaahora no es el momento, quizá no nos convenga, no sé si lo entenderán nuestros votantes, a ver qué dice el periódico, o, la mítica y siempre recordada, eso no se puede hacer.
   En fin, que Juan Carlos y yo terminamos el café, y una botella de agua fría sin gas, y nos fuimos a Gil donde, como siempre, acabamos comprando algún libro. Nos obsequiamos con Atrapados en el hielo, de Caroline Alexander (él a mí), y Notas de verano sobre ficciones del invierno, de Alberto Santamaría (yo a él). Además, no pude evitar hacerme, por fin, con Los ensayos de Montaigne (edición de 1595 de Marie de Gournay), publicado con mimo por Acantilado.
   Ahora, espero noticias convencido de que la audacia es contagiosa y quién mejor que él para hacer, en este caso y en muchos otros, de agente catalizador.





Give me hope, Obama!

4 01 2008

No me acuerdo de quien era este famoso tema musical; tan sólo haberla cantado muchas veces; seguramente en su momento fue canción del verano o algo así. Hoy me sirve para poner música a una victoria que abre el camino de otras más importantes; también -espero- de la gran victoria. Esta noche, Barak Obama se ha ido a dormir (supongo que no habrá conseguido conciliar el sueño) como ganador del caucus de Iowa, con todo lo que ello supone (información sobre las elecciones en EE.UU la tenéis, a raudales, en el blog de Ruth, por lo que no voy a repetir nada). Todo ha ido según las últimas previsiones: John Edwars segundo y Hillary Clinton tercera. Me gustaría que, después de todo el largo y complicado proceso, las cosas quedasen así, y el ticket demócrata fuese Obama-Edwards. La era republicana que tanto daño ha hecho fuera (sobre todo) como dentro de los Estados Unidos, está llegando a su fin. Quiero que gente como Bush, Cheney, Condolezza y cía, sean historia. Para favorecer esa necesidad planetaria he decidido contribuir, de manera simbólica, con la campaña de Obama. He hecho una donación de $10. Me diréis que soy un tacaño, y que con eso no le llega ni para el sello de una carta agradeciéndo mi generoso dispendio; pero la ilusión que me ha hecho no me la quita nadie. Soy donante del próximo Presidente de EE.UU. Ya verás como al final me van a caer bien estos yankees…