No sé por dónde a empezar a explicar lo que pasó ayer en el Teatro Jovellanos de Gijón. No sé por dónde empezar y tampoco sé si debo empezar, y no lo sé porque tal vez lo mejor sería permanecer dentro de mí y no salir nunca, pero quizá luego me arrepentiría o, sin llegar a arrepentirme, terminaría saliendo a borbotones un buen día y me inundaría y yo quedaría exhausto para siempre.
No sé por dónde empezar a explicarlo pero sé que salí del Jovellanos dolorido, como cortado en pequeños pedazos, con pocas ganas de nada o con ganas de casi todo… No sé por dónde empezar a explicarlo pero reconozco que en algún momento dudé si estaba vivo o muerto, atrapado en mi resbaladiza butaca roja, concentrado en no sufrir más de lo necesario…
No sé por dónde empezar a explicar lo que pasó anoche en el Teatro Jovellanos, y ya sé que me repito pero me da igual porque estoy jodido y porque unas cuantas horas después todavía sigo tragando toneladas de bilis ajena, o quizá propia, y aunque pueda parecer fácil no lo es, no lo es de ningún modo, ya te digo yo que no es fácil…
No sé por dónde empezar a explicar lo que pasó anoche en Norteña, pequeña patria de cielos grises y azules, como el plumaje de los pájaros que siempre terminan posándose en ventanas que nunca les pertenecen, no sé por dónde empezar y sigo dudando, a pesar del paso de las horas y de que haya amanecido y de que en días como éste no me guste despertar, sigo dudando, digo, y me gustaría tener alguna certeza, aunque eso termine matándolo todo…
No sé por dónde empezar a explicar si ayer escuché a un ángel, o me encontré conmigo mismo, o ninguna de las dos cosas, o quizá sea una tercera y la tercera sea la que de verdad me duele, o puede que no sea nada y todo se solucione con caja y media de alprazolam, lo que me haría recuperar la fe, si es que alguna vez la tuve que tampoco lo tengo claro, y ahora qué más da si ya pasó todo, ya salí del Jovellanos, y poco a poco va despareciendo el shock post-traumático aunque yo me empeñe en que no desaparezca y lucho como gato panza arriba porque se quede conmigo un rato más…
No sé por dónde empezar a explicar lo que pasó ayer en el Teatro Jovellanos, pero se me ocurre que ya es hora de recapitular las hostias que me ha dado el mundo…