Una grieta en la pared es justo lo que no necesito ahora. Debo taparla, ocultarla bajo algún adorno, algo no demasiado llamativo, pero un adorno; quizá una fotografía, sí, ¡me gusta la idea!, una fotografía, ya sé lo que haré: voy a pedirle a mi amigo Jon que se case en la ermita de San Pelayo de Bakio, se vaya de viaje a Buenos Aires con Liliana, recorra la capital argentina buscando una pintada que ponga: «Los lápices sigue escribiendo», y cuando la encuentre le haga una buena foto, una foto de esas que puedes contemplar horas y horas sin decir nada, simplemente mirando, luego la revele, la pegue sobre cartón pluma (a sangre, la prefiero a sangre) y me la traiga este sábado para colgarla en mi buhardilla, y ocultar así la grieta en la pared que ya me está empezando a perturbar, y no quiero perturbarme, no es lo que necesito ahora.
Esta noche, en uno de los sueños que han asaltado mi cama, me he encontrado con G y he sonreído al verle, y cuando por fin me ha descubierto, a lo lejos (él estaba a unos ciento cincuenta metros de donde estaba yo), ha levantado el brazo y ha abierto la mano para saludarme, y ese saludo, que la mayoría de la gente puede pensar que es el típico saludo, a mí me ha parecido una obra de arte, porque lo ha acompañado de una sonrisa, bueno, más bien de una especie de mueca que se asemejaba a una sonrisa, pero, en cualquier caso, como digo, me ha parecido una obra de arte, y yo no he sabido qué hacer, me he quedado quieto y simplemente le he mirado, pero al rato mis piernas han empezado a moverse, acompasadas, con cierto ritmo, y han marcado una dirección muy concreta: el lugar donde estaba G, y yo he dado gracias a mis piernas por esa decisión que habría sido incapaz de tomar solo, y he dado gracias a mis piernas por hacer lo que yo solo nunca habría sido capaz de hacer, y al llegar al lugar donde estaba G, como me temía, ya no había nadie, ni rastro de G, ni rastro de nadie, y me he quedado con las ganas de decirle que su saludo me ha parecido una obra de arte, y me he quedado con las ganas de pedirle, hubiera estado dispuesto a corear la petición con un por favor, que lo repitiera, que lo repitiera para mí, porque esa sería la única manera de que mi sueño tuviese algún sentido, que yo no duermo por nada, si no estaría despierto todo el rato, yo duermo para esto, para soñar que contemplo saludos que me parecen una obra de arte, ¿para qué otra cosa si no?
¿No te gustaría?
¿Qué?
Lo que te he dicho, ¿no te gustaría?
No sé qué me has dicho, disculpa.
Ah, no, te decía que si no has pensado nunca en perderte en corrientes circulares en el tiempo. Que si no te gustaría…
Ah, ¿era eso? No sé, ¿por qué lo dices?
¿Yo? No, por nada, ¿por qué iba a decirlo? Era una pregunta tonta.
No me parece tan tonta y por algo lo habrás dicho, que tú no dices nada por nada…
Ya estamos. ¡Joder! Mira, que he pensado que tienes razón, que no es una pregunta tan tonta… Que a ver si te pierdes en corrientes circulares en el tiempo…