Una de aliño

4 06 2008

Mis felicitaciones a Barack Obama por hacer realidad el sueño de mucha gente. Ha sido demasiado largo, pero la ilusión construida sobre cimientos sólidos no debe temer al paso del tiempo. Hasta el ex Presidente Carter se ha animado a apoyarle. Es la esperanza de América y, también, del resto del mundo. ¡Tiembla McCain! 

Me ha gustado ver como ZP lidera la necesaria lucha contra el hambre en el mundo. También que Berlusconi haya rectificado. Aunque del italiano no me fío.

Este año no hemos ganado ni la liga de baloncesto. Y hablando de baloncesto, menuda traca ha quemado la federación cesando a Pepu Hernández. Que alguien me lo explique.

Leo en El País un interesante análisis de Pascal Bruckner sobre lo que el llama “la mala conciencia europea”. Dice que Europa “no se pronuncia, no interviene, no actúa”, y que la izquierda del viejo continente ha traicionado sus propios ideales al abrazar con fervor un sentimiento de culpa”. Esto y mucho más lo cuenta en su último libro La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental, publicado por Ariel.

Pensando en las palabras de Bruckner, no me consuela que gobernemos en España. Me gustaría que la izquierda lo hiciese en la mayoría de los países europeos. Algo estaremos haciendo mal. ¿Qué tal una Conferencia Europea de los partidos de izquierdas (socialdemócratas o como queramos llamarlo) para re-imaginarnos?

Hablando de España y de la izquierda. Mañana nos visita Pepe Blanco, en un gesto muy simbólico en los tiempos que corren. Denostado por la derecha (todavía, aunque cada vez menos) y por algunos de nuestros compañeros (al principio, ahora nadie le discute), tiene en su hoja de servicio el haber convertido al PSOE en la organización más potente política y moderna de Europa. A ver si se nos pega algo.





Rouco wins

4 03 2008

Ayer ganó ZP el domingo más, si votamos todos—; esta mañana lo acaba de hacer ganar, of course Rouco; y esta noche lo hará, para disgusto de Hillary y Mc Cain, Obama. Las tres victorias son decisivas. Y las tres nos afectan. Aunque sólo podemos decidir en una: la del domingo. Ya que podemos, hagámoslo. A pesar del 2-0 en los debates celebrado con euforia incontenida por Esperanza Aguirre todavía no hay nada decidido. El que quiera que siga Zapatero que le vote aunque no sea con todas sus fuerzas, porque del PP no va a faltar ni una papeleta, incluida la de Rouco. Su vuelta ¿se había ido en algún momento? a la dirección de la Conferencia Episcopal, les servirá a los obispos para preparar una legislatura de más confrontación, aún, contra el Gobierno de España. Ellos verán: su negocio pierde cada día más clientes, y no son capaces de revisar un plan estrátegico que aprobaron hace ya varios siglos y se ha demostrado totalmente erróneo. Esta noche hora peninsular, Obama zanjará la cuestión demócrata cantando, de nuevo, el Yes We Can. Ha llegado la hora de decirle a Mc Cain que el mundo necesita otro Estados Unidos, casi tanto como el propio EE.UU. También necesitamos otra Conferencia Episcopal, pero ni está ni se la espera. Rezaré por ellos, y por la niña de Rajoy.





Mariano quiso follón

26 02 2008

Mariano quiso follón anoche. Llamó mentiroso al Presidente demasiadas veces y le acusó —indignamente— de haber agredido a las víctimas del terrorismo. Decía Ramoneda esta mañana que esa afirmación —que no es nueva, si no muy repetida— inhabilita a Rajoy para ser presidente. Comparto esa opinión, aunque hay muchas más cosas, y millones de votos, que harán que nunca lo sea. Mariano quiso follón, pero no encajó bien ni lo del bonobús, que casi parecía una broma, aunque no tenía ninguna gracia. No me gustó lo encorsetado del debate, pero, al menos, hubo debate, después de quince años. Y que más de trece millones de personas lo vieran, dice mucho acerca de lo que nos jugamos, y de lo claro que lo tiene la gente. Mariano quiso follón, pero el voto del follonero se lo llevó Zapatero nombrando al oscarizado Bardem. El lunes la vuelta, en la que Mariano se desatará del todo —no descartan sus asesores que directamente se quite la chaqueta y se remangue—, y nos contará la segunda parte de la historia de la niña, que no pasará a la historia, desde luego, ni como contribución literaria ni política. Mariano está derrotado. Al otro lado del atlántico, otra derrotada tira también de follón, y, desesperada, recurre al juego sucio. Don´t worry Obama. 





Reconciliación

13 02 2008

Siempre he pensado que la tarea de reconciliarme con los Estados Unidos de América me iba a resultar muy complicada. Hay demasiados temas en el cajón del debe, que no voy a repasar ahora porque iría en contra de mi propia voluntad de perdón. Soy de los que aplaudí cuando Zapatero se quedó sentado al paso de la bandera de las barras y estrellas, pero, por ello, no dejo de entender que como país nos conviene tener unas relaciones fluidas con la, todavía, primera potencia mundial. Y no, sólo, a nivel político: necesidad de una buena interlocución entre la Casa Blanca y La Moncloa. Hablo, también, de mejorar las relaciones comerciales, sociales, culturales, académicas o personales. Nunca he ido a EE.UU. No es que no me llame la atención —todo lo contrario—; tampoco he cruzado demasiadas veces el charco, y cuando lo he hecho, el imán de La Habana no me ha dejado tomar otras decisiones. Pero, tengo decidido que este año voy a pisar suelo estadounidense. Le escribiré a Howard Dean, para ver si puedo ir de observador a la convención demócrata que se celebrará en Denver, del veinticinco al veintiocho de agosto. Lo malo es que me queda un poco lejos de Nueva York, una ciudad —la ciudad— en la que me da, ya, cierto coraje no haber estado.

En fin, que no sé si cuando haga mi primera incursión en el país de Elvis, Michael Jordan, Bogart… Obama será presidente o, todavía, estará a punto de serlo. Lo que tengo claro es que lo va a ser. Y lo mejor de todo es que Hillary y, sobre todo, Mc Cain, también son conscientes. La gran contribución de Clinton a su país, ha de ser dejar el paso libre al torrente de cambio que encarna Obama; no sé a qué espera la senadora demócrata para retirarse, reconociendo su abultada derrota, no tanto, por el momento, en delegados —sí en estados—, como en ilusión. La que ha generado Obama, no sólo en su país, si no en todo el mundo, no es comparable a nada que yo haya visto antes. Confieso que llevo unos días, por aquello de la diferencia horaria, despertándome en mitad de la noche para comprobar, en la pantalla de la blackberry —tan borrosa por el sueño como nítida por las concluyentes cifras—, las aplastantes victorias del senador demócrata. El Yes, we can! es el mejor invento de comunicación emocional  de los últimos años.

No sé a quién votarán los hermanos Coen, pero si tengo claro que yo les votaría para el Oscar —huelga de guionistas mediante, a los que traslado mi reconocimiento por su constancia— a la mejor dirección, y a la mejor película. Ni comento, por obvio, que Bardem se merece el premio al mejor actor de reparto —¿actor de reparto quien sostiene, de principio a final, la película?—; su interpretación es tan contagiosa que, en mitad de la proyección, estuve a punto de ajusticiar a un viejo que roncaba, a un volumen insoportable, dos asientos a la derecha del mío. La señora del durmiente impidió el homicidio, despertándolo con unos codazos dignos del mejor pressing catch. En fin, que si no es país para viejos, si lo va a ser, por fin, para un presidente negro. Y porque va a ganar Zapatero —la otra opción me da más miedo que Bardem—, pero no puedo dejar de imaginarme a Rajoy poniéndole a la firma al Presidente Obama, en su primera visita oficial a España, el contrato de integración, con el listado anexo de costumbres patrias a consagrar.





Audacia

30 01 2008

   Le comentaba esta mañana a Juan Carlos —mientras tomábamos un café en el Suizo y repásabamos, de manera atropellada, las últimas cosas (muchas) que teníamos que contarnos— que la palabra audacia se está empezando a utilizar, felizmente, tanto en el ámbito político como en el económico…La última vez, se la he escuchado —leído— a Ted Kennedy en el discurso con el que escenificó su apoyo a Barack Obama, del que publica hoy un extracto El País. La intervención del mayor de los Kennedy es emocionante, incluso para alguien que no sea norteamericano. Aportaciones como las del senador de Massachusetts me recuerdan la importancia de las palabras, de los gestos, y de las emociones en el ejercicio de la política.
   Pero volvamos a la audacia. La demostrada por Obama —reconocida por todos los analistas, incluso los más reacios a la victoria del candidato demócrata— en esta aventura que le puede llevar, con el apoyo de la gente sencilla, a la Casa Blanca. La necesaria en un mundo en el que, habitualmente, se ejerce excesivo control sobre la creatividad, y en el que, paradógicamente, hay más miedo a los cambios que al inmovilismo. Por suerte, nos queda la esperanza de que las elecciones, en cualquier país, las ganen políticos como Obama (o como Zapatero); con capacidad y decisión para enfrentarse —y ganar— al irremediable establishment. Audacía, osadía, atrevimiento, resolución y valentía deberían ocupar un puesto fijo en los órganos de dirección de instituciones y empresas, expulsando, con firmeza, de la sala de reuniones a vamos a darle una vueltaahora no es el momento, quizá no nos convenga, no sé si lo entenderán nuestros votantes, a ver qué dice el periódico, o, la mítica y siempre recordada, eso no se puede hacer.
   En fin, que Juan Carlos y yo terminamos el café, y una botella de agua fría sin gas, y nos fuimos a Gil donde, como siempre, acabamos comprando algún libro. Nos obsequiamos con Atrapados en el hielo, de Caroline Alexander (él a mí), y Notas de verano sobre ficciones del invierno, de Alberto Santamaría (yo a él). Además, no pude evitar hacerme, por fin, con Los ensayos de Montaigne (edición de 1595 de Marie de Gournay), publicado con mimo por Acantilado.
   Ahora, espero noticias convencido de que la audacia es contagiosa y quién mejor que él para hacer, en este caso y en muchos otros, de agente catalizador.





Give me hope, Obama!

4 01 2008

No me acuerdo de quien era este famoso tema musical; tan sólo haberla cantado muchas veces; seguramente en su momento fue canción del verano o algo así. Hoy me sirve para poner música a una victoria que abre el camino de otras más importantes; también -espero- de la gran victoria. Esta noche, Barak Obama se ha ido a dormir (supongo que no habrá conseguido conciliar el sueño) como ganador del caucus de Iowa, con todo lo que ello supone (información sobre las elecciones en EE.UU la tenéis, a raudales, en el blog de Ruth, por lo que no voy a repetir nada). Todo ha ido según las últimas previsiones: John Edwars segundo y Hillary Clinton tercera. Me gustaría que, después de todo el largo y complicado proceso, las cosas quedasen así, y el ticket demócrata fuese Obama-Edwards. La era republicana que tanto daño ha hecho fuera (sobre todo) como dentro de los Estados Unidos, está llegando a su fin. Quiero que gente como Bush, Cheney, Condolezza y cía, sean historia. Para favorecer esa necesidad planetaria he decidido contribuir, de manera simbólica, con la campaña de Obama. He hecho una donación de $10. Me diréis que soy un tacaño, y que con eso no le llega ni para el sello de una carta agradeciéndo mi generoso dispendio; pero la ilusión que me ha hecho no me la quita nadie. Soy donante del próximo Presidente de EE.UU. Ya verás como al final me van a caer bien estos yankees…